Platillos típicos de Nicaragua
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Platillos típicos de Nicaragua

Por Fernanda Balmaceda - Enero 2021
Nicaragua es tierra de playas e islas paradisíacas, montañas, reservas naturales y recintos patrimoniales. Conformada por tres grandes regiones geográficas: Pacífico, Central y Caribe, Nicaragua tiene una gastronomía diversa en cada una de sus zonas, con exquisitos platillos típicos. Su denominador en común con Centroamérica y México es el maíz como base de su alimentación. Aquí te presentamos 10 platillos emblemáticos de Nicaragua: 

Nacatamal
Es un tamal elaborado de masa con maíz molido y manteca, relleno con carne de cerdo o gallina adobada, arroz, papa, tomate, cebolla y chiltoma, cocido en hoja de plátano. Una delicia de fin de semana cuyo origen se remonta a la gastronomía de los mayas, quienes preparaban este tipo de comida en sus días de fiesta y ceremonias.  

Sopa de mondongo 
Es la sopa típica de Masaya, al sureste de Managua, y la estrella de los mercados, restaurantes y puestos de comida callejera. Se prepara con mondongo de res, llamado “toalla”, repollo, ayote (calabaza), yuca, quequisque, chayote, elote, hierbas aromáticas y especias. 

Carne en vaho
Es una receta tradicional de Nicaragua, muy popular en León, y consiste en carne de res, yuca y plátano verde cocinado en hoja de plátano. Se suele acompañar con ensalada de tomate, aderezada con vinagre y jugo de limón. Es un platillo mestizo resultado del encuentro con las gastronomías mestiza y afroamericana

Sopa borracha 
Es un postre tradicional de Navidad. Se elabora con marquesote de pinol, pastel nicaragüense, preparado con huevo, pinol, azúcar y ralladura de cáscara de limón, almíbar, pasas y ciruela. 

Ajiaco
Aunque es un platillo tradicional de latinoamérica, el de Nicaragua se elabora con carne de res y cerdo. Es un platillo agridulce que lleva hojas de quelite, masa de maíz, arroz quebrado, piña y jocote. 

Tamal pisque 
Es un tamal de maíz nixtamalizado, con sal y manteca, cocido en hoja de plátano,el cual acompañan con queso, frijoles y cuajada. 

Fritanga nicargüense
Son la comida económica que encontrarás en  los puestos callejeros donde sirven alimentos fritos. Entre los platillos más populares de las fritangas están la tajada de plátano verde con queso, los tacos, el gallo pinto y las enchiladas de pollo y cerdo asado. 

Quesillo nicaragüense 
Es un platillo típico y popular de la comida callejera de Nicaragua. Se elabora con una tortilla de maíz, quesillo (queso blanco y suave), cebolla en escabeche y crema agria. 

Tajadas 
Son como los plátanos machos fritos en México. En Nicaragua lo acompañan con queso y suelen comerlo en el desayuno o como guarnición en la comida. También es un snack popular que venden empacado en las tiendas. 

Pebre 
Es la sopa tradicional de Catrina, localidad de Masaya, que elaboran con cabeza de cerdo y otras partes del puerco como lengua, hígado y otras menudencias. Lleva arroz, ajo, cebolla y achiote. 

