Receta mexicana: Pollo a la Tocatlán
Fiestas Patrias

Receta mexicana: Pollo a la Tocatlán

Por Kiwilimón - Enero 2012
  Delicioso pollo al vapor envuelto en papel aluminio o mixiote acompañado de verduras y queso oaxaca ideal para la comida de diario o reunión familiar. Para ver más detalles e imágenes de la receta, haz click aquí.

Ingredientes

  • 8 Piezas de Pollo (muslo y pierna)
  • 1/2 Kg de Queso oaxaca
  • 1/4 Kg de Chiles jalapeños en rajas
  • 10 Nopales cortados en cuadritos
  • 2 Cebollas cortadas en rodajas
  • 8 Hojas de Epazote fresco
  • 15 Hojas de Acelgas picadas (al hervir se hacen pocas)
  • Pizca De de Sal, ajo y pimienta en polvo al gusto
  • 8 Hojas de Papel aluminio o mixiote
  • 10 Piezass de Tomate verde cortado en cuadros
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La grenetina es una proteína y quizá no lo sabías, pero puede ser beneficiosa para tu cabello. Sí, de hecho, la grenetina ya se usa en muchos cosméticos, incluidos los productos para el cuidado del cabello.Uno de los beneficios de preparar tu propia mascarilla de grenetina para el pelo es que esta realmente se adhiere al cabello, lo fortalece y lo deja muy brillante. Además de que son fórmulas totalmente naturales y así sabes exactamente lo que te estás poniendo en el cabello.Esta receta de mascarilla capilar de grenetina dejará tu cabello brillante y fuerte, y si estás siguiendo el método curly, te será muy útil.Mascarilla para el cabello con 1 sobre de grenetinaEsta es una mascarilla capilar de grenetina es súper simple y si tienes el pelo extra largo o muy grueso, puedes duplicar esta receta, para que sea suficiente.Ingredientes2 cucharadas de grenetina en polvo (o un sobre)2 cucharadas de agua2 cucharadas de acondicionador para el cabello (omite si tienes el cabello graso)Calienta el agua en el microondas y luego mezcla con la grenetina. Déjala reposar durante 15 minutos y entonces incorpora el acondicionador. La mezcla debe quedar como un gel espeso.Para aplicar, peina el gel en el cabello húmedo desde la raíz hasta las puntas (no es necesario lavarte el cabello con champú antes, pues lo harás al final). Agrega más agua si la pasta quedó demasiado espesa.Envuelve tu cabello en plástico y luego en una toalla y deja secar durante 30 a 40 minutos. Enjuaga en la regadera y lava con tu champú.
¿Otra vez arroz? Las cifras lo confirman: la gramínea salvaje favorita de todos se siembra en treinta y cuatro países; sus campos cubren más del 10% de las tierras fértiles del mundo y de él se alimenta más de la mitad de la población mundial, según la FAO, por arriba del trigo o el maíz. Es rico, es práctico y con un par de ingredientes se convierte en una elegía. Literalmente, todo el mundo come arroz. El pobre, el rico, el pequeño burgués, el asiático, el centroamericano, el africano. En Europa, los españoles le han dedicado algunos de sus mejores platos. En México, hasta canciones. Él es nuestro termómetro para saber si una mujer –y un hombre converso a la igualdad– puede casarse. Se avienta en las bodas a modo de confeti como símbolo de abundancia. Está presente en los altares del mundo para atraer la prosperidad. Su cultivo en Japón forma parte de una tradición ancestral que trasciende los temas culturales: actualmente existe una guerra de precios que favorece al mercado local a través de un alza arancelaria a los importadores. Su cultivo en el sudeste asiático es oficio heredado y un bello espectáculo en sus montañas trazadas en terrazas.De arroces, no hay uno. Está el blanco, el integral, el glutinoso que es corto y dulce, el aromático como el basmati o jazmín, el moteado como el salvaje, que sabe mejor cuando se adiciona con frutos secos, menta y aceite de oliva. Su propia anatomía y su geolocalización culinaria harán más o menos común que se sirva al vapor como el gohan, frito como el yangzhou al estilo cantonés o enriquecido con mantequilla, aceite o caldos como el risotto italiano: caldo, vino blanco, queso parmesano y hongos salteados en mantequilla son el camino al cielo del umami.El arroz pasa lista a todas horas en las mesas del mundo. Al desayuno, en varios países de Asia, especialmente en China, desfila el congee: un amasijo dulce o salado de arroz con más de dos mil años de antigüedad. En México lo infusionamos con azúcar para hacer arrocenas, lo servimos en tazones de cereal inflado con su respectivo chorrito de leche. Los deportistas lo convierten en su snack predilecto pues no contiene gluten: a una galleta de arroz le dan un embarradita de hummus, otra de aguacate, cherries y aceite de olivo. A la hora de la comida, la mejor expresión del arroz se alcanza en su versión caldosa o melosa. Ahí está el que se hace con mariscos, conejo y embutidos al estilo paella valenciana, o el negro, cuyo color y sabor se lo debe a la tintura del calamar. Habría que comerlo en una terraza de la costa catalana para sentir que no hay mejor platillo. Si va caldoso, no hay que perderse el arroz a la tumbada típico de Veracruz que quema la boca como pocos, o con pollo y judías como en la cocina española del levante.En Cuba se mezcla con frijoles para representar unos moros con cristianos; en Perú el tacu-tacu se prepara con la menestra del día anterior, leguminosas como frijoles o lentejas y un sofrito de ají amarillo. En un menú chifa –como le llaman los peruanos a la gastronomía china– no faltará el arroz chaufa, frito con verduras cortadas en brunoise y salteado al wok con huevo para que amalgame. Sabe mejor con soya y con una buena dosis de grasita. En República Dominicana, otro gran productor de nuestro amado cereal, lo preparan con mariscos, con gandules o en un sofrito de verduras y tocino para la Navidad. Cargado en los barcos procedentes de España y Portugal, el arroz desembarcó en el continente. Hoy la gastronomía del Caribe no se entendería sin él. En cada país se le añade especias endémicas y embutidos populares para que tome sabor a platillo local. En Colombia está presente en su plato de desayuno por excelencia, la bandeja paisa; va también en el arroz atollado con pollo, cebolla, papa y pimientos, o con coco para acompañar un pargo frito y patacones. En Corea es un verdadero k-pop el bibimbap, un cuenco de arroz que siempre venden en las tiendas, y sirven con proteínas y vegetales mezcladas con aceite de sésamo y gochujang. En México, a nuestro arroz le damos gentilicios: “a la mexicana”, “poblano”.  El arroz es el plato infaltable de las fonditas. Que lleve huevo estrellado, que lleve plátano frito. Crema, por supuesto. No hay mejor inversión que esos $15 extra al precio del menú.El de Maxweel Food Centre en Singapur es un agasajo: sobre un plato de plástico va una montaña de arroz y encima un pollo pochado con jengibre y hecho en sus jugos. Jugos y más jugos. En bebida alcohólica, no hay que perdérselo. El sake japonés hace gritar a todos ¡kampai! no importa la técnica de preparación y sus muy intrincadas acepciones.Si alguien prefiere lo dulce, el arroz no lo decepcionará. En Japón no hay postre más socorrido que los mochis, un pastelito elaborado de arroz glutinoso que puede ir relleno de una pasta de soya, frijoles rojos o helado. Los nacionales lo hacemos en atole, o con leche y hervido con canela y azúcar. En Kiwilimón lo hemos hecho hasta en tarta con base de galleta. Lo hemos hecho de todas formas porque como con el arroz con leche, nos queremos casar… con él. ¿Crees que nos falta alguno? Por favor, dinos cuál te gustaría.
He estado en Nayarit dos veces. Antes de ir, el ansia pasaba por presenciar parajes de película, atardeceres aflojadores de lágrimas, el color luminiscente del mar. Ya ahí, con el sombrero de exploradora puesto, mi foco cambiaba: cada vez que un plato con masa, con mariscos, con adobo, era puesto sobre mi mesa, signos de admiración y de interrogación emanaban de ellos como el humo. Esta semana, en el viaje de votantes de la guía México Gastronómico de Culinaria Mexicana, reviví la sensación. Entre sobremesas tuve la oportunidad de platicar con la chef de El Delfín, Betty Vázquez, para que me ayudara a ponerle adjetivos y comas a las interrogantes que la comida de su estado genera en mí. A primera vista, Nayarit comparte platillos con Jalisco, pues ambos fueron parte de la misma región –el Séptimo Cantón de Jalisco– hasta que en 1917 el estado se independizó. Pero su historia comienza mucho atrás: hay vestigios de caza, pesca y agricultura de 5000 a. de C. en esa inmensa fuente de ecosistemas y microclimas. Su oferta de productos fue poblándose por la Conquista, por el comercio con Oriente. La Nao de China –el Galeón de Manila– tocaba base en el puerto de San Blas trayendo especias, frutas, arroz, seda y madera desde la lejana Filipinas. Directa o indirectamente Nayarit tuvo influencia de todos los puntos del planeta: “Trajeron ingredientes, técnicas culinarias, tradiciones y formas de comer”, según me cuenta Betty. “La cocina nayarita entonces es una fusión, pero una fusión con identidad”.Imposible dejar en vista la costa que bordea el estado por el lado oeste, con ese Pacífico efectivamente aflojador de lágrimas. Pero él no es la única fuente de riqueza natural –ni de lágrimas de felicidad–. Según lo que me cuenta Betty, Nayarit tiene cuarenta y cuatro ecosistemas de los que se cosecha coco, maíz, trigo, frijol, arroz y tabaco de excelente calidad; el plátano y la caña del azúcar se dan con gracia y facilidad por su clima mayormente cálido. Hay una gran cantidad de quelites, leche de muy buena calidad y quesos que se producen con ella. Pero, un buen producto no es nada sin una buena preparación. La cosa se hace compleja –rica, pues– cuando a la olla cultural se suman cuatro tradiciones endémicas: la cora, la huichol, la tepehuana y la mexicanera, que han creado formas únicas de consumir el producto regional. “Tenemos veinte municipios, o sea que hay veinte formas diferente de cocinar. Son veinte municipios que generan una riqueza extraordinaria”, asegura Betty. El reto que lleva por delante esta gran embajadora de la culinaria mexicana es el de generar un acervo de recetas locales con la ayuda de las universidades.A nivel general, la cocina de humo tiene un lugar especial en la culinaria: es con esta técnica y la madera del mangle que el pescado zarandeado adquiere sabores que nos hacen querer roer los huesos del pargo. También está la cocina cruda que se da el lujo de la desnudez para exhibir su frescura. “La cocina cruda viene de Oriente, de este mestizaje con Occidente. Fue de allá que llegaron los limones, así que se puede decir que el ceviche no es peruano ni mexicano, sino una fusión de técnica asiática con productos locales”. Hablando de los platos regionales, según Betty Vázquez, de San Blas no hay que perderse el pescado ahumado, el pescado tatemado, las empanadas de camarón, las chimichangas de ostión, el pozole de camarón y el pozole de pescado. Hay que probar la nieve de garrafa de Ixtlán del Río; de Jala, sus maíces endémicos, las tostadas raspadas y de postre, los roscones. De Santiago está el paté de camarón y de la Isla de Mexcaltitán, el pescado zarandeado a la leña. Hacia el norte, el guiso es el puerquito echado de Acaponeta; el agua, de cebada.En la zona sur está la exquisita sopa de boda, preparada con una base de tortillas de maíz, pan frito y pan tostado que se acomoda alternadamente sobre un refractario. Lleva pollo, plátano, huevo cocido, almendras, garbanzos. De Tepic, la marisquiza y los cocteles cura-crudas. De ahí también es el ante, un postre de la época virreinal que no es como colimote. Este va cubierto con pasas, ajonjolí y canela en polvo y generalmente se sirve en un cuenquito de barro decorado con papel de china picado.Las bebidas no son pocas. Como en Jalisco y en Colima, se produce y consume el tejuino, que refresca y el tesguino, que traiciona. La última novedad es que el estado ingresa a la lista de productores de vino con nueve variedades de uvas. “La misma empresa que está haciendo este gran esfuerzo vinícola ya está trabajando con un chamán huichol y cora para rescatar una bebida ancestral de maguey llamada tuchi”. El café es una de las maravillas del clima y de la cercanía con el Trópico de Cáncer. “Tenemos un café maravilloso desde Compostela hasta el municipio de San Blas, pasando por el municipio de Tepic, con unos estándares de calidad importantísimos”. De hecho, según lo que me confirma Betty, de esta zona se exportaba un café que ni Obama, o más bien, incluso que Obama. De aquí era originario el café de la Casa Blanca durante su reinado.Cuando la confianza y el bolsillo nos permita viajar, Nayarit es un destino para desmenuzarse y comerse doblado en una tortilla, crudo o asado a la leña. Hay que probar los restaurantes de lujo de la zona de Punta Mita o de la Rivera Nayarit; detenerse en Bucerías o Tepic para probar platillos típicos; pueblear, como antes de la nueva normalidad, para probar los mangos chilosos de la esquina, los antojitos elaborados con ese maíz que sabe a la mineralidad de la tierra. “Hay que venir a ver los lujos de la Riviera Nayarit, y cuando digo lujos no hablo de hotelería de cinco o más estrellas. Hablo de lujo de la gente que es cálida, y de los lujos de la naturaleza, de los lujos de la gastronomía, de las costumbres y de las tradiciones”. Lujo es descubrir que el mundo sigue siendo bueno, con o sin nosotros. Mejor con nosotros.
