Recetas recomendadas para Día de Muertos
Halloween y Día de Muertos

Recetas recomendadas para Día de Muertos

Por Kiwilimón - Octubre 2011
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La comida corrida es un sello distintivo de la gastronomía mexicana gracias a la facilidad y rapidez con que se prepara, además de ser deliciosa y súper económica. Así que si te quieres sentir como en fondita, a continuación te presentamos 3 menús para hacer en casa recetas de comida corrida. El menú clásico de la comida corrida Generalmente en las fonditas de comida corrida, podemos encontrar un menú de 3 tiempos que incluye una entrada como caldo de pollo o sopa aguada, un segundo tiempo como sopa de pasta o arroz y el tercer tiempo que consiste en un plato fuerte lleno de sabor. ¿Qué opinas de este menú clásico de comida corrida? Primer tiempo: Caldo de pollo Segundo tiempo: Arroz rojo a la mexicana Tercer tiempo: Milanesas rellenas de jamón y queso  El menú ejecutivo de la comida corrida Otro tipo de comida corrida muy popular en las fonditas y que también puedes replicar en casa, es el menú ejecutivo, aquél que las personas piden en quincena y tiene platillos un poco más elaborados y abundantes. Primer tiempo: Crema de espinaca con poblano Segundo tiempo: Coditos cremosos con salchicha Tercer tiempo: Sábana de res en salsa verde  El menú consentido de la comida corrida Dentro de los innumerables platillos que podemos encontrar en una fondita de comida corrida, no pueden faltar las lentejas, la ensalada de nopales y un guisado tan rico y rendidor, que no puede faltar en tu cocina. Primer tiempo: Sopa de lentejas con chorizo  Segundo tiempo: Ensalada de nopales tatemados  Tercer tiempo: Albóndigas en salsa de chile pasilla¿Listo para consentir a tu familia con estas deliciosas y rendidoras recetas de comida corrida?
Seguro conoces el árnica como pomada para cuando tienes dolores por golpes, para bajar la inflamación e incluso para tratar moretones, pero esta hierba medicinal también se puede beber en té de árnica y tiene muchos beneficios.El secreto para que el árnica funcione como desinflamatorio es que contiene helenalina, el elemento activo que no sólo le da el efecto antiinflamatorio, sino también antitumoral. ¿Para qué se toma el té de árnica?El árnica es usada sobre todo en tratamientos homeopáticos para desinflamar, aliviar dolores musculares o dolor de garganta. Además de té de árnica, esta hierba se usa para saborizar bebidas, postres lácteos congelados, dulces, productos horneados, gelatinas y pudines, y también se usa en productos cosméticos, como tónicos para el cabello.Existen varios medicamentos homeopáticos de árnica que se comercializan como un tratamiento eficaz para la osteoartritis, la neuralgia posterior al herpes, la neuropatía diabética, el dolor posquirúrgico, la cicatrización de heridas e incluso el cáncer, pero la evidencia científica que respalde su uso en el tratamiento de cualquier afección médica aún es limitada.El té de árnica se debe tomar muy diluido y sólo se deben usar las hojas, pues la flor tiene un nivel de toxicidad mayor. Para preparar té de árnica, calienta una taza de agua y una vez que hierva, añade una pizca de hojas de árnica, si lo deseas, puedes endulzar con miel o mezclar con otras hierbas, como manzanilla.Los químicos activos en el té de árnica pueden reducir la hinchazón, disminuir el dolor y actuar como antibióticos. Sin embargo, no se recomienda su uso con otros medicamentos o productos a base de hierbas que puedan diluir la sangre, como la aspirina, por ejemplo, pues algunos estudios han evidenciado que estos mismos químicos pueden limitar la capacidad de una persona para formar coágulos de sangre.Se dice también que el té de árnica funciona para prevenir el ardor que causa la gastritis y aliviar dolores y síntomas del resfriado, pero estos beneficios no están respaldados por suficiente investigación científica.Recuerda que si estás tomando árnica como medicamento homeopático, debes informar a tu doctor para que te oriente sobre su uso.
Aprender a comer es una aventura en la que puede haber callejones sin salida. Como parte de una política pública, los gobiernos son los principales interesados en que lo hagamos cada vez mejor. Así es como surge el plato del bien comer, una estrategia que educa a la población de forma sencilla a alcanzar una dieta correcta. A pesar de que tiene más de diez años de su lanzamiento, el tema sigue siendo tendencia. La pregunta actual es ¿realmente sirve? ¿Es igual para los niños? Como no me quise quedar con la duda, le pregunté a dos nutriólogas.El plato del bien comer surgió como parte de la Norma Oficial Mexicana (NOM) para guiar a la población a alimentarse saludablemente a través de una herramienta gráfica que mostrara cómo se debe verse nuestra comida al llegar frente a nosotros. El punto es respetar las cantidades en cada grupo de alimentos, según lo que nos cuenta Mayte Martín del Campo, nutrióloga experta en fitness y deporte.El plato está dividido en tres secciones: una porción de tres a uno de frutas y verduras; otra tercera parte de proteínas integradas por leguminosas y productos de origen animal y, finalmente, cereales o carbohidratos. Para Mayte Martín del Campo, “la idea es respetar las proporciones en la alimentación de todo un día”. Pero si esto nos causa dudas, ella prefiere hablar de porcentajes: una mitad de hidratos de carbono, treinta por ciento de grasa y veinte por ciento de proteína. El plato del bien comer se usa indistintamente para hombres, mujeres y niños por lo que expertos como la nutrióloga Jennifer Asencio, especialista en alimentación de pacientes con enfermedades clínicas, indica usar este parámetro con la población sana, pero puede haber excepciones de acuerdo con el sexo, edad, estatura, tipo de personas y sus requerimientos, sobre todo con personas que padecen enfermedades como diabetes. “Hay que tener cuidado con el consumo de frutas, por ejemplo, en una persona con los triglicéridos altos”. Además, también aconseja velar por la calidad de los cereales y las combinaciones: “Tomar agua de frutas, comer mucho puré de papas y tan sólo un poco de carne no es una dieta saludable”. Ella recomienda tener en mente que en una buena alimentación hay “una buena cantidad de vegetales, suficientes cereales –y de calidad- y poca proteína”. Por su parte Mayte complementa que existen tres aspectos importantes que no están previstos en el plato del bien comer: “El primero es que le falta la recomendación de grasas (buenas), es decir, aceites, y toda la familia de oleaginosas como almendras, ajonjolí, chía, nueces. La segunda es la cantidad de azúcar recomendada para la población, que es de 25 g de azúcar al día, y que generalmente se debe de obtener de frutas. Con 2 porciones al día se cubriría”. En este caso los postres quedarían fuera al ser una suma de carbohidratos, grasas y azúcares. Aunque muchos no lo saben, el tema se complementa con la jarra del buen tomar, una guía que alerta a la población sobre las bebidas. Principalmente aconseja no tomar agua de sabor ni refrescos, y a penas medio vaso de jugo de frutas o leche entera. Esto debido al alto índice de azúcar y calorías en ellos. Bebidas como café, té o bebidas con edulcorantes artificiales están indicados con 0 a 2 vasos por día. Lo que más recomienda es consumir simplemente de 6 a 8 vasos de agua purificada. Aunado al plato del bien comer y a la jarra del buen beber, la nutrióloga Mayte recomienda no saltarse las verduras en cada alimento, cuidar las porciones de origen animal (sólo una quinta parte de tu plato en cada comida) y entender que cada persona es única. Jennifer por su parte dice que para comprender ampliamente cómo alimentar mejor a nuestros hijos y conocer si tienen requerimientos especiales en cuanto a vitaminas y minerales, lo mejor es acercarse a un nutriólogo o un experto en alimentación.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
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