¿Conoces más platillos típicos de Nicaragua? Escríbenos en los comentarios. 
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En esta era en la que todo debe llevar la etiqueta de orgánico o entonces algo está mal con nuestros alimentos, comprar vegetales congelados podría traernos un poco de remordimiento, pues no son frescos, ni los pelamos ni cortamos en pedacitos por nosotros mismos.Sin embargo, puede que comprar y cocinar con vegetales congelados no sea tan terrible como podríamos pensar, pues de acuerdo con información de Muy Interesante, hay estudios que demuestran que incluso sin congelar, algunos alimentos pierden nutrientes.Por su parte, los vegetales suelen ser congelados inmediatamente después de ser cosechados, así que retienen la mayoría de sus nutrientes. Algunos estudios incluso han demostrado que ciertos alimentos, como el brócoli o la col rizada, tienen niveles más altos de riboflavina y antioxidantes, respectivamente, cuando están congelados que cuando están frescos.Beneficios de comprar vegetales congeladosTal vez no necesitas convencerte de comprarlos, pero los vegetales congelados no sólo te ahorran tiempo, también te evitan tirar tomates o zanahorias viejas que compraste, nunca usaste y dejaste olvidadas al fondo del cajón de las verduras.Otra ventaja de comprar una bolsita de vegetales congelados es que están disponibles todo el año, incluso si no está en temporada. Sin embargo, es importante saber exactamente qué verduras congeladas compras, porque si bien muchas de ellas no contienen conservantes agregados, algunas pueden perder algo de valor nutricional con la adición de sal, salsas o condimentos que deben ir indicados en el empaque del producto.Por otra parte, la forma en la que los descongelas también es importante. Cuando este proceso se lleva a cabo, hay una “reactivación de los microorganismos y esporas presentes”, además de una “liberación de líquido de exudado”, que puede conllevar a un riesgo de contaminación, dice la doctora Elena Aguilar, para Muy Interesante.Ella refiere que la mejor forma de hacerlo es pasarlos la noche antes al refrigerador, o hacerlo directamente en el microondas, pero tratar de evitar dejarlos descongelarse a temperatura ambiente. Finalmente, aunque los alimentos congelados tienen una vida útil más larga, mantener las verduras en el congelador después de dos años podría reducir potencialmente su valor nutricional. Así que ahora ya tienes un panorama mucho más completo de usar vegetales congelados, sus pros y sus contras.
En cada niñito Dios de plástico se esconde un futuro ineludible: el de hacer una tanda de tamales de chile, de dulce o de manteca… tamales oaxaqueños, tamales calientitos. Eso sí. No se admite pagar la manda adquirida en la rosca de Reyes con los de chivo, porque hacerle los tamales de chivo a alguien, según afirma el historiador y escritor José N. Iturriaga, es querer salirse con la suya: “En México tenemos un sinfín de variedades de tamales. Hay de cerdo, de pollo, de pavo, de conejo, de iguana, de camarones como en Sinaloa… de todo menos de chivo. Esos no existen”.Los tamales son quintaesencia de la Candelaria, una fiesta que hace alusión a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, y que fue el momento en el que María y José presentaron a su hijo en el templo. Fue hasta la Edad Media, a partir del siglo V, que “se hacía el encendido de velas o candelas en las capillas como señal de que Jesús es luz. De ahí que exista una virgen con advocación de la candelaria”. Para uno de los tamaleros más famosos de la ciudad, Don Víctor Gumersindo Zárate Cuevas, esta fiesta amerita un cambio de locación. Un día normal, la olla de sus tamales despide los vapores inconfundibles del adobo de cerdo, del verde con pollo y del de queso con rajas en la entrada del Mercado de Granaditas. Pero para la Candelaria, su hijo Víctor Zárate –chef del restaurante Madre Café–, lo llevará hasta un spot de la Roma, en la Ciudad de México, donde el tamalero con más de cuarenta años de oficio podrá vender sus tamales a un público que los considera de culto.Los