10 Rituales de fin de año para atraer la buena suerte
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10 Rituales de fin de año para atraer la buena suerte

Por Kiwilimón - Diciembre 2015
A veces no basta con pedir doce deseos cuando tocan las campanadas de la medianoche del 31 de diciembre, miles de personas también están listas para realizar sus rituales que los proveerán de éxito en varios aspectos el siguiente año. Practícalos y cuéntanos si te funcionaron.
  1. Para viajar mucho
Imagina que vas a salir de viaje a tus lugares preferidos. Prepara unas dos maletas con lo que necesitarías. Después sal con ellas y da una vuelta a la manzana de tu colonia, o si no quieres que los vecinos te vean, sube y baja las escaleras de tu casa.
  1. Más dinero
 Ten a la mano varios billetes de alta denominación y justo cuando el reloj marque el inicio del siguiente año, ponlos en el piso y písalos varias veces. Se piensa que así tendrás mayores ingresos. Sigue estos tips para empacar tus maletas de forma práctica
  1. Ropa interior roja y amarilla
Usa bajo tu vestido de la fiesta de fin de año lencería roja o amarilla. La primera es para atraer la pasión y el amor, y la segunda para tener más dinero y felicidad. Mejor aún, usa los dos colores al mismo tiempo.
  1. Para las amantes de la ropa
 Se dice que si te pones la ropa interior al revés el último día del año y cuando escuches las 12 campanadas la coloques de la forma correcta, vas a tener más posibilidades de comprar las prendas que gustes. Mira cómo quitar el olor a humedad en tu ropa
  1. Haz una limpieza total
     Se piensa que si el último día del año haces una limpieza profunda de tu casa, vas a deshacerte de la energía negativa y por ende a generar una vibra más positiva.
  1. Barre hacia afuera
    Otra forma de librarse de las malas vibras es que el 31 de diciembre barras la basura de tu casa hacia la calle. Usa bicarbonato para limpiar toda tu casa
  1. Adiós a los malos recuerdos
 Si pasaste por dolorosas experiencias este año que quieres dejar en el pasado, escríbelas en una hoja de papel y quémala para que inicies una nueva etapa con la mejor actitud.
  1. Un futuro brillante
 Para los que quieren un año lleno de luminosidad… Enciende las luces de todas las habitaciones de tu casa unos minutos antes de que acabe el año y déjalas prendidas poco tiempo después. Literalmente, se dice que esto atraerá luz a tu hogar. Decora tu comedor con este centro de mesa con vela
  1. Aleja a los malos espíritus
     Hay una creencia que indica que si brincas sobre las sillas a la medianoche, harás que los malos espíritus salgan de tu hogar.
  1. Lentejas para la abundancia
     Cuando quieres que el próximo año esté lleno prosperidad y riquezas materiales y espirituales, se recomienda que comas una cucharada de lentejas antes de la cena principal. Prepara deliciosos platillos en navidad con estas recetas Haz click aquí y prepárate para la temporada navideña con estos tips y recetas que traemos para ti  
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En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
La comida peruana tiene una variedad impresionante de platillos y, sin duda, es una de las más extensas del mundo, pero si tienes la fortuna de visitar el país o la curiosidad de visitar alguno de los restaurantes que te dan a probar un poquito de su gastronomía, estos son sólo una muestra de los platillos de la comida típica de Perú que no te puedes perder.CevicheEl ceviche peruano es un referente mundial, por lo que es el orgullo y un platillo que da identidad al país. Su base son trozos de pescado, cebolla, ají, jugo de limón y sal, pero también se le puede agregar camote, choclo, cancha serrana y yuyo (algas marinas).Papa a la HuancaínaEste platillo es oriundo de la ciudad de Huancayo, en el departamento de Junin, y consiste en licuar leche, galletas de soda, queso blanco y ají, esta es la llamada crema huancaína que después baña unas papas amarillas, y el plato final se decora con lechuga y una aceituna.Anticuchos Esta es una brocheta de carne, pero se utiliza corazón de res y se vende en las calles en carritos similares a los esquites y elotes mexicanos. Los anticuchos por lo general van acompañados de choclo, papas doradas y ají.Juane peruanoEl juane viene de la selva peruana y es un platillo especial de la fiesta de San Juan, celebrada todos los 24 de junio. Los ingredientes originales del juane peruano son la yuca, el arroz y la carne de gallina, y su presentación es envuelto en una hoja de plátano.PachamancaEste platillo es de la sierra peruana y tiene una preparación particular, pues se hace en piedras precalentadas y colocadas en la tierra. El resultado es un platillo con carne de cerdo, de vaca, cuy y pollo, acompañado de papas, camote, choclo, vainas y yuca.Cuy ChactadoEn Perú, el cuy es una de las carnes consumidas y este platillo va frito en mucho aceite y se acompaña de papas sancochadas.Tacacho con CecinaRepresentativo también de la selva peruana, el tacacho es una masa hecha con plátano macho o bellaco, como es conocida allá, acompañado de cecina y chorizo de cerdo. Se prepara a la parrilla y lleva diversas especias tradicionales de la selva de Perú.Causa RellenaRellena de pollo o de atún, este es otro de los platillos más representativos de Perú, preparado a base de papa, ají verde, con choclo, mayonesa, aguacate o palta, huevo duro, aceitunas y lechuga.Pollo a la BrasaEste platillo es tan popular, que incluso tiene su propio día y el 16 de julio se celebra su importancia en Perú. Es uno de los más consumidos en el país y se trata de un pollo macerado, cocinado a las brasas.Rocoto RellenoRepresentativo de la cocina arequipeña, el rocoto es un fruto muy picante, similar al ají, el cual se rellena de carne molida, guisantes y queso, y se adereza con comino y perejil picado.*Con información de Perú Info.
La comida corrida es un sello distintivo de la gastronomía mexicana gracias a la facilidad y rapidez con que se prepara, además de ser deliciosa y súper económica. Así que si te quieres sentir como en fondita, a continuación te presentamos 3 menús para hacer en casa recetas de comida corrida. El menú clásico de la comida corrida Generalmente en las fonditas de comida corrida, podemos encontrar un menú de 3 tiempos que incluye una entrada como caldo de pollo o sopa aguada, un segundo tiempo como sopa de pasta o arroz y el tercer tiempo que consiste en un plato fuerte lleno de sabor. ¿Qué opinas de este menú clásico de comida corrida? Primer tiempo: Caldo de pollo Segundo tiempo: Arroz rojo a la mexicana Tercer tiempo: Milanesas rellenas de jamón y queso  El menú ejecutivo de la comida corrida Otro tipo de comida corrida muy popular en las fonditas y que también puedes replicar en casa, es el menú ejecutivo, aquél que las personas piden en quincena y tiene platillos un poco más elaborados y abundantes. Primer tiempo: Crema de espinaca con poblano Segundo tiempo: Coditos cremosos con salchicha Tercer tiempo: Sábana de res en salsa verde  El menú consentido de la comida corrida Dentro de los innumerables platillos que podemos encontrar en una fondita de comida corrida, no pueden faltar las lentejas, la ensalada de nopales y un guisado tan rico y rendidor, que no puede faltar en tu cocina. Primer tiempo: Sopa de lentejas con chorizo  Segundo tiempo: Ensalada de nopales tatemados  Tercer tiempo: Albóndigas en salsa de chile pasilla¿Listo para consentir a tu familia con estas deliciosas y rendidoras recetas de comida corrida?
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