Todo lo que debes saber de la carne y no querías preguntar
Recomendaciones de Cocina

Todo lo que debes saber de la carne y no querías preguntar

Por Kiwilimón - Mayo 2015
Hay muchos mitos que giran en torno a la carne y la manera en la que debemos comerla. ¿Cuál es la más grasosa? ¿Cuál es la cantidad correcta? A continuación te explicamos algunas cosas que te harán entender mejor este tipo de alimentos. Las carnes son alimentos que aportan proteínas, alrededor del 15 al 23 por ciento, también aportan algunas vitaminas y minerales como hierro, potasio, fósforo y zinc. Entre otras cosas, la carne contiene grasas saturadas, cuya proporción varía entre cada animal y la preparación posterior. Las carnes de res, caballo, pollo y conejo —sin piel— contienen menos menos grasas que las de cerdo, cordero y pato, por lo que es importante elegir cortes magros de carne y retirar la grasa visible antes de cocinarla.

Carnes rojas y blancas

De acuerdo con el doctor Antonio Escribano y su libro Aprende a comer y controlar tu peso, la carne se clasifica en roja y blanca, esto dependiendo de la cantidad de sangre que contienen y por ende, de la cantidad de hierro que poseen, aunque la capacidad para digerirla por el cuerpo humano es la misma. Por una parte, las carnes consideradas blancas son las de pollo, pavo o conejo, mientras que las de res, cordero, ternera y cerdo son llamadas carnes rojas. La cantidad adecuada de carne que debemos comer es de cuatro raciones a la semana. Tomando en cuenta que una ración es de150 gramos de peso, no más de un filete del tamaño de la palma de la mano. De estas cuatro raciones semanales, se recomienda que una de ellas sea carne roja.

¿Qué hay de las víseras?

De igual forma que la carne, las víseras también aportan bastantes proteínas. En el caso del corazón, los riñones y el hígado,proporcionan mucho hierro y vitaminas por lo que, consumidos con moderación resultan muy benéficos para la salud. Otras víseras como los sesos o las criadillas suelen ser muy grasosos y altos en ácido úrico, lo que ha generado que su consumo disminuya.

Jamones y embutidos

Debido a que el jamón se obtiene a partir de la salazón y secado al aire libre de las patas del cerdo, es considerado, de acuerdo con Antonio Escribano, dentro del grupo de las carnes. Por su lado, los embutidos son productos elaborados con carnes y grasas, en su mayoría saturadas, a los que se les añade sal, hierbas aromáticas y algunas especias, para luego llevar un proceso de curación. Desafortunadamente, la industrialización ha generado que muchos productos de este tipo sean elaborados con muy baja calidad y que contengan una gran cantidad de sustancias añadidas que no son buenas para nuestro cuerpo. En cuanto a esto, es importante que el consumo de embutidos y jamones sea moderado y que se busque la calidad ante todo, esto con el fin de evitar las grasas saturadas, el colesterol y el sodio. Su consumo se debe considerar como una carne más, es decir, dentro de las cuatro raciones semanales.

Las no tan malvadas hamburguesas

Las hamburguesas son un platillo que ha sido condenado a la lista mala de los alimentos, en especial por su uso en la comida rápida. Sin embargo, cuando la hamburguesa está hecha con una buena carne molida, de calidad y con poca grasa, no hay porqué eliminarla por completo de la dieta. Si a esto agregamos un buen pan —integral, de preferencia—, vegetales como jitomate, lechuga, cebolla y pepinillos,y evitamos saturarla con aderezos, mostaza o catsup, no tiene porqué representar ningún peligro. El problema está en abusar de otros ingredientes como el tocino, los quesos muy grasos o las piñas en almíbar. Si quieres encontrar más información al respecto, busca el libro del doctor Antonio Escribano para que tengas una mejor alimentación. Ver artículo original.    
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Lo femenino es un adjetivo que describe una realidad biológica, sociológica y gramatical. Eso sí, el sustantivo al que se lo colgamos tiene que ver con una concepción ideológica. En la cocina, lo femenino se ha generalizado a dos actividades: a la informal, que termina derrumbando el zaguán de una casa por necesidad, para trasladarse a un puesto callejero; y la dulce, la de los pasteles y las galletas con royal icing, la de la estación de postres en los restaurantes con duela encerada. Pero ya hay más. Las mujeres hemos llenado la canasta de lo femenino con frutos inesperados.En el rewind de la vida, la tierra y el fuego fueron los elementos iniciáticos de lo femenino. En nosotras estaba la responsabilidad de resguardar el hogar, de encender y mantener la hoguera –del latín focus, fuego– en las cuevas originarias. En cada una, el brasero era monumento a la vida, pues alejaba animales salvajes y resguardaba el calor familiar.La civilización evolucionó, no así el destino de las de nuestro género. El fuego de la brasa se mantuvo prendido en el hogar sin el derecho a volverlo oficio. Eso sí, en la historia no faltaron las hechiceras que prepararon encantamientos culinarios, cocineras de corte, mujeres que alimentaban soldados, amas de cría y reinas que colonizaron con recetas los terruños de su lazo matrimonial. Por supuesto, estaban las monjas, las guardianas del saber teológico y culinario. Bajo el son del ora et labora se especializaron en la creación culinaria, la repostería, la confección del chocolate. A nadie extrañó que los libros de cocina y las gacetas culinarias del renacimiento y barroco ni por equivocación tuvieran el nombre de una mujer. En el siglo XVIII, momento histórico en el que la palabra gastrónomo se puso de moda, la versión gramatical en femenino brilló por su ausencia. En la nouvelle cuisine del siglo XX, en la cocina moderna de August Escoffier, a la mujer se le confinó a la mesa. Nada nuevo. Capítulos que retrataron, como en otros ámbitos, el machismo como devenir histórico. Se nos vio débiles para cargar ollas, mal agüero si estábamos en nuestro periodo. Y luego llegaron mujeres que no pidieron perdón por ser talentosas: las Eugénie Brazier –la primera mujer en obtener tres estrellas en la Guía Roja–, las Julia Child –cocinera que popularizó la cocina francesa en Estados Unidos por sus libros y programas de televisión–, las Alice Waters –la madre de la cocina californiana en su Chez Panisse de los setenta–.Gracias a las de delante y detrás, la cocina actual es un campo de batalla donde lo femenino se resignifica cada jornada. Como Gabriela Cámara, que se hizo restaurantera con menos de treinta años y ha sabido romperla en México y Estados Unidos. Como Celia Florián, cocinera de las Quince Letras, que preserva saberes regionales en su restaurante y es voz de otras cocineras tradicionales en Oaxaca. Como Martha Ortiz Chapa o Elena Reygadas, que supieron amalgamar el talento artístico con el fine dining. Como Norma Listman de Masala y Maíz que conceptualiza lo mismo una barbacoa especiada que un texto incendiario. Como Pía Quintana, Titita o Margarita Carrillo que picaron piedra, documentaron y replicaron para dignificar lo que hoy se come sobre manteles largos.  Lo femenino aterrizó entonces en los magueyes pulqueros de Hidalgo, en los de mezcal con Lala Noriega; se expandió en los campos de agave azul con la tequilera Melly Barajas Cárdenas; se sirvió en una copa martinera en la mano de Fátima León o Mafer Tejada. Es el sabor detrás de grandes cervezas con Diana Arcos, química de Wendlant. Ha sido nariz en el vino junto a Georgina Estrada, a Claudia Juárez y a Michelle Carlín y es el espíritu de los viñedos que cuida la enóloga Lourdes Martínez en Bruma. Taqueras, torteras, pescadoras, tamaleras, carniceras, dueñas de fonditas, embajadoras de bebidas, emprendedoras de proyectos comunitarios, creadoras de conceptos restauranteros, productoras gourmet, agrónomas, meseras, garroteras, conservacionistas de cultura comestible, fotógrafas culinarias, cocineras medicina, escritoras de experiencias sápidas que nos la han puesto difícil al definir lo femenino en la cocina y que han hecho que no quede vocación allá fuera sin el latido de una mujer.
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