de Don Víctor son gigantes; sus guisos, jugosos. Pero su mística trasciende a nuestro tamalero favorito. Y es que el tamalli, vocablo náhuatl que significa envuelto, es más que la suma de sus partes: más que la masa de maíz molido, que su relleno dulce o salado o que la hoja que lo cobija todo. El tamal es leyenda, es técnica de origen prehispánico, pero también de Conquista y de productos que, como el cerdo y el pollo, cruzaron el Atlántico. El tamal es signo de vida –es el festín en bodas y bautizos– y de muerte –es pilar en los altares del 2 de noviembre–. Es el manjar de los ricos, el placer de la clase media y el sustento de los pobres. Democrático, variado y único, el tamal es un ecosistema que muta entre la distancia de un pueblo a otro. Según afirma José N. Iturriaga, “A nivel nacional podría haber hasta un millar de ellos”.No hay muchos alimentos con tantas tradiciones, cábalas y rituales. “Algunos de ellos tienen que ver con la Virgen y su pureza”, como cuando las señoras del pueblo dejan de producir tamales en los días de su menstruación porque “se cree que no les van a salir bien o se les van a agriar”, dice Iturriaga. Otro es que con el bote listo y desbordado en pequeños envueltos de maíz es vital persignarse y persignarlos antes de ponerlos ante el fuego. Depende del tamalero. Don Víctor, por ejemplo, recita las frases que su padre y su madre le enseñaron a pronunciar frente a la olla. Adicionalmente le pide a la Virgen que sus tamales tengan la suficiente demanda y que, al comerlos, la gente se vaya contenta. Por último, traza una “V” sobre ellos con ramas de laurel, epazote y naranjo en señal de victoria y de la inicial de su nombre. Sólo después de haber cumplido cada pase mágico esos tamales estarán listos para triunfar.Hay quienes repetidamente hacen la señal de la Santa Cruz sobre la olla o “fabrican una cruz con masa en el exterior del bote”, según me cuenta Iturriaga. Por su parte, Brenda Villagómez, chef de Kiwilimón, me cuenta que en su pueblo de Oaxaca, esa cruz se dibuja al fondo de la olla con chiles guajillo.Los tamales son lo mismo un trozo de cielo que un producto de la tierra por lo que la física y la química no les pasan de largo. Don Víctor dice que un buen tamal se distingue por la higiene de cada elemento que lo integra y por la selección de cada ingrediente: “Hay que darles amor para ir descubriendo sus secretos”, confiesa.Lo que yo confieso es que no sé si ir a comprarle a Don Víctor o cocinar algunas de las recetas más ricas de tamales que tenemos. Tal vez haga las dos cosas, qué más da. Para asegurarme que valdrá la pena cocinarlos en casa haré todos los consejos que me dieron mi mamá, mi abuela y las chefs de Kiwilimón. “Para tener unos tamales buenísimos utiliza harina de maíz recién molida. Si quieres que te duren más tiempo utiliza agua en lugar de caldo de pollo o res. Si el problema es que te quedan secos, asegúrate que la masa quede húmeda, de una consistencia cremosita y pastosa. Utiliza manteca de cerdo de buena calidad ya que esto le dará mucho sabor a tu tamal.” Yamilette González, coordinadora de chefs de Kiwilimón. “Para esponjar los tamales utiliza el agua de cocción de la cáscara de tomate y el tequesquite. Así me enseño mi abuelo.” Mayte Rueda, chef de Kiwilimón. “El acomodo de los tamales es importante. La mejor forma de hacerlo, si estás empezando, es acomodarlos de manera vertical con la colita hacia arriba, para asegurar que la masa no se te salga. No aprietes demasiado la hoja de tamal para que con el calor y la cocción te queden más esponjositos.” Brenda Villagómez, chef de Kiwilimón. “Lo más fácil es hacer una bolita de masa de tamal y aplastarla en una tortillera.” Alexandra Romero, chef de Kiwilimón.“Si haces una rosca de tamal báñala por completo con la salsa para que te quede húmeda y picosita.” Marielle Henanine, chef de Kiwilimón.El de mi familia es sencillo: si tienes batidora bate por unos quince minutos. Si lo haces a puño y letra, bate unos veinticinco minutos, y de preferencia –como decía mi abuelita– que el que lo empiece sea el que lo termine para que “no se corte” la masa. Mi mamá prefiere el sabor de la manteca vegetal que les aporta textura y sólo deja de batri hasta que la masa esponje.¿Cuál es tu secreto?Tamal norteñoTamal relleno de chile con quesoTamales de requesón y rajasChile relleno de tamal
Mi papá dejó de comer carne hace treinta y ocho años. Según como lo cuenta mi mamá, un domingo en una comida familiar, y después de devorarse media vaca, mi papá se secó el sudor de la frente y dijo algo como: “Última vez que como carne”. Todos se rieron del comentario que consideraron un chiste; algo como el “no lo vuelvo a hacer” que suele acompañar la resaca. Para él fue una promesa. Hoy en su lista de razones por las que se volvió vegetariano resuenan palabras como “compromiso”, “karma”, “respeto por la naturaleza”. Ser vegetariano no es algo que aparece por generación espontánea; la decisión tiene que ver con las convicciones, con la filosofía personal. ¿Y qué más personal que la forma de comer? La alimentación casi siempre está ligada a la cultura, a la leche materna, a la comida de casa. En la mía –la de ustedes, pues–, el menú era un subibaja incluyente y casi siempre quesocéntrico: flautas de papa con queso y de pollo, pozole de hongos y de carne, mole con y sin carne. Pero para la mayoría, el vegetarianismo sigue siendo un tabú. ¿Una vida sin carne? ¿Ni pollito, ni huevito, ni pescadito? Una de las nutriólogas de casa, Mayte Martín del Campo, nos dice que existen distintos niveles de restricción en las dietas sin carne: “Los vegetarianos normalmente sí consumen ciertos productos de origen animal como leche, yogurt, huevo, pescado (si comen estos dos últimos se les denomina ovo o pescetarianos). Lo que generalmente suprimen son las carnes rojas y las aves. Por otro lado, los veganos no consumen productos de origen animal”. La cuestión es, ¿por qué alguien quisiera vivir sin carne? Existen cocineros como el máster Dan Barber del restaurante Blue Hill at Stone Barns que afirman que disminuir la porción de la carne en nuestro plato semanal es la única forma sustentable de enfrentar el cambio climático, de disminuir la contaminación de nitrógeno en la tierra y de frenar el deterioro de los suelos. En algunas vertientes del budismo, el vegetarianismo está indicado como precepto del ahimsa, que quiere decir “la no violencia”, pues afirman que comer carne animal, además de dañar directamente a los seres vivos, constituye una fuente de karma que vendrá por ti en la siguiente vida –para los que creen en las reencarnaciones–. Otros optan por una dieta vegetariana simplemente por un sincero amor a la naturaleza o como un acto incendiario contra la crueldad animal. Hay un punto medio. Autores como Mike Bittman optan por este estilo de vida sin labrarlo sobre piedra: el afamado escritor gastronómico del New York Times acuñó el término flexitarianismo para la dieta que deambula entre la vegetariana (o vegana) y la carnívora alternándola a distintas horas del día o de la semana. Dos comidas sin carne, una con.Personalmente creo que lo que entra al cuerpo es un diálogo que le corresponde a cada corazón y mente. Una decisión propia como llevar el pelo de cierta forma, creer en Santa Claus o elegir la maternidad. Lo cierto es que un trozo de carne tiene una gran cantidad de ácido úrico, fosfórico y sulfúrico; así como colesterol, antibióticos y hormonas, en el caso de la carne que no es orgánica.La tendencia ecológica y saludable del momento es comer carne tan solo una vez por semana. Si se opta por dejarla para siempre, nuestra nutrióloga de casa, Gina Rangel, recomienda suplementarse con vitamina B12, comer hojas verdes y vegetales todos los días, intentar no consumir carbohidratos simples y consumir fuentes de proteína vegetal: quinoa, frijoles, tofu, semillas, nueces, además de huevo y queso.Nuestra nutrióloga Jennifer Asencio afirma que los beneficios que puede aportar una dieta vegetariana son “un bajo aporte de grasas saturadas, bajo aporte de colesterol y, si se sabe combinar los cereales con las leguminosas, se obtendrá una proteína de muy buena calidad sin necesidad de recurrir a los suplementos”. Eso sí, ella afirma que entre más restrictiva sea una dieta sin carne, mayor será el riesgo de quedarse sin micronutrientes, Omega3, vitamina B12, calcio, hierro y vitamina D, por lo que hay que estar atentos al cuerpo y consultar a un especialista. Lo importante, como siempre, es aprender a combinar adecuadamente los alimentos y recordar que no por llevar una dieta vegetariana o vegana se es más saludable. Hay que evitar llenarnos los vacíos con kilos de pasta, comida grasosa o chatarra y consumir ingredientes de buena calidad nutricional.Si quieres algunas ideas que te ayuden a seguir una dieta vegetariana aquí hay una sección completa con recetas que te van a encantar.
Esta Cuaresma sácale jugo a tus pescados y mariscos preparándolos de formas nuevas y divertidas. Si eres amante del grill, no esperes más y programa tu siguiente parrillada con productos del mar, ¡será una experiencia memorable! Y para que te vuelvas un experto en la materia, el chef Rodrigo Carrasco te comparte los 10 consejos básicos para sacarle el mayor provecho a tu parrillada de mariscos: Selecciona ingredientes frescos y carnosos.  Necesitas carne rica pero resistente al fuego. Los ingredientes con caparazones como las conchas son perfectas para el grill, porque protegen su carne. . El fuego es tu amigo. Experimenta con diferentes maderas y carbón dulce a temperatura suave y constante. Obtendrás una cocción sutil y refinada. Recuerda que, a diferencia de la carne y las verduras que requieren potencia, los ingredientes del mar necesitan sutileza en la cocción, en otras palabras: un fuego suave y constante. Marinación y reposo.  Si quieres potencializar los sabores, deja descansar tus ingredientes del mar en mezclas que te gusten antes de meterlos al fuego. Prueba salmueras, salsas, especias o infusiones con hierbas. Tiempo. La paciencia es la regla de oro en las parrilladas de mariscos. Haz tu parrillada como un ritual: selecciona tus ingredientes, déjalos reposar, prende el fuego, marina los ingredientes, haz su cocción al calor de la brasa y vuelve a dejar reposar. Piensa en el tiempo y el reposo que requieren unas ostras o en un pescado  Tikin Xic. Guarnición y acompañamientos. Elige elementos o preparaciones simples y sutiles para acompañar a tus estrellas marinas. Por ejemplo, vegetales que le den más frescura a tus pescados y mariscos, frutas o salsas con cítricos que bailen al compás del mar y de tu brasa. Presentación. Lo simple es elegante. Utiliza elementos básicos: tenedores, cucharas y  un plato. Los protagonistas de tu mesa serán los mismos pescados y mariscos. Piensa en los colores, la textura y cuerpo de unos langostinos o una leche de tigre. Un excelente tip es que pongas a enfriar tus cubiertos para que tus primeros bocados sean memorables. Combinación de mar y tierra.  ¡Aventúrate a combinarlos!  ¿Qué sería de un pescado zarandeado sin chiles?  Parrilla también cebolla, poros, chiles secos y hasta plátano. Deja que se unan en el fuego. Maridajes.  Mi regla es: acompaña tu plato caliente con una bebida fría y fresca como el mar. Entre más caliente y especiada sea tu preparación, más helada y fresca será la bebida que elegirás como vinos albariño, cavas o champañas, o bien cervezas ligeras como los estilos lager, pilsner o ipa. Sirve tu festín al centro de la mesa. A diferencia de otros platos, el mar es muy estético en la mesa. Sirve tu parrillada en piezas enteras y de manera natural,  esto te ayudará a crear composiciones únicas, además de crear el entorno perfecto para compartir los sabores al centro de la mesa. Hora del postre. Elige postres fuertes que limpien tu paladar. Después de un festín marino y de brasa tu paladar necesitará sabores cítricos, alcalinos o herbales para limpiarse. Prueba con tartas de limón, plátanos asados, o frutos rojos a la parrilla con galletas. ¡Que tu parrillada de mariscos sea todo un éxito! Rodrigo Carrasco es chef de Kitchen 6 en CDMX y, próximamente, de un nuevo proyecto de mariscos y parrilla en Ávandaro. 
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