De temporada: Sopa de Calabaza
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De temporada: Sopa de Calabaza

Por Kiwilimón - Octubre 2011
  La calabaza es el fruto en baya de la calabacera y pertenece a la familia de las Cucurbitáceas. Esta familia comprende unas 850 especies de plantas, en su mayoría herbáceas, trepadoras o rastreras, que producen frutos grandes y protegidos por una corteza firme. Algunas frutas como la sandía y el melón, junto con hortalizas tan comunes como el pepino o el calabacín, pertenecen a esta misma familia. Las principales variedades de calabaza son la de verano y la de invierno. Calabaza de verano: variedad de piel clara y fina y semillas blandas. Tiene un periodo corto de conservación. Dentro de esta variedad se encuentra la calabaza bonetera (de color blanco, verde o amarillo), la calabaza espagueti (de color amarillo) y la calabaza rondín (variedad de piel naranja y carne blanquecina). Calabaza de invierno: variedad más dulce, pero más seca que la de verano, con menor contenido de agua y piel más gruesa. Se conserva durante más tiempo que la de verano gracias al grosor de su piel. Dentro de este grupo se encuentra la calabaza banana, la de cidra o zapallo (de pulpa gelatinosa e intenso color amarillo) y la confitera o de cabello de ángel (de forma y color variable), a partir de la cual se obtiene el cabello de ángel, utilizado como relleno en diversos productos de pastelería. La calabaza del peregrino o calabaza del vinatero es una variedad con forma de botella estrangulada que una vez seca puede utilizarse como recipiente. Existen también otras variedades de calabaza, aunque menos conocidas, como son la Americana, la Amarilla gruesa de París, la Llena de Nápoles, la Roja de Etampes, la Verde Española, la botonera y la calabacita de Brasil. La mejor época Gracias a la gran variedad de calabazas que existe, se encuentran disponibles en el mercado durante todo el año, según se trate de variedades de verano o de invierno. Para estas fechas de otoño es muy común el consumo de la calabaza y por ello te dejamos esta receta para hacer una deliciosa sopa en casa: Preparación: 10 minutos Cocción: 45 minutos Raciones 4 Ingredientes: 1 cucharada de aceite vegetal 1 cebolla pequena, finamente picada 2 zanahorias medianas, peladas y finamente picadas 2 tallos medianos de apio, finamente picados ¼ de taza (70 g) de puré de tomate 3 1/3 tazas (850 ml) de caldo de pollo bajo en sal 1 hoja de laurel 1 ½ cucharadita de tomillo deshidratado 450g de puré de calabaza, cocido ¼ de taza (65 g) de nata ácida baja en grasa ¼ de cucharadita de sal ¼ de cucharadita de pimienta blanca Rebanadas de limón y cilantro picado para adornar (opcional) Preparación:
  • - Caliente el aceite en una cacerola a fuego medio. Agregue la cebolla, la zanahoria y el apio; saltéelos hasta ablandarlos, unos 5 minutos. Afiada el puré de tomate. Cocine durante 1 minuto. Afiada el caldo, el laurel y el tomillo; sin tapar, hierva a fuego lento unos 30 minutos, hasta que las verduras estén suaves.
  • - Integre la calabaza. Cocine 5 minutos. Retire el laurel.
  • - Bata la sopa con un procesador de alimentos o en la batidora y devuélvala a la cacerola. Agregue la nata ácida y caliente a fuego lento. Afiada sal y pimienta, y agua si espesa mucho. Adorne con limón y cilantro justo antes de servir.
Por ración: calorias: 131 proteínas: 7 g grasa: 9 9 (incluyendo 3g de grasa saturada) colesterol: 10 mg hidratos de carbono: 16 g fibra: 4 g sodio: 831 mg Recetas de cocina recomendadas con calabaza:Sopa de Calabaza con CominoSopa de elote, chipotle y calabazaSopa de flor de calabazaPay de Calabaza
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De qué te pierdes si no comes quelites
Mi abuela dejó al centro de la mesa una olla de barro alargada. Al destaparla llegó a mí una gran desilusión: en ella había un revoltijo de hilos verdes con olor a hierbas mojadas que se enredaba uno con otro. Apenas unos cubitos de cebolla le daban algo de juego visual a ese platillo al que la mamá de mi mamá refirió como quelites. “Te van a gustar. Les puse ajito”, dijo, como si aquella aseveración convenciera a una niña de diez años a atajar ese amasijo verde como a un trozo de pastel. A regañadientes –o para probar las tortillas aún calientitas de las señoras que trabajaban con mi abuela en su restaurante– me hice un taco. A mi boca llegaron duras notas a tierra, a las “tortitas de pasto” que mi hermano y yo hacíamos cuando jugábamos a la comidita en el parque y no había más ingredientes para los guisos que el lodo. Me pareció justo añadirle al taco unas gotas de limón. La experiencia mejoró drásticamente. En los quelites ahora brillaba algo que me sabía a sal y que ahora refiero como la mineralidad del suelo presente en la milpa de mis abuelos. Me gustó. Me gustó más cuando otro día mi abuela los preparó con papas y aceite de oliva. Desde entonces hasta la palabra me recuerda a ella, a los domingos en su casa de campo, al calor de su cocina cuando afuera caían las heladas. Hace poco tuve la oportunidad de volver a conectar con el recuerdo. Confieso que desde que mi abuela murió no he ido a esa casa en el campo, ni probado quelite alguno. Fue en el evento organizado en Arca Tierra que dos cocineros pusieron frente a otros comensales y a mí varias preparaciones elaboradas con estas hierbas. Lucio Usobiaga, director de dicho proyecto donde, además, entrega los vegetales que crecen en sus chinampas a restaurantes y particulares, y Rafael Mier, director de Fundación tortilla, nos invitaron a cortar quelites en la milpa de las chinampas de Arca Tierra en Xochimilco. El evento –segundo capítulo de la Milpa Viva en la Chinampa– reunió a dos cocineros quienes, además de aleccionarnos sobre quelites, nos demostraron que pueden ser piedra angular en un banquete celebratorio. Con los quelites traídos de su natal Oaxaca, Thalía Barrios, cocinera de la Levadura de olla, preparó una sopa de guías de calabaza y quelites y un cerdo con mole acompañado de verdolagas aderezado con los sabores de la leña. El veracruzano Lesterloon Sánchez preparó platillos como un chile capeado relleno de quelites cubierto por una salsa de piloncillo de balance sorprendente.Ya entrados en la materia, Rafael Mier nos contó sobre la existencia de más de 350 tipos de quelites que se dan paso entre las milpas mexicanas. Por la diversidad de las cinco zonas geográficas distribuidas en el territorio nacional, los productos que crecen en cada región cambian, así que la regla de que en la milpa sólo calabaza, chile y frijol no está escrita en piedra.Qué son los quelites, cuáles son sus beneficios y algunos ejemplosMás que un ingrediente, los quelites son una categoría de hierbas comestibles que encuentran salida entre los productos de la milpa. “La palabra quelite proviene del náhuatl quilitl. Esa palabra hacía referencia a los vegetales, así como nosotros hoy nos referimos a las verduras, en las que en realidad hablamos de una gran cantidad de productos”, complementa Rafael. Actualmente se encuentran bajo este campo semántico alimentos como el amaranto que, antes ser la materia prima de una alegría, es una planta compuesta por botones de bolitas rojas. También están los olvidados quintoniles, los deliciosos huauzontles, los pungentes rábanos, el chipilín que tanto sabor da a los tamales chiapanecos, la chaya que hace brillar la gastronomía yucateca, el pápalo que no falta en centenas de taquerías y los reyes de la Navidad y la Cuaresma, los romeritos. El sabor de cada uno es una experiencia particular; algunos aportan acidez, otros pungencia, notas cítricas o anisadas que complejizan los guisos mexicanos desde épocas precolombinas. Muestra de ello es su presencia en el Códice Florentino y siglos despúes en el Cocinero mexicano de 1831. Pero el poder nutricional de estas pequeñas y humildes hierbas rebasa su grandeza culinaria. Ese color verde característico sólo puede significar una cosa: fibra, mucha fibra. Adicionalmente poseen grandes cantidades de vitamina A y C, calcio, potasio y hierro infaltable en un sistema inmunológico fuerte. Sus usos medicinales son tan efectivos como ancestrales. Por ejemplo, la chaya se ha usado para curar dolores de riñones, las verdolagas para aliviar estragos digestivos, la hoja santa para los dolores de cabeza y el estómago, el pápalo para limpiar el hígado.Hace falta devolver los quelites al discurso de los manteles cotidianos, a los manteles largos, al teruño de los locales con manteles de plástico. Los quelites son historia que crece humildemente en el campo mexicano y aporta capas de complejidad a los guisos que requieren tiempo. En cada uno hay un tremendo aporte nutricional, medicina que cura el cuerpo y el espíritu y cultura viva que penas acaricia la billetera.
Mascarillas caseras con miel para cualquier tipo de piel
El proceso único que se lleva a cabo para obtener la miel la hace especialmente beneficiosa para usos cosméticos y una mascarilla casera con este ingrediente puede ayudarte con el acné, a curar cicatrices y a emparejar el tono de la piel.La miel cruda está llena de propiedades buenas para la piel y funciona especialmente bien para personas que tienen acné o afecciones como eccema o psoriasis. También ayuda a equilibrar las bacterias de la piel y si consigues miel de Manuka, este producto ha demostrado ser significativamente más eficaz para curar heridas, tanto que ahora los médicos la utilizan en entornos clínicos. Lo que hace a la miel tan buena como mascarilla es que acelera los procesos de curación de las células de la piel. Por ejemplo, si tienes imperfecciones o un brote de eccema, la miel sin pasteurizar podría acelerar la curación y reducir la inflamación. La miel cruda también es un exfoliante natural, lo que significa que aplicarla en el rostro quita la piel seca y opaca, y permite revelar nuevas células cutáneas debajo.Cómo usar miel como mascarilla caseraPuedes usarla para lavarte la cara, hacer un exfoliante o hacer una mascarilla de miel casera semanal. La miel es un gran complemento para cualquier régimen de cuidado de la piel, sin importar el tipo de piel que tengas.Aquí te dejamos algunas mascarillas con miel efectivas que puedes hacer en casa y que son perfectas para probar un fin de semana. Recuerda aplicarlas con la piel limpia y como tip extra y muy ganador, coloca un paño húmedo y tibio sobre tu cara para abrir los poros antes de la mascarilla. Después de enjuaga, lava tu cara con agua fría o usa un tónico para cerrar los poros. Mascarilla de miel para piel grasaLas mascarillas de arcilla con miel son increíbles para la piel grasa. La miel ayuda a eliminar el exceso de ella, mientras que la arcilla es altamente absorbente y la elimina mientras exfolia suavemente.La bentonita y la arcilla roja marroquí son dos de las mejores opciones de arcilla para equilibrar los aceites naturales y ambos tienen propiedades antibacterianas para tratar la piel propensa al acné. Para hacer esta mascarilla necesitas:1 cucharadita de miel1 cucharadita de arcilla bentonita o arcilla roja marroquí1 cucharadita de vinagre de manzanaMezcla la arcilla con la miel y el vinagre de manzana en un tazón pequeño no reactivo (es decir, que no sea de metal). Aplica suavemente en la cara y el cuello, deja actuar 15 minutos y enjuaga la mascarilla primero con agua tibia y luego con agua fría.Mascarilla de miel para pieles secasLa miel y el aguacate son la combinación perfecta de ingredientes hidratantes para pieles secas, mientras que las almendras molidas exfolian suavemente y sus grasas buenas dejan la piel con una sensación súper suave. Para esta mascarilla casera necesitas:2 cucharadas de miel (o 1 cucharada de miel y 1 cucharada de aceite como jojoba o almendra dulce)1/4 de aguacate, machacado2 cucharadas de almendras finamente molidasMezcla la miel y el aguacate en un tazón pequeño, luego agrega las almendras molidas. Extiende la mezcla sobre la cara y el cuello, deja actuar de 15 a 20 minutos y enjuaga con agua tibia.Mascarilla facial de miel para piel sensible (o para la inflamación)El té verde o matcha y la miel son dos ingredientes que ejercen magia antiinflamatoria para el enrojecimiento y la inflamación de la piel. Esta combinación relajante es lo suficientemente suave para pieles sensibles, pero puedes hacer una prueba en un pedacito de piel pequeño para asegurarte. Ambos ingredientes son potentes antioxidantes que combaten los radicales libres y reparan la piel dañada. Para esta mascarilla necesitas:1 cucharadita de té verde o matcha en polvo (puedes abrir una bolsita de té verde y usar las hojas)1 cucharada de miel1 cucharadita de aceite de almendras dulces o jojobaCombina el polvo de matcha o té verde, la miel y el aceite en un tazón pequeño y mezcla bien. Aplica sobre la cara y déjalo actuar por 15 minutos antes de lavar con agua tibia.
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