Cómo medir mantequilla derretida
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Cómo medir mantequilla derretida

Por Kiwilimón - Abril 2013
La mantequilla es uno de los ingredientes básicos y más utilizados en la cocina. No solo se utiliza para la repostería, también podemos preparar deliciosos guisados y te ayudará a darle un mejor sabor a las cosas. En algunas ocasiones nos pueden pedir en una receta mantequilla derretida, te has preguntado, ¿cómo se mide? La mantequilla derretida se encuentra en un estado líquido y es resultado de la fundición del estado sólido de la mantequilla, principalmente se derrite en un sartén pero hay que tener cuidado de no quemarla (esto es antes de que empiece a humear la mantequilla, si ésto te pasa, será mejor utilizar nueva). Cuando necesitamos mantequilla derretida, sí puede cambiar la medida a utilizar, sobretodo, porque cuando la derretimos, evaporamos cierta cantidad de agua, sin embargo, lo mejor siempre será medir la mantequilla antes de que se derrita, en estado sólido, de esta manera, no solo evitarás el desperdicio de mantequilla derretida y tendrás mayor exactitud a la hora de cocinar. No importa sí la piden en taza, cucharada, gramos, etc. medir la mantequilla derretida no es la mejor opción, lo mejor será medirla en su estado natural y recuerda, siempre a temperatura ambiente.
Cuando en una receta piden mantequilla derretida, ¿Ustedes cómo la pesan?
  Recetas de cocina (es importante hacer click en el título de la receta para ver más detalles de preparación) Langostas al vapor con mantequilla. La langosta es un platillo exquisito y muy elegante. Esta receta es simple pero deliciosa ya que resalta los verdaderos sabores de la langosta al acompañarla con una salsa de mantequilla. Filete de lomo en salsa bernesa. Una deliciosa alternativa al asador para hacer un buen corte. Aderezo de higos caramelizados. Aderezo que fusiona lo agrio con lo dulce. Ideal para ensaladas verdes con frutos. Pan de jamón. Tradicional receta de pan de jamón navideño. Pay de manzanas. Esta es una receta tradicional de pay de manzana. Aunque parece complicado, si se siguen los pasos queda perfecto! Pay de queso con corazones de cereza. Un delicioso pay de queso dentro de una base de galletas de chocolate decorado con una compota de cereza. Costalitos de pasta fila rellenos de champiñones y queso brie. Ricos y deliciosos costalitos de pasta rellenos de champiñones y queso brie, pruébalos! Carlota de limón con chocolate oreo. Receta de carlota de limón que se puede servir como un postre frío con galleta Oreo.

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Si hay algo característico de la comida argentina, eso es el chorizo. Lo conocemos en choripán y no falta en los restaurantes de cortes y aunque su sabor puede tener un ligero parecido, es muy diferente al chorizo mexicano.Estas diferencias van desde el sabor, hasta la forma de prepararlo. Ambos son deliciosos y tienen el mismo origen: la península ibérica. Cuando conozcas las características de cada uno, quizá podrás apreciarlos más cuando los pruebes.Diferencias entre el chorizo argentino y el chorizo mexicanoAmbos embutidos son relevantes en la gastronomía de cada país y en ambos lugares existe una variedad de chorizos. Por ejemplo, en Argentina está el llamado chorizo ahumado, mientras que en México, la longaniza es también muy popular.La principal diferencia entre el chorizo argentino y el mexicano es la forma en que se hacen. El chorizo mexicano se hace con carne molida y por lo general, se le añade grasa de cerdo. Por su parte, el chorizo argentino se elabora con carne de cerdo y res picada y adobada con especias.Algo que tienen en común ambos embutidos es que ninguno de los dos va curado, es decir, son embutidos frescos que requieren de cocinarse antes de comerse.El chorizo argentinoConocido también como chorizo criollo, la base para hacer este chorizo y sus variedades es la carne, las especias, el pimentón (o pimiento) y el vino. La carne puede ser de res, de cerdo o una combinación de ambas y va picada. Luego para embutir, se limpia muy bien la tripa del intestino delgado de cerdo con vinagre, agua fría y agua tibia, y se seca con un paño.El chorizo mexicanoEl chorizo mexicano se hace con carne molida y su color se logra gracias al uso de chiles rojos picantes, y se condimenta con especias y vinagre. Además, a diferencia del argentino, el chorizo mexicano se desenvuelve de la tripa al momento de cocinarse y comerse, como si fuera carne molida, aunque también se asa completo.Los dos son muy sabrosos y se comen de manera diferente, mientras que el chorizo argentino va muy bien acompañado de pan, en México, por supuesto, comemos el chorizo en tortilla. Diferentes, pero con mucha carga culinaria detrás, no dejes de probarlos.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
La gastritis es una de las enfermedades más comunes entre los padecimientos del sistema digestivo, pero ¿sabías que además aumenta en diciembre, debido a las comidas navideñas con mayor contenido calórico, irritante y condimentado?De acuerdo con información de la Secretaría de Salud, “las personas pueden subir hasta 5 kilos en temporada navideña y de fin de año”, y quienes ya padecen de enfermedades gastrointestinales, como la gastritis, pueden presentar síntomas más graves.El término gastritis se refiere a cualquier afección que implique inflamación del revestimiento del estómago. Comer ciertos alimentos y evitar otros puede ayudar a las personas a controlar sus síntomas de gastritis, como la indigestión, el dolor abdominal, las náuseas y la sensación de saciedad.Alimentos a evitar cuando tienes gastritisLa dieta es un factor muy importante en la salud digestiva y la salud en general. Llevar una dieta amigable con la gastritis puede ser de gran ayuda para aliviar los síntomas y ayudarlo a sentirse mejor. Así como ya te dijimos qué alimentos evitar cuando tienes colitis, se recomienda evitar los siguientes alimentos irritantes que puedan empeorar la gastritis:alcoholcafétomates y algunas frutas ácidasjugos de frutaalimentos grasoscomida fritabebidas carbonatadascomida picanteLos alimentos con alto contenido de grasa pueden empeorar la inflamación en el revestimiento del estómago. Por otra parte, algunas formas de gastritis son causadas por beber alcohol con demasiada frecuencia o beber demasiado en un periodo corto.Así, en Navidad lo mejor será medirte con las bebidas alcohólicas, con las grasas y con los refrescos; si ya tienes además identificadas ciertas comidas que te provocan o empeoran los síntomas, evítalas también.En cuanto a lo que sí debes comer cuando padeces gastritis, algunos alimentos pueden ayudar a controlarla y disminuir los síntomas, por ejemplo:alimentos ricos en fibra, como cereales integrales, frutas, verduras y frijolesalimentos bajos en grasa, como pescado, carnes magras y verdurasalimentos con baja acidez, incluidos vegetales y frijolesbebidas no carbonatadasbebidas sin cafeínaRecuerda que además de cuidar tu dieta, consultar con un doctor especialista siempre será lo mejor cuando padeces gastritis o cualquier otra enfermedad.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
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