¿Cuáles son beneficios del té de hierba de limón?
Te Cuida

¿Cuáles son beneficios del té de hierba de limón?

Por Adriana Sánchez - Marzo 2021
El limoncillo, también conocido como hierba de limón, es uno de los secretos mejor guardados de las abuelitas, ya que éste cuenta con múltiples propiedades que ayudan al cuerpo a fortalecer el sistema inmune, mejorar la digestión y mucho más. Si quieres sacarle todo el provecho a esta increíble planta, entonces debes conocer para qué sirve el té de hierba de limón.



Beneficios del té de hierba de limón

Té de hierba de limón para la cabeza

De acuerdo a estudios realizados por la Universidad de Griffith de Australia, esta planta medicinal provoca un maravilloso efecto analgésico y antiinflamatorio que reduce el nivel de dolores de cabeza o migrañas.

La hierba de limón ayuda al sistema cardiovascular

Al tener alto contenido de potasio, el limoncillo ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares ya que reduce la tensión en los vasos sanguíneos. También ayuda a mejorar la circulación, la tensión en el corazón y controla los niveles de colesterol malo.

Olvídate de la fiebre con limoncillo

De igual manera, otros estudios han demostrado que el té de hierba de limón tiene propiedades antipiréticas, en otras palaras, ayuda a regular la temperatura corporal y reduce la fiebre.

Té de hierba de limón para el sistema inmunológico

Tal como indica el portal médico Hola Doctor, el té de hierba de limón incrementa tus niveles de antioxidantes y te defiende de los radicales libres. Además tiene propiedades antimicrobianas muy fuertes que te ayudan a combatir gérmenes comunes.

Té de limoncillo para mejorar la digestión

La hierba de limón contiene un importante compuesto conocido como citral, el cual ayuda a regular la digestión al repoblar el colón de bacterias beneficiosas para su salud. Esto ayuda contra la acidez estomacal, la distensión abdominal, los vómitos o el estreñimiento.

¿Ya preparaste tu tacita para aprovechar todos los beneficios del té de hierba de limón?
Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
La gastronomía colombiana es uno de los tesoros más grandes de Latinoamérica y es que nadie puede resistirse a las tradicionales arepas, sancocho, empanadas y todas esas delicias hechas con maíz o arroz. Por eso, en esta ocasión te mostramos algunos platos típicos de Colombia que no podrás resistir. Arepas Al igual que en Venezuela, las arepas son un platillo muy común en tierras colombianas. Las arepas son unas tortitas hechas con harina de maíz y cocinadas a la parrilla; pueden prepararse muy sencillas, desde sólo un poco de mantequilla hasta de carne con queso y más ingredientes. En Cartagena destacan las arepas de huevo, ¿a ti de qué se te antojan? Ajiaco Si de sopas se trata, no podrás resistir el tradicional ajiaco, la cual se prepara con pollo desmenuzado, diferentes tipos de papas, maíz y guasca. No te dejes llevar por su esencia de sopa, ya que más que una entrada principal, el ajiaco cuenta como un platillo completo. Picada Otra joya de la gastronomía colombiana es la picada, un exquisito plato con diferentes cortes de carne que se acompaña con papas, elotes, patacones, aguacate y las siempre presentes arepas. Generalmente se come en reuniones para disfrutar con los amigos. Pargo frito y arroz de coco El pargo frito se trata de un tipo de pescado que se cocina frito, con plátanos machos cortados en rodajas, aplastados y fritos, además de un delicioso arroz dulzón con coco, un clásico de las costas colombianas. Arroz atollado El arroz atollado es un plato delicioso hecho de arroz con pollo, carne de cerdo y res, acompañado de cebolla, papa y pimientos. Es un plato tradicional colombiano que simplemente no te puedes perder. Patarasca La patarasca es un platillo típico del sureste de Colombia, cerca del Amazonas y se trata de un pescado sazonado con azafrán criollo, envuelto en hoja de plátano y cocinado a las brasas. ¡Un verdadero manjar! Sobrebarriga santandereana La sobrebarriga es un corte de carne del lateral del estómago de la res que se hornea con jitomate, ajo y diversos condimentos y se acompaña con papa y yuca, una especie de camote muy rico. Este plato es tradicional de Satander, departamento andinos al nororiente de Colombia. ¿Qué platillo tradicional de Colombia se te antoja más?
He estado en Nayarit dos veces. Antes de ir, el ansia pasaba por presenciar parajes de película, atardeceres aflojadores de lágrimas, el color luminiscente del mar. Ya ahí, con el sombrero de exploradora puesto, mi foco cambiaba: cada vez que un plato con masa, con mariscos, con adobo, era puesto sobre mi mesa, signos de admiración y de interrogación emanaban de ellos como el humo. Esta semana, en el viaje de votantes de la guía México Gastronómico de Culinaria Mexicana, reviví la sensación. Entre sobremesas tuve la oportunidad de platicar con la chef de El Delfín, Betty Vázquez, para que me ayudara a ponerle adjetivos y comas a las interrogantes que la comida de su estado genera en mí. A primera vista, Nayarit comparte platillos con Jalisco, pues ambos fueron parte de la misma región –el Séptimo Cantón de Jalisco– hasta que en 1917 el estado se independizó. Pero su historia comienza mucho atrás: hay vestigios de caza, pesca y agricultura de 5000 a. de C. en esa inmensa fuente de ecosistemas y microclimas. Su oferta de productos fue poblándose por la Conquista, por el comercio con Oriente. La Nao de China –el Galeón de Manila– tocaba base en el puerto de San Blas trayendo especias, frutas, arroz, seda y madera desde la lejana Filipinas. Directa o indirectamente Nayarit tuvo influencia de todos los puntos del planeta: “Trajeron ingredientes, técnicas culinarias, tradiciones y formas de comer”, según me cuenta Betty. “La cocina nayarita entonces es una fusión, pero una fusión con identidad”.Imposible dejar en vista la costa que bordea el estado por el lado oeste, con ese Pacífico efectivamente aflojador de lágrimas. Pero él no es la única fuente de riqueza natural –ni de lágrimas de felicidad–. Según lo que me cuenta Betty, Nayarit tiene cuarenta y cuatro ecosistemas de los que se cosecha coco, maíz, trigo, frijol, arroz y tabaco de excelente calidad; el plátano y la caña del azúcar se dan con gracia y facilidad por su clima mayormente cálido. Hay una gran cantidad de quelites, leche de muy buena calidad y quesos que se producen con ella. Pero, un buen producto no es nada sin una buena preparación. La cosa se hace compleja –rica, pues– cuando a la olla cultural se suman cuatro tradiciones endémicas: la cora, la huichol, la tepehuana y la mexicanera, que han creado formas únicas de consumir el producto regional. “Tenemos veinte municipios, o sea que hay veinte formas diferente de cocinar. Son veinte municipios que generan una riqueza extraordinaria”, asegura Betty. El reto que lleva por delante esta gran embajadora de la culinaria mexicana es el de generar un acervo de recetas locales con la ayuda de las universidades.A nivel general, la cocina de humo tiene un lugar especial en la culinaria: es con esta técnica y la madera del mangle que el pescado zarandeado adquiere sabores que nos hacen querer roer los huesos del pargo. También está la cocina cruda que se da el lujo de la desnudez para exhibir su frescura. “La cocina cruda viene de Oriente, de este mestizaje con Occidente. Fue de allá que llegaron los limones, así que se puede decir que el ceviche no es peruano ni mexicano, sino una fusión de técnica asiática con productos locales”. Hablando de los platos regionales, según Betty Vázquez, de San Blas no hay que perderse el pescado ahumado, el pescado tatemado, las empanadas de camarón, las chimichangas de ostión, el pozole de camarón y el pozole de pescado. Hay que probar la nieve de garrafa de Ixtlán del Río; de Jala, sus maíces endémicos, las tostadas raspadas y de postre, los roscones. De Santiago está el paté de camarón y de la Isla de Mexcaltitán, el pescado zarandeado a la leña. Hacia el norte, el guiso es el puerquito echado de Acaponeta; el agua, de cebada.En la zona sur está la exquisita sopa de boda, preparada con una base de tortillas de maíz, pan frito y pan tostado que se acomoda alternadamente sobre un refractario. Lleva pollo, plátano, huevo cocido, almendras, garbanzos. De Tepic, la marisquiza y los cocteles cura-crudas. De ahí también es el ante, un postre de la época virreinal que no es como colimote. Este va cubierto con pasas, ajonjolí y canela en polvo y generalmente se sirve en un cuenquito de barro decorado con papel de china picado.Las bebidas no son pocas. Como en Jalisco y en Colima, se produce y consume el tejuino, que refresca y el tesguino, que traiciona. La última novedad es que el estado ingresa a la lista de productores de vino con nueve variedades de uvas. “La misma empresa que está haciendo este gran esfuerzo vinícola ya está trabajando con un chamán huichol y cora para rescatar una bebida ancestral de maguey llamada tuchi”. El café es una de las maravillas del clima y de la cercanía con el Trópico de Cáncer. “Tenemos un café maravilloso desde Compostela hasta el municipio de San Blas, pasando por el municipio de Tepic, con unos estándares de calidad importantísimos”. De hecho, según lo que me confirma Betty, de esta zona se exportaba un café que ni Obama, o más bien, incluso que Obama. De aquí era originario el café de la Casa Blanca durante su reinado.Cuando la confianza y el bolsillo nos permita viajar, Nayarit es un destino para desmenuzarse y comerse doblado en una tortilla, crudo o asado a la leña. Hay que probar los restaurantes de lujo de la zona de Punta Mita o de la Rivera Nayarit; detenerse en Bucerías o Tepic para probar platillos típicos; pueblear, como antes de la nueva normalidad, para probar los mangos chilosos de la esquina, los antojitos elaborados con ese maíz que sabe a la mineralidad de la tierra. “Hay que venir a ver los lujos de la Riviera Nayarit, y cuando digo lujos no hablo de hotelería de cinco o más estrellas. Hablo de lujo de la gente que es cálida, y de los lujos de la naturaleza, de los lujos de la gastronomía, de las costumbres y de las tradiciones”. Lujo es descubrir que el mundo sigue siendo bueno, con o sin nosotros. Mejor con nosotros.
Cuando era chiquita habitaba en mí una fantasía. No es que me haya surgido de la nada. En el dos había una telenovela, La pícara soñadora, en la que la protagonista vivía dentro de una tienda departamental. Durante años me sobaba la cabeza la idea de pernoctar en un lugar en el que todo oliera a nuevo; un espacio en el que todos mis antojos estuvieran a mi disposición y en el que yo tuviera la posibilidad de estrenar a cada momento.Si por alguna razón mi fantasía se hiciera realidad en la actualidad, en el súper, iría directo al pasillo de verduras, al pasillo donde habita lo fresco y al de vinos. Porque aunque no sea la primera opción que se venga a la mente cuando pensamos en vinos, en ese frío espacio es posible encontrar etiquetas que encarnan lo bueno, lo bonito, lo barato.Ya sea que nos quedemos a vivir en una tienda –guiño, guiño– o simplemente queramos comprar vinos junto a la lista de la despensa, le pregunté a varios expertos cuáles eran sus recomendaciones. Esto fue lo que me dijeron. Para la periodista gastronómica Mariana Camacho, el denominado vinho verde –que en realidad es un vino blanco– de la bodega Casal García es una excelente opción cuando se busca maridar la primavera. Otros de su lista del súper son Flor de Vetus o María 1926, ambos de la uva tempranillo. Para el experto en vinos españoles Raúl Juárez, en su lista del súper no falta Protos, un Terras Gaudas blanco de la región de Rías Baixas, Ochoa Crianza Tempranillo y Marqués de Riscal de la Rioja. La sommelier de Bornos Bodegas y best sommelier del Concurso Nacional de Sommelier Jr de la ASI  2016 - 2019, Astrid Pérez Aguilar, recomienda el Rutini Malbec o la mezcla de cabernet sauvignon y malbec, de la misma bodega. “La verdad le tengo amor al país y a la bodega. Me parece que es una gran relación calidad precio”. En cuanto a espumosos, Astrid afirma que Kirkland Rosé cumple para saciar el antojo de burbujas sin tener que echar la casa por la ventana. De mexicanos, a ella le gusta el Monte Xanic Sauvignon Blanc, pues tiene “mucha elegancia y frescura”. Para el Head Sommelier de Acento Culinaria Pablo Mata, no hay pierde con Teziano Cabernet Sauvignon de la bodega de Valle de Guadalupe, Norte 32. Recomienda también la etiqueta argentina Catena Zapata Malbec High Mountains y, directo de la borgoña, un Bouchard Aîné & Fils Heritage Du Conseiller. “Son tres vinos de diferentes precios que por supuesto me compraría”.Raquel del Castillo, sommelier y editora gastronómica de Menú en el Universal, se inclina por un malbec de corte moderno como el Elsa Bianchi, el rosé de tempranillo de la bodega riojana Cune, o el Fonte Vinho Verde de Portugal. “Es de esos vinos ricos para platicar y pasar una tarde en el jardín. En nariz es frutal, con manzana verde, de cítricos recién cortados y mineralidad. En boca es de paso ligero y muy fresco. Le va bien a un ceviche, tataki de atún y pollo asado con sal y pimienta”.A mí personalmente me gusta Laus Chardonnay de la región del Somontano porque es súper fácil de beber, sobre todo si hay música de terraza, o bien, Flores de Callejo de Ribera del Duero si hay una tablita de carnes frías al centro. De mexicanos, el nebbiolo de L.A Cetto es garantía sin pretensiones para armonizar un plato de pasta bañada en salsa pomodoro.Expertos, novatos y aficionados, todos encontramos en el supermercado vinos con las tres B y que no estorban en el carrito, junto al kilo de jitomate saladet.¿Cuáles son los tuyos?
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD