Platillos típicos para un altar de Día de Muertos
Halloween y Día de Muertos

Platillos típicos para un altar de Día de Muertos

Por Kiwilimón - Noviembre 2018
Cuando vas a una fiesta, ¿qué es más importante: la comida o la decoración? ¡La comida, por supuesto! Entonces, ¿qué haces perdiendo tiempo cortando el papel picado? Si quieres que tu altar de muertos sea un éxito, mejor dedícate a preparar estos ricos platillos. Te aseguramos que vivos y muertos los disfrutarán.

Tamales

Este un platillo que nunca falla. Lúcete con un altar de muertos acompañado de varios tipos de tamales. No te olvides de incluir los favoritos de la persona a quien le dedicas el altar. Tamales rojos  

Café de olla

Acompaña los alimentos con una bebida mexicana muy sabrosa. Aunque la receta tradicional requiere un poquito más de tiempo, aquí te compartimos una versión más sencilla para ahorrarte unos minutos en la cocina. Café de olla práctico  

Pan de muerto

Obviamente ningún altar está completo sin un buen pan de muerto. No te dejes llevar por la practicidad de las versiones que venden en las tiendas y mejor prepara un rico pan de muerto en casa. Con esta receta puedes hacerlo en menos de 2 horas. Pan de muerto fácil  

Arroz con leche

Cuando se trata de preparar un postre sencillo que a todos les guste sin duda la mejor elección es el arroz con leche. Aunque puedes cocinarlo en media hora te sugerimos hacerlo con anticipación, ya que sabe más rico cuando ha reposado. Arroz con leche  

Frijoles charros

Sin duda los frijoles charros son uno de los platillos más típicos de México, por lo que no pueden faltar en un altar de muertos. Agrega un poco de chile jalapeño a la mezcla para darle un toque picosito. Frijoles charros con chorizo  

Flautas

A diferencia de los tacos, cuya tortilla puede ablandarse, las flautas aguantan más tiempo. Sírvelas en el altar de manera sencilla o prepáralas con algo de verdura y un poco de salsa. Flautas de papa con chorizo  

Calabaza en tacha

Junto con el copal y el cempasúchil, el aroma de la calabaza en tacha es uno de los más característicos del Día de Muertos. Prepárala con días de anticipación para que toda tu casa se impregne del delicioso olor de la calabaza y el piloncillo. Dulce de calabaza  

