Tips para hacer un rico panqué
Recetas Fáciles

Tips para hacer un rico panqué

Por Kiwilimón - Marzo 2013
Para que puedas preparar unos deliciosos panqués de distintos sabores, tome en cuenta estos tips:
  • - Asegúrate que tengas todos los ingredientes necesarios
  • -Precalienta el horno por lo menos 15 minutos antes de meter el panqué
  • - Debes contar y preparar la receta con la cantidad exacta de ingredientes
  • - Los huevos y la mantequilla deberán estar a temperatura ambiente
  • - Sirve los huevos uno a uno para que se incorporen bien
  • - Procura no abrir el horno para que no baje la temperatura
  • - Cuando viertas la masa al molde, dale unos golpes suaves al molde para que no queden burbujas
  • - Procura no cubrir todo el molde con la masa para que pueda esponjar bien
  • - Deja enfriar un poco el panqué antes de desmoldar
  • - ¡Listo!
¡Prepara estos deliciosos panqués que te presentamos a continuación con ayuda de nuestros Kiwitips!   (es necesario hacer click en el título de la receta para ver más detalles) Panqué de naranja. Este panqué es fácil y muy rico. Su betún de naranja le da el toque perfecto. Panqué marmoleado. Un panque delicioso para un desayuno o un cafe hecho de chocolate y vainilla. Panqué de plátano light. Una muy rica receta de panque de platano baja en grasas y alto en fibra. Panqué de manzanas y pasas. Este panqué de manzanas queda delicioso y con el glaceado de chabacano se ve muy bonito Panqué de arándano con glaseado de Gran Marnier. Estos ricos panques de arándanos y naranja están glaseados con azúcar glass y licor de naranja. Panqué de almendras tostadas. Un panqué de almendras,muy rico, fácil y super bonito a demás saludable que rescata los sabores tradicionales en una presentación actual ideal para recibir familiares. Panqué de limón. Un rico panqué de limón que se puede servir en desayunos o acompañado de un café o te.
Bizcocho de coco. Rico y esponjoso bizcocho de coco, espolvoreado por arriba con coco rallado.
Pan de zanahoria. Pan de zanahoria tradicional y sencillo de preparar.
Pan de calabaza. Este delicioso pan de calabaza es ideal para los días de frió en Otoño y para aprovechar las calabazas después de festejar el día de halloween. Queda muy rico untado con mantequilla o queso crema. Mi receta lleva nueces picaditas

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La cocina española es una de las más populares a nivel internacional, incluso ha llegado a influenciar a la comida mexicana. Sin embargo, no siempre llegamos a conocer más de sus mejores platillos pues siempre nos quedamos con la paella y las tapas, por ejemplo. Es por eso que en esta ocasión te vamos a mostrar los mejores platillos tradicionales de la gastronomía de España. Tortilla de patata La tortilla de patata es el platillo español por excelencia y se trata de un pastel de papa con huevo y cebolla frito con aceite de oliva. Esta receta tradicional es tan popular que la puedes encontrar tanto en bares como en restaurantes. Cocido madrileño El cocido madrileño consta de una deliciosa sopa con fideos, garbanzos y verduras como primer plato que se mezcla con carnes y embutidos como pollo, carne de ternera y tocino con chorizo en segunda instancia. Fabada asturiana La fabada de Asturias es similar a los frijoles charros en México, pero en este caso, el famoso guisado originario del norte de España se prepara con frijoles, chorizo, tocino y oreja de cerdo. ¿Se te antoja este platillo español? Gazpacho El gazpacho español es una sopa fría hecha con pan, agua, aceite de oliva, vinagre, tomate, pepino, cebolla, ajo y pimiento verde. Generalmente se consume en los meses de verano pues resulta ser un platillo refrescante y delicioso. Pulpo a feira El pulpo a feira también es conocido como pulpo a la gallega y es una de las recetas más fáciles de preparar dentro de la gastronomía de España. Para prepararla, basta con cocer el pulpo durante algunos segundos en una olla con agua hirviendo y repetir este paso 3 veces; después sólo se corta en rodajas, se sirve en una tabla de madera y se sazona con aceite de oliva, sal y pimentón dulce. ¿Qué platillo español se te antoja más?
