Sustituye estos 10 ingredientes para hacer tus POSTRES más saludables sin afectar el sabor

Por Kiwilimón - Marzo 2017
¿Aún estás batallando con los kilos del Guadalupe-Reyes? No te preocupes. Hay maneras de bajarle a las calorías de tus postres sin sacrificar el sabor. Descubre qué ingredientes pueden hacer que tus antojos dulces sean más saludables e igualmente deliciosos: Jarabe de agave. Ya que el jarabe de agave es más dulce que el azúcar, solo necesitas la mitad o ¾ partes de lo que usarías de azúcar. Harina de coco. Usa 1/3 de taza de harina de coco y dos claras de huevo para sustituir una taza de harina tradicional. Canela. El sabor fuerte de la canela amplifica el sabor dulce. Con la cantidad adecuada de canela y sal, puedes hacer que una receta sepa más dulce de lo que es. Plátanos. Sustituye el aceite de las galletas con una taza de plátanos machacados. Además de ahorrarte unas calorías, tendrás una dosis extra de potasio. Aguacate. Una taza de puré de aguacate tiene el mismo efecto que una taza de mantequilla en las recetas para brownies y galletas de chocolate. Yogurt griego. Para hornear una versión más saludable de pasteles, sustituye la crema por yogurt griego. Puré de manzana. Sustituye la mantequilla en las recetas para pasteles con la misma cantidad de puré de manzana. Betabel. Agrega 2/3 de taza de betabel rallado a la masa para brownies y podrás reducir la cantidad de azúcar hasta ¼ de taza. Claras de huevo. En lugar de usar un huevo entero, agrega dos claras de huevo para ahorrarte 60 calorías y 6 g de grasa. Leche baja en grasa. Para hacer las bases de pays, sustituye la mantequilla derretida por dos cucharadas de leche baja en grasa y mézclala con las galletas trituradas. Como puedes ver es muy sencillo ahorrarse unas calorías al momento de preparar postres. via GIPHY ¿Conoces algún otro alimento que pueda usarse como sustituto? Déjanos tus ideas en los comentarios.

Descubre lo delicioso que puede ser sustituir ingredientes con estas increíbles recetas:

 
Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
Tener remedios naturales para cualquier cosa es una de las mejores prácticas que puedes tener y mejor aún cuando se trata de una mascarilla para la piel con ingredientes naturales que iluminarán tu rostro.La avena es uno de los ingredientes con más beneficios para tu piel, pues no sólo es segura para usarse en el rostro, sino que tiene propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que ayudan con la piel seca y la piel grasosa.Por su parte, el arroz está cargado de propiedades antienvejecimiento y varios agentes absorbentes de aceite. Además, es una excelente fuente de vitamina B que ayuda en la producción de nuevas células, ayuda a suavizar y reafirmar la piel, así como a cerrar los poros, y la mejor parte es que es muy fácil de usar.Para usarlos como remedio natural para la piel, puedes usar cada uno por separado en tu rutina de limpieza. Primero del arroz puedes usar tanto la harina de arroz como el agua de arroz. El agua de arroz sirve como tónico fácil y puedes usar el agua que sale del arroz cuando lo enjuagas o hervir arroz, esperar a que se enfríe y entonces usar esa agua. Para usar el agua del enjuague, lava el arroz como lo haces normalmente, pero no uses el agua de ese primer enjuague. Agregue agua otra vez y mezcla suavemente, deja reposar el arroz por unos 20 minutos y usa esa agua en tu rostro.Puedes usar el agua de arroz tanto para lavarte la cara con ella, como aplicada con algodones humedecidos en ella, luego presionarlo suavemente por toda tu cara y simplemente dejarla absorber.Mascarilla de avena y harina de arrozPara esta mascarilla fácil se hace con avena, harina de arroz, leche y miel. La avena ayuda a eliminar las células muertas de la piel y para prepararla necesitas 1 cucharada de harina de arroz, 1 cucharadita de avena, 1 cucharadita de leche y 1 cucharadita de miel. Mezcla todo hasta formar una pasta espesa, entonces aplícala en todo el rostro y dejar actuar durante unos 10 minutos, luego enjuaga con agua fría. Puedes usar esta mascarilla casera dos veces por semana para obtener mejores resultados.Ambos remedios son muy fáciles de hacer y sencillos de usar, y dejarán tu piel limpia y radiante de manera natural.
