La estrella de San Valentín: pasteles de chocolate

Por Kiwilimón - Enero 2013
Receta de pastel de chocolate y cafe Brilla este día con las mejores recetas de pasteles de chocolate que a tu pareja le encantará. No dejes de cocinar estas recetas que están buenísimas para festejar el día de los enamorados. Además podrás prepararle una deliciosa cena romántica sorpresa y para rematar un rico postre de chocolate. También puedes hacer cualquiera de estas recetas para regalar. A continuación te presentamos riquísimas recetas de pasteles de chocolate que podrás probar y amar en cada bocado.   Recetas de cocina  (es importante que hagas click en el título de la receta para ver más detalles de preparación de la misma)   Corazón de Chocolate. Un rico pastel de chocolate cortado en forma de corazon decorado con flores. Recetas_Chocolate_San_Valentín Sedoso cheesecake de chocolate belga. Si te gusta mucho la textura del cheesecake y además te encanta el chocolate, deberás hacer esta receta de cheesecake de chocolate belga que por su textura sedosa, no podrás dejar de probar. Pastel de chocolate y avellanas. Este rico pastel es un pastel muy decadente con un intenso sabor a chocolate y avellanas. No lleva harina por lo cual es excelente para gente alérgica a las harinas o para fiesta en donde no se puede comer harina. Brownies y pastel de queso marmoleado. Este postre es delicioso y muy fácil de preparar. La receta de brownies puede ser remplazada por brownies de caja y el pastel de queso es fácil y rápido. Pastel de chocolate María Elena. Rico pastel de chocolate con betún de delicioso chocolate. Foundant de chocolate. Pastelitos de chocolate con el centro relleno de chocolate derretido de mi amiga Mari, deliciosos! Receta de pastelitos de lava de chocolate Pastel de chocolate y espresso. Este pastel de chocolate es riquísimo para los amantes del chocolate, el betún es delicioso y se prepara con espresso. chocolate Panqué de chocolate. Deliciosa receta de panque de chocolate. Ideal para servir en un desayuno o en un café con amigos. Panque de chocolate con chispas de chocolate. Esta receta de panque de chocolate es muy sencilla de preparar y queda deliciosa. Se las recomiendo! Pastel de chocolate fácil. Esta receta de pastel de chocolate es muy fácil de preparar, te va a encantar. Si quieres conocer más recetas con chocolate, haz click aquí  
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La barbacoa, esa deliciosa comida mexicana que se creó hace más de 500 años con la llegada de los españoles a Mesoamérica, es un platillo insignia dentro del ámbito nacional y no nos debe sorprender que existan pequeñas variaciones en su preparación, dependiendo de la región en la que se consuma pero inevitablemente, eso nos lleva a preguntarnos, ¿de dónde es la mejor barbacoa de México? Difícilmente podríamos encontrar la respuesta a esa pregunta, pues todas las versiones de barbacoa son exquisitas y existe una para todos los gustos, pero a continuación te presentamos 3 diferentes formas de hacer barbacoa para que tú nos cuentes cuál se te antoja más. Barbacoa hidalguense Considerada como la cuna de la barbacoa, en Hidalgo se prepara la auténtica barbacoa de borrego en horno tradicional, la cual se cocina dentro de un hoyo de 10 metros bajo tierra, envuelta en penca de maguey y acompañada con garbanzo, arroz, chile y hojas de aguacate. Barbacoa oaxaqueña En el estado de Oaxaca, la barbacoa se prepara en un horno cubierto con hojas de aguacate y tierra. La carne se cocina con almendras y aceitunas, y se condimenta con chile ancho, cebolla, ajo, clavo, pimienta, manteca de cerdo y sal. Barbacoa de Veracruz A diferencia de otros estados, la barbacoa de pollo de Veracruz, especialmente en Córdoba, es preparada con carne de pollo marinado en salsa de chile ancho, chile mulato, ajo, cebolla, comino, clavo y pimienta gorda, aunque esta versión también se cocina al vapor. Existen infinidad de recetas diferentes para preparar barbacoa, pero si quieres saber cómo cocinarla en tu propia casa, no te pierdas el próximo episodio de Talleres de Cocina Kiwilimón con la chef Yolo, el sábado 5 de septiembre a la 1 pm, dónde aprenderás los mejores secretos para cocinar barbacoa como un experto. ¡No te lo pierdas!
Para cerrar la semana patria hablemos del elefante verde, blanco y rojo del cuarto: la cocina nacional es insuperable. Mientras el taco roba la atención internacional hace falta ser paisano para comprender la complejidad, amplitud y delicia de nuestra gastronomía; los entrañables guisos regionales, las tradiciones patronales, las sazones cocinadas en olla de barro, bajo el calor del pib o en la incandescencia de la brasa. Ya lo dijo la UNESCO hace justamente diez años, la cocina tradicional mexicana es patrimonio del mundo, cultura que vale la pena preservar por los siglos de los siglos. Basta ver al ajonjolí de todos los moles: el mole. Su complejidad resuena en la infinidad de ingredientes que lo componen –algunos de ellos tan improbables como unas galletas de animalitos–, en sus acepciones regionales, en las sutilezas que se modifican de acuerdo con las festividades como Día de Muertos, en su amplitud cromática que abarca casi todos los colores del arcoíris. El mole, salsa densa que nos recubre tanto la memoria como la cucharada de arroz más humilde, debe su honor, más que a sus recetas, a la tradición alrededor de su preparación.Así como en el mole, el mestizaje y la cultura se mezclan como pinturas al óleo en las cocinas tradicionales de México tanto, que hace diez años la UNESCO nombró a su totalidad como un patrimonio de la humanidad. En la declaratoria no había que ser esfinge: había que presentar un caso de estudio, reunir un sinfín de requisitos e información por parte de un grupo multidisciplinario de cocineros, historiadores, antropólogos y hasta ingenieros en alimentos con el fin de perseverar. El resultado fue una condecoración como nunca se le había otorgado a otro país. La cocina tradicional mexicana es nuestra Muralla china, nuestro Machu Picchu cultural. Según el escritor e historiador de cocina mexicana José N. Iturriaga, no es que no se hayan honrado a otras cocinas antes o después. En los últimos años se han protegido otras maravillas culinarias como, por ejemplo, la etiqueta en la cocina francesa, la dieta mediterránea y la tradición japonesa en la cocina, pero no así a un país. A diez años del fallo de la declaratoria en la que se reconocen las prácticas, rituales y elaboraciones vinculadas a nuestra cocina, merece volver a celebrar el mérito. Celebrar que en México no sólo hay 32 estados, sino una infinidad de tradiciones que se preservan en el fuego de los comales, las ollas, las vasijas de barro. Celebrar por supuesto a las cocineras tradicionales que, según Iturriaga, “son el objeto mismo de la declaratoria”, el libro atemporal de los saberes culinarios de cada región. José N. Iturriaga, escritor de libros como 'Saberes y delirios' o 'Confieso que he comido', afirma que parte de la responsabilidad de tener una cocina protegida por la UNESCO es la de rescatar, salvaguardar y promocionar la tradición “más que a un platillo o a un ingrediente; preservar la cocina de nuestros pueblos, la cocina de los mercados, de las abuelas”.Para lograrlo se creó el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, un organismo consultor de la UNESCO que lleva a cabo reuniones nacionales anuales, foros mundiales de gastronomía mexicana, seminarios académicos y hasta encuentros de cocineras tradicionales. “A los platillos y tradiciones hay que estarles dando nuevo vigor. Preservarlos y salvaguardarlos para que no caigan en desuso y se mantengan vivos. El sentido principal de la organización es la conservación de las tradiciones”. Lo que nos toca hoy en casa es aprender y enseñar sobre cocina mexicana a las generaciones venideras. Desempolvar el tortillero y echarle leña al fuego. Poner literalmente las manos en la masa y extender los hilos de la tradición hasta el infinito. Hoy te invito a tomar alguna de nuestras recetas tradicionales y prepararla en familia. Además de cincelar recuerdos harás historia, harás cultura, serás parte de este ritual iniciático que puso a suspirar a los primeros mexicanos.
La barbacoa, esa deliciosa comida mexicana que se creó hace más de 500 años con la llegada de los españoles a Mesoamérica, es un platillo insignia dentro del ámbito nacional y no nos debe sorprender que existan pequeñas variaciones en su preparación, dependiendo de la región en la que se consuma pero inevitablemente, eso nos lleva a preguntarnos, ¿de dónde es la mejor barbacoa de México? Difícilmente podríamos encontrar la respuesta a esa pregunta, pues todas las versiones de barbacoa son exquisitas y existe una para todos los gustos, pero a continuación te presentamos 3 diferentes formas de hacer barbacoa para que tú nos cuentes cuál se te antoja más. Barbacoa hidalguense Considerada como la cuna de la barbacoa, en Hidalgo se prepara la auténtica barbacoa de borrego en horno tradicional, la cual se cocina dentro de un hoyo de 10 metros bajo tierra, envuelta en penca de maguey y acompañada con garbanzo, arroz, chile y hojas de aguacate. Barbacoa oaxaqueña En el estado de Oaxaca, la barbacoa se prepara en un horno cubierto con hojas de aguacate y tierra. La carne se cocina con almendras y aceitunas, y se condimenta con chile ancho, cebolla, ajo, clavo, pimienta, manteca de cerdo y sal. Barbacoa de Veracruz A diferencia de otros estados, la barbacoa de pollo de Veracruz, especialmente en Córdoba, es preparada con carne de pollo marinado en salsa de chile ancho, chile mulato, ajo, cebolla, comino, clavo y pimienta gorda, aunque esta versión también se cocina al vapor. Existen infinidad de recetas diferentes para preparar barbacoa, pero si quieres saber cómo cocinarla en tu propia casa, no te pierdas el próximo episodio de Talleres de Cocina Kiwilimón con la chef Yolo, el sábado 5 de septiembre a la 1 pm, dónde aprenderás los mejores secretos para cocinar barbacoa como un experto. ¡No te lo pierdas!
