Beneficios del apio y cómo aprovecharlo
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Beneficios del apio y cómo aprovecharlo

Por Adriana Sánchez - May 2021
El apio es una hortaliza con un sabor intenso y aromático que tiene un sinfín de usos para la cocina, especialmente para sazonar recetas de caldo, arroz, puré, pasta y acompañarse con nutritivas verduras como papas, calabazas, cebollas y champiñones. Sin embargo, este importante vegetal tiene otras virtudes para la salud, por lo que es importante que conozcas todas las propiedades y beneficios del apio.



Propiedades del apio

Entre las propiedades que más destacan del apio, encontramos que tiene un bajo contenido en calorías, pero es rico en vitamina B, vitamina K y ácido fólico. Además contiene gran cantidad de minerales como potasio y magnesio, así como calcio, sodio y hierro, en menor proporción.

El apio también posee diferentes antioxidantes como polifenoles, taninos y flavonoides.



Beneficios del apio
  • Comer apio te ayudará a desintoxicar tu cuerpo y eliminar ácido úrico, ya que es un excelente diurético gracias a que contiene aceite esencial apiol. Esto también elimina cálculos del riñón y vesícula.
  • Los efectos de la apigenina en el apio ayudan a prevenir la hipertensión arterial y otras enfermedades cardiovasculares.
  • Gracias a su alto contenido de agua y fibra, el apio provoca una sensación de saciedad, que ayuda a las personas que buscan perder peso. De igual manera ayuda a cuidar el sistema digestivo, prevenir el estreñimiento y la inflamación abdominal.
  • Si padeces de insomnio o estrés, los efectos sedantes del apio te ayudarán relajar el sistema nervioso y conciliar el sueño fácilmente.
  • Para las mujeres, el apio puede ser un gran aliado para regular la menstruación y los síntomas de la menopausia.


¿Cómo aprovechar mejor los beneficios del apio?

De acuerdo a Carmen del Campo, vocal de Nutrición del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ciudad Real en España, la mejor manera de aprovechar los beneficios del apio es comerlo crudo, pues así se conservan al 100% todas sus vitaminas y minerales, por lo que puedes utilizarlo en ensaladas, jugos y dips con yogurt.

Daniel de Luis, miembro del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, explica que si bien al cocinar el apio éste puede perder sus componentes hidrosolubles, mantiene el resto de sus características nutricionales beneficiosas, así que no te lo pierdas en sopas, cremas y demás guisados.

¿Listo para explotar los beneficios del apio en tu dieta?

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Lidia Chavez
17/05/2021 23:52:28
Exelente explicación gy
Maria Gutierrez
17/05/2021 20:23:52
Excelente información muy interesante para modificar nuestros malos hábitos alimenticios.
Montse Vidal
17/05/2021 18:04:48
Muy buena información
Alicia Limon
17/05/2021 17:45:20
Es lo mejor comerlo en crudo gracias por compartir kiwilimon delicioso
Yoli Cz
17/05/2021 17:03:48
Muy importante información
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Por Marcelo Aguilar ElizondoEl fuego nos hipnotiza, nos apasiona, nos transporta a nuestros inicios. Siempre ha sido un medio para crear comunidad, nuestros antepasados empezaron a socializar y a crear lazos más fuertes entre ellos cuando, al descubrir el fuego, tuvieron que esperar a que los alimentos se cocinaran. El fuego es un gran transformador y la humanidad no sería lo que hoy conocemos de no haberlo conocido.  Cualquier pretexto es bueno para hacer una “carne asada”, pero sobre todo, está presente en los momentos más relevantes en los que creamos recuerdos. La convivencia inicia desde que encendemos el carbón hasta que terminamos la sobremesa, donde todos tienen cabida, desde el parrillero, hasta los que lo apoyan en el proceso del asado y los comensales.  Una de las primeras preguntas que nos hacemos es, ¿cómo iniciamos el fuego de manera correcta para nuestra carne asada? Primero que nada es recomendable iniciar el fuego en un lugar fuera de nuestra parrilla, de esta forma nos aseguramos de mantener temperaturas a largo plazo sin necesidad de perder tiempo o temperatura en nuestro asador.  Para poder iniciar el fuego necesitamos 3 elementos: combustible, ignición, y oxígeno.  Combustible  Nuestro combustible puede ser leña, carbón o briquetas, no es recomendable usar maderas resinosas como combustible ya que transmitirán sabores no deseados a nuestra comida.  El carbón, por lo general, está hecho de maderas duras, por ejemplo, el mezquite, el nogal o el encino, ya que alcanzan temperaturas más altas y además tardan mucho más en consumirse, lo cual las hace ideales para cocinar a la parrilla. Es importante esperar a que nuestro combustible esté a punto para cocinar, nuestro indicador será el color rojo intenso o la capa de ceniza blanca encima de las brasas.  En el caso de utilizar leña, hay anticipar tiempos, ya que llevará unas 2 horas  aproximadamente para que la brasa esté lista para cocinar.  Ignición Podemos lograr nuestra ignición con una servilleta con aceite o maderas resinosas como el ocote, no es recomendable utilizar líquidos inflamables, o derivados químicos ya que pueden llegar a contener sustancias químicas tóxicas que la madera y el carbón absorben, transmitiendo sabores y contaminando nuestra comida. Oxígeno No es lo mismo hacer una carne asada en Hermosillo que en la ciudad de México, ya que dependiendo de la altura sobre el nivel del mar varía la cantidad de oxígeno en el ambiente. Entre mayor altitud menos oxígeno. El oxígeno es clave para que nuestro carbón encienda, es esencial que nuestro carbón tenga pequeñas ranuras por donde circule el aire para que el fuego pueda hacer la combustión, además es indispensable para el control del fuego, entre más oxígeno mayor temperatura, entre menos oxígeno menor temperatura. En los asadores con tapadera, el oxígeno es indispensable para controlar la temperatura ambiente dentro del mismo, la cual podemos controlar abriendo o cerrando las entradas de aire. El parrillero argentino cuenta con un brasero a un lado de su parrilla, en la cual colocan la leña, la encienden y esperan que la leña se convierta en brasas, las cuales, caen en la parte de abajo para posteriormente con una pala trasladarlo a la parrilla creando zonas con diferentes intensidades en la temperatura.  Existe otra herramienta llamada chimenea de metal o iniciador de carbón, que cuenta con una forma cilíndrica, donde colocamos nuestro carbón y por la parte de abajo agregamos ignición para encenderlo. De igual forma esperamos a que el carbón esté en su punto, para posteriormente trasladarlo a nuestro asador.  También pueden realizar el método del volcán, armando una pequeña fogata colocando los trozos más grandes de carbón abajo, y los demás arriba, dejando un hueco en el centro, con pequeños espacios para que circule el aire. En la parte central agregamos ignición con una servilleta con aceite u ocote y encendemos con un cerillo o encendedor y esperamos a que el carbón encienda para acomodarlo en nuestro asador.  Espero que estos tips les sean de utilidad, y los aprovechen en su próxima Carne Asada en compañía de sus seres queridos. #ElFuegoNosUne. Marcelo Aguilar Elizondo, maestro parrillero, es representante Sociedad Mexicana de Parrilleros Capitulo Sonora. Conoce más tips en: @marceloaguilarmx
No hay nada mejor que un domingo con asador y la familia, pareja o los amigos, pero te has puesto a pensar cuáles son los beneficios de cocinar al carbón. Te comparto algunas ventajas del porqué es una gran opción. La primera, y la cual nuestro paladar agradece, es que los alimentos adquieren una jugosidad incomparable, en específico con las carnes, pues cocinar a la parrilla asegura una temperatura uniforme que impide que se pierda la textura. Otra gran ventaja es que los nutrientes no disminuyen, al contrario, se mantienen intactos para nuestro beneficio. Por otra parte y no menos importante es que la parrilla también potencia el sabor de cada uno de los alimentos, pues no se requiere de más condimentos para su preparación. Asimismo, los alimentos suelen tener menos grasa al cocinarse en la parrilla, ya que ocupan su grasa natural y no se añaden aceites que perjudican a nuestra salud. Aquí algunas opciones de recetas que puedes preparar al carbón. Champiñones al ajillo: Asar con aceite de aguacate, ajo picado y un poco de cilantro. Agregar pimienta y sal de grano al gusto. Chiles poblanos con camarón: Asar primero los chiles, una vez que empiecen a cambiar de color, rellenarlos con queso manchego o oaxaca y camarones partidos en cachitos. Agregar jitomate picado fresco.Corazones de lechuga romana a la parmesana: Asar con aceite de oliva y colocar láminas de queso parmesano arriba. Al final agregar un toque de aceite balsámico espeso. Filetes de coliflor con sal de gusano: Asar los filetes de coliflor con aceite de oliva, agregar sal de gusano al gusto y un chorrito de mezcal para flamear. Bien, ahora ya lo sabes, además de un grato momento en compañía de los tuyos al cocinar al carbón, podrás deleitarte con platillos más livianos, menos calóricos y que ayudarán a un mejor funcionamiento de tu organismo. 
