El mejor vino para acompañar

Por Kiwilimón - Noviembre 2012
En la actualidad la importancia que tiene el vino en la mesa de cualquier comida ha ido en aumento año con año. El mejor vino del mundo para acompañar es el que a nosotros nos guste porque podemos encontrar todo tipo de vinos, con sabores frutales, a madera, con un toque cítrico, secos, dulces, etc. Es casi imposible enumerar todas las etiquetas que podemos encontrar, pero si podemos hacer una clasificación como el tipo de uva, la edad, el origen, etc. En México podemos encontrar diversidad del vino de mesa, teniendo como origen distintas casas vitivinícolas que en su mayoría se encuentran en el norte del país. El tipo de vino que debemos escoger para acompañar nuestros platillos dependerá de qué es lo que vamos a comer. El maridaje perfecto se da con el equilibrio de sabores entre el vino y el platillo. Para poder entender mejor, haremos una clasificación básica que les ayudará a seleccionar mejor cuál es el mejor vino para acompañar:   Carnes Para las carnes rojas, vino tinto. Una carne roja con una sencilla guarnición es  la oportunidad para abrir cualquiera de los vinos tintos crianza o reserva que hay en el supermercado.   Pollo Esta es una carne neutra que nos permite diferentes tipos de vino. Si lo preparas con tomate, cebolla y plantas aromáticas escoge un vino tinto como tempranillo (que no es muy fuerte). Si lo haces con champiñones, salsa de hongos papas asadas puedes escoger una reserva cabernet sauvignon o merlot. Si decides aderezarlo con cítricos como jugo de limón y hierbas aromáticas será mejor acompañarlo con un vino blanco como Chardonnay.   Pescado El pescado no necesita un vino blanco como antes se creía. Un vino tinto será adecuado si lo servimos con champiñones. También podemos escoger un vino rosado si decidimos encebollarlo con pimientos y tomate. Cuando el pescado es muy graso y condimentado será mejor acompañarlo con un Pinot Noir. Para los mariscos como los pescados blancos será mejor un vino blanco.   Así que después de esto sabemos que el mejor vino para acompañar es el que en nuestra boca tenga el mejor sabor. Aquí les dejamos algunas recetas navideñas con las que podrán escoger maridar algún vino de su elección.   Recetas (Es importante que hagas click en el título de la receta para ver más detalles de preparación de la misma)   Res con Salsa de Vino Tinto. Un buen lomo de res queda espectacular con esta salsa de vino tinto, echallot, mantequilla y perejil. Mejillones en Salsa de Vino. Con delicioso sabor a shallots y vino blanco en un caldito cremoso. Pechugas de Pollo con Vino Marsala. Esta deliciosa receta de Pollo en vino Marsala lleva prosciutto y hongos. Es una garantía, siempre sale buena. Guisado de Carne al Vino Tinto. Este guisado de carne al vino tinto es una buena forma de preparar la carne para que quede muy suavecita, cocida en el horno a temperatura baja por mucho tiempo. La salsa de vino le da un sabor delicioso. Se puede servir con papas. Bacalao. Deliciosa receta de bacalao para disfrutar en Navidad o en cualquier otra ocasión. Romeritos para Navidad. Una rica y tradicional receta mexicana que se acostumbra comer en navidad. Para cocinar los romeritos hay que hervirlos con agua y un poco de sal. Pasta Roja Navideña. Esta Pasta es deliciosa para acompañar todos los platillos navideños. Es un poco dulce pero con todo el sabor de Navidad, puedes hacer la salsa y usar el tipo de pasta que prefieras, spaghetti, fusilli, ravioles, etc. Strufolli. Struffoli es una receta italiana que se acostumbra comer en navidad. Esta masa dulce se frie y se baña en un jarabe de miel delicioso. Jamón Caramelizado. Un jamón glaseado con mermelada de chabacano, un perfecto plato para navidad. Salmón con Costra de Especias. Un rico salmón al horno hecho con una costra de pan, perejil y aceite de oliva.  

Si quieres conocer las mejores recetas con vino que tenemos da click aquí

Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
El estreñimiento es un problema muy común causado por los alimentos que comes o evitas, por el estilo de vida que se lleva, pero a veces también por los medicamentos que se toman o las condiciones médicas que ya se padecen.El estreñimiento puede ser un problema incómodo, pero así como hay muchas causas potenciales de estreñimiento, también hay muchas opciones de tratamiento. Por ejemplo, remedios naturales y caseros pueden ser todo lo que necesitas para tratar el estreñimiento ocasional.Remedios naturales para el estreñimiento ocasionalEstar estreñido o constipado se caracteriza por síntomas como hacer menos de tres deposiciones por semana; heces duras, secas o grumosas; dificultad o dolor al defecar o tener una sensación de que no han pasado todas las heces. Con estos remedios caseros puedes ayudar a que tus intestinos trabajen mejor.Tomar aguaBeber suficientes líquidos y mantenerse hidratado puede ayudar a prevenir y tratar el estreñimiento, pues esto ayudara mover los alimentos a través del sistema digestivo y evitar que las heces se endurezcan.Y no sólo se trata de tomar agua, que es la opción ideal, también puedes aprovechar los beneficios de otras bebidas, como el té verde, el té negro y el café. En general, debes tratar de beber alrededor de nueve tazas de líquido al día si eres mujer y 13 tazas si eres hombre.Tomar café (con cafeína)Para algunas personas, el café puede aumentar la necesidad de ir al baño. Esto se debe a que el café estimula los músculos del sistema digestivo. De hecho, un estudio de 1998 encontró que el café con cafeína puede estimular el intestino de la misma manera que una comida. Además, el café también puede contener pequeñas cantidades de fibras solubles que ayudan a prevenir el estreñimiento al mejorar el equilibrio de las bacterias intestinales.Aceite de cocoComer una cucharada o dos de aceite de coco al día podría ayudar a lubricar los intestinos. A su vez, esto puede ayudar a prevenir el estreñimiento. Consulta con tu médico si este remedio podría funcionarte y si la idea de tragar una cucharada de aceite de coco no te agrada, puedes mezclarlo con el café de la mañana o con vinagre, para un simple aderezo de ensalada.Ciruelas pasa Las ciruelas son un remedio natural bien conocido por la gente, porque son una solución natural y muy accesible. Además de la fibra, las ciruelas pasas contienen sorbitol, un alcohol de azúcar que tiene un efecto laxante. La dosis efectiva puede ser de alrededor de 50 g, o siete ciruelas pasas medianas, dos veces al día.
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
¿Estás listo para pasar tiempo en casa sin aburrirte? Si ya hiciste cada curso digital posible, quizá es momento de que pruebes con algo un poco más intuitivo, pero con una guía excepcional.Cocinar puede ser tu próxima habilidad a desarrollar, para tener un momento recreativo y productivo al mismo tiempo, además de que seguro no te vendrá mal consumir más comida casera hecha por tus propias manos.Ya que cocinar se trata sobre todo de seguir pasos, necesitas practicar lo más que puedas en estos procesos y ninguna herramienta será mejor que una app de cocina para ser tu guía en cualquier platillo que quieras preparar: desde un panqué de plátano, hasta una lasaña boloñesa.Para esta tarea de acompañarte en cada paso de volverte una cocinera o cocinero normal a uno pro, la app de Kiwilimón se pinta sola, pues con ella no sólo puedes seguir con el video tu receta, sino que además puedes planear tus menús, hacer la lista del súper, o guardar esa receta para prepararla el fin de semana.Lo mejor de la versión premium de KiwiPro es que puedes navegar entre recetas y pasos sin tener que tocar la pantalla, así que adiós al miedo de arruinar tu teléfono con comida al estar cocinando.Otro beneficio de descargar KiwiPro es que si eres dueño de un equipo Huawei, automáticamente tienes oportunidad de ganar premios gracias a su dinámica Lucky Draw, disponible sólo en su tienda de apps App Gallery.Por ejemplo, podrías ganarte 3 meses gratis de KiwiPro para cocinar como un chef profesional, además descuentos en otras apps, accesorios o dispositivos de la marca y esto sólo con descargar la versión premium de nuestra app.Para participar sólo entra a tu App Gallery, descarga nuestra app y en automático estás dentro de la dinámica Lucky Draw para ganar con Huawei.
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD