Recetas de pollo que no pueden faltar en la cocina
Recetas Fáciles

Recetas de pollo que no pueden faltar en la cocina

Por Kiwilimón - Enero 2012
  El pollo es uno de los más consumidos por su sabor, valores nutrimentales y además porque la cantidad de recetas que se pueden preparar es muy vasta. No dejes de considerar la siguiente lista de recetas con pollo para tus futuros platillos, ya sea del día a día o para alfuna reunión u ocasión especial.
  • Entomatadas de Pollo. Las entomatadas de pollo son un platillo delicioso para desayunos o cenas ligeras. Se preparan con una salsa de tomate y se rellenan con pollo deshebrado. Tambien se pueden hacer de huevo revuelto en lugar de pollo.
  • Scaloppine de pollo al limón. Receta fácil de pollo con un poco de limón y enharinado con toques de paprika.
  • Pollo a la Kiev. El pollo kiev es un clásico, consiste de pechuga de pollo empanizada enrollada con mantequilla y especies.
  • Milanesa de Pollo. La milanesa de pollo es un platillo clásico de México que se sirve a los niños. El pollo está cubierto con pan molido y ligeramente dorado en aceite.
  • Pollo Horneado al Limón. Una rica receta de pollo horneado al limón con cebollitas y orégano. Se puede preparar un gravy con los jugos que solto el pollo al hornearse.
  • Pollo al Limón y Alcaparras. Este pollo es delicioso e ideal para una rica comida o cena. La receta tiene limón y alcaparras que le dan un sabor muy rico al pollo.
  • Pollo en Escabeche. Exquisito, facil y rápido pollo.
  • Ensalada de Pollo en Manzanas. Esta rica ensalada de pollo está hecha con pollo hervido, pimiento, cebolla y nuez. El aderezo cremosa lleva limón, mayonesa, yogurt y mostaza.
  • Pollo Salteado. El pollo peruano salteado con papas.
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Navidad es el momento perfecto para consentir a quienes amamos en la mesa. Es momento de alegría, celebración y de compartir los mejores sabores, esos que nos dan esperanza y nos llenan en cuerpo y alma. Este año ha sido adverso y lleno de retos para muchas industrias,  una de ellas la restaurantera. Por eso, si no vas a cocinar tu cena, te compartimos 15 opciones deliciosas que te llevarán hasta tu casa o podrás recoger en sus sucursales, para que apoyes a restaurantes y cocineros mexicanos. ¡Tendrás un festín delicioso! Restaurantes con menú de Navidad Nicos El restaurante mexicano dirigido por el chef Gerardo Vázquez Lugo presenta una serie de platillos típicos de la temporada como romeritos, sopa de nata, su cazuela de bacalao, rack de cerdo relleno de longaniza y muchos especiales más. Nicos durante más de cinco décadas ha mostrado el compromiso de traer lo mejor de México a su mesa apoyando a pequeños productores de México.Información: https://www.nicosmexico.mx/El Tajín Para redescubrir el sabor de la tradición mexicana, pide los platillos de la Chef Ana María Arroyo como su lomo de adobo con guayaba, el caldo de camarón cantinero o la crema de queso azul o chile poblano. O bien, a través de sus paquetes, uno con pavo orgánico relleno a la sidra y otro con pierna mechada y adobada como platos principales. Información: @eltajinrestauranteSal y Dulce Artesanos Teresa Degollado y Joan Bagur, el dueto a cargo de Sal y Dulce Artesanos, trabajaron un menú fuera de serie para esta temporada con opciones diversas y a excelentes precios para tu festejo. Desde 4 tipos diferentes de lasaña (boloñesa, poblana, de res al vino y tinto y de bacalao) y 5 opciones de guarniciones, hasta espaldillas, cochinita y bacalao. ¡Sus platillos siempre son garantía! Información: www.artesanosdeldulce.com.mxLa Barraca Valenciana La tortería clásica de todos los tiempos, La Barraca Valenciana, del chef José Miguel García, ofrece los siguientes platillos: crema de queso, estofado de res con lentejas, chuletas de cerdo braseadas y bacalao a la vizcaina. ¿Para el postre? Nada como su pan de queso y su pastelito ferrero. Además, La Barraca Valenciana ofrecerá 100 porciones de comida para personas en situación de calle el 24 de diciembre a las 8:00 pm. ¡Solidaridad que se te multiplicará! Información: @labarracavalenciana Galanga Viaja a Tailandia esta Navidad o fin de año sin salir de casa, con el sabor de la Royal Thai Cuisine. En su menú de temporada tienen dumplings, salmón estilo tailandés, rollos primavera, fideos y curry. Clausurar tu menú Thai con una crepa crujiente de merengue de jazmín será único, diferente e inolvidable. Información: @galangathaihouseBistrot MarionEste spot clásico de CDMX siempre se ha caracterizado por su rica comida, que te hace sentir como en casa. Para la temporada, Maríon Díaz preparó una extensa oferta de platillos y paquetes que incluyen botanas, pastas, ensaladas, platos fuertes, de tradición y postres. ¡Todos son una delicia! Información: www.bistrotm.com      Angelopolitano Paquetes reconfortantes desde 2 hasta 12 personas son los que encontrarás en Angelopolitano. Cuentan con los clásicos navideños como romeritos y bacalao, así como lomos, filetes y pavos. Información: @RestauranteAngelopolitanoLalo¿Imaginas una cena con uno de los mejores chefs de México? Eduardo García lo hace posible con su Navidad con Lalo! Un menú para llevar de dos personas que incluye ensalada waldorf, gratín de papa, salmón ahumado, pavo, roast beef de rib eye, tarta tatín y ponche de frutas. Información: http://eat-lalo.com/Carmela y salSi te gusta la comida contemporánea, el menú de Navidad y fin de año de Gabriela Ruiz tienes que probar. Son 3 opciones para dos personas con platillos fuertes como salmón y lechón, así como ensaladas, entradas y postres fuera de serie. Cada menú consta de 7 tiempos. Información: @carmelaysalSartoria Para celebrar a la italiana, el menú de Sartoria es el ideal. Prosciutto di Parma, dip de berenjena, ensalada panzanella, lasaña de hongos, short rib glaseado a baja temperatura son algunas de las opciones que contiene su menú, elaborado para 2, 4 o 6 personas. Buon Appetito! Información: @sartoriamxEloise y LorettaLos clásicos restaurantes del chef Abel Hernández y la sommelier Laura Santander lanzaron su menú en delivery y take out que incluye algunos de sus clásicos como la sopa de cebolla y crema de hongos con caviar de manzana, ensaladas y pastas, así como costillares y jamones para celebrar en grande. Información: @eloise_restSobremesaLas espectaculares casas-cocina de Sobremesa, Puebla y Havre, estarán habilitadas para la temporada para comidas y cenas con grupos de 12 personas, para que tengas un festín inolvidable y te olvides de todo el proceso que implica cocinar y montar tu cena navideña. Incluye el uso del espacio y vajillas, también personal de servicio y cocina para que no levantes ni un dedo. Información: @sobremesamxChef en casaRodrigo Carrasco Déjate consentir en casa con los sabores de reconocidos chefs mexicanos. Los Sabores de Navidad de Rodrigo Carrasco son una delicia. Dos opciones sustanciosas y cocinadas a la leña: bacalao a la vizcaina y pierna de cerdo adobada. Información: @chefrocarrascoYuliana Ballesteros Merry Crisis and a happy new normal! es el menú de Yuliana Ballesteros. Entradas, sopas y guarniciones, platos principales y algunos antojos para quitarte el frío como el típico vino caliente europeo. Sus porciones son de ½ kilo o un  kilo, así que le podrás calcular perfecto. Información: yuliana.ballesteros@gmail.com Carla Castro A través de C Catering, Carla le ofrece a tu mesa navideña 9 opciones de botanitas, entradas de sopas, consomés, carpaccios y tiraditos, y para los fuertes: pavos, piernas, jamones, filetes y hasta brochetas. ¡Todo empacado y listo para calentar! Información: pedidos@ccatering.mxRecuerda: apoyar a un restaurante es apoyar a muchas familias mexicanas que dependen de esta industria. Haz que tu elección signifique para otros felices fiestas. Y si tú cocinarás en esta temporada, ¡utiliza KiwiPro! Consiente en grande a tus seres queridos en la mesa. ¡Felices fiestas! 
Cómo prevenir las estrías es una de las preguntas más frecuentes entre las mujeres, ya que los cambios drásticos de peso y la falta de nutrimientos en la piel son causas comunes que provocan estas molestas marcas. Así que si te interesa reducirlas, conoce los 5 alimentos ideales para combatir las estrías. De acuerdo a la revista Nutrición Dietética y Salud, las vitaminas E, C y B5 y los minerales como el zinc, el cobre y el silicio, promueven la producción de colágeno y contribuyen a mejorar la calidad de la piel, por eso aconsejan consumir alimentos altos de estas propiedades, como los que te mostramos a continuación. Nueces El omega 3 es un importante componente de las nueces y éste nos ayuda a mantener la flexibilidad en la piel, además de que también contienen grandes cantidades de zinc, el cual ayuda a mantener la elasticidad y favorece la reparación de heridas, tal como menciona Medical News Today. Aguacate El aguacate es una fruta increíblemente provechosa para la piel, ya que además de contener vitamina E, que ayuda a evitar la aparición de arrugas y estrías, también contiene grasas saludables, que brindan gran elasticidad. ¡Ya no tienes excusa para comerlo! Agua El agua es quizás el alimento más recomendado por dermatólogos y doctores para mantener una piel hermosa y es que ésta nos ayuda a regular los niveles de colágeno en el cuerpo, evitando la aparición de estrías. ¿Ya tomaste tus 2 litros de agua hoy? Espinacas Las espinacas son grandes portadoras de colágeno natural, la proteína encargada de que la piel sea flexible. Recuerda que a medida que pasan los años, el cuerpo produce menos colágeno y por eso debemos darle una ayudadita. Arándanos Los arándanos tienen múltiples beneficios para la salud y es que están repletos de vitaminas y antioxidantes que ayudan a combatir los radicales libres, los villanos encargados de propiciar estrías en nuestro cuerpo. Recuerda que además de mantener una dieta balanceada y tomar suficiente agua, debes hacer ejercicio para poder disminuir este problema. ¿Ya has añadido estos deliciosos elementos a tu dieta? ¿Conoces algún otro alimento para reducir las estrías?
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
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