El vino no es un idioma que deba aprenderse. No es una pieza de arte conceptual que haya que comprenderse o descifrarse. Tu moño, pipa y guantes sácalos cuando pruebes otras cosas más sofisticadas. El vino se prueba y listo. Eso sí, asegúrate de que el que te lleves a la boca te guste. Para diferenciar los unos de los otros –los “sí, por favor” de los “nunca más”–, hay que degustarlos y no sólo tomarlos. Y si te llegara a quedar alguna duda, aquí te respondo lo que siempre habías querido saber sobre vino, pero nunca te habías atrevido a preguntar. Y a todo esto, ¿qué diantres es el vino? Este caldo multicolor (tinto, blanco, rosado o naranja) es el jugo fermentado de la uva. No de la que nos llena la boca cada Año Nuevo en busca de amor, salud y dinero. Hablo de la vitis vinífera o vid cuyas variedades o cepas seguramente has escuchado nombrar: cabernet sauvignon, merlot, malbec y muchos etcéteras. Sí, así como el mango y sus múltiples variedades (ataulfo, petacón, manila).Seguramente te preguntarás, ¿por qué hay que oler el vino? Para mí es la parte más especial del jugo de la vid. Los aromas son su regalo –además del sabor–, pues en ellos se revelan cuentos de castillos, lunas y familias; historias sobre el lugar donde fue cultivado, sobre la cepa, la receta con la que se elaboró. ¿Recetaaaaa? La receta en el vino no es como la de un cheesecake. El “saber hacer” o receta a la que llega un enólogo contempla desde la forma en la que la uva se siembra hasta si se combina con otras variedades para crear mezclas, o si el vino se guarda en una barrica ya usada o una nueva. Las posibilidades son infinitas. Quizás no te habías atrevido a preguntar por qué movemos la copa y luego olemos el vino. Sin duda no es para llamar la atención. El ligero movimiento circular oxigena el líquido y despierta con potencia los aromas. Haz la prueba y huele la copa quieta. Luego, agítala. Tu percepción cambiará. ¿Quieres saber por qué se dice que el vino “huele a cereza” “tiene aromas a pimienta” o “a manzana verde”? No es que añadan dichos ingredientes en su elaboración. Los aromas resultan de las reacciones químicas de la fermentación y el añejamiento. Lo que sí puede suceder es que, si en el viñedo había romero y lavanda, el vino desarrolle notas similares. Y, ¿qué hago si yo no huelo nada? Primero, no desesperarte y practicar. Aunque la gente te vea como a un loco, experimenta la vida a través de la nariz. En el mercado, acércate a las flores y grábate en la memoria cada olor. En el súper huele las frutas (sin tocarlas, por aquello de la sana distancia) y nota si hay diferencia entre un durazno y un chabacano, entre una manzana verde y una roja. En casa, amontona especias y a cierta distancia trata de reconocerlas con los ojos cerrados. Esto desarrollará tu instinto sabueso. Si conoces a un fan del vino habrás escuchado de los taninos. ¿Los tanin.. qué? La tanicidad es una característica esencial en el tinto junto a la acidez, el dulzor y el alcohol. Para hablar de ella, primero recuerda la sensación que te deja una loción astringente en la boca. Esa sequedad en las encías es la tanicidad. Los taninos son deseables en el vino, siempre y cuando estén equilibrados con las otras características. Si no están bien “pulidos” o trabajados en la receta, lo más seguro es que el vino no sea fácil de beber y te deje seca la boca.Y finalmente llegamos a la pregunta más importante de todas: ¿Un vino barato es sinónimo de “malo” y viceversa? Como en la comida, el precio no asegura la calidad ni el sabor; siempre hay hallazgos en lugares insospechados y decepciones en sitios de alcurnia. La calidad de un vino depende de los cuidados puestos en la uva desde el campo y la bodega. Además, tiene que ver con la técnica y la receta del enólogo. Si él se esmera por producir productos de calidad, te aseguro que sus vinos más baratos serán mejores que los de una bodega de mucho marketing y con prácticas a medias tintas. Hay vinos para cada momento y cada bolsillo. Anímate a probarlos con medida y a degustar en consciencia. Aterriza en el momento. Mantente presente en las sensaciones que llenan la nariz y la boca. El regalo será grande. ¿Tienes más preguntas de vino? Escríbeme y te contesto: shadia.asencio@kiwilimon.com
El don de mi abuela era cocinar. Cada domingo religiosamente, casi un centenar de comensales se formaba alrededor de su restaurante en Tlalnepantla para probar la barbacoa. No sé si es cosa del amor, pero no he probado una de mejor sabor que la que preparaba apenas amanecía el sábado y cobijaba entre pencas en el hoyo de piedra hasta el día siguiente. Pero hoy no toca hablar de los secretos de su barbacoa sino de su plato más célebre: el mole verde. Mi abuelo subió a mi abuela a un caballo flaco cuando ella no pasaba de los catorce años. A Celia no le quedó de otra que dejar las muñecas y tomar, en cambio, los sartenes y las ollas. De la bisabuela María heredó talentos como los de percibir el sabor de los guisos usando la nariz y el de usar las cocciones como sazonador. El mole verde vino años después, en su época de oro. Doña Celia, mujer empoderada de seis hijos, hizo prolíficos negocios alrededor de la cocina. Cuando llegaba el día de su cumpleaños, el patio de su rancho se convertía en el lugar más festivo de San Andrés Timilpan. Aún recuerdo la tambora, las mesas con manteles que ella había bordado en punto de cruz, las salsas al centro y las señoras palmeando tortillas ante el inmenso comal. En medio del jolgorio y de nietos jugando a las “traís” salía la gran olla de mole verde. Como en una suerte de milagro, de esa vasija de barro, Doña Celia saciaba a sus seis hijos y a sus familias, a todos sus amigos, a todos sus compadres, a todo el pueblo. El desfile de platos cubiertos por su guiso color verde aceituna comenzaba desde un rincón del patio y corría, a veces, más allá del portón. El mole verde de ella era especial. Nadie lo dudaba. No le ponía pepitas como generalmente se usa en el Estado de México o Hidalgo. El de ella llevaba almendras. Ya saben: moles hay tantos como sazones y a mi abuelita no le gustaban las reglas; su receta es tan única como ella. Eso sí, advierto que le hace falta algo que no se contabiliza en un ingrediente o en un paso del procedimiento. Yo misma la he preparado al pie de la letra junto con mi mamá y mis tías y aunque el resultado es muy bueno, no sabe al “Mole verde de Doña Celia”. Quizá deba esperar otro rato y otra dimensión para probarlo junto a ella como me sabe en el recuerdo.Hoy que escribo esto se me antoja poner una canción de José Alfredo y hacer mis propias combinaciones frente a la olla de barro. Que desde lo lejos mi abuela sepa que la recuerdo y que por el olfato cuántico detecte si mi mole quedó rico. Lo de ella era agasajar a otros aunque no pertenecieran a su familia. Estoy segura de que la pondría feliz que ustedes prepararan su receta o cualquier otra para festejar a sus abuelos. Brindar juntos por el regalo que es su presencia. Poner la tambora, aunque sea en la grabadora, o los boleros o las de Luismi para celebrarles que, sea cual sea su don, el de los abuelos es amar incondicionalmente a sus nietos. Sí, así como Doña Celia.Mole verde estilo fiesta de Doña Celia250 g de ajonjolí100 g de almendras6 pimientas gordas +-10 clavos de olor2 pizcas