¿Otra vez arroz? Las cifras lo confirman: la gramínea salvaje favorita de todos se siembra en treinta y cuatro países; sus campos cubren más del 10% de las tierras fértiles del mundo y de él se alimenta más de la mitad de la población mundial, según la FAO, por arriba del trigo o el maíz. Es rico, es práctico y con un par de ingredientes se convierte en una elegía. Literalmente, todo el mundo come arroz. El pobre, el rico, el pequeño burgués, el asiático, el centroamericano, el africano. En Europa, los españoles le han dedicado algunos de sus mejores platos. En México, hasta canciones. Él es nuestro termómetro para saber si una mujer –y un hombre converso a la igualdad– puede casarse. Se avienta en las bodas a modo de confeti como símbolo de abundancia. Está presente en los altares del mundo para atraer la prosperidad. Su cultivo en Japón forma parte de una tradición ancestral que trasciende los temas culturales: actualmente existe una guerra de precios que favorece al mercado local a través de un alza arancelaria a los importadores. Su cultivo en el sudeste asiático es oficio heredado y un bello espectáculo en sus montañas trazadas en terrazas.De arroces, no hay uno. Está el blanco, el integral, el glutinoso que es corto y dulce, el aromático como el basmati o jazmín, el moteado como el salvaje, que sabe mejor cuando se adiciona con frutos secos, menta y aceite de oliva. Su propia anatomía y su geolocalización culinaria harán más o menos común que se sirva al vapor como el gohan, frito como el yangzhou al estilo cantonés o enriquecido con mantequilla, aceite o caldos como el risotto italiano: caldo, vino blanco, queso parmesano y hongos salteados en mantequilla son el camino al cielo del umami.El arroz pasa lista a todas horas en las mesas del mundo. Al desayuno, en varios países de Asia, especialmente en China, desfila el congee: un amasijo dulce o salado de arroz con más de dos mil años de antigüedad. En México lo infusionamos con azúcar para hacer arrocenas, lo servimos en tazones de cereal inflado con su respectivo chorrito de leche. Los deportistas lo convierten en su snack predilecto pues no contiene gluten: a una galleta de arroz le dan un embarradita de hummus, otra de aguacate, cherries y aceite de olivo. A la hora de la comida, la mejor expresión del arroz se alcanza en su versión caldosa o melosa. Ahí está el que se hace con mariscos, conejo y embutidos al estilo paella valenciana, o el negro, cuyo color y sabor se lo debe a la tintura del calamar. Habría que comerlo en una terraza de la costa catalana para sentir que no hay mejor platillo. Si va caldoso, no hay que perderse el arroz a la tumbada típico de Veracruz que quema la boca como pocos, o con pollo y judías como en la cocina española del levante.En Cuba se mezcla con frijoles para representar unos moros con cristianos; en Perú el tacu-tacu se prepara con la menestra del día anterior, leguminosas como frijoles o lentejas y un sofrito de ají amarillo. En un menú chifa –como le llaman los peruanos a la gastronomía china– no faltará el arroz chaufa, frito con verduras cortadas en brunoise y salteado al wok con huevo para que amalgame. Sabe mejor con soya y con una buena dosis de grasita. En República Dominicana, otro gran productor de nuestro amado cereal, lo preparan con mariscos, con gandules o en un sofrito de verduras y tocino para la Navidad. Cargado en los barcos procedentes de España y Portugal, el arroz desembarcó en el continente. Hoy la gastronomía del Caribe no se entendería sin él. En cada país se le añade especias endémicas y embutidos populares para que tome sabor a platillo local. En Colombia está presente en su plato de desayuno por excelencia, la bandeja paisa; va también en el arroz atollado con pollo, cebolla, papa y pimientos, o con coco para acompañar un pargo frito y patacones. En Corea es un verdadero k-pop el bibimbap, un cuenco de arroz que siempre venden en las tiendas, y sirven con proteínas y vegetales mezcladas con aceite de sésamo y gochujang. En México, a nuestro arroz le damos gentilicios: “a la mexicana”, “poblano”.  El arroz es el plato infaltable de las fonditas. Que lleve huevo estrellado, que lleve plátano frito. Crema, por supuesto. No hay mejor inversión que esos $15 extra al precio del menú.El de Maxweel Food Centre en Singapur es un agasajo: sobre un plato de plástico va una montaña de arroz y encima un pollo pochado con jengibre y hecho en sus jugos. Jugos y más jugos. En bebida alcohólica, no hay que perdérselo. El sake japonés hace gritar a todos ¡kampai! no importa la técnica de preparación y sus muy intrincadas acepciones.Si alguien prefiere lo dulce, el arroz no lo decepcionará. En Japón no hay postre más socorrido que los mochis, un pastelito elaborado de arroz glutinoso que puede ir relleno de una pasta de soya, frijoles rojos o helado. Los nacionales lo hacemos en atole, o con leche y hervido con canela y azúcar. En Kiwilimón lo hemos hecho hasta en tarta con base de galleta. Lo hemos hecho de todas formas porque como con el arroz con leche, nos queremos casar… con él. ¿Crees que nos falta alguno? Por favor, dinos cuál te gustaría.
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