Menudo

Menudo o pancita, como quieras llamarle, es un platillo delicioso y además es ideal para los días frescos alrededor de estas fiestas. Consiente a tus invitados con un plato caliente de esta exquisitez típicamente mexicana. Menudo casero   Todos tenemos tradiciones familiares para el Día de Muertos. Cuéntanos, ¿qué platillos suelen preparar en tu hogar para estas fechas?
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Esta temporada invita a calmar la sed con sabores, texturas y aromas insospechados. Sin duda una gran regla para seguir la frecuencia de las notas primaverales es aprovechar los frutos que esta temporada nos regala tales como frutas, flores, hierbas y bebidas refrescantes como cerveza y espumosos. Aquí te presentamos 3 recetas de cocteles ideales para acompañar esta primavera: Lager pop Mixólogo Luis C. IriarteIngredientes: 30 ml de licor de mandarina 150 ml de refresco de toronja 2 toronjas supremas1 top de cerveza lager Procedimiento: En un vaso cervecero, integra todos los ingredientes y finaliza con la cerveza. Decora con una garnitura de toronja. Tokyo té Mixólogo Luis C. IriarteIngredientes: 15 ml de midori15 ml de vodka 15 ml de ron15 mil de ginebra 15 mil de tequila 15 ml de triple sec30 ml de jugo de limón verde 30 ml de jarabe simple Hielo al gusto Procedimiento: En un shaker vierte todos los ingredientes, agita con hielo y sirve. Ganso rojo Mixólogo Israel DíazIngredientes: 2 frambuesas 2 moras azules 20 ml de jarabe de romero 15 ml de jugo limón amarillo 1 varita de canela 1 varita de romero 45 ml de vodka15 ml de licor de naranja Hielo al gusto1 vara de romero Procedimiento: Con ayuda de un mortero, macera la fruta con el jarabe de romero y el jugo de limón. Sobre un plato, enciende las varitas de canela y de romero. Tapa con una copa alta para ahumarla. Mientras se queman, en un shaker con hielo vierte el vodka, el licor de naranja y la fruta macerada. Realiza un doble colado y sirve en la copa con hielos y una ramita de romero fresca.
La feijoada, que en español tiene una traducción literal de “frijolada”, es uno de los platillos emblemáticos de la gastronomía brasileña, el cual obviamente es un platillo con frijoles, complementado con carne de cerdo generalmente seca.Como muchos otros platillos nacionales del mundo, la feijoada tenía como fin sacarle provecho a los restos de cerdo; en la actualidad, es una comida tan famosa y reconocida, que ya es más bien un platillo gourmet.Su origen viene de Europa, en específico de Portugal, y la fusión de culturas que se produjo. Entre sus primeras apariciones en textos gastronómicos, se puede mencionar el libro de Luís da Câmara Cascudo titulado História da Alimentação no Brasil (Historia de la alimentación en Brasil), donde se habla sobre los orígenes de la feijoada.Así, el origen de la feijoada está también ligado a la esclavitud y se dice que estos esclavos africanos que los portugueses llevaron a Brasil, obligados a servirlos, recogían lo que sobraba de los festines y lo mezclaban con frijoles negros. Esto dio como resultado algo así como la primera versión de la feijoada.Ya que sus ingredientes son pocos, comunes en Brasil y su preparación es sencilla, la feijoada es además un platillo económico, que hoy en día sigue siendo muy consumido por los brasileños, pero para ellos, los días tradicionales para comerlo suelen ser los miércoles y los sábados, pues esos días no faltan en los menús de los restaurantes o en las reuniones familiares.¿Has probado la feijoada? Puedes prepararla en casa con nuestra receta si te ha despertado la curiosidad y contarnos qué tal te pareció o si conoces más de su origen en los comentarios.
En milli no sólo encontrarás una gran variedad de mazapanes de los sabores más increíbles que puedas imaginar y podrás probar café extraído por método de goteo Chemex, sino que además tendrás la oportunidad de ver y conocer más sobre el comercio justo con sus proveedores y vendedores.Milli es un proyecto creado con el fin de compartir un espacio pequeño pero activo en la colonia Roma, pues ahí productores, vendedores y consumidores tienen la oportunidad de conversar y conocer más en torno a productos como el café, el pan artesanal, sus postres, la comida y sus ingredientes. En este rinconcito de la Roma, tu café se convierte en una plática con un productor de miel que cultiva cactáceas en San Luis Potosí, o una panadera artesanal de Ojo de Agua que hace pan balanceado y especial para dietas veganas. En el tema de café ni hablar, en esta temporada del año tienen café de selección tanto de Oaxaca, Veracruz y Chiapas, y si nunca has probado un café extraído por goteo, es el lugar perfecto para hacerlo.El Café oaxaqueño que ofrecen es de la sierra mixe, con un proceso de lavado que lo hace muy distinto a otros, pero lo más interesante es la historia detrás, pues este café es distribuido por el hijo del productor, que estudia para trompetista en la CDMX, y de esta forma solventa sis estudios.En cuanto a los mazapanes, en milli tienen quizá la más grande variedad en la ciudad, todos elaborados con ingredientes de Pluma de Hidalgo, también en Oaxaca, de sabores que no te imaginas, como mazapanes de chapulín, de amaranto, relleno con crema de avellana y un delicioso mazapán 100% cacao (amargo) que combina de manera perfecta con el café.Y si tienes ganas de probar productos artesanales, también puedes encontrar ropa bordada por diversas comunidades de pueblos originarios y productos de cosmética natural elaborados por una emprendedora que está en contra de la crueldad animal y que próximamente estará organizando talleres sobre cómo hacer tus propios ungüentos.
La historia del pan en San Cristóbal de las Casas inicia con las alforjas cargadas de trigo que viajaban, junto a rebaños y otros productos comestibles, con los castellanos que se asentaron en el Valle de Hueyzacatlán. Al asentamiento le siguieron consecuencias. Algunas evidentes, como la hegemonía del trigo en San Cristobal, indisputable hasta el siglo XIX y en relativa competencia con los tuxtlecos, que entraron en la escena en el XVII. Para entonces, las cartas estaban sobre la mesa: San Cristobal tenía ya una vocación panadera, una vocación imborrable, imperecedera.   Aunque de los molinos de la época quedan poco más que recuerdos —y una ruta que se puede hacer por la montañas en bicicleta—, en este destino chiapaneco la identidad sigue ligada al pan: al tradicional y al moderno, al coleto y al europeo. Así, el pan se asoma a la mesa del desayuno, se ofrece como colación a medio día o como cierre de la merienda. El pan está en las casas, en las cafeterías —que tampoco son pocas— y en los restaurantes. Mi primer encuentro con la panadería de la región fue fortuito —poco antes de enterarme que iba a escribir este artículo—. Fue en Sibactel y Aldama, dos de las 60 comunidades que producen café en Chiapas. Fue después de recorrer los cafetales, cerca del medio día. Fue en el patio de secado del beneficio comunitario de Sibactel, con una taza de pozol. Fue en casa del caficultor Pedro Vázquez, donde sus hijas disponen café de olla, horchata y una canasta copada de pan dulce como un gesto de hospitalidad. En esa primera ronda se me quedó impregnada la consistencia firme de los panes —muy distinta a la de los europeos con aire, suaves, esponjosos— y una nota de humo, siempre presente en las cocinas y los hornos de leña que, en este lado del mundo, todavía son comunes.  A mi vuelta al centro de San Cristóbal, y gracias a las recomendaciones de los chefs de Tierra y Cielo, llegué con más intención a la puerta de la panadería Fátima, un local de fachada bicolor —morado con blanco, reconocible a leguas— en la calle Benito Juárez, que tiene más de 30 años en operación.Los anaqueles de Fátima son una librería del amplio repertorio del pan coleto que además de lo ya dicho, es diverso en forma y fondo. Aquí verán montañas trigueñas de panes planos, enroscados o trenzados —mis favoritos—, con cortezas cubiertas de azúcar o ajonjolí, con migajones oscuros o amarillentos, preparados con piloncillo, canela y muchas veces con manteca. Los reconocerán también por su nombre de pila: cazuelejas —quizás las más famosas—, rosquillas, marquesotes, pan de yema o pan de manteca. Los amarán un poquito más porque son una ganga. A riesgo de parecer disco rayado —o la burra al trigo, en una analogía más pertinente—, quiero hacer hincapié en la textura de estos panes: esa que es firme, porosa, a veces arenosa, a veces crujiente. Si me preguntan, esa textura es pretexto, una provocación, un estado ideal que pide a gritos el ahogo de una bebida caliente —café, chocolate, atole, ustedes digan—.  Estudiosos del tema, como Edgar Zulca Báez, atribuyen esta característica a cuestiones más prácticas como la conservación, a que “su estructura compacta garantiza su integridad en el transporte y es resistente a la descomposición”, escribe el académico.Kievf y Marta —que en sus exploraciones panaderas preparan, entre otras cosas, panes de tascalate para el desayuno— me recomendaron complementar la expedición con las panaderías que siguen los pasos de la herencia danesa y francesa. Obediente, me dirigí a los hornos —de lugares como La Casa del Pan, Oh la lá y el Horno Mágico— que complementan, con bollería, croissants, empanadas de hojaldre, chocolatines y mantequilla, la escena panadera. Una historia que, por ahora, es harina de otro costal.
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