Partamos de una realidad: no existe una mala hamburguesa. Entre dos panes cualquier ingrediente simple adquiere un poder vehemente, casi sobrenatural. Y aunque las opciones pueden ser infinitas, personalmente prefiero dejar fuera la creatividad cuando se habla de ellas. Sí, las aberraciones también son infinitas. El escritor culinario y amante empedernido de las hamburguesas, –como su servidora– Anthony Bourdain, decía que ya eran perfectas, ¿por qué echarlas a perder?En una entrevista hecha a Bourdain por TechInsider, el también cocinero compartió las ocho reglas de oro para elaborarlas. Lo primero era mantenerlas clásicas, casi académicas: pan, carne, tomate, cebolla, lechuga, pepinillos encurtidos y nada más. Ricardo Campuzano, el chef del restaurante de hamburguesas Margarita, afirma que la hamburguesa perfecta es resultado de la sencillez, pero también de la calidad de los ingredientes.El pan, por supuesto, debe ser el marco que lo engloba todo. Un brioche suave y suficientemente mantequilloso –hay que ser conservadores en las cantidades de nuestra amiga láctea para evitar opacar el sabor de la carne– logra mandar una hamburguesa al infierno de lo común y corriente o al cielo de los elegidos. Joan Bagur, panadero y fundador de Sal y Dulce Artesanos, resume que el pan ideal es un pan estilo brioche de mantequilla con una consistencia que logre sostener el jugo de la carne. Eso sí, que tampoco sea demasiado grueso porque podría esconder el sabor del medallón. “La mantequilla con la que se hace el pan debe ser de calidad para que no nos deje un mal retro gusto”, completa.  Hablemos de la carne. Si partimos de que el origen de la receta podría ser el de las tribus mongolas y turcas del siglo XIV en la que picaban la carne para hacerla si quiera comestible, este ingrediente en versión machacado o molido es irremplazable. Vamos. Si lo quitamos, mejor llamémosle sándwich, bocata, entrepán, torta, emparedado. La decisión de si elaborarla de res, de cerdo o de una combinación salomónica de ambas es decisión de la conciencia, el gusto y el bolsillo. Bourdain afirmaba que incluir sirloin o algún corte demasiado exótico a la mezcla la destruía. En cambio, prefería el brisket o la costilla, algunas de las partes más grasosas. Y es que sí, la parte amarilla, esa que se derrite al calor, es lo que realmente le aporta magia. El chef Campuzano asegura que la combinación perfecta es de 80% carne, 20% grasa, y sólo sazonar con sal. Joan Bagur aconseja que hay que cocinarla a la plancha muy caliente para que se selle, se caramelice y permanezcan los jugos dentro. Recomienda terminarla al grill para que tome ese espectacular gusto asado. El escritor de Kitchen Confidential, Anthony Bourdain, afirmaba que no debía faltar el queso y éste debía derretirse. Panela, requesón, queso fresco, ustedes no juegan. En mi opinión, es a través de la combinación de los quesos, la grasa de la carne y lo mantequilloso del pan que la experiencia llamada “hamburguesa” sucede. Que a nadie se le pasen las salsas. Descansando en el pan va la mayonesa –una ligera crema balanceada en limón y grasa– y la reina de todas, la cátsup (el cátsup o el kétchup, para el resto de América Latina). Ella debe ser jitomatosa y vinagrosa, sutilmente dulce para equilibrar la grasa y aportar acidez. Para Anthony no había discusión en el tocino; siempre era la ocasión. En cambio, le parecía un exceso cuando las hamburguesas llegaba como una torre de Legos a la mesa. El tema es que si es demasiado alta es casi imposible poder reunir todos sus sabores en una mordida. De ahí sólo faltan las papas porque, ¿qué es una hamburguesa sin papas? Citando a Gloria Trevi, definitivamente es una papa sin cátsup. Que sean caseras, cortadas en tiras o en gajos. Que queden crocantes por fuera, pero suaves por dentro. De preferencia, que no nos dejen los dedos con reflejo, que no se apelmacen.Las apariencias engañan. Las hamburguesas pueden parecer un alimento burdo, quizás porque las hemos visto servidas en charolas de plástico, entre plásticos y bolsas de estraza, en cajitas de cartón para disfrutarse en el carro, con o sin juguete. Ello no las hace menos buenas. La hamburguesa es perfecta en sus componentes. Llegar a un balance es un afortunado accidente de la Matrix; es la diferencia de una comida rápida y una comida que apenas se diluye en el recuerdo con el paso del tiempo. Así me pasó hace una semana en el restaurante Nopa, de San Francisco, o cada vez que se me cruza un In and Out en cuyo aderezo naranja se disfraza cualquier imperfección, si la hubiera. Tampoco olvido las de The Spaniard, en Nueva York. En México, hay varias que me guiñen en ojo. Las que me recuerdan a mi adolescencia, como las de las Fuentes de Satélite que llevan piña, o las que solía hacer Joan Bagur en OkDF y que acompañaba con patatas bravas. Recientemente probé la de Margarita, del chef Ricardo Campuzano, en la colonia Narvarte: su combinación de carne + tocino + cheddar me pareció que resaltaba sus buenos ingredientes de forma monchosa. La hamburguesa es más que un sándwich en esteroides. El ritual nos involucra, nos pide permanecer atentos para que la carne no se recorra al fondo, para que los aderezos no terminen en la ropa. Pero quizás la mejor parte de comerla sea que por cuatro, quince o las veinte mordidas que nos sobrevive volvemos a ser niños, niños felices otra vez.
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