Aprendiendo a comer sushi correctamente

Por Kiwilimón - Mayo 2016
A todos nos gusta el sushi. Esos deliciosos trocitos de pescado con arroz hervido son una verdadera delicia para el paladar. Sin embargo, este platillo asiático requiere un poco más de destreza para ser consumido correctamente. ¿Sabes si estás comiendo tu sushi de manera correcta? Checa las reglas para comer sushi como un experto: La preparación Antes de empezar a comer tu orden de sushi, asegúrate de limpiar tus manos con la toalla húmeda, ya que básicamente comerás con las manos (sí, aunque no lo creas, esa es la manera tradicional de comer sushi). ¿Entonces para qué son los palitos? Cuando pidas sashimi (esos trocitos de pescado crudo sin arroz) debes comerlos con estos utensilios.

🏄🏻🏄🏻🏄🏻

Una foto publicada por John Um (@chefjohn) el

Lectura recomendada: ¡Después de comerte este sushi de camarón querrás chuparte los dedos! Un poco de extras Los mexicanos somos amantes de los extras que les ponemos a nuestros platillos: salsa, limón, verdura, queso, etc. Pero ten cuidado cuando comas sushi: los ingredientes extras (wasabi y jengibre) no deben apoderarse del platillo. Si te gustan los sabores fuertes y picantes, agrega solo un poco de wasabi, ya que demasiado podría esconder los sabores del pescado. En cuanto al jengibre, olvídate de ponerlo sobre cada pieza de sushi. Esta exquisita raíz tiene el propósito de limpiar tu paladar entre cada bocado, por lo que no se debe consumir al mismo tiempo que el sushi.
Can someone say YUM. 👌🏼 Una foto publicada por Brian Schaller (@brian_schaller) el
Lectura recomendada:  ¿Sabías que si combinas aguacate y wasabi obtienes un dip increíblemente sabroso? El bocado perfecto Ya les hemos mencionado que el sashimi se come con palitos y el sushi con las manos, pero ¿sabes de qué manera debes tomar cada trozo? Levanta una pieza a la vez con tu dedo pulgar y medio. El sostener el sushi con las manos te permitirá sentir sus texturas sin dañarlo.
Lectura recomendada:  Con esta receta de arroz tus rollos de sushi quedarán impecables. La estrella: la salsa de soya Tenemos que admitir que a muchos de nosotros nos encanta sumergir y bañar los trocitos de sushi en salsa de soya, pero este es un gran error (además de ser considerado de mal gusto en Japón). La manera correcta de agregar soya al sushi es tomar la pieza y sumergir solo la parte del pescado, así evitas que el arroz se remoje y pierda su textura. Recuerda que dejar un poco de arroz al terminar tu sushi te delata como un novato.
Lectura recomendada:  Esta salsa de soya es ideal para los intrépidos en la cocina. La comida en la boca El arte de comer sushi incluye también la posición en la que colocas la comida dentro de tu boca. Aunque pueda parecer exagerado, hacer esto correctamente puede mejorar muchísimo la experiencia gastronómica. Para saborear y apreciar mejor cada bocado, coloca el sushi de tal manera que el pescado toque tu lengua. Verás cómo sabe mejor así.
Ahora que ya sabes comer sushi correctamente, ¿qué esperas para preparar unos rollitos en tu casa? Lectura recomendada:  Prueba este sushi de atún con unas gotitas de wasabi y deléitate con su gran sabor.    
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En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
Quizá este Halloween no sea como en años anteriores, pero quedarte en casa no tiene por qué pasar sin gracia en una fecha tan divertida como es el 31 de octubre, mucho menos si te animas a preparar estos cocteles increíbles y fáciles.Por ejemplo, una sangría podría ser una forma sencilla de tener un coctel sangriento y delicioso. Las moras serán un gran elemento para hacer pociones moradas y espesas, mientras que el vino tinto, el mezcal, el vodka, el colorante vegetal o curaçao azul harán todos los trucos espeluznantes que necesitamos. 1. Mezcalina de arándanosCon sólo un poco de jugo y mezcal, esta bebida roja es fresca pero te hará entrar en calor rápido. Para hacerlo necesitas jarabe natural, jugo de arándanos, hielo, mezcal reposado, limón, sal de gusano y hojitas de menta para decorar. Para prepararlo sólo necesitas licuar los ingredientes y listo, vacíalo en una copa para martini y disfruta de esta bebida roja.2. Martini de mentaCon curaçao azul y un poco de vodka, este coctel tiene el color más extraño en comida, pero perfecto para celebrar Halloween. 3. Margarita magia negraImagínate una margarita de color tan oscuro que parece poción de bruja recién salida del caldero. Para hacer esta magia negra necesitas los ingredientes normales de una margarita, colorantes vegetales rojo, azul y verde para lograr el color, y si consigues azúcar negra, te quedará extra terrorífica.4. Shots de Bloody MaryEl bloody mary es un coctel muy popular que tiene como base vodka con jugo de tomate, mezclado con un sabor acidito de jugo de limón, con salsa inglesa o worcestershire, un ligero toque picante y un color rojo profundo muy característico de esta bebida. Para hacerlo versión Halloween, lo único que tienes que hacer es ponerlo en jeringas y así verdaderamente tendrás shots rojos de terror.5. Poción dulce de morasZarzamora, frambuezas y moras azules licuadas con hielo y un poco de vodka te darán como resultado una bebida espesa, con textura grumosa y con un color profundo perfecto para asustar a cualquiera.¿Qué otra bebida de Halloween probarás este 31 de octubre?Si los cocteles no son lo tuyo, entonces no te pierdas este paso a paso para hacer galletas de Halloween en forma de dedos de bruja, en forma de ojos de monstruo o de gatos negros. 
México se distingue mundialmente por la calidad de su cacao y el conocimiento milenario de sus usos y propiedades. Por ello, es digno de celebrarse la llegada de un proyecto cuya intención es apoyar a los productores de cacao en Tabasco, Chiapas y Yucatán. Se trata de Chocolanté, la línea de chocolates de Puratos (fundada en 1919), dirigida a profesionales y amateurs de pastelerías, panaderías y chocolaterías de especialidad, elaborada con cacao 100% mexicano y con una certificación “Cacao Trace”. Esta última realiza una trazabilidad exacta desde el grano hasta la barra de chocolate. Es la primera vez que una empresa internacional realiza un proyecto al 100% con cacao mexicano, con un centro de investigación del cacao criollo mexicano para protegerlo, asegurar más chocolate para el mundo y una mejora en la vida de los agricultores mexicanos, asegurando un pago justo por el grano de cacao.La plantación Tikul, en Yucatán, inició actividades en 2009 y se perfiló como el primer cultivo de cacao en su tipo en el estado. A partir de este plantío se creó Choco-Story México, un espacio cultural, enfocado en mostrar la trascendencia histórica y cultural de este alimento, además de resaltar los atributos medicinales y alimenticios del cacao, una semilla apreciada y valorada desde hace miles de años por diversas civilizaciones. Choco-Story Uxmal, inspirado en la antigua Hacienda Uxmal, forma parte de un circuito de museos situados en diferentes ciudades europeas como Praga, Brujas, París, Bruselas, Nueva York y Beyrouth bajo la misma temática de mostrar al mundo la relevancia de los mayas y los aztecas, primeros en descubrir las bondades y propiedades alimenticias del cacao.En su presentación en México, los tres guardianes del cacao, Mario Concepción Burgos, agricultor, miembro de una familia en la que por generaciones se han dedicado a la siembra del cacao en el estado de Tabasco, Jesús Valenzuela, ingeniero agrónomo, responsable del control de la fermentación y calidad del cacao en Comalcalco, y Mathieu Brees, “Chocolatier”, de origen belga y fundador de la marca Ki’Xicolatl cuyo máximo interés ha sido poner en relieve la gran calidad del cacao mexicano, expusieron el origen y los beneficios para profesionales de la utilización de Chocolanté.Instagram: @puratosmexico / @chocolante.mx
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
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