¿Conoces todos los beneficios que tienen las almendras para ti?
Salud

¿Conoces todos los beneficios que tienen las almendras para ti?

Por Kiwilimón - Enero 2019


Actualmente, el ritmo de vida nos obliga a ser prácticos, además de que la tendencia saludable es una cosa de todos los días. Queremos como snacks comida que sea fácil de transportar y que, sobre todo, nos ayude a mantener nuestro estilo de vida. Por eso, te contamos algunos de los grandes beneficios de comer almendras.

La gente ha volteado a ver como gran opción, las nueces y las almendras, que son una excelente fuente de energía y además, han estado en la alimentación del hombre desde siempre. De hecho, entre los beneficios de las almendras encontramos que son ricas en fibra, que te ayudará a tener una mejor digestión y absorción de nutrientes; también ayudan a darte saciedad para no caer en antojos dulces.

Si agregas un puño de almendras en alguna de tus colaciones o un par de veces a la semana, estarás consumiendo una cantidad considerable de proteína vegetal y al mismo tiempo, podrías estar cuidando tu presión arterial.Además, es un snack con vitamina E y antioxidantes, que pueden ayudarte a alentar el envejecimiento. Claro, esto acompañado de una dieta saludable, de buenos hábitos alimenticios.

No olvidemos la integración de almendras como ingrediente clave para muchas recetas. En tus platillos ellas aportarán el toque crujiente para que tus recetas queden deliciosas. Su sabor neutro combina a la perfección con recetas dulces como un panqué de almendra o en preparaciones saladas, como unas almendras a los tres chiles. La facilidad de molerlas sin que pierdan sus propiedades, las hace perfectas para salsas o aderezos.

Aunque la forma más fácil de comer almendras es como snack, ingerirlas entre comidas te puede ayudar a que te sientas satisfecho más tiempo, lo que provocará que no te de tanta hambre y reduzcas un poco la cantidad de alimentos, así consumas los necesarios de acuerdo a tus necesidades.

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Lucía Pantoja
15/01/2019 06:14:51
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Esta mascarilla de avena casera para el cabello grasoso es una opción natural perfecta no sólo para quitar la grasa de tu melena, sino que además no te resecará el cuero cabelludo.La avena es rica en lípidos y proteínas que hidratan el cuero cabelludo y así ayudar a prevenir la caspa, que a veces puede ser generada por un exceso de grasa. Gracias a las saponinas con las que cuenta, es un gran limpiador que elimina las escamas de caspa y tendrás como resultado un cuero cabelludo más fresco.Beneficios de la avena en el cabelloLa avena previene daños, gracias a que puede hacer que el cabello se vuelva más elástico, así que puede ser un ingrediente en tu tratamiento acondicionador de fortalecimiento diario. De hecho, el uso diario de avena puede conducir a conservar la longitud y ayudarte a tener cabello más fuerte y limpio.Además de fortalecer y limpiar, la avena puede ayudar a prevenir la caída del cabello. Gracias a su contenido en fibra, este ingrediente ayuda a que tu cuero cabelludo reciba la cantidad adecuada de nutrientes para hacerlo crecer de manera saludable. Sus propiedades exfoliantes también destapan los poros y facilitan el crecimiento del cabello. Usarlo como mascarilla para el cabello puede ayudar a engrosarlo.También puede ayudarte a prevenir las puntas abiertas si no deseas utilizar productos comerciales para tratarlas, gracias a que tiene vitaminas y minerales que nutren e hidratan el cabello para que crezca sano desde la raíz hasta las puntas.Para usar avena como mascarilla para el cabello grasoso, sólo remoja 1 taza de avena en 3 tazas de agua, pues lo que usarás será la “leche de avena” del remojo. Aplícala en tu cabello seco, en las raíces, puedes usar algodón o hacerlo con tus manos directamente. Da un ligero masaje, deja reposar por media hora y después lava tu cabello como de costumbre.Esta mascarilla natural para el pelo no te deja residuos ni olores, pero sí una cabellera muy limpia y sedosa, así que si la pruebas, cuéntanos en los comentarios cómo te fue.Foto de portada de Melissa Di Rocco en Unsplash.
La historia del pan en San Cristóbal de las Casas inicia con las alforjas cargadas de trigo que viajaban, junto a rebaños y otros productos comestibles, con los castellanos que se asentaron en el Valle de Hueyzacatlán. Al asentamiento le siguieron consecuencias. Algunas evidentes, como la hegemonía del trigo en San Cristobal, indisputable hasta el siglo XIX y en relativa competencia con los tuxtlecos, que entraron en la escena en el XVII. Para entonces, las cartas estaban sobre la mesa: San Cristobal tenía ya una vocación panadera, una vocación imborrable, imperecedera.   Aunque de los molinos de la época quedan poco más que recuerdos —y una ruta que se puede hacer por la montañas en bicicleta—, en este destino chiapaneco la identidad sigue ligada al pan: al tradicional y al moderno, al coleto y al europeo. Así, el pan se asoma a la mesa del desayuno, se ofrece como colación a medio día o como cierre de la merienda. El pan está en las casas, en las cafeterías —que tampoco son pocas— y en los restaurantes. Mi primer encuentro con la panadería de la región fue fortuito —poco antes de enterarme que iba a escribir este artículo—. Fue en Sibactel y Aldama, dos de las 60 comunidades que producen café en Chiapas. Fue después de recorrer los cafetales, cerca del medio día. Fue en el patio de secado del beneficio comunitario de Sibactel, con una taza de pozol. Fue en casa del caficultor Pedro Vázquez, donde sus hijas disponen café de olla, horchata y una canasta copada de pan dulce como un gesto de hospitalidad. En esa primera ronda se me quedó impregnada la consistencia firme de los panes —muy distinta a la de los europeos con aire, suaves, esponjosos— y una nota de humo, siempre presente en las cocinas y los hornos de leña que, en este lado del mundo, todavía son comunes.  A mi vuelta al centro de San Cristóbal, y gracias a las recomendaciones de los chefs de Tierra y Cielo, llegué con más intención a la puerta de la panadería Fátima, un local de fachada bicolor —morado con blanco, reconocible a leguas— en la calle Benito Juárez, que tiene más de 30 años en operación.Los anaqueles de Fátima son una librería del amplio repertorio del pan coleto que además de lo ya dicho, es diverso en forma y fondo. Aquí verán montañas trigueñas de panes planos, enroscados o trenzados —mis favoritos—, con cortezas cubiertas de azúcar o ajonjolí, con migajones oscuros o amarillentos, preparados con piloncillo, canela y muchas veces con manteca. Los reconocerán también por su nombre de pila: cazuelejas —quizás las más famosas—, rosquillas, marquesotes, pan de yema o pan de manteca. Los amarán un poquito más porque son una ganga. A riesgo de parecer disco rayado —o la burra al trigo, en una analogía más pertinente—, quiero hacer hincapié en la textura de estos panes: esa que es firme, porosa, a veces arenosa, a veces crujiente. Si me preguntan, esa textura es pretexto, una provocación, un estado ideal que pide a gritos el ahogo de una bebida caliente —café, chocolate, atole, ustedes digan—.  Estudiosos del tema, como Edgar Zulca Báez, atribuyen esta característica a cuestiones más prácticas como la conservación, a que “su estructura compacta garantiza su integridad en el transporte y es resistente a la descomposición”, escribe el académico.Kievf y Marta —que en sus exploraciones panaderas preparan, entre otras cosas, panes de tascalate para el desayuno— me recomendaron complementar la expedición con las panaderías que siguen los pasos de la herencia danesa y francesa. Obediente, me dirigí a los hornos —de lugares como La Casa del Pan, Oh la lá y el Horno Mágico— que complementan, con bollería, croissants, empanadas de hojaldre, chocolatines y mantequilla, la escena panadera. Una historia que, por ahora, es harina de otro costal.
La arepa para los colombianos es como el pan de los europeos o la tortilla de los mexicanos. El maíz, un ingrediente prehispánico, recorre todo el continente americano como un conjuro que se transforma en cientos de formas y sabores. Empanadas, envueltos, tamales, tortillas, arepas, arepitas y hasta bebidas fermentadas tienen como columna vertebral a este humilde alimento de colores variados, que se alza altivo en los sembríos. En Colombia hay registro de más de 70 tipos de arepas que dependerán del tipo de maíz, del amasado, del tamaño, la cocción, lo que llevan por dentro y, por supuesto, de la región donde se elaboran. Las arepas son legado indígena y cada cocina regional colombiana tiene un estilo distinto. En la Guajira las hacen de maíz morado y le insertan pedacitos de queso fresco, y entre Cartagena y Barranquilla las hay fritas y rellenas de huevo, o las delicadas dulces de anís. Unas de las más conocidas y arraigadas en todo el territorio nacional son las del Eje Cafetero o paisas, las cuales están hechas de maíz blanco. También les dicen arepas de tela por su fino grosor, el cual logra que cuando se asan en la parrilla, el horno o la sartén, queden crocantes y doradas. Se les suele untar mantequilla, espolvorear sal y acompañarse con algún queso blanco. En Antioquia, usan el quesito, uno fresco que se desmorona con generosidad sobre la masa redonda. El desayuno es la comida del día en la que la demanda por arepas es grande, pero mucha gente también las consume a mitad de la tarde o como una cena ligera. Sin embargo, en Antioquia y más que en cualquier otra región, la arepa es venerada y vital. Es el producto alimenticio más importante de la cocina antioqueña omnipresente en todos los caseríos, corregimientos, valles y montañas, y sirve como acompañamiento para cualquier comida, para recoger la salsa de los frijoles o para acompañar una sopa de plátano. Si bien la arepa puede ser una comida callejera que venden en esquinas en la ciudad o producto de un fogón de leña inventado al borde de la carretera, son las estufas domésticas las asiduas de esta sencilla y deliciosa receta. Los cronistas españoles ya daban cuenta de esta preparación reconfortante que conecta inmediatamente con la tierra, la familia, la madre, la cocina de la crianza y los recuerdos. Esa redonda masa, en apariencia insípida, asada sobre las brasas o un fogón de leña, se convierte en un perfecto manjar. Algunos tipos de arepasArepa de chocolo o choclo Está hecha con maíz dulce tierno, leche y un poco de azúcar que le confiere un sabor dulce y un color amarillo marcado. Se suele rellenar o cubrir con queso blanco que derrite. Populares en toda la región antioqueña.Arepa de huevo Se elabora con masa de maíz frita y se les vierte un huevo. Son típicas de la región del Caribe colombiano cuyo origen remonta a Luruaco, Atlántico, donde casi toda la población vive de las arepas.  Arepa santandereana Están hechas con maíz amarillo pelado cocinado con cenizas disueltas en agua. Algunas masas también se entreveran con trocitos de chicharrón. ¿Dónde comerlas?En Bogotá, son famosas las arepas de chócolo de Andrés Carne de Res; el restaurante Abasto ofrece variedades de arepas en sus desayunos. En Luruaco Atlántico, cada año se celebra el festival de la arepa de huevo. Arepas Doña Eliza en Medellín, tiene envíos a todo el país. Si estás en un supermercado, te recomendamos la marca Doña Paisa.
Lavar las verduras puede parecer una tarea sencilla y sin muchas complicaciones, pero limpiar adecuadamente algunas de las más complicadas es algo que nos lleva a buscar cómo lavar el brócoli para no enfermarnos.Hay muchas formas en las que las verduras pueden contaminarse, pues conforme crecen, entran en contacto con animales, suelo, agua y trabajadores agrícolas, todos los cuales pueden introducir sustancias nocivas. Además, una vez que se cosechan las verduras, pasan por varios pares de manos (a medida que se empacan, envían, compran, preparan y almacenan), lo cual también tiene el potencial de contaminar los alimentos con bacterias y gérmenes dañinos.A pesar de que muchas verduras se pueden lavar con agua fría y no es necesario usar jabones ni detergentes, hay algunas que requieren especial atención a la hora de limpiarlas, como el brócoli, por ejemplo.Cómo lavar el brócoliComo primer paso para antes de lavar brócoli (o cualquier otra verdura), lava primero tus manos con agua y jabón, antes y después de preparar verduras frescas, en general, así evitarás contaminarlas tú mismo.Otra recomendación útil es que no laves el brócoli hasta justo antes de prepararlo. Cuando estés listo para usarlos, entonces recorta la parte dura del tallo aproximadamente a dos centímetros de la parte inferior y enjuágalo con agua corriente fría. El brócoli, como la coliflor, tiene muchos lugares donde los gérmenes pueden esconderse, así que para asegurarte de eliminarlos por completo, remójalo después de enjuagarlo en un recipiente con agua fría durante dos minutos y posteriormente, enjuaga bajo el chorro de agua fría nuevamente.También puedes remojar el brócoli en una mezcla de 4 partes de agua por 1 de vinagre blanco por 20 minutos, para después enjuagarlo bajo el chorro de agua, de esta manera, puedes reducir los residuos de pesticidas en las verduras.Aunque parece complicado, lavar el brócoli correctamente tampoco tiene mucha ciencia, pero es importante que lo hagas, para evitar bacterias y gérmenes en tus comidas.
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