Nuestras mejores recetas de pan de muerto
Halloween y Día de Muertos

Nuestras mejores recetas de pan de muerto

Por Kiwilimón - Octubre 2015
Estamos a menos de un mes de que llegue uno de los días mas festejados, y folklóricos, del calendario mexicano. El día de muertos llega con mucho colores, tradiciones y ofrendas, y una de las más habituales es partir el pan de muerto en familia y acompañado de un rico chocolate caliente. Hoy te dejamos diferentes versiones de este rico pan azucarado para que escojas tu preferida. Tradicional pan de muerto Esponjoso, azucarado y con una corteza doradita, este es el pan de muerto que conoces y amas. La receta tarda un par de horas en completarse pues toma su tiempo y cariño lograr esa textura del pan de muerte que quieres darle a tu familia, pero lo bueno es que lo puedes hacer con anticipación y simplemente sacarlo el 2 de noviembre. Recuerda que esta receta también aplica para otro tipo de pan dulce para el resto del año.   Pan de muerto de naranja Si te gusta la receta tradicional pero estás buscando cambiar las cosas un poco este año entonces te recomendamos mucho esta nueva preparación. Es muy diferente a las que has visto por ahí pues lleva un betún de queso crema e incluso se decora con calaveritas de azúcar. Puede que no sea la manera tradicional, pero te aseguramos que voltearás cabezas con este pan de muerto tan diferente. Pan de muerto de yema Esta es una versión más rústica del pan de muerto. Incluso podría hasta parecer pan de pueblo para el desayuno pues no tiene tanta azúcar y su apariencia es mucho más crocante y bronceada. Para un postre de 2 de noviembre un poco más sano y no tan dulce esta es una alternativa que te recomendamos mucho e incluso la puedes decorar con pequeños dibujos como te muestra la receta. Pan de muerto oaxaqueño El pan de muerto oaxaqueño, así como el de yema es más rústico, de hecho hasta se deja de espolvorear con azúcar para cambiarla por ajonjolí, lo de que le da otro sabor muy diferente. Aunque sigue siendo un pan dulce tiene un sabor un poco más salado y es más complejo cuando lo mezclas con chocolate caliente o un delicioso café de olla que le va muy  bien. Pan de muertos Y terminamos con otra receta típica, el clásico pan azucarado que tanto nos gusta. Esta receta se diferencia de la primera que te ofrecimos porque es bastante más compleja, usa casi el doble de ingredientes y tarda casi tres horas en estar listo. Si aquella receta fue más “express”, digamos que este es un pan más complejo y trabajoso, pero si tienes el tiempo, el resultado es completamente delicioso, un pan digno de tu familia tan esponjoso por dentro que no te lo creerás.  
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Los beneficios de la avena y la miel no sólo se pueden aprovechar en recetas de cocina, pues estos dos ingredientes que seguramente tienes en la alacena también tienen propiedades que ayudan a la piel de tu rostro.Mientras que la avena tiene propiedades exfoliantes y saponinas para limpiar la piel, la miel la hidrata, abre los poros de forma natural, balancea el pH y ayuda a lograr un brillo mientras combate el acné y nutre la piel envejecida. Así que además de que no tiene químicos, los beneficios de la avena y la miel en la cara son muchos y para que los pongas ya en práctica, esta mascarilla de avena y miel es muy sencilla de hacer y necesitarás:3 cucharadas de avena3 cucharaditas de mielColoca los ingredientes en un tazón y mezcla hasta que se integren bien. Entonces aplica la mezcla sobre tu rostro limpio con movimientos circulares suaves y deja actuar unos minutos hasta que se seque. Finalmente, sólo limpia la mascarilla con agua fría.Puedes usar esta mascarilla una o dos veces a la semana, antes de dormir y complementarla con tu astringente para tener mejores resultados si tienes acné. Si consigues miel cruda u orgánica, mucho mejor, pues esta miel te ayudará a equilibrar las bacterias de la piel, lo que la convierte en un excelente producto para el acné, pues acelera los procesos de curación de las células de la piel, así que será un gran aliado si tienes imperfecciones o un brote de eczema, y te ayudará a curar y reducir la inflamación. Por su parte, la avena se ha usado para el cuidado de la piel desde la antigüedad romana y en la actualidad se utilizan formulaciones especiales de avena en una variedad de productos para el cuidado de la piel, desde lociones hasta jabones de baño, así que no hay duda de sus beneficios, gracias a sus propiedades antiinflamatorias y que retienen la humedad. Prueba esta mascarilla o también puedes hacer una mezcla de arroz y avena para iluminar tu rostro, y cuéntanos cómo te funcionaron.
Una alimentación adecuada a tus necesidades te dará como resultado un cuerpo sano y eso significa que tu piel también se verá beneficiada, en especial si incluyes alimentos ricos en ácidos grasos Omega-3, grasas saludables o nutrientes que aporten vitaminas.Como una buena y sorpresiva noticia, al investigar sobre los alimentos que promueven la salud de la piel encontramos varios elementos deliciosos que seguro no te costará incluir en tus comidas, como el aguacate o el chocolate amargo.Sin más, aquí te contamos qué alimentos benefician tu piel y qué propiedades tienen.Pescado azulEl pescado azul, también conocido como pescado graso, como el salmón o las sardinas son alimentos excelentes para una piel sana, pues son fuentes ricas en ácidos grasos omega-3, necesarios para ayudar a mantenerla gruesa, flexible e hidratada. De hecho, una deficiencia de ácidos grasos omega-3 puede causar piel seca.Además, el pescado graso también es una fuente de vitamina E, uno de los antioxidantes más importantes para la piel, los cuales ayudan a proteger la piel contra el daño de los radicales libres y la inflamación. Por otra parte, son una fuente de proteína de alta calidad, necesaria para mantener la fuerza y la integridad de la piel.AguacateLos aguacates son ricos en grasas saludables, importantes para ayudar a mantener la piel flexible e hidratada. Aunado a esto, un estudio encontró que los aguacates contienen compuestos que pueden ayudar a proteger la piel del daño solar, y así aminorar los signos de envejecimiento.Semillas de girasolEn general, las nueces y las semillas son buenas fuentes de nutrientes que estimulan la piel, pero en especial las semillas de girasol son un gran ejemplo, pues 28 gramos de semillas de girasol contienen 49% del valor diario para la vitamina E, 41% del selenio, 14% del zinc y 5.5 gramos de proteína.Pimiento morrón rojo o amarilloLos pimientos morrones son una excelente fuente de betacaroteno, el cual el cuerpo convierte en vitamina A.También son una de las mejores fuentes de vitamina C, necesaria para crear la proteína colágeno, que mantiene la piel firme y fuerte.BrócoliEl brócoli contiene luteína, un carotenoide que actúa como el betacaroteno y ayuda a proteger la piel del daño oxidativo, que puede hacer que la piel se seque y se arrugue.Pero los ramilletes de brócoli también contienen un compuesto especial llamado sulforafano, que cuenta con algunos beneficios potenciales impresionantes, pues es un poderoso agente protector contra el daño solar. Funciona de dos maneras: neutralizando los radicales libres dañinos y activando otros sistemas de protección en su cuerpo.Chocolate amargoSi necesitabas una razón más para comer chocolate, aquí está: los efectos del cacao en la piel son increíbles. Después de 6 a 12 semanas de consumir cacao en polvo con alto contenido de antioxidantes todos los días, los participantes de un estudio experimentaron una piel más gruesa e hidratada, además de menos áspera y escamosa, menos sensible a las quemaduras solares y tenía un mejor flujo sanguíneo, lo que aporta más nutrientes a la piel.Pero es importante que te asegures de elegir chocolate amargo con al menos 70% de cacao para maximizar los beneficios y mantener el azúcar agregado al mínimo.
Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
Yo ya perdí la cuenta de las veces en que una galleta –de chispas de chocolate, de avena, de lo que sea– me ha devuelto la esperanza. En un año como este la comida ha sido combustible para el cuerpo tanto como para las emociones. O si no pregúntense, ¿cuántas veces un panecito remojado en café, un caldito de verduras o el guiso burbujeante de una olla les ha salvado el día? La necesidad de ponerse los platillos de cobija seguramente no nos pasará desapercibida este otoño. El tema es físico, es mental. Nuestra hibernación animal nos baja la energía y hay que contrarrestarlo con carbohidratos y pociones calientitas que nos templen el corazón cuando el frío de afuera –el de verdad, el de la metáfora– se cuela entre la rendija. Lo casero se convierte en la moneda de cambio. Una, por economía; otra, por necesidad.Si en otros otoños los potajes densos curaban al alma, ahora serán la medicina cuántica. Eso sí, que tengan mucho verde, que sus fitonutrientes hagan su trabajo al mismo tiempo que conforten. Con mucho ánimo hay que prender las hornillas y gozar con los ingredientes de temporada que les van bien a los procesos del cuerpo. Una de mis opciones favoritas es abrirme paso ante una calabaza de Castilla, rica en vitamina A y ácidos grasos, y con unas cuantas cucharadas de mantequilla, miel, sal y pimienta hacerla el puré más terso o el complemento de una ensalada. Si su familia, como la mía, disfruta de los platos de cuchara, hay que preparar con calma un molito de olla y convertirlo en una suerte de mantra comestible que renueve las fuerzas. Ya saben, ¡a darle que es mole de olla! El otoño también es pretexto para reusar esa cacerola refundida en la alacena y dejarle caer unos higos, vino y azúcar para caramelizar. Al final ponerlo todo en una rebanada de pan con queso mientras leemos algo que nos nutra el intelecto o nos haga viajar sin despegarnos de la sala.La época nos invita a prender el horno cuando se pueda. Hay que aprovechar las manzanas más dulces del año, agregarles vainilla, azúcar, mantequilla, pan molido y envolver todo en unas hojas de hojaldre. El premio serán los olores, el crunch que suena menos, pero sabe mejor cuando lo acompaña una bola de helado. Y si se prefiere salado, hay que rosear una coliflor con aceite, aventarle unas avellanas, pistaches o nueces y algunas especias mágicas. Me gusta servirla horneada, directo de la charola, junto a una cucharada de jocoque batido con limón o una cucharada de yogurt con curry.A las noches otoñales les van bien las tartas, sobre todo esas que van retacadas con verduras salteadas y todo tipo de quesos. Su milagro es rendir para todos sin importar lo hambrientos que estén. La otra es que en cada rebanada cabe el mundo. ¿Queso Chihuahua? ¿Pimientos? ¿Carnes frías? Lo que tengas en el refri servirá. Si nunca has preparado tartas de otoño no hay mejor momento que este: es la oda a la comida confortable. Te dejo una guía iniciática para que puedas prepararlas fácilmente. Las cuatro recetas las preparó el equipo de Kiwilimón y quedaron geniales. Será difícil elegir, pero ante la duda, prepara una cada fin de semana. Pruébalas con toda atención y disfruta el aquí y el ahora. Eso es el regalo de los buenos bocados: tienen el poder de recordarnos a qué sabe estar vivos, lo placentero que es el cuerpo, lo lindo que es caminar en la Tierra en otoño o cuando sea.Quiche de CerezaQuiche de 4 Quesos MexicanosQuiche de Tocino, Gruyere y EspinacasQuiche de Peras con Queso
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