5 beneficios de los Romeritos

Por Kiwilimón - Diciembre 2014

Los romeritos son uno de los ingredientes típicos de la Navidad y son una excelente opción para personas vegetarianas o que llevan control de su nivel de colesterol.

La Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación  (SAGARPA) indica que el Distrito Federal es el principal productor de romeritos con casi 140 toneladas.

De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Rural los romeritos (Rosmarinus sp) cuentan con alto valor nutricional: vitamina B2, hierro, potasio, vitamina C. Por ello en Salud180.com te presentamos 5 cosas que ganas al consumir romeritos no solamente en Navidad, sino en tu día a día.

1. Salud ósea. Contienen calcio. El calcio es un mineral de gran importancia en el cuerpo para formar huesos y dientes sanos, además de participar en la recepción de señales nerviosas.

2. Peso saludable. Contienen fibra. La fibra ayuda a incrementar la sensación de saciedad, combate el estreñimiento y también regula el nivel de azúcar y colesterol en la sangre.

3. Piel y vista sanas. Contienen vitamina A y C. La vitamina A mantiene la piel sana, la vista y también ayuda a mantener el sistema inmunológico. La vitamina C o ácido ascórbico cuenta con propiedades antioxidantes, genera resistencia ante las infecciones y ayuda en la cicatrización.

4. Estructura corporal. Contienen proteína. Las proteínas tienen función estructural en las células, músculos y órganos. Son uno de los 3 macronutrientes esenciales y están conformadas por aminoácidos.

5. Oxigenación. Contiene hierro. El hierro participa en la formación de la hemoglobina contenida en los glóbulos rojos que transporta el oxígeno en la sangre y que permite que se establezca la cadena respiratoria.

De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) aunque la carne puede ser un alimento nutritivo, también existen opciones “vegetales” para preparar platillos que contengan nutrientes esenciales  ¡Disfruta de cuidarte

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Hay tipos de comida ya consagradas y famosas en todo el mundo, como la la italiana, por ejemplo, pero en años recientes, la gastronomía de Perú se ha ganado su lugar, gracias a sus sabores, su variedad y multiculturalidad.De hecho, Perú tiene varios restaurantes muy reconocidos a nivel mundial, como Astrid y Gastón, un lugar tan importante, que no puede hablarse del renacimiento de la gastronomía de este país sin mencionar al chef Gastón Acurio y a su esposa, la chocolatera alemana, Astrid Gutsche.Pero, ¿cómo es que ganó fama y qué la hace tan famosa y particular? A continuación te contamos un poco sobre ello.La variedad que aportan sus regiones geográficasEn Perú, costa, montaña y selva convergen en su gastronomía y cada una de ellas ofrece sus propios platos tradicionales cocinados con ingredientes locales. Así, la ya mundialmente conocida quinoa se encuentra en las zonas montañosas; mientras que en la costa se cultivan limas y uvas, y raíces de yuca y peces como el paiche (el pez más grande del río Amazonas) se encuentran en la selva.Su multiculturalidadLa mezcla de sabores en la cocina peruana refleja la mezcla de culturas que han llegado a Perú durante los últimos 500 años. Desde la cocina prehispánica, con sus platos y métodos de cocción como la pachamanca y el cuy chactado, pasando por la colonización española en el siglo XVI, con su introducción de platos de influencia morisca, hasta los inmigrantes chinos que llegaron en el siglo XIX, la cocina se ha fusionado a la perfección. Otras grandes influencias gastronómicas son las cocinas africana, italiana y japonesa.El mejor piscoEste licor famoso por la bebida pisco sour es un excelente aperitivo para antes del almuerzo o la cena. El pisco se destila en regiones del sur del país como Moquegua, Arequipa, Tacna e Ica, y de hecho, en esta última región hay un pueblo que se llama Pisco. Además, hay varios tipos que se diferencian en aroma y sabor: pisco acholado, italia, mosto verde y quebranta. Su enorme variedad de papasLas papas son tubérculos nativos del Perú y de las 5 mil variedades que existen en el mundo, tan sólo en Perú encontrarás 2 mil 694, en todas las formas, colores y texturas. Los peruanos comen papas con casi todos los demás platos y su devoción por la verdura es tan fuerte que incluso tienen su propio día nacional: el 30 de mayo.Por estas y muchas otras razones más, la gastronomía peruana merece seguir siendo reconocida, pero sobre todo, ¡degustada! Si tienes curiosidad, aquí puedes encontrar recetas de Perú, como el famoso ceviche o su papa a la huancaína.
Cuando era chiquita habitaba en mí una fantasía. No es que me haya surgido de la nada. En el dos había una telenovela, La pícara soñadora, en la que la protagonista vivía dentro de una tienda departamental. Durante años me sobaba la cabeza la idea de pernoctar en un lugar en el que todo oliera a nuevo; un espacio en el que todos mis antojos estuvieran a mi disposición y en el que yo tuviera la posibilidad de estrenar a cada momento.Si por alguna razón mi fantasía se hiciera realidad en la actualidad, en el súper, iría directo al pasillo de verduras, al pasillo donde habita lo fresco y al de vinos. Porque aunque no sea la primera opción que se venga a la mente cuando pensamos en vinos, en ese frío espacio es posible encontrar etiquetas que encarnan lo bueno, lo bonito, lo barato.Ya sea que nos quedemos a vivir en una tienda –guiño, guiño– o simplemente queramos comprar vinos junto a la lista de la despensa, le pregunté a varios expertos cuáles eran sus recomendaciones. Esto fue lo que me dijeron. Para la periodista gastronómica Mariana Camacho, el denominado vinho verde –que en realidad es un vino blanco– de la bodega Casal García es una excelente opción cuando se busca maridar la primavera. Otros de su lista del súper son Flor de Vetus o María 1926, ambos de la uva tempranillo. Para el experto en vinos españoles Raúl Juárez, en su lista del súper no falta Protos, un Terras Gaudas blanco de la región de Rías Baixas, Ochoa Crianza Tempranillo y Marqués de Riscal de la Rioja. La sommelier de Bornos Bodegas y best sommelier del Concurso Nacional de Sommelier Jr de la ASI  2016 - 2019, Astrid Pérez Aguilar, recomienda el Rutini Malbec o la mezcla de cabernet sauvignon y malbec, de la misma bodega. “La verdad le tengo amor al país y a la bodega. Me parece que es una gran relación calidad precio”. En cuanto a espumosos, Astrid afirma que Kirkland Rosé cumple para saciar el antojo de burbujas sin tener que echar la casa por la ventana. De mexicanos, a ella le gusta el Monte Xanic Sauvignon Blanc, pues tiene “mucha elegancia y frescura”. Para el Head Sommelier de Acento Culinaria Pablo Mata, no hay pierde con Teziano Cabernet Sauvignon de la bodega de Valle de Guadalupe, Norte 32. Recomienda también la etiqueta argentina Catena Zapata Malbec High Mountains y, directo de la borgoña, un Bouchard Aîné & Fils Heritage Du Conseiller. “Son tres vinos de diferentes precios que por supuesto me compraría”.Raquel del Castillo, sommelier y editora gastronómica de Menú en el Universal, se inclina por un malbec de corte moderno como el Elsa Bianchi, el rosé de tempranillo de la bodega riojana Cune, o el Fonte Vinho Verde de Portugal. “Es de esos vinos ricos para platicar y pasar una tarde en el jardín. En nariz es frutal, con manzana verde, de cítricos recién cortados y mineralidad. En boca es de paso ligero y muy fresco. Le va bien a un ceviche, tataki de atún y pollo asado con sal y pimienta”.A mí personalmente me gusta Laus Chardonnay de la región del Somontano porque es súper fácil de beber, sobre todo si hay música de terraza, o bien, Flores de Callejo de Ribera del Duero si hay una tablita de carnes frías al centro. De mexicanos, el nebbiolo de L.A Cetto es garantía sin pretensiones para armonizar un plato de pasta bañada en salsa pomodoro.Expertos, novatos y aficionados, todos encontramos en el supermercado vinos con las tres B y que no estorban en el carrito, junto al kilo de jitomate saladet.¿Cuáles son los tuyos?
La historia del pan en San Cristóbal de las Casas inicia con las alforjas cargadas de trigo que viajaban, junto a rebaños y otros productos comestibles, con los castellanos que se asentaron en el Valle de Hueyzacatlán. Al asentamiento le siguieron consecuencias. Algunas evidentes, como la hegemonía del trigo en San Cristobal, indisputable hasta el siglo XIX y en relativa competencia con los tuxtlecos, que entraron en la escena en el XVII. Para entonces, las cartas estaban sobre la mesa: San Cristobal tenía ya una vocación panadera, una vocación imborrable, imperecedera.   Aunque de los molinos de la época quedan poco más que recuerdos —y una ruta que se puede hacer por la montañas en bicicleta—, en este destino chiapaneco la identidad sigue ligada al pan: al tradicional y al moderno, al coleto y al europeo. Así, el pan se asoma a la mesa del desayuno, se ofrece como colación a medio día o como cierre de la merienda. El pan está en las casas, en las cafeterías —que tampoco son pocas— y en los restaurantes. Mi primer encuentro con la panadería de la región fue fortuito —poco antes de enterarme que iba a escribir este artículo—. Fue en Sibactel y Aldama, dos de las 60 comunidades que producen café en Chiapas. Fue después de recorrer los cafetales, cerca del medio día. Fue en el patio de secado del beneficio comunitario de Sibactel, con una taza de pozol. Fue en casa del caficultor Pedro Vázquez, donde sus hijas disponen café de olla, horchata y una canasta copada de pan dulce como un gesto de hospitalidad. En esa primera ronda se me quedó impregnada la consistencia firme de los panes —muy distinta a la de los europeos con aire, suaves, esponjosos— y una nota de humo, siempre presente en las cocinas y los hornos de leña que, en este lado del mundo, todavía son comunes.  A mi vuelta al centro de San Cristóbal, y gracias a las recomendaciones de los chefs de Tierra y Cielo, llegué con más intención a la puerta de la panadería Fátima, un local de fachada bicolor —morado con blanco, reconocible a leguas— en la calle Benito Juárez, que tiene más de 30 años en operación.Los anaqueles de Fátima son una librería del amplio repertorio del pan coleto que además de lo ya dicho, es diverso en forma y fondo. Aquí verán montañas trigueñas de panes planos, enroscados o trenzados —mis favoritos—, con cortezas cubiertas de azúcar o ajonjolí, con migajones oscuros o amarillentos, preparados con piloncillo, canela y muchas veces con manteca. Los reconocerán también por su nombre de pila: cazuelejas —quizás las más famosas—, rosquillas, marquesotes, pan de yema o pan de manteca. Los amarán un poquito más porque son una ganga. A riesgo de parecer disco rayado —o la burra al trigo, en una analogía más pertinente—, quiero hacer hincapié en la textura de estos panes: esa que es firme, porosa, a veces arenosa, a veces crujiente. Si me preguntan, esa textura es pretexto, una provocación, un estado ideal que pide a gritos el ahogo de una bebida caliente —café, chocolate, atole, ustedes digan—.  Estudiosos del tema, como Edgar Zulca Báez, atribuyen esta característica a cuestiones más prácticas como la conservación, a que “su estructura compacta garantiza su integridad en el transporte y es resistente a la descomposición”, escribe el académico.Kievf y Marta —que en sus exploraciones panaderas preparan, entre otras cosas, panes de tascalate para el desayuno— me recomendaron complementar la expedición con las panaderías que siguen los pasos de la herencia danesa y francesa. Obediente, me dirigí a los hornos —de lugares como La Casa del Pan, Oh la lá y el Horno Mágico— que complementan, con bollería, croissants, empanadas de hojaldre, chocolatines y mantequilla, la escena panadera. Una historia que, por ahora, es harina de otro costal.
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