Un libro de cocina debería tener salpicaduras de fritanga, cucharazos de caldo de tomate, tiznes de harina. El que edita Zahara Gómez Lucini no invita a hacerlo. Al revés, dan ganas de poner el ejemplar en una vitrina, en un relicario.Antes de hojear ‘Recetario para la memoria’ no sabía que las recetas, así como las mantas y los pliegos petitorios, tienen la capacidad de llevar a cuestas una protesta. Apenas llegué a la primera receta comprendí de qué iba todo: “El bistec ranchero para Ernesto, 5 de enero de 2011”. La receta era sencilla, no tenía cantidades. En cambio, había un sinfín de silencios suspendidos entre los pasos de la preparación. Este es un libro de cocina tanto como lo es una caja negra con recuerdos acomodados minuciosamente. ¿Y qué conexión con el pasado más directa que la comida favorita de quien ya no está? Lo que está es la mesa puesta y están los platillos que ya no se comerán los desparecidos de El Fuerte, al norte de Sinaloa. Sus coautoras, las Rastreadoras del Fuerte, son las madres, las esposas, las abuelas, las hermanas que los recuerdan en cada receta y que con palas aún continúan buscándolos. En el libro hay poco más de 25 platillos. Hay fotos –magníficas– de los guisos con claroscuros y luces que enmarcan el humo en los platos. Hay preparaciones que se antojan. En realidad lo que conmueve hasta los huesos es lo que falta. No hay nostalgia más grande que las de unas gorditas sin frijoles, unos tacos sin salsa, un platillo caliente que aguarda ser comido por alguien que ya no está. Para la autora, en los gestos cotidianos se puede ser subversivo. “Desde tu fogón puedes rendir un homenaje”, cuenta Zahara. “Puedes crear una red que apoye. El espacio es la comida, el espacio en que la compartes permite hablarlo en familia. ¿Por qué hay desaparecidos? ¿Por qué pasa esto? Hacer memoria y de ahí accionar, hacer que cale y se muevan las cosas”.Hay algo muy íntimo en el ‘Recetario para la Memoria’. Las coautoras comparten con ingredientes una pequeña biografía sápida de su familiar desaparecido. El plato queda como rictus, como símbolo de aquellos –sus tesoros, como las Rastreadoras del Fuerte llaman a quien esperan descubrir en fosas clandestinas– que algún día estuvieron vivos y que anhelaron, como todos, un sabor hecho en casa. No hace falta gritar para que el dolor y el reclamo tengan voz en los asados que se tateman en el comal, en el borboteo de un guiso de larga cocción, en el crujir del aceite en un sartén. Pero el recuerdo aquí también es lucha. El derrotismo es muerte. “Ellas son mucho más que víctimas, son combatientes tremendas”, apunta Zahara.Por eso este libro es más de vida que muerte. Es homenaje, es un altar con aromas y moronas que quedan sobre el mantel. Es memoria que invita a la acción a través de un sofrito, de una fritura profunda. Hay que comprarlo porque, además de ser una obra fabulosa, el cincuenta porciento de las ganancias se va para las mujeres de los familiares desaparecidos. Hay que cocinar con él; ensuciarlo a cucharazos y descuidos de caldo de tomate: cocinar algo de sus recetas será como reunir a los desaparecidos en la cotidianidad, conectarlos a la energía esperanzadora de una mesa puesta.
Hasta mi casa se colaba el aroma de unos bollos cociéndose en el horno. Inexorablemente, mi olfato se encendía como radar náutico e identificaba el origen del estímulo tan placentero. El hilo de fragancia, además de pan, susurraba especias –zaatar, para ser precisos– lo suficientemente remojadas en aceite de oliva como para que la receta completa se dibujara en mi cabeza. En menos de cinco minutos ya estaba escalando la pequeña reja verde que dividía la terraza de mis papás de la de los vecinos. Había que llegar a tiempo a la repartición de los talami zaatar mientras estaban humeantes. Desconozco las causas, pero mi calle era el hogar de una pequeña comunidad árabe que me acercó a temprana edad a la gloria de la gastronomía de Medio Oriente. Mis padrinos –además de vecinos– eran libaneses y, como la mitad de mi infancia la pasé imaginando que las escaleras de su casa eran el Monte Everest y su sala, el jardín de mis aventuras paleontológicas, la comida árabe me sabe a infancia. Entender esta cultura es más fácil si se parte de dos de sus pilares: la hospitalidad y la comunidad. Ya saben, no hay hospitalidad sin una letanía gastronómica y, sin embargo, los libaneses nos dicen hold my beer cuando hay que desvivirse por los invitados. “Visitas” para la comunidad es el sinónimo de “vacía tu alacena, compra todo el súper y cocina cuanto puedas”. ¿Quién es capaz de negarse a tal muestra de amor? Yo tampoco.De pequeña pensé que el hábito de súper alimentar a las visitas era propiedad de mis padrinos –a quienes llamaba tíos– y de sus hijos –a quienes llamo hermanos–. Cuando pisé algunos países de Medio Oriente y cuando la añoranza me llevó a restaurantes como Al Andalús o al Adonis, me di cuenta de que esa práctica es regla y que el mezze –variedad de aperitivos de la cocina árabe– define la hora de comer. El mezze es el resumen máximo de la cultura: al centro se estila poner hasta treinta platillos pequeños para la comunidad. Compartir lo que está dispuesto en la mesa es ley. Acá hay un platito con jocoque, el hummus está servido por allá. El kofte (carne picada y especiada) se pasa de mano a mano en una bandeja decorada con lechugas y rábano por si alguien quiere hacerse un taquito. Al extremo de la mesa alguien intenta pescar una bolita de kibbeh (carne molida especiada y frita) con el tenedor, y si no lo logra no importa: al centro gravita un refractario con kibbeh charola. Todos nos servimos tabbouleh (abajo la receta) o fattoush (ensalada verde con trozos de pan) y un par hojas de parra para ponerle verde al plato y para que la casualidad lo embarre con los restos del baba ganush (puré de berenjenas). Uno se podría perder en la bienvenida –de hecho, requiere mucha voluntad no hacerlo– pero, hay que esquivar esta trampa para primerizos. El plato fuerte, que casi siempre tiene que ver con cordero o alguna otra proteína cocinada en especias, aguarda. Habrá arroz o lentejas. Y sí o sí, hay que llegar al postre. Detengámonos un poco en este punto. Son pocas las culturas –como la francesa o la americana– fértiles en la elaboración de buenos postres. La árabe, influida por la cocina francesa y la del mediterráneo, hace maravillas con el dulce. Generalmente sus postres vienen en porciones pequeñas para que el acto de escoger no sea un problema. La reina es la miel, el azahar, la esencia de jazmín y los pistaches, como en una noche que huele a Sherezade. La pasta filo es el ángel que lo custodia todo. Los kanafeh (pastel de semolina con queso), los dedos de novia, los baklava (pastel con pasta de pistaches) completan el sueño. Como era de esperarse, mi hermano del alma heredó la sazón de mi madrina. Cuando lo visito, la tradición de sus ancestros continúa: saca todo su refri para atendernos. Su tabbouleh en especial tiene el poder de agasajar al más incrédulo. Mejor cuando se combina con un hummus recién hecho y lentejas como de relato bíblico. No los dejo con el antojo. Le pude sacar la receta y aquí la comparto. Aunque no les sepa a recuerdo, espero la disfruten con esa intensidad.Tabbouleh de Amir Balut (Kitchen Noob):4 jitomates bola, grandes1 cebolla blanca, grande3 manojos de perejil½ manojo de hierbabuena¾ de taza de trigo quebrado fino (bulgur)8 limones jugosos (yo le pongo dos limones menos, pero a Amir le gusta más cítrico)½ taza de aceite de oliva extra virgen1 ½ cucharadas de sal1 cucharada de pimientaEn una olla mediana pon suficiente agua y remoja el trigo bulgur durante 20 minutos hasta que se ablande. Luego, pica finamente todos los ingredientes. Aquí no hay atajos, todo debe quedar muy pequeño. Mezcla en un bowl lo suficientemente grande. Agrega la pimienta y la sal. Añade el jugo de limón y el aceite de oliva. Revuelve todo y rectifica sazón si requiere. Tapa con plástico y deja refrigerar durante media hora. ¡Disfruta!
Se acerca el fin de año y no hay mejor forma de recibir al 2021 que con rituales de comida para atraer el amor, la fortuna y la abundancia. Por ello, te preparamos una lista con los alimentos favoritos dentro de las creencias populares para atraer la buena energía, con el mejor sabor, por supuesto. ¡No te pierdas estos 6 alimentos básicos para los rituales de Año Nuevo! Lentejas para la abundancia Dentro de los rituales de Año Nuevo, podemos encontrar que las lentejas se utilizan para atraer la abundancia y la prosperidad en días venideros. Por eso en tu cena de fin de año, no puede faltar la sopa de lentejas, como la que tenemos aquí. Albahaca para el amor Algunas personas tienen la creencia de que las hojas de albahaca atraen el amor, por eso, colocan un puñito de hojas bajo la almohada para que en sueños se les muestre a su verdadero amor, o, por otro lado, preparan platillos con esta planta, como podrás ver en estas increíbles opciones. Pasta con Camarones en Salsa de Jitomate y ChipotleSalmón Empapelado con Pesto de EspinacaUvas para los 12 deseos Quizás el ritual de Año Nuevo más conocido son las tradicionales uvas. Se acostumbra comer 12 uvas durante las últimas 12 campanadas a la media noche y con cada uva se puede pedir un deseo diferente que nos sorprenda el siguiente año, aunque si quieres comer las uvas de otro modo, esta gelatina no te defraudará. Limones para alejar las malas vibras Otro ritual imperdible para recibir el Año Nuevo es partir limones en cuartos y colocarlos en las esquinas de tu casa para alejar las malas vibras y proteger a tu familia. Azúcar para la paz y armonía Hay quienes creen que lavarse las manos con azúcar y champaña ayuda a alejar los problemas y dificultades durante el año, atrayendo así la paz y la armonía. Sidra, vino o champaña para la fortuna Otro ritual de Año Nuevo consiste en chocar las copas lo más alto que se pueda y brindar con champaña, vino espumoso o sidra, dar tres saltos con el pie derecho y esperar a que la fortuna caiga en tu copa. ¿Cuántos rituales de Año Nuevo vas a realizar para recibir el 2021?
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