¿Sabes lo que es el Ph y cómo afecta a tu cuerpo?
Salud

¿Sabes lo que es el Ph y cómo afecta a tu cuerpo?

Por Kiwilimón - March 2015
En algún momento, todos hemos escuchado el término pH balanceado, incluso gran parte de los productos de belleza e higiene personal que utilizamos diariamente lo mencionan como una de sus cualidades; sin embargo, poco se conoce de su importancia y los efectos en el organismo. Definir pH es el primer paso para entender cómo funciona. La abreviatura corresponde a Potencial de Hidrógeno, un parámetro que mide el grado de acidez o alcalinidad de las sustancias, por lo general, líquidas. A través de una escala de 14 unidades, determina si se trata de una disolución neutra cuando el valor es 7, ácida si es menor y básica o alcalina al ser mayor. Mantener el límite de pH en los fluidos corporales (saliva, orina, sangre), es esencial para el buen funcionamiento de nuestros órganos. El cuerpo humano regula de manera natural los niveles de acidez o alcalinidad mediante 3 vías: respiración, riñones y alimentación. De forma que, si llevamos una dieta elevada en ácidos, es imposible eliminar los desechos al 100%; este depósito de residuos se relaciona con la acumulación de tejido graso, enfermedades e infecciones. El desequilibrio del pH en el cuerpo se debe a diversos factores, el más importante es la mala nutrición. El ritmo acelerado de vida y las pocas opciones disponibles, nos llevan al consumo excesivo de carnes, cereales, azúcar refinada y productos químicos, alimentos que elevan el grado de acidez en los órganos. Ante la alta acidificación, el organismo, tratará de equilibrarse y tomará minerales alcalinos de las reservas contenidas en la sangre, músculos, huesos y cartílagos. Esta deficiencia puede debilitar el sistema inmunológico, favorecer el desarrollo de enfermedades degenerativas y provocar envejecimiento prematuro. Para lograr el balance perfecto, es recomendable preferir grupos de alimentos alcalinos como verduras, frutas, hierbas y hojas verdes. También existen productos de origen natural que contribuyen al equilibrio del pH en el cuerpo. **Con información de Nature’s Sunshine Ver artículo original.

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Cuando de comida mexicana se habla, los antojitos, celosos, acaparan la atención. Los puestos callejeros se abarrotan ante comensales hambrientos, críticos gastronómicos ávidos por la nota y fotógrafos listos para captar las imágenes que terminarán en Netflix. No se escapan los banquetes de los comedores familiares tradicionales, los restaurantes de manteles largos que aparecen en las listas gastronómicas del mundo. Junto a ellos, a la vista de todos, pero bajo el sutil velo de la invisibilidad, están los locales que nos dejan encima los olores de la verdadera cocina mexicana: los de la comida corrida, los de las fonditas.Casi siempre, bajo el nombre propio de una mujer –Doña Mari, Doña Margarita, Doña…– las fonditas rotulan la autoría de aquel o aquella que con un presupuesto fijo dan color a los ingredientes de la canasta básica. Por supuesto, hay excepciones a la regla, como Don Arturo, la fondita que me alimentó por casi siete años mientras trabajaba en Polanco. La comida corrida era diariamente ofrecida por un hombre, Don Rubén, cuyos fideos con crema y su budín de pan servían para amainar las jornadas de todos los publicistas que diariamente buscábamos una dosis del hogar al que pocas veces llegábamos. El planteamiento en las fonditas es básico y por ello, magistral: un pentálogo de paradas culinarias inamovibles que llenan el estómago y la ropa con los humores de las ollas. Aunque el origen es humilde, casi siempre se localizan en las periferias de los mercados, en las zonas populares, en las avenidas con flujo proletario, mayormente alejadas del bullicio turístico.En la comida corrida se sabe que no te irás a ningún lado hasta terminar el menú de pé a pá. “El término corrida es un término español que usamos en México cuando una cosa va detrás de la otra; entonces si una persona habla de corrido es porque dice una cosa y luego otra, y otra más”, comenta el ensayista e historiador gastronómico José N. Iturriaga. Una vez que te instalas, la mesera te servirá una sopa y en seguida, el arroz o la pasta. “En el caso del platillo fuerte te van a preguntar qué quieres porque casi siempre hay opciones”, asegura Iturriaga.La estructura es una institución culinaria que apenas ha cambiado con los años: por un precio que pocas veces rebasa los cien pesos, de la cocina desfilarán una serie de platillos encaminados a saciar el hambre atroz de los estudiantes, del kinestésico trabajador, del ansioso pequeño burgués. Al centro habrá además tortillas o canastas de plástico con bolillo y salsas en cazuelitas. Y es que en la comida corrida todo está dispuesto para reproducir una escena familiar, que se escapa de la gloria celebratoria del sábado o el domingo. “La comida corrida siempre viene con un vaso de aguas frescas que puede ser una limonada o un agua de jamaica, de tamarindo, de sandía, de melón, de alguna fruta de temporada”, comenta Iturriaga. En términos culturales, como todo lo que se cuece en territorio nacional, la comida corrida es fruto del mestizaje. “El primer tiempo es casi siempre una sopa de pasta. Las pastas traídas por los españoles surgen en China algo así como dos siglos antes de la Conquista. Luego, el segundo tiempo, es un arroz que también es de origen chino y que también lo trajeron los españoles. Le pusimos “mexicano” por que tiene un color rojo del jitomate con el que se cocina. El más clásico lleva chicharitos y unos cuadritos de zanahoria.”El platillo fuerte es variable, casi siempre es un guiso y no propiamente un antojito. “No estamos hablando de platillos de mucha elaboración, ya que esos son para ocasiones más festivas. Hablamos de una carnita de puerco en salsa verde con verdolagas, tinga de res con la carnita de la falda de res deshebrada. Cuando llega a haber pescado nos darán algún filetito de mojarra o de esos que compras delgaditos para que rinda mejor”. Eso sí, casi siempre irá empanizado para que sea más llenador.Los que ofrecen opciones fuera del menú casi siempre costarán unos pesos más. Ahí está el huevo o el plátano que decorará en sabor y color al arroz. Y en el fuerte, no falta la reina de la cocina de fondita: la milanesa. “La milanesa debe su nombre a Milán, que hoy es el norte de Italia pero que, en el siglo XIX, era parte del Imperio austrohúngaro. De hecho, las milanesas más famosas del mundo son en Viena, capital de Austria”. El postre irrevocable de la comida corrida es el arroz con leche que casi siempre se cocina con canela. “Toda la canela que se consume en el mundo surge de Ceilán, una isla al sur de Sri Lanka”, completa el licenciado Iturriaga. Pero no falta la gelatina, casi siempre de colores vivos –verdes, naranjas y rojos–, los budines con el pan que se queda de otros días, el pastel de tres leches para los días especiales, como los viernes, en los que la propietaria, si está de buenas, agasajará a sus comensales. La cocina de las fonditas nos hace sentir en casa en pleno ajetreo del día. De la dueña, del encargado, terminamos por hacernos íntimos, conocernos los temperamentos, acostumbrarnos a la experiencia sápida. “Las fonditas resuelven, sobre todo a quienes diario tienen que comer fuera, ya sea que eres un oficinista o estudiante del estrato socio económico de clases medias bajas y de clases de proletarias, y es que en ellas comemos comes como en tu casa”. Hay un tesoro invisible en las ciudades al que le debemos horas periodísticas. Gracias a las sazones de Doña Mari o a Don Rubén o a la doña de nuestra confianza es que se nutren nuestros corazones de una a tres P. M. Sus guisos nos recuerdan que pertenecemos a algo más que a una corporación, que somos seres humanos aún en horario laboral.
Para lograr los objetivos físicos que deseas, ya sea bajar de peso o ganar músculo, la alimentación es la parte más importante en tu vida fitness, por lo que deberías planificar tus comidas para afrontar la rutina deportiva que realices, así como la recuperación óptima del desgaste realizado.Ante esto, deberás conocer qué alimentos podrás consumir antes y después de cada entrenamiento, además del tiempo recomendable para realizar tu práctica deportiva después de ingerir tus alimentos. Este último punto nos lleva a la interrogante ¿puedo comer antes de entrenar?, respuesta que aquí te daremos.El proceso digestivo sí puede influir en tu entrenamiento, por lo que deberás esperar un tiempo considerable en el que la comida y la bebida se transformen en los nutrientes que absorberá nuestro organismo, para proporcionarnos la energía suficiente y así tener un mejor desempeño en la actividad física que se llevará a cabo.Durante este proceso se acumula una gran cantidad de sangre en el aparato digestivo, por lo que hacer ejercicio durante este momento compromete el flujo sanguíneo a los músculos, los cuales no se desarrollarán de forma efectiva, pues no llenarás la demanda que exigen los dos procesos.¿Cuánto tiempo hay que esperar?La recomendación estándar que todos los entrenadores y nutriólogos brindan a los atletas es la de esperar dos horas para entrenar después de comer, sin embargo, todo dependerá del tipo y la cantidad de comida que ingieras antes de realizar tu práctica deportiva.Si es un plato balanceado con proteína, verduras verdes, carbohidratos, agua simple o de sabor, tendrás que esperar como mínimo los 120 minutos recomendables, pero en caso de que tu alimentación sea pesada en grasas, azúcares, carbohidratos, sales e irritantes, aumentaría el tiempo de espera a cuatro horas, pues el proceso digestivo será más largo y lento. "Básicamente, cuanto más comas, más tiempo debes esperar para hacer ejercicio", así lo indica la nutrióloga Amie Rowe en Business Insider.Estas recomendaciones son para no arriesgar tu organismo, pues al realizar un entrenamiento de alto rendimiento tu cuerpo deberá estar en óptimas condiciones, ya que de estar con el estómago lleno podrías tener problemas gastrointestinales como “náuseas, gases, diarrea, vómito e incluso desmayos, debido a la competición por la sangre que se da entre los músculos y tu sistema digestivo", puntualiza Rowe.En caso de que por tus horarios sea complicado esperar las dos horas para hacer ejercicio después de comer, se recomienda practicar una actividad física de baja intensidad con descansos prolongados que permitan continuar con el proceso digestivo de una forma correcta.Luego de estas recomendaciones, tú tienes la última palabra sobre tu alimentación y desempeño físico. ¡Aliméntate en serio con Santander!
El aceite de oliva es parte de la maravillosa dieta mediterránea, es una aderezo sencillo pero con mucho sabor para cualquier ensalada y con estos consejos, aprenderás cómo usar aceite de oliva para hacer crecer las uñas.Si tú también tienes las uñas quebradizas y las cutículas secas, probablemente no te crecen sanas y fuertes, como quisieras, pero existen varios remedios caseros fáciles que te ayudan con esto, como es el caso del aceite de oliva aplicado a diario. El aceite de oliva penetra en la piel y las uñas para ayudar a reparar los daños, además de suavizar las uñas y las cutículas, lo cual da como resultado fuerza y salud a las uñas. El aceite de oliva es una gran idea para usar como remedio casero en la piel, pues se puede utilizar en cualquier parte del cuerpo como emoliente e hidratante.Los beneficios de belleza del aceite de oliva son legítimos y hay varias formas de aplicarlo en las uñas para fortalecerlas, a continuación te contamos algunos métodos.1. Aceite de oliva para suavizar las cutículas: primero, sumerge las manos en una mezcla de partes iguales de vinagre blanco y agua tibia durante cinco minutos (para matar los gérmenes y prevenir hongos). Sécate las manos con palmaditas y aplica unas gotas de aceite de oliva en cada cutícula; deja que se absorba durante unos 10 minutos.2. Aceite de oliva para hacer crecer las uñas: además de mantener saludables las cutículas, el aceite de oliva puede ayudar a que tus uñas crezcan, debido a que es rico en vitamina E, lo cual lo hace extremadamente hidratante y se absorbe fácilmente, ideal para el crecimiento de las uñas. Remoja las uñas en aceite de oliva durante unos 20 minutos una vez a la semana para sentir este efecto fortalecedor.3. Aceite de oliva para darle brillo a las uñas: aplica aceite de oliva en las uñas y pule con un paño de algodón limpio o una lima de uñas. Esto dará a la uña brillo y protección adicional contra los químicos en el esmalte de uñas.Sin duda, el aceite de oliva te ayudará a fortalecer las uñas, pues penetra en ellas y en la piel para reparar los daños y suavizarlas, lo cual permitirá que crezcan más y mejor.
Cuando de comida mexicana se habla, los antojitos, celosos, acaparan la atención. Los puestos callejeros se abarrotan ante comensales hambrientos, críticos gastronómicos ávidos por la nota y fotógrafos listos para captar las imágenes que terminarán en Netflix. No se escapan los banquetes de los comedores familiares tradicionales, los restaurantes de manteles largos que aparecen en las listas gastronómicas del mundo. Junto a ellos, a la vista de todos, pero bajo el sutil velo de la invisibilidad, están los locales que nos dejan encima los olores de la verdadera cocina mexicana: los de la comida corrida, los de las fonditas.Casi siempre, bajo el nombre propio de una mujer –Doña Mari, Doña Margarita, Doña…– las fonditas rotulan la autoría de aquel o aquella que con un presupuesto fijo dan color a los ingredientes de la canasta básica. Por supuesto, hay excepciones a la regla, como Don Arturo, la fondita que me alimentó por casi siete años mientras trabajaba en Polanco. La comida corrida era diariamente ofrecida por un hombre, Don Rubén, cuyos fideos con crema y su budín de pan servían para amainar las jornadas de todos los publicistas que diariamente buscábamos una dosis del hogar al que pocas veces llegábamos. El planteamiento en las fonditas es básico y por ello, magistral: un pentálogo de paradas culinarias inamovibles que llenan el estómago y la ropa con los humores de las ollas. Aunque el origen es humilde, casi siempre se localizan en las periferias de los mercados, en las zonas populares, en las avenidas con flujo proletario, mayormente alejadas del bullicio turístico.En la comida corrida se sabe que no te irás a ningún lado hasta terminar el menú de pé a pá. “El término corrida es un término español que usamos en México cuando una cosa va detrás de la otra; entonces si una persona habla de corrido es porque dice una cosa y luego otra, y otra más”, comenta el ensayista e historiador gastronómico José N. Iturriaga. Una vez que te instalas, la mesera te servirá una sopa y en seguida, el arroz o la pasta. “En el caso del platillo fuerte te van a preguntar qué quieres porque casi siempre hay opciones”, asegura Iturriaga.La estructura es una institución culinaria que apenas ha cambiado con los años: por un precio que pocas veces rebasa los cien pesos, de la cocina desfilarán una serie de platillos encaminados a saciar el hambre atroz de los estudiantes, del kinestésico trabajador, del ansioso pequeño burgués. Al centro habrá además tortillas o canastas de plástico con bolillo y salsas en cazuelitas. Y es que en la comida corrida todo está dispuesto para reproducir una escena familiar, que se escapa de la gloria celebratoria del sábado o el domingo. “La comida corrida siempre viene con un vaso de aguas frescas que puede ser una limonada o un agua de jamaica, de tamarindo, de sandía, de melón, de alguna fruta de temporada”, comenta Iturriaga. En términos culturales, como todo lo que se cuece en territorio nacional, la comida corrida es fruto del mestizaje. “El primer tiempo es casi siempre una sopa de pasta. Las pastas traídas por los españoles surgen en China algo así como dos siglos antes de la Conquista. Luego, el segundo tiempo, es un arroz que también es de origen chino y que también lo trajeron los españoles. Le pusimos “mexicano” por que tiene un color rojo del jitomate con el que se cocina. El más clásico lleva chicharitos y unos cuadritos de zanahoria.”El platillo fuerte es variable, casi siempre es un guiso y no propiamente un antojito. “No estamos hablando de platillos de mucha elaboración, ya que esos son para ocasiones más festivas. Hablamos de una carnita de puerco en salsa verde con verdolagas, tinga de res con la carnita de la falda de res deshebrada. Cuando llega a haber pescado nos darán algún filetito de mojarra o de esos que compras delgaditos para que rinda mejor”. Eso sí, casi siempre irá empanizado para que sea más llenador.Los que ofrecen opciones fuera del menú casi siempre costarán unos pesos más. Ahí está el huevo o el plátano que decorará en sabor y color al arroz. Y en el fuerte, no falta la reina de la cocina de fondita: la milanesa. “La milanesa debe su nombre a Milán, que hoy es el norte de Italia pero que, en el siglo XIX, era parte del Imperio austrohúngaro. De hecho, las milanesas más famosas del mundo son en Viena, capital de Austria”. El postre irrevocable de la comida corrida es el arroz con leche que casi siempre se cocina con canela. “Toda la canela que se consume en el mundo surge de Ceilán, una isla al sur de Sri Lanka”, completa el licenciado Iturriaga. Pero no falta la gelatina, casi siempre de colores vivos –verdes, naranjas y rojos–, los budines con el pan que se queda de otros días, el pastel de tres leches para los días especiales, como los viernes, en los que la propietaria, si está de buenas, agasajará a sus comensales. La cocina de las fonditas nos hace sentir en casa en pleno ajetreo del día. De la dueña, del encargado, terminamos por hacernos íntimos, conocernos los temperamentos, acostumbrarnos a la experiencia sápida. “Las fonditas resuelven, sobre todo a quienes diario tienen que comer fuera, ya sea que eres un oficinista o estudiante del estrato socio económico de clases medias bajas y de clases de proletarias, y es que en ellas comemos comes como en tu casa”. Hay un tesoro invisible en las ciudades al que le debemos horas periodísticas. Gracias a las sazones de Doña Mari o a Don Rubén o a la doña de nuestra confianza es que se nutren nuestros corazones de una a tres P. M. Sus guisos nos recuerdan que pertenecemos a algo más que a una corporación, que somos seres humanos aún en horario laboral.
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