Cocineros de México se pronuncian frente a transgénicos
Salud

Cocineros de México se pronuncian frente a transgénicos

Por Kiwilimón - September 2015
Hace algunos días, la prohibición impuesta a la siembra de maíz genéticamente modificado en septiembre de 2013, fue revocada por el juez XII de Distrito en Materia Civil, Francisco Peñaloza. Ante esto, chefs y cocineros integrantes del Colectivo Mexicano de Cocina expusieron, por medio de una carta, su oposición a la evaluación y otorgamiento de permisos para la siembra de maíz genéticamente modificado en México.
Dicho documento expresa los siguientes puntos: 1. El cultivo de estos productos atenta contra la diversidad de nuestros maíces nativos, y pone en peligro su existencia. 2. La conservación de la biodiversidad agrícola se basa en el libre intercambio de las variedades, y en el derecho que tiene el campesino a guardar la semilla de su propia cosecha, como ha ocurrido desde hace siglos. 3. El proceso de transgénesis no es “sustancialmente equivalente” al que ocurre en el cruce natural de plantas desde hacía miles de años: se trata de un proceso con el que se intervienen y cruzan artificialmente las cadenas de ADN de diversas especies. La tecnología utilizada plantea enormes incertidumbres y efectos colaterales impredecibles. Sus alcances no se han determinado todavía. 4. Los agroquímicos que acompañan la siembra de maíz transgénico —fertilizantes y herbicidas— pueden representar un peligro para la salud. Un ejemplo es el glifosato, sustancia empleada como herbicida, que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, es un probable cancerígeno. 5. Los organismos modificados genéticamente (OMG), por su parte, atentan contra la soberanía alimentaria de todos los pueblos. Fomentan la concentración de la propiedad de la tierra y aumentan la dependencia económica de pequeños productores respecto a las grandes transnacionales. El campo de las patentes se ha venido ampliando más allá de los procesos tecnológicos para incluir a los seres vivos. Las semillas han dejado de ser un bien común para convertirse en “propiedad intelectual” de empresas trasnacionales. 6. Diversos países miembros de la Unión Europea —Austria, Francia, Bulgaria, Grecia, Alemania, Hungría, Italia, Luxemburgo y Polonia— se niegan a cultivar transgénicos en sus territorios a causa de los posibles daños que dichos productos pueden provocar a la salud humana y al medio ambiente. Por otra parte, naciones como China compran maíz a México precisamente por no ser transgénico. 7. En Latinoamérica, ejemplos como el de Argentina resultan alarmantes: 56% de la tierra cultivada (19.8 millones de hectáreas) están sometidas a un monocultivo transgénico —la soya—, y se ha documentado ya una pila de historias preocupantes sobre enfermedades y contaminaciones, cada vez en mayor escala, relacionadas con esos cultivos y con los agroquímicos que los acompañan. En este texto, los cocineros y chefs solicitan se exprese una postura clara y firme sobre esta situación y manifiestan que se mantendrán alerta en espera de una resolución adecuada. La carta fue firmada por los integrantes del Colectivo Mexicano de Cocina mencionados a continuación: Abel Hernández. Eloise. Ciudad de México. Ada Valencia. Investigadora. Querétaro. Adrián Herrera. Fonda San Francisco. San Pedro. Alberto Chávez. Kaah Siis. Ciudad de México. Alberto Sentíes. Montelena. Monterrey. Alejandra Flores. Quintonil. Ciudad de México. Alejandro Garza. Cinco Catering. Monterrey. Alex Ruiz. Casa Oaxaca. Oaxaca. Alfredo Villanueva. Romero y Azahar. Monterrey. Alicia Gironella. Escritora e investigadora. Ciudad de México. Alma T. Cervantes Cota. Investigadora. Culiacán Ángel Vázquez. Intro Restaurant. Puebla. Antonio de Livier. La panga del impostor. Guadalajara Antonio Márquez. LMA Food Concepts. Monterrey. Aquiles Chávez. La Fishería. Playa del Carmen. Arturo Fernández. Raíz. Ciudad de México. Benito Molina. Manzanilla. Ensenada. Christian Bravo. Punta del Mar. Mérida. Cristina H. de Palacio. Cultura Culinaria A. C. Daniel Ovadía. Paxia. Ciudad de México. Daniela Mier y Terán. LUM (Hotel Bo). San Cristóbal de las Casas. Dante Ferrero. Alodé. Monterrey. Darren Walsh. Lula Bistro. Guadalajara. Denise Theurel Thomas. Theurel and Thomas. Monterrey. Diego Hernández Baquedano. Corazón de Tierra. Ensenada. Edgar Núñez. Sud 777. Ciudad de México Eduardo Morali. Eloise. Ciudad de México Eduardo Plascencia. Itab. Moterrey. Eleazar Bonilla. La Zebra. Tulum. Elena Reygadas. Rosetta. Ciudad de México. Eloy Aluri. IDEA. Hermosillo. Enrique Olvera. Pujol. Ciudad de México Federico López. Gourmands & Gourmets. Playa del Carmen. Fernanda Gutiérrez Zamora. Cessa. Ciudad de México Francisco Ruano. Alcalde. Guadalajara. Gabriela Cámara. Contramar. Ciudad de México Gabriela Ruiz Lugo. Gourmet MX. Villahermosa. Gerard Bellver. Biko. Ciudad de México Gerardo Vázquez Lugo. Nicos. Ciudad de México. Guillermo González Beristain. Pangea. Monterrey. Hector Galván. La Casa Tropical. Ciudad de México. Israel Montero. Kaah Siis. Ciudad de México. Jair Tellez. Merotoro. Ciudad de México. Jared Reardon. Jaso. Ciudad de México. Javier Plascencia. Misión 19. Tijuana. Jesús Escalera. La Postrería. Guadalajara. Joaquin Cardozo. Carlota. Ciudad de México. Jonatán Gómez Luna. Le Chique. Riviera Maya. Jorge Vallejo. Quintonil. Ciudad de México. José Manuel Baños. Pitiona. Oaxaca. José Ramón Castillo. Qué Bo! Ciudad de México. Josefina Santacruz. Sesame. Ciudad de México. Juan Ramón Cárdenas. Don Artemio y Villa Ferre. Saltillo. Luis Javier Cué de la Fuente. El Mural de Los Poblanos. Puebla. Luis Robledo. Tout Chocolate. Ciudad de México. Lula Martín del Campo. Roca. Ciudad de México. Mario Espinoza. Ciudad de México Marta Zepeda. Tierra y Cielo. San Cristóbal de las Casas. Mikel Alonso. Biko. Ciudad de México. Mónica Patiño. Delirio. Ciudad de México. Nico Mejía. Cortez. Guadalajara. Olivier Deboise. J&G Grill. Ciudad de México. Oscar Portal. Estudio Millesime. Ciudad de México. Pablo Salas. Amaranta. Toluca. Paul Bentley. Magno. Guadalajara. Paulina Abascal. Dulces Besos. Ciudad de México. Pedro Abascal. Koba Restaurante. Playa del Carmen. Pedro Evia. Ku´uk. Mérida. Poncho Cadena. Hueso. Guadalajara. Ricardo Bonilla. Culinary Art School. Tijuana. Ricardo Muñoz Zurita. Azul Histórico. Ciudad de México. Roberto Solís. Néctar. Mérida. Sergio Camacho. Ambrosía. Ciudad de México. Sergio Meza. Becada. Guadalajara. Solange Muris. Manzanilla. Ensenada. Sonia Arias. Jaso. Ciudad de México. Sofía Cortina. Carlota. Ciudad de México. Tomás Bermúdez. La Docena. Guadalajara. Zahie Téllez. José Guadalupe. Ciudad de México. La carta fue dirigida a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Secretaría de Turismo, Presidencia de la República y a la Secretaría de Economía Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.
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En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
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