La verdad sobre las fajas de ejercicio
Salud

La verdad sobre las fajas de ejercicio

Por Kiwilimón - Abril 2015
Cuando empecé a ir al gimnasio usaba una faja que me hacía sudar muchísimo. Según yo, me hacía bajar la cintura porque después me medía y tenía un par de centímetros menos, pero luego, como por arte de magia, los volvía a subir. No entendía lo que pasaba, hasta que le pregunté a un entrenador del gimnasio y me dijo que esos centímetros de menos son el resultado de la pérdida de agua, y que tan pronto como se recuperan esos fluidos regresan las medidas. ¡Qué horror!, así nunca iba a lograr una cintura chica. Después de eso, nunca más volví a usar una faja. Pero se me hizo buena idea contarte esto, porque como sabes ya regresé nuevamente a mi rutina de ejercicios, y en el gimnasio veo que hay mucha gente que las usa y me dan ganas de decirle que realmente no van a lograr bajar esos centímetros de más. Y no sólo eso, sino que me acuerdo que mi entrenador me dijo que limita la efectividad de los ejercicios, porque reduce tu energía y la intensidad de tu entrenamiento. Así que ya lo sabes, la próxima vez que vayas al gimnasio deja tu faja en casa y mejor dedícate a hacer correctamente tu rutina de ejercicios. Ver artículo original. Artículo cortesía de 

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Tener un árbol de durazno es el sueño de muchos, pero lograr plantar un hueso de durazno que dé frutos no es tan sencillo, pues hay muchos tipos de duraznos y de ellos dependerá si el hueso da fruto o no, y su sabor también.También del tipo de hueso de durazno del que deriva dependerá si la semilla de durazno germina o no, así que será una tarea de prueba y error con varios tipos de duraznos. Lo mejor será asegurarte de que ese durazno provenía de tu país, pues así tendrá más chance de adaptarse a la tierra y el clima. La mayoría de los duraznos necesitan una temperatura constante inferior a 7 grados Celsius para poder dar fruto.La primera forma de cómo plantar un hueso de durazno puede ser directamente en la tierra durante el otoño y esperar la germinación en la primavera de manera natural. Para preparar las semillas de durazno, frótalas con un cepillo suave en agua limpia. Si el durazno estaba tan maduro que el hueso se ha abierto, se revelará la semilla real en su interior. Si no, puedes quitar la capa dura externa y simplemente plantar el grano de semilla. Siempre maneja las semillas con cuidado, pues contienen cianuro y son altamente venenosas.Si lograste sacar con éxito la semilla sin dañarla, el proceso de germinación se acelerará después de la siembra. Sin embargo, esto no es necesario, porque pequeños árboles crecen de muchos de los huesos duros.Puedes plantar los huesos de durazno directamente en el suelo del jardín si vives en un área donde los inviernos son largos y fríos, pero espera a que haya pasado el calor del verano. Puedes guardar tus semillas en el refrigerador durante al menos 8 semanas o desde el otoño hasta la primavera y tendrán mucha más probabilidad de germinar.Haz un hoyo de aproximadamente 7.6 centímetros (3 pulgadas) de profundidad y planta el hueso de durazno al aire libre en otoño, en un suelo bien drenado y fértil, con un pH de alrededor de 6. Coloca la tierra firmemente alrededor del hueso y asegúrate que esté ligeramente húmeda y de no regar de más.Foto de Joanna Stolowicz, Unsplash.Cómo germinar un hueso de duraznoPara no tener que esperar el proceso natural hasta la primavera y en caso de que vivas en un lugar cálido, puedes germinar el hueso de un durazno a través de un tratamiento frío o estratificación. Después de limpiar los huesos y retirar las semillas, colócalos en una bolsa de plástico con tierra ligeramente húmeda. Deben estar húmedos, pero no mojados durante su período de enfriamiento (estratificación). Guárdalos en refrigerador (o congelador) a una temperatura de 1.1 a 5.6 grados Celsius.Cuando hayan pasado seis semanas, revisa si el hueso de durazno germinó. No te desanimes si aún no sucede, las semillas pueden tardar más de tres meses en germinar.Una vez que el hueso haya desarrollado una raíz de al menos 1.3 centímetros de largo, plántalo en el suelo en una maceta hasta que llegue la primavera, entonces trasplanta tu árbol al aire libre en primavera.Plantar un durazno y verlo florecer tomará entre tres y cinco años, así que no desesperes y siempre germina más de un hueso de diferentes tipos de durazno para aumentar tus posibilidades.¿Esto te produjo antojo de duraznos? Prueba estas recetas:Volteado de duraznoMermelada de durazno caseraCarlota de durazno
Recientemente se ha abierto un acalorado debate en redes sociales acerca de la verdadera esencia de la gastronomía de Argentina desde que la periodista Silvina Reusmann mencionó en la serie Street Food: Latinoamérica, que la comida argentina se encontraba más cerca de Europa que de los mismos países latinoamericanos. Pero, ¿qué tanto hay de cierto en esta afirmación? Para no entrar en controversia, simplemente hay que analizar algunos platillos típicos de Argentina, que al igual que en muchos países latinos como México, Brasil o Guatemala, son el resultado de la conquista europea en los pueblos prehispánicos de América, de ahí que se les conozca como platillos criollos. La gastronomía argentina está conformada principalmente por ingredientes de las culturas precolombinas andinas y guaraníes, tal como el poroto (una semilla parecida al frijol), el maíz, la calabaza y el mate e influenciada en su mayoría por la cocina española y la gastronomía italiana, como veremos en los siguientes platillos. Locro argentino A pesar de que el locro es un platillo de origen indoamericano, los argentinos le agregaron algunos aportes gastronómicos europeos como la carne de cerdo, el chorizo y el mondongo. El locro es también considerado como una de las principales comidas argentinas.Puchero argentino El puchero argentino es el ejemplo perfecto para ilustrar la comida criolla, ya que deriva del cocido español que se elaboraba con carne de res o de cerdo pero al que se le adaptaron vegetales indígenas como la papa, zapallo o calabaza y, por supuesto, el maíz. El asado Si bien Argentina se caracteriza por su amplia y destacada producción de carne de res, es gracias a los españoles que se encargaron de exportar las primeras vacas a mediados del siglo XVI a América. A partir de ese momento, se crearon maravillosos platillos argentinos como el típico asado, que se convirtió en la comida nacional que reúne a miles de argentinos alrededor de la parrilla cada domingo. Milanesa napolitana Con carne traída desde el Viejo Mundo pero influenciada por la mezcla italiana y mezclada con algunos ingredientes locales, la milanesa napolitana es un excepcional plato de raíces argentinas con esencia europea.  Empanadas argentinas Aunque las empanadas llegaron a América por gracia de los españoles, una vez en Argentina, cada región se encargó de adaptarlas a su historia y estilo, de aquí que existan empanadas porteñas, criollas, tucumanas y salteñas, entre otras.La gastronomía de Argentina es diversa y deliciosa, sin duda, una exquisita conjunción de lo mejor de las dos culturas en la época colonial y así como los platillos argentinos mencionados anteriormente, existen muchos más de origen indígena con influencia europa que nadie podría resistir. ¿Cuál es tu favorito?
Existe un ritual que, frente al comal, se vuelve entrañable: poner una tortilla caliente sobre la palma de la mano y con los dedos de la otra, enrollarla lo más apretadita posible. Mejor si en el interior hay una pizca sal. ¿Salsa martajada? Oh sí, por favor. Pero este ritual sólo es posible si la tortilla es lo suficientemente flexible para no romperse. Saber reconocer una tortilla auténtica, además de ser un hábito 100% saludable, es la forma más rica de experimentarlas. Según los mayas, el maíz es la piedra angular de nuestro origen y según los aztecas, es la muestra del amor que sentía Quetzalcóatl por su gente, quien para conseguir una semilla dorada se adentró en las montañas convirtiéndose en hormiga. De esa semilla surgió la tortilla, símbolo de identidad y cultura nacional. En el sentido más práctico, no hay plato, servilleta o cuchara más precisa para atajar un guisado. Tampoco una de mejor sabor. Todos creemos conocerla íntimamente, pero siendo sinceros, ¿hace cuánto elaboraron su última tortilla? ¿Hace dos meses? ¿Hace un año? ¿Nunca? Cuando conocí a Rafael Mier, director de la Fundación Tortilla de Maíz Mexicana yo no entendía por qué había que divulgar el tema de la buena tortilla y aprender a diferenciar una tortilla auténtica de otras. ¿Todas las tortillas de tortillerías son auténticas? ¿O no? La tortilla es el lienzo favorito del plato nacional: los tacos. Y aunque en las mesas nunca falta, Rafael me hizo entender que la verdadera tortilla escasea, sobre todo en las grandes ciudades. No sólo eso. Pocos conocen cuál es el proceso detrás de su elaboración y cuáles son sus ingredientes originales. Por suerte ya existe una regulación en el mercado para que las tortillerías describan los ingredientes que utilizan. No, no sólo es maíz. Algunas veces la masa está mezclada con harina de trigo. A la tortilla tradicional hay que diferenciarla del resto. Ella proviene de maíces mexicanos, algunos en peligro de extinción. El tema es que algunos agricultores han preferido sembrar otros cultivos o utilizar maíces más resistentes a las plagas. Transgénicos, pues. En el proceso tradicional, los maíces que fueron cosechados según la temporada se dejan secar naturalmente y se les desgrana con la ayuda de un olotero. A continuación, se someten al proceso de la nixtamalización en el que los granos de maíz se pulen como diamante en bruto para hacerlos más digeribles en el organismo, para maximizar su aporte nutricional: aumentar su contenido de calcio, de proteínas, de antioxidantes.La tortilla verdadera –la saludable, la auténtica– está nixtamalizada. Para lograrlo hay que diluir cal en agua, cocer los granos en la mezcla, dejarlos remojar durante la noche y al día siguiente, enjuagar hasta que el agua salga clara. De ahí se obtiene el precioso nixtamal que se lleva al molino o al metate. El resultado es una masa húmeda y deliciosa, lista para palmear tortillas, tlacoyos, sopes, o (ponga usted su preparación favorita de maíz). Cuando inflan en el comal o en la plancha de las tortillerías, el augurio de una buena comida es evidente. El proceso es cultura pura. Pero por inverosímil que parezca, en la mayoría de las escuelas de gastronomía este ritual no se enseña. No hay duda de que, para reconocer una buena tortilla, también hay que amistarnos con el lenguaje, con su saber. Rafael aconseja consumir aquellas que no son industrializadas, es decir, que no contienen ingredientes adicionales a los tradicionales (maíz, agua y cal o ceniza). “Como consumidores tenemos derecho a conocer todos los ingredientes de nuestra tortilla por ello, es importante exigir su correcta declaración”, afirma. También dice que las tortillas de colores sí son tradicionales. Su color proviene de maíces con tonalidades como del arcoíris. Pero cuidado. Existen comerciantes que utilizan colorantes imitando los colores del maíz azul o verde. Un tip para diferenciar al gato de la liebre es aplicar un agente ácido –como el jugo de limón–. “Si al aplicar el limón, la tortilla se torna violeta o rosa, se trata de tortilla de maíz azul real; si se torna grisácea o no cambia de color, se trata de una tortilla pintada con colorante artificial”. Otro consejo es fijarse en la flexibilidad de la tortilla. Si se rompe o se entiesa apenas la pones sobre el comal, puede que estés frente a una tortilla falsa. Estos y otros consejos los puedes encontrar en el blog recién inaugurado de la fundación. La buena tortilla merece diferenciarse de las otras. Pregunta en tu tortillería si las que ofrecen están nixtamalizadas y si provienen cien por ciento del maíz nacional. Su aroma, anticipación de un banquete digno de dioses, y su sabor no deben tomarse por sentado. Y mientras aprendemos a nixtamalizar juntos, te dejo algunas recetas que puedes preparar en su honor: Tacos de lenguaTacos de mixioteTacos de costilla
El uso horario y las coordenadas geográficas pueden cambiar y, sin embargo, las mañanas del mundo entero huelen a café: a los procedentes de Etiopía, de Guatemala, de Colombia, de Brasil o de México; tierras cuyos componentes, alturas y temperaturas caen como anillo al dedo al cultivo del oro verde. Pero claro, no todos los cafés son ese placer a veces frutal, a veces terroso, que despierta a los sentidos lo mismo que al cuerpo. Si la taza está hecha en México, hay de dos: que sea soluble –el país es uno de los mayores consumidores de los llamados “instantáneos”– o que sea de grano –café procedente del comercio justo y de los microclimas que en su mayoría ofrecen una calidad inmejorable–. Lo primero que hay que saber es que la mejor taza de café mexicano no es soluble, sino de grano. ¿De qué estado en particular procede? Aquí, la respuesta se pone interesante. La tradición cafetalera nacional se importó en Veracruz a penas se descubrió que el café tenía propiedades estimulantes para el cuerpo. Desde el siglo XVIII las fincas cafetaleras proliferaron por las montañas y laderas de ese estado, de Oaxaca, de Chiapas, de Puebla, de Nayarit y de diez entidades productoras. De ahí que el mejor café de México provenga de varios orígenes y no sólo de uno. Lo importante es conocer lo que ofrece cada geografía y el “saber hacer” de cada productor (este término se emplea para hablar de las técnicas, el conocimiento y la experiencia alrededor de la producción de algo tan complejo como el café). Jesús Salazar, el Cafeólogo –doctor y filósofo que ha puesto al café de Chiapas en el ojo mundial– me cuenta que gran parte de los 500 mil caficultores nacionales pertenecen a etnias indígenas. Para él, este es un valor adicional que el café mexicano ofrece versus la competencia. ¡Conocimientos y cultura en cada taza! En Chiapas, uno de los orígenes del mejor café de México, se cultivan variedades clásicas como bourbón, typica, caturra e incluso marago en tierras de policultivos. ¿Y dónde creen que terminan los aromas y sabores de esos otros productos que crecen en la tierra? Acertaron. Todo eso le confiere características únicas al cafecito de la mañana. Tenejapa, Jaltenango, Monte Cristo son algunos de los poblados chiapanecos donde se produce café de gran calidad. Sin embargo, para el Cafeólogo no hay un área única que deba llevarse el título de La Mejor. Para él, en cada taza caben las montañas, la flora y la fauna, la gastronomía, la historia y cultura. Él dice que lo intangible le da un “valor agregado” a la taza de café perfecta.Otro estado en el que se produce el mejor café de México es Veracruz. En su territorio existe una combinación exitosa de suelos, humedad, sol y sombra que son el escenario perfecto para que las cerezas del café crezcan a sus anchas. No por nada el mayor número de medallas del concurso Taza de Excelencia México se ha quedado en la entidad. Poblaciones como Zongolica, Coatepec y Huatusco están bajo la mirada de los principales concursos de café mundiales, pues están haciendo las cosas bien desde el campo. Existen proyectos como el de Rodrigo Quirós y Carlos Juárez, de Ímpetus Café, que luchan diariamente para que, además de una buena producción, el café pase por un proceso de tostado de calidad y que su preparación en la barra sea la óptima. Si me preguntan a mí, las tazas más impresionantes que he probado en México proceden de la zona de Huatusco en Veracruz. La probé en Ímpetus Café en el puerto, junto a unas galletas recién horneadas. En la ciudad de México, Chiquitito Café tuesta e infusiona granos de Boca del Monte, en Veracruz, y de Pluma Hidalgo, en Oaxaca. Su café es excepcional. En Cucurucho, otro de mis favoritos personales, existe un café de pequeños productores llamado La Resistencia y que procede de Nayarit: una locura de notas cítricas. Sólo hay una forma de elegir el mejor café: experimentando con los granos que se tengan a la mano. Hazlo en café americano, moliendo los granos al momento, o como te guste. Sí, en pastel también se vale. ¿De dónde viene tu café favorito?
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