Como hacer el pavo más jugoso

Por Kiwilimón - Noviembre 2012
Uno de los protagonistas de la cena de navidad de muchas familias es el tradicional pavo navideño. Como hacer el pavo más jugoso es muy fácil siguiendo los consejos que les presentamos a continuación. El cocinar pavo es una tarea que no debe ser complicada, de hecho hay muchos trucos y tips que nos pueden ayudar a que quede delicioso y sea recordado hasta la siguiente navidad. Existen también muchas formas de cocinar el pavo, puede ser frito, horneado, con relleno dulce, relleno salado, glaseado, etc. lo importante no será como lo cocinemos, si no que toda la familia pueda disfrutarlo alrededor de una mesa.   Para que el pavo nos pueda quedar más jugoso estos son los tips:
  • 1. El pavo debe estar completamente descongelado y a temperatura ambiente
  • 2. Debe descongelarse dentro del refrigerador, dependiendo del peso del pavo puede tardar de 3 a 4 días
  • 3. Como la carne del pavo no tiene mucha grasa es recomendable ponerle mantequilla con sal debajo de la piel
  • 4. Para saber el tamaño del pavo a comprar, debes estimar aproximadamente 700 gramos por invitado
  • 5. No se debe cortar el pavo recién salido del horno, esto puede causar que se salga todo su jugo, lo mejor es esperar de 15 a 30 minutos.
Panini Pavo Recetas Para que puedan poner en práctica estos tips que acabamos de ofrecerles, les dejamos algunas recetas de pavo en distintas versiones, esperando que la que escojan, les quede deliciosa.   Recetas (Es importante que hagas click en el título de la receta para ver más detalles de preparación de la misma)   Sándwich de Pavo y Arándano. Este rico sándwich es ideal para disfrutar un recalentado de pavo. El sándwich lleva pavo al horno, y jalea de arándano. Panini de Recalentado de Pavo. Esta receta de panini de pavo con mayonesa de pesto es muy buena para utilizar el recalentado de pavo. Puedes agregarle jitomates deshidratados y queda muy bueno. Pechuga de Pavo con Relleno de Higos y Arándanos. Esta pechuga de pavo es una alternativa muy rica a cocinar un pavo completo. El relleno de chorizo con higos y arándanos combina perfecto. Pavo a los 3 Vinos. Delicioso pavo bañado en salsa 3 vinos. Pavo de Navidad Jugoso. Para que el pavo quede realmente jugoso, hay que dejarlo remojar idealmente 24 horas antes de hornearlo para que absorba la sal. Pasta Alfredo con Pavo. Esta receta es ideal para utilizar el recalentado de pavo. La pasta lleva una salsa cremosa con queso parmesano, perejil picado y chícharos. Hamburguesas de Pavo. Una alternativa a la hamburguesa de carne de res, esta hamburguesa está hecha con carne de pavo molida.  

Si quieres conocer más recetas con otras opciones del pavo, da click aquí

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Pensar en comer más vegetales es en realidad una tarea titánica, pues la variedad es tan amplia, que se expande hasta el jardín submarino. Sí, existen algas comestibles ricas en vitamina A, C y del grupo B, además de que algunas incluso aportan proteína y grandes dosis de minerales.Si comer algas marinas te parece lo más extraño, lo más probable es que ya las hayas probado al menos en el sushi o en una sopa miso, por ejemplo, pues sin duda son los japoneses quienes han sacado provecho a los vegetales acuáticos, pero estas algas están por todos lados, desde Asia, pasando por Europa, hasta Sudamérica.En Perú, el yuyo suele comerse fresco y acompañar al ceviche y al chilcano. De hecho, han sido consumidas desde la época prehispánica, pues hay registros del consumo de esta alga en regiones de Caral y el valle de Moche.Se trata de un alga roja que habita las costas frías de este país. Esta alga tiene un alto valor nutricional, además de que es económica y pueden ser comidas hervidas, deshidratadas o frescas, como ya mencionamos.Gracias a sus propiedades, el yuyo es en especial bueno para los niños y las mujeres embarazadas, pues su contenido de ácidos grasos esenciales, es decir, omega-3 y omega-6, es mayor que el de las plantas terrestres.También posee un alto contenido de fibra y es fuente de vitaminas A, C, D, E y algunas del grupo B, así como minerales, entre los cuales podemos mencionar sodio, calcio, potasio, cloro, fósforo, yodo, hierro, zinc, y son fuente principal de yodo.En Perú se consiguen sin problemas en el mercado, pero en otros países también existen, como cochayuyo en Chile. ¿Conocías estas algas? ¿Qué otras algas se comen en tu país?Con información de Voz Populi y Andina
El martes México perdió algo: un fogón irreemplazable se nos apagó para siempre. Yuri de Gortari, uno de los grandes investigadores y divulgadores de la gastronomía mexicana, dejó el plano terrenal. Algunos tuvieron la fortuna de llamarlo maestro. Yo no la tuve. Cada año pensaba que ahora sí tomaría el Diplomado de Cultura y Gastronomía Mexicanas y no sucedió. De él me queda al menos el recuerdo de su voz pausada y sus comentarios agudos cuando pude entrevistarlo. Yuri de Gortari fue un letradísimo personaje de la cultura mexicana que desenvainó la espada por la cocina que a muchos avergonzaba antes de la declaratoria de la UNESCO y del boom mediático: antes de los World’s 50 Best Restaurants, de los Enrique Olvera, de los Jorge Vallejo. A él le tocó confrontar a personajes que llamaron ‘poca cosa’ a la cocina mexicana y a quienes se referían a un taco como un gesto culinario vulgar. A Yuri le apasionaron las minucias del paso a paso, los ingredientes endémicos, las personalidades que resguardaban el saber culinario, las recetas que se transmiten como ADN sagrado. Bajo el grito de guerra #hagamospaís, él y su pareja Edmundo Escamilla, reclutaron en sus filas a alumnos, amas de casa y cocineros que como ellos tuvieron la convicción de salvar la cocina mexicana del desuso, del ‘mexican curious’. En la institución que fundaron, la Escuela de Gastronomía Mexicana (ESGAMEX), enseñaron sobre aquello a lo que había que ponerle una lupa grande en la cocina nacional: desmenuzaron sus técnicas, sus regiones y preparaciones, sus periodos históricos. Claudio Poblete, periodista, director y fundador de Culinaria Mexicana, apunta que “Yuri y Edmundo, al fundar ESGAMEX, pusieron la primera piedra en los planes de estudios formales de la cocina mexicana”. ¿Qué más trascendente que eso? Claudio comenta además que la mejor forma preservar su legado sería que, “se instituya la cátedra Yuri de Gortari en todas las universidades gastronómicas de México y que haya por lo menos un año de clases de cocina mexicana con su método de enseñanza”. Hay quienes el martes perdieron una fuente de sabores entrañables. Su amigo Alejandro Cabral afirma que de la mano de Yuri no sólo probó la mejor cochinita de su vida, sino que tuvo un instante de revelación: “Hizo las tortillas y luego les puso un poco de manteca. Las tortillas estaban apiladas para mantener su calor y así la manteca iba derritiéndose. Las comí con frijoles refritos –unos que hacía en manteca hasta que se iban secando–. El sabor de los frijoles combinados con el maíz y la manteca me hicieron llorar”. La gente que conoció a Yuri afirma que nadie defendía la cocina mexicana de las muletillas y las modas pasajeras como él. Hablan de su coherencia en la forma de mirar, decir y hacer cocina, siempre en función de preservar las tradiciones. Sus ideas firmes le significaron partidarios y detractores. “Yuri y Edmundo eran fieles a sus principios y no comprometían su visión de la cocina nacional ante ninguna visión comercial”, comenta Claudio Poblete.Desde el martes, los que tomaron clases con él y los que no recordaremos a Yuri por sus programas interesantísimos en el Canal Once, por su saber en libros como El maíz de boca en boca, Recuerdos de chocolate y Guisos y golosos del barroco, por ser el gran estudioso de la gastronomía mexicana y por dignificar lo nuestro. Lo recordaremos porque cuando éramos libres y salíamos de viaje había alguien que ya sabía que México no sólo vivía de nachos y chimichangas. Divulgadores como él nos hacen llevar con orgullo la camiseta, el mandil y el huipil.Fotos: Bertha Herrera
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
El invierno llega y por fin podemos usar nuestros suéteres más cómodos y calientitos, comer los platillos de temporada y disfrutar de las cenas con amigos y familiares (aunque este año probablemente sean virtuales), pero además de todos estos pros, este cambio de estación trae consigo un ambiente más seco y frío, que hace que nuestra piel y cabello se reseque.Si por fin tienes un poquito de tiempo libre, pero un presupuesto limitado, no te preocupes, porque con esta mascarilla casera para el pelo, tendrás una melena envidiable y tan hidratada como si fuera verano.Mascarilla casera de jojoba y coco para el cabello resecoEl aceite de jojoba se extrae del fruto de una planta abundante y perenne que en climas duros y desérticos, y aun así, también produce una nuez con muchas propiedades curativas. Es esta nuez de la planta de jojoba la cual se puede convertir en aceite.El aceite de jojoba es lo suficientemente suave como para usarlo como aceite portador para mezclarlo con otros aceites esenciales, pero también puedes usarlo solo. Muchas personas usan aceite de jojoba como parte de su rutina de cuidado de la piel, pues existe mucha evidencia que respalda el uso de aceite de jojoba puro como remedio para el acné, la piel seca e innumerables otras afecciones de la piel.Para hacer esta mascarilla necesitarás sólo 1 cucharada de aceite de coco y 1 cucharadita de aceite de jojoba. Simplemente mezcla los aceites en un recipiente apto para microondas, luego calienta durante unos 30 segundos y estará listo para aplicar. Masajea el aceite en las puntas de tu cabello (pues es ahí donde el cabello generalmente está más dañado) y sube hasta las raíces. Puedes aplicar el tratamiento en el cabello seco o húmedo, pero quizá obtendrás mejores resultados al hacerlo en el cabello húmedo, después de secarlo con una toalla. Ponte un gorro de baño para cubrir el pelo y déjalo reposar al menos 30 minutos para permitir que los aceites hagan su magia. Luego lava tu pelo con champú, enjuaga los aceites y acondiciona como de costumbre. Puede usar esta mascarilla casera para el pelo reseco de 1 a 2 veces por semana.
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