El don de mi abuela era cocinar. Cada domingo religiosamente, casi un centenar de comensales se formaba alrededor de su restaurante en Tlalnepantla para probar la barbacoa. No sé si es cosa del amor, pero no he probado una de mejor sabor que la que preparaba apenas amanecía el sábado y cobijaba entre pencas en el hoyo de piedra hasta el día siguiente. Pero hoy no toca hablar de los secretos de su barbacoa sino de su plato más célebre: el mole verde. Mi abuelo subió a mi abuela a un caballo flaco cuando ella no pasaba de los catorce años. A Celia no le quedó de otra que dejar las muñecas y tomar, en cambio, los sartenes y las ollas. De la bisabuela María heredó talentos como los de percibir el sabor de los guisos usando la nariz y el de usar las cocciones como sazonador. El mole verde vino años después, en su época de oro. Doña Celia, mujer empoderada de seis hijos, hizo prolíficos negocios alrededor de la cocina. Cuando llegaba el día de su cumpleaños, el patio de su rancho se convertía en el lugar más festivo de San Andrés Timilpan. Aún recuerdo la tambora, las mesas con manteles que ella había bordado en punto de cruz, las salsas al centro y las señoras palmeando tortillas ante el inmenso comal. En medio del jolgorio y de nietos jugando a las “traís” salía la gran olla de mole verde. Como en una suerte de milagro, de esa vasija de barro, Doña Celia saciaba a sus seis hijos y a sus familias, a todos sus amigos, a todos sus compadres, a todo el pueblo. El desfile de platos cubiertos por su guiso color verde aceituna comenzaba desde un rincón del patio y corría, a veces, más allá del portón. El mole verde de ella era especial. Nadie lo dudaba. No le ponía pepitas como generalmente se usa en el Estado de México o Hidalgo. El de ella llevaba almendras. Ya saben: moles hay tantos como sazones y a mi abuelita no le gustaban las reglas; su receta es tan única como ella. Eso sí, advierto que le hace falta algo que no se contabiliza en un ingrediente o en un paso del procedimiento. Yo misma la he preparado al pie de la letra junto con mi mamá y mis tías y aunque el resultado es muy bueno, no sabe al “Mole verde de Doña Celia”. Quizá deba esperar otro rato y otra dimensión para probarlo junto a ella como me sabe en el recuerdo.Hoy que escribo esto se me antoja poner una canción de José Alfredo y hacer mis propias combinaciones frente a la olla de barro. Que desde lo lejos mi abuela sepa que la recuerdo y que por el olfato cuántico detecte si mi mole quedó rico. Lo de ella era agasajar a otros aunque no pertenecieran a su familia. Estoy segura de que la pondría feliz que ustedes prepararan su receta o cualquier otra para festejar a sus abuelos. Brindar juntos por el regalo que es su presencia. Poner la tambora, aunque sea en la grabadora, o los boleros o las de Luismi para celebrarles que, sea cual sea su don, el de los abuelos es amar incondicionalmente a sus nietos. Sí, así como Doña Celia.Mole verde estilo fiesta de Doña Celia250 g de ajonjolí100 g de almendras6 pimientas gordas +-10 clavos de olor2 pizcas de comino1 bolillo frito en aceite1 tortilla frita en aceite2 kg de tomate verde manzano, peladoChile verde jalapeño (al gusto, depende del picor que se aguante)1 pollo entero, verduras, hierbas de olor y aguaSalaceiteDesde muy temprano se pone a cocer el pollo junto con unas hojitas aromáticas, un trozo de cebolla y algunas verduras. Una vez listo, se reserva lejos de la ventana. En una olla con poca agua y algo de sal se agregan los tomates. Basta que se pongan ligeramente suaves para sacarlos de la lumbre. En otra olla, hay que poner a calentar bastante aceite y dorar el ajonjolí con las almendras peladas. Una vez listos se retiran y se ponen a freír los chiles. Hay que poner todos los ingredientes a moler junto con las especias y con un poco del caldo de pollo. Los tomates, no. Esos se dejan reservar pacientemente. En seguida, se pone a calentar una gran olla de barro, que de preferencia tenga varios años de uso. Hay que vaciar el mole y no dejar de moverlo ni un segundo para que no se pegue o se queme –de preferencia que sea la misma persona la que lo mueve y que los movimientos vayan en dirección a las manecillas del reloj para que “no se corte”–. Ahora sí se le agrega el tomate ya molido y al final, un poco de caldo, dependiendo de la consistencia que le guste a la familia. Lo último, y haciendo uso de la nariz y del buen gusto, hay que ajustar lo más importante de la receta: la sazón.
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