de comino1 bolillo frito en aceite1 tortilla frita en aceite2 kg de tomate verde manzano, peladoChile verde jalapeño (al gusto, depende del picor que se aguante)1 pollo entero, verduras, hierbas de olor y aguaSalaceiteDesde muy temprano se pone a cocer el pollo junto con unas hojitas aromáticas, un trozo de cebolla y algunas verduras. Una vez listo, se reserva lejos de la ventana. En una olla con poca agua y algo de sal se agregan los tomates. Basta que se pongan ligeramente suaves para sacarlos de la lumbre. En otra olla, hay que poner a calentar bastante aceite y dorar el ajonjolí con las almendras peladas. Una vez listos se retiran y se ponen a freír los chiles. Hay que poner todos los ingredientes a moler junto con las especias y con un poco del caldo de pollo. Los tomates, no. Esos se dejan reservar pacientemente. En seguida, se pone a calentar una gran olla de barro, que de preferencia tenga varios años de uso. Hay que vaciar el mole y no dejar de moverlo ni un segundo para que no se pegue o se queme –de preferencia que sea la misma persona la que lo mueve y que los movimientos vayan en dirección a las manecillas del reloj para que “no se corte”–. Ahora sí se le agrega el tomate ya molido y al final, un poco de caldo, dependiendo de la consistencia que le guste a la familia. Lo último, y haciendo uso de la nariz y del buen gusto, hay que ajustar lo más importante de la receta: la sazón.
Tener remedios naturales para cualquier cosa es una de las mejores prácticas que puedes tener y mejor aún cuando se trata de una mascarilla para la piel con ingredientes naturales que iluminarán tu rostro.La avena es uno de los ingredientes con más beneficios para tu piel, pues no sólo es segura para usarse en el rostro, sino que tiene propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que ayudan con la piel seca y la piel grasosa.Por su parte, el arroz está cargado de propiedades antienvejecimiento y varios agentes absorbentes de aceite. Además, es una excelente fuente de vitamina B que ayuda en la producción de nuevas células, ayuda a suavizar y reafirmar la piel, así como a cerrar los poros, y la mejor parte es que es muy fácil de usar.Para usarlos como remedio natural para la piel, puedes usar cada uno por separado en tu rutina de limpieza. Primero del arroz puedes usar tanto la harina de arroz como el agua de arroz. El agua de arroz sirve como tónico fácil y puedes usar el agua que sale del arroz cuando lo enjuagas o hervir arroz, esperar a que se enfríe y entonces usar esa agua. Para usar el agua del enjuague, lava el arroz como lo haces normalmente, pero no uses el agua de ese primer enjuague. Agregue agua otra vez y mezcla suavemente, deja reposar el arroz por unos 20 minutos y usa esa agua en tu rostro.Puedes usar el agua de arroz tanto para lavarte la cara con ella, como aplicada con algodones humedecidos en ella, luego presionarlo suavemente por toda tu cara y simplemente dejarla absorber.Mascarilla de avena y harina de arrozPara esta mascarilla fácil se hace con avena, harina de arroz, leche y miel. La avena ayuda a eliminar las células muertas de la piel y para prepararla necesitas 1 cucharada de harina de arroz, 1 cucharadita de avena, 1 cucharadita de leche y 1 cucharadita de miel. Mezcla todo hasta formar una pasta espesa, entonces aplícala en todo el rostro y dejar actuar durante unos 10 minutos, luego enjuaga con agua fría. Puedes usar esta mascarilla casera dos veces por semana para obtener mejores resultados.Ambos remedios son muy fáciles de hacer y sencillos de usar, y dejarán tu piel limpia y radiante de manera natural.
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD