12 uvas, 12 deseos: el origen de esta tradición de fin de año
Temporadas

12 uvas, 12 deseos: el origen de esta tradición de fin de año

Por Eloísa Carmona - Diciembre 2020
Una campanada, una uva y un deseo es una tradición de fin de año que cada 31 de diciembre nos atraganta, pero que al mismo tiempo es uno de los rituales de año nuevo favoritos por todo lo que representa, e incluso mágico, porque lo hacemos en la mística medianoche y el número 12 se repite: 12 campanadas, 12 de la noche, 12 meses, 12 uvas, 12 deseos.

Porque si sacar las maletas nos asegura un viaje en el año que inicia, las uvas garantizan comenzar el año con metas, anhelos positivos para una nueva temporada, además de un poco de adrenalina y mucha diversión, por ver quién si puede seguirle el paso a las uvas y las campanadas.

Pero esta tradición ya bastante extendida en América Latina es en realidad originaria de España. Su historia, de acuerdo con el libro España, del periodista Jeff Koehler, tiene dos posibles teorías. Una situada en el siglo XIX y la segunda, a principios del siglo XX.
La primera teoría tiene que ver con los burgueses españoles imitando a los burgueses franceses, cuya celebración de víspera de año nuevo era comer uvas y tomar vino espumoso.

De ahí, la costumbre pasó a los madrileños, que iban a la Puerta del Sol a oír las campanadas de la medianoche y comer uvas, como la clase alta, pero con ironía y como burla.

La otra se remonta al siglo XX, cuando los productores de Aledo, en Alicante, tuvieron un excedente en su cosecha de uvas blancas y decidieron venderlas a un bajo precio.

Estas uvas son actualmente tan famosas, que se conocen como las uvas “de la buena suerte” e incluso se venden en Aledo paquetes de 12 en envases especiales para recibir el Año Nuevo.

Empezar el año con buenos deseos siempre es una buena forma de inspirarte y decretar prosperidad para el nuevo ciclo que se inicia, así que si comes uvas o no, la fiesta de Año Nuevo siempre contagia su optimismo y nosotros también queremos compartirlo contigo con 12 consejos para recibir el nuevo año.
Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
¡Llegó el momento de despedir el año viejo! De brindar por la clausura y la oportunidad de empezar de nuevo. Nada mejor para hacerlo que con bebidas de temporada como la sidra, esta bebida que todos hemos disfrutado en estos festejos y que guarda una relación muy cercana con la cerveza y el hidromiel, ya que las tres son bebidas que pasan por un proceso de fermentación similar, sólo que el líquido principal de la sidra es con manzanas. Esta bebida dulce y refrescante tiene una gran tradición en todo el mundo, especialmente en Gran Bretaña donde se producen alrededor de 700 millones de litros al año (alrededor del 45% de las manzanas producidas en UK se utilizan para hacer sidra). Su origen se remonta a la conquista de los normandos en el año 1066, quienes empezaron con la producción en monasterios de esta bebida y ya para 1300 su consumo se generalizó en otros condados de Inglaterra. Actualmente podemos encontrar sidras irlandesas, alemanas, francesas, españolas, belgas, checas, finlandesas, italianas, noruegas, suecas, holandesas, argentinas, chilenas, mexicanas, canadienses, estadounidenses, paquistaníes, sudafricanas y de muchos otros países.Existen sidras con alcohol (conocida en algunos países como “Hard Cider”, contienen entre 2% y el 8.5% ) y sin alcohol (“Cider”). Para estas últimas se detiene el proceso de fermentación antes de que los azúcares se transformen en alcohol y da como resultado una bebida dulce, espumosa y de color dorado, ideal para brindar si no consumes alcohol o para los más pequeños del hogar. ¿Cómo se elabora la sidra artesanal? Tal como sucede con la cerveza, la masificación de producción de sidra ha hecho que diferentes asociaciones promuevan el consumo de sidra artesanal que reconocen a una sidra real porque se tiene que elaborar con 100% de jugo de manzana fermentado, con levadura viva, tanto en botella como en barril; no puede estar carbonatada, pasteurizada o hecha a partir de concentrados y debe estar elaborada a partir de un proceso artesanal que consiste en los siguientes pasos: Preparación: Selección de manzanas, lavado y retirado de hojas y ramas.Prensado y triturado.Fermentación: Se colocan los jugos en barriles de plástico. No se agrega levadura y se deja fermentar durante el invierno a bajas temperaturas. A principios del verano se revisa su claridad, sabor y volumen de alcohol para saber si ya está lista.Mezcla: Cuando la sidra se encuentra en el punto correcto, se transfiere a un barril de roble para su maduración, donde no sólo obtiene las notas amaderadas, sino que usualmente contiene sidra añeja de temporadas anteriores.Sidra artesanal mexicana Cervecería Itañeñe, de Ciudad de México, elabora una sidra artesanal con una mezcla de manzanas de Zacatlán, Puebla, y Chihuahua con lúpulo. Tanto en el aroma como en el sabor de esta sidra encontrarás una predominante nota a manzana con un toque de lúpulo y una ligera nota de miel. Es la sidra perfecta para acompañar un strudel de manzana o al tradicional pavo con ensalada de manzanas. HidromielEl hidromiel es también un fermentado con miel de abeja, en lugar de manzanas (sidra) o malta (cerveza). En algunos estilos le agregan otros ingredientes como frutas, especias, granos o flores como el lúpulo. En México se producen grandes ejemplos de esta bebida como Ídolo de Ámbar, de Tiny Bastards, de Guadalajara, Jalisco, que es una hidromiel hecha con miel de aguacatales de la zona de Michoacán, elaborada con una mezcla de levaduras Ale y champagne para un sabor seco y afrutado, ¡con una fermentación de más de un año! Es excelente para acompañar patés, quesos suaves, dátiles, pescados, ostiones ahumados, pastas o un delicioso fruit cake. Cervezas para no extrañar el champagneY si lo tuyo es el champagne, cervezas artesanales haz de probar. Este año Cervecería Patito de Mérida, Yucatán, lanzó Brut IPA Año Nuevo, una cerveza champagne de sabor cítrico, frutal, seco y efervescente. Elaborada con lúpulo Mosaic, tiene notas de pino, de cítricos herbales y aromas tropicales. Es perfumada, de color pálido y de cuerpo ligero a medio. Te recomendamos probarla con quesos suaves como el brie o camembert, con mariscos principalmente ostras, además de platillos crudos como el sashimi, también de lomos y piernas. Sea cual sea tu elección, recuerda apoyar al gremio artesanal y consumir local en esta temporada. ¡Salud y felices fiestas!
La cena navideña es la ocasión ideal para convivir con familia y amigos, compartiendo de los mejores platillos y bebidas pero, ¿te has preguntado cuáles son las bebidas típicas que se sirven en las mesas de los diferentes países latinos? Acompáñanos por este breve viaje para conocer x bebidas tradicionales de América Latina que se toman en Navidad. Cola de mono en Chile La cola de mono es un cóctel preparado con aguardiente, leche, azúcar, café y rajas de canela. Las personas en Chile y Colombia lo disfrutan especialmente después de cenar en Navidad y Año Nuevo, acompañado por un pedazo de pan tradicional. Coquito tico Si eres de los fanáticos de los sabores dulces, entonces el coquito es la bebida ideal para ti. Se trata de una bebida navideña originaria de Puerto Rico y su sabor tan dulce se debe a que está preparada con leche condensada, leche de coco, canela, huevos, extracto de vainilla y ron. ¡Es una bebida cremosa y tropical fría para disfrutar de la Navidad!Ponche navideño mexicano El ponche es una bebida tradicional mexicana que se prepara en Navidad y está hecho con frutas como manzana, caña de azúcar, tamarindo, guayaba, ciruelas pasas y tejocote. Algunas veces puede ir acompañado de “piquete”, un toque de tequila u otra bebida alcohólica. Ponche de crema en Venezuela El ponche de crema es una bebida navideña originaria de Venezuela. Se trata de una fuerte mezcla de alcohol etílico con azúcar, huevos y leche. Muchos lo consideran como un postre con alcohol, así que si estas a dieta, quizás ésta no sea la mejor opción. Limonchelo argentino Después de un buen manjar navideño, en Argentina se acostumbra a hacer sobremesa de la mano de un rico limonchelo o limoncello, un licor casero hecho en base a limón, anís, quinoto o hinojo. ¿Se te antoja? ¿Te atreverías a probar cualquiera de estas 6 bebidas navideñas que se toman en América Latina?
Por las calles de Guadalajara la comida urbana ha tomado sus espacios, algunos callejeros y otros cobijando rincones con propuestas que ponen en el antojo del madrugador, el godín o el trasnochador una quesibirria, un taco dorado de chicharrón prensado con cebiche de pescado o una torta de chilaquil. Aquí te menciono tres paradas que ahora en épocas “covidianas” implementaron cambios de horarios y hasta el take away para que nadie se pierda sus benditas creaciones.Para garnachas y chelas, “El Puesto Ambulante”Tania López sabe que las garnachas que prepara en este sitio enclavado en el barrio de Santa Tere, no tienen pierde. Si debo de insistir en algo a probar sería la quesibirria que conjunta queso fundido con birria de suadero y tortillas recién hechas, ¡imagínate!; ahora súmale una cerveza artesanal elaborada por su socio y pareja Abraham Espadas, como la Tarara o la Cambuja. Y si te queda un cachito, bébete un vaso de su tejuino casero. Encuéntralos en @elpuestoambulanteCalle Juan Manuel 1562Horario: Martes a jueves, de 16:00 a 21:00 horas; viernes y sábados, de 16:00 a 23:00, y domingos de 11:30 a 16:00 horas.Un taco dorado al estilo “Puerco Espada” En Guadalajar hay un un cocinero llamado Tomás Fernández que hace varios años ideó un concepto muy garnachero que une el amado y mexicano taco dorado con el topping marino que más te gusta, el resultado es Puerco Espada, donde las tortillas van rellenas de papa, requesón, frijol y el imprescindible chicharrón prensado. ¿Qué hay que hacer?, dejar volar el antojo, pues puedes bañarlos de cebiche de pescado, verde de camarón o de pulpo, atún, marlin y hasta sashimi. Ojo, cierra con una de sus paletas, en especial la Mamut, de su proyecto Espada Helada, ahí mismo las venden.Encuéntralos en @puercoespadaCalle Calderón de la Barca 123Horario: Lunes a jueves de 12:00 a 18:00 horas, y de viernes a domingo de 11:00 a 18:00 horas.Tortas mañaneras, sólo en “La Trompada”Esta opción es para los hambrientos que por la mañana quieren “un alguito” sustancial, garnachero y con estilo. Su “menuzine”, como le llaman a lo que sirven, se corona con las joyas de la reina: sus tortas que llevan de nombre Francis Bacon, José Jamón Fernández, Daniela Lomo, Panela Anderson o el Chilaquille Oneill, recomendable al 100 por ciento, ésta va con crema de chiltepín y el famoso pan tapatío. Para beber, un helado chocomil, ¡mejor, imposible!Encuéntralos en @la_trompada_caligariCalle Argentina 62, Colonia AmericanaHorario: Jueves a lunes, de 8:30 a 1:45 horas.Texto y fotos: Wendy Pérez, periodista gastronómica fundadora del mezcal Aguas Mansas.
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD