Ideas para no gastar en regalos de Navidad
Navidad

Ideas para no gastar en regalos de Navidad

Por Kiwilimón - Diciembre 2016
Si bien es cierto que la Navidad se trata de dar y no recibir, tampoco es el plan gastarte todo tu dinero en regalos. Por supuesto, todos tenemos ganas de sacarle una sonrisa a nuestros seres queridos dándoles algo que les guste, pero esto no tiene por qué representar un gasto.

Hoy te damos ideas de regalos de Navidad que no sólo te ayudarán a ahorrar, sino también a quedar muy, muy bien.

Postres navideños

Esta época del año viene con sus particulares platillos dulces. En esta guía DIY te presentamos las recetas para preparar cupcakes con frosting, galletas de merengue, buñuelos, panqué de naranja y trufas de chocolate. Cualquiera de estas especialidades dulces es ideal para regalar en Navidad.

Cómo hacer un portarretrato navideño

Sin duda uno de los mejores regalos es un buen recuerdo, y qué mejor forma de recordar alguna época bonita que una fotografía. Con esta guía sabrás cómo hacer un portarretrato en formato bola de nieve para que tu regalo sea 100% navideño.

Cómo hacer una tarjeta para Navidad

Un regalo que siempre toca el alma es decirle a esa persona que quieres tanto cuánto vale para ti. Una carta es un regalo de toda la vida que no pasa de moda pues es una manera tierna y clásica de decir lo que uno siente. En este formato navideño queda aún mejor con la época.

Cómo hacer una maceta de muñeco de nieve

Tú puedes llenarla de dulces o flores, como gustes, pero lo importante es que el recipiente se puede usar cada Navidad como un adorno muy útil. De materiales sólo necesitas una maceta, pintura y un lápiz. Es súper fácil de hacer y el resultado es espectacular.

Cómo hacer un farol navideño

Un regalo original que aunque no se ve todos los días, puede perfecto funcionar como un adorno todo el año con tanto sólo cambiarle la decoración. Además se puede usar en noche buena para agregarle un toque rústico y hogareño a la casa.
Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
Este líquido, producido por la fermentación acética de un líquido alcohólico, es uno de los más populares en las cocinas. El vinagre se utiliza para aliñar verduras, para hacer escabeches, marinados, adobos y encurtidos. En México se utilizan, principalmente, vinagres suaves que no alcanzan un alto porcentaje de acidez. Los más populares son los elaborados con sidra, manzana, cerveza de malta y otras frutas. Incluso existen vinagres de pulque, que se obtiene por la fermentación del pulque y el tequesquite, calentado y fermentado durante varios días. Sin embargo, el vinagre no sólo se usa para cocinar. Una de las cosas más maravillosas del vinagre es que es el mejor aliado para la limpieza de tu cocina. A continuación te recomendamos algunas maneras de utilizarlo para que te olvides de las manchas y la suciedad para siempre: 1. Adiós a los malos oloresElimina los malos olores de tus tuppers y otros recipientes de plástico, agregándoles un poco de vinagre y calentándolos por un par de minutos. ¡Quedarán como nuevos!2. Limpia los vegetalesTermina con gran parte de las sustancias tóxicas de tus frutas y vegetales colocándolas en agua con una cucharada de vinagre y otra de bicarbonato. 3. Lavavajillas como nuevaPara tener tu lavavajillas siempre nueva, añade al mes un vaso de vinagre al ciclo de lavado normal y tus filtros se mantendrán perfectos. 4. Esteriliza las esponjas Pon tus esponjas con vinagre y agua al microondas durante cinco minutos y quedarán como nuevas. 5. Limpieza del hornoUtiliza agua caliente con vinagre para una limpieza profunda de tu horno. Sólo rocía el horno con esta mezcla, deja actuar durante 20 minutos y hasta la grasa más adherida se quitará. ¿Tú conoces otras formas de aprovechar el vinagre en la cocina?
¡Estrenamos recetario exclusivo en KiwiPro con Mikel Alonso! Conoce más de la historia de este increíble cocinero. Francés de nacimiento, español de origen, vasco de corazón y mexicano fortuito, Mikel Alonso es uno de los chefs más reconocidos a nivel internacional. Su filosofía se resume en un concepto básico: “Para ser buen cocinero, hay que empezar por ser una buena persona”, que adquirió en su paso por la Escuela de Cocina de Luis Irizar, en San Sebastián, España. Aquí aprendió a querer y respetar el producto, a mimar la técnica para que estuviera a las órdenes del producto y a honrar y proteger el oficio de ser cocinero. Esta filosofía lo ha acompañado en cada proyecto gastronómico que ha desarrollado como el restaurante Biko, considerado de los mejores restaurantes del mundo por la lista británica The S.Pellegrino World's 50 Best Restaurants; el restaurante Lur, desde el 2017, con un concepto de cocina tradicional vasca; KOMA, de cocina vasco francesa contemporánea, desde el 2018; Tartel Bar y “Cocina de Autor” (galardonado con los 5 diamantes de la AAA), dentro del Hotel Grand Velas All Suites & Spa Resort, de la Riviera Maya, del que es chef asesor. Mikel, además es chef docente de diversas instituciones gastronómicas en México, ha participado en programas gastronómicos en televisión y en un sinfín de cursos, festivales, talleres y cursos en la República Mexicana. Participa activamente en programas de apoyo social, colabora con marcas internacionales y mexicanas como embajador y le ha cocinado a personalidades como presidentes, los reyes de España, Gabriel García Marqués, Joaquín Sabina, entre otros.¡Suscríbete a KiwiPro y explora los secretos gastronómicos de Mikel Alonso, uno de los chef más Pro de México! 
¿Qué es lo que nos une al centro de la mesa? Las memorias familiares, los sabores que conforman nuestra identidad y el placer de compartirla. Cada historia va montada en un plato, que también representa historias individuales, de trabajo, dedicación y compromiso por crear una pieza que contenga todos estos simbolismos y rituales. Hay piezas que nos han acompañado a lo largo de la historia de México como son las vajillas de Anfora. Su fábrica, fundada en 1920, fue la principal proveedora de hoteles y restaurantes desde su fundación. En los años ochenta cuando el país se abrió a las importaciones provenientes de China, Anfora se enfrentó a la competencia que causó la quiebra de ocho de las nueve fábricas de cerámica existentes en el país, pero su calidad y compromiso la hicieron salir adelante para seguir acompañándonos en las mesas de todo México. ¿Recuerdas la vajilla de paisaje chinesco, con pagodas, lagos y montañas? Esa vajilla con la que te llevaron tus enchiladas suizas de Sanborns es de Anfora pero también lo son esas tazas con diseños increíbles de Cielito Querido.Anfora es el centro cerámico más importante de Latinoamérica y sus piezas han atestiguado el amor al centro de la mesa de todo nuestro país. En restaurantes, hoteles y mesas familiares… en las manos de presidentes, reyes y en churrerías, Anfora es la vajilla de todos y para todos. Y como el amor se celebra y busca nuevas formas de expresión, en 2012 se creó Anfora Studio, el área de diseño que aprovecha la experiencia de elaborar la mejor cerámica del país, pero combinada con la creatividad y energía de jóvenes diseñadores mexicanos como Alonso Cartú, Ariel Rojo o Prince Lauder. Desde hace 100 años, Anfora refleja la calidad y el talento mexicano, pero sobre todo la vajilla de nuestro hogar, esa que expresa siempre amor al centro de la mesa. 
¿Otra vez arroz? Las cifras lo confirman: la gramínea salvaje favorita de todos se siembra en treinta y cuatro países; sus campos cubren más del 10% de las tierras fértiles del mundo y de él se alimenta más de la mitad de la población mundial, según la FAO, por arriba del trigo o el maíz. Es rico, es práctico y con un par de ingredientes se convierte en una elegía. Literalmente, todo el mundo come arroz. El pobre, el rico, el pequeño burgués, el asiático, el centroamericano, el africano. En Europa, los españoles le han dedicado algunos de sus mejores platos. En México, hasta canciones. Él es nuestro termómetro para saber si una mujer –y un hombre converso a la igualdad– puede casarse. Se avienta en las bodas a modo de confeti como símbolo de abundancia. Está presente en los altares del mundo para atraer la prosperidad. Su cultivo en Japón forma parte de una tradición ancestral que trasciende los temas culturales: actualmente existe una guerra de precios que favorece al mercado local a través de un alza arancelaria a los importadores. Su cultivo en el sudeste asiático es oficio heredado y un bello espectáculo en sus montañas trazadas en terrazas.De arroces, no hay uno. Está el blanco, el integral, el glutinoso que es corto y dulce, el aromático como el basmati o jazmín, el moteado como el salvaje, que sabe mejor cuando se adiciona con frutos secos, menta y aceite de oliva. Su propia anatomía y su geolocalización culinaria harán más o menos común que se sirva al vapor como el gohan, frito como el yangzhou al estilo cantonés o enriquecido con mantequilla, aceite o caldos como el risotto italiano: caldo, vino blanco, queso parmesano y hongos salteados en mantequilla son el camino al cielo del umami.El arroz pasa lista a todas horas en las mesas del mundo. Al desayuno, en varios países de Asia, especialmente en China, desfila el congee: un amasijo dulce o salado de arroz con más de dos mil años de antigüedad. En México lo infusionamos con azúcar para hacer arrocenas, lo servimos en tazones de cereal inflado con su respectivo chorrito de leche. Los deportistas lo convierten en su snack predilecto pues no contiene gluten: a una galleta de arroz le dan un embarradita de hummus, otra de aguacate, cherries y aceite de olivo. A la hora de la comida, la mejor expresión del arroz se alcanza en su versión caldosa o melosa. Ahí está el que se hace con mariscos, conejo y embutidos al estilo paella valenciana, o el negro, cuyo color y sabor se lo debe a la tintura del calamar. Habría que comerlo en una terraza de la costa catalana para sentir que no hay mejor platillo. Si va caldoso, no hay que perderse el arroz a la tumbada típico de Veracruz que quema la boca como pocos, o con pollo y judías como en la cocina española del levante.En Cuba se mezcla con frijoles para representar unos moros con cristianos; en Perú el tacu-tacu se prepara con la menestra del día anterior, leguminosas como frijoles o lentejas y un sofrito de ají amarillo. En un menú chifa –como le llaman los peruanos a la gastronomía china– no faltará el arroz chaufa, frito con verduras cortadas en brunoise y salteado al wok con huevo para que amalgame. Sabe mejor con soya y con una buena dosis de grasita. En República Dominicana, otro gran productor de nuestro amado cereal, lo preparan con mariscos, con gandules o en un sofrito de verduras y tocino para la Navidad. Cargado en los barcos procedentes de España y Portugal, el arroz desembarcó en el continente. Hoy la gastronomía del Caribe no se entendería sin él. En cada país se le añade especias endémicas y embutidos populares para que tome sabor a platillo local. En Colombia está presente en su plato de desayuno por excelencia, la bandeja paisa; va también en el arroz atollado con pollo, cebolla, papa y pimientos, o con coco para acompañar un pargo frito y patacones. En Corea es un verdadero k-pop el bibimbap, un cuenco de arroz que siempre venden en las tiendas, y sirven con proteínas y vegetales mezcladas con aceite de sésamo y gochujang. En México, a nuestro arroz le damos gentilicios: “a la mexicana”, “poblano”.  El arroz es el plato infaltable de las fonditas. Que lleve huevo estrellado, que lleve plátano frito. Crema, por supuesto. No hay mejor inversión que esos $15 extra al precio del menú.El de Maxweel Food Centre en Singapur es un agasajo: sobre un plato de plástico va una montaña de arroz y encima un pollo pochado con jengibre y hecho en sus jugos. Jugos y más jugos. En bebida alcohólica, no hay que perdérselo. El sake japonés hace gritar a todos ¡kampai! no importa la técnica de preparación y sus muy intrincadas acepciones.Si alguien prefiere lo dulce, el arroz no lo decepcionará. En Japón no hay postre más socorrido que los mochis, un pastelito elaborado de arroz glutinoso que puede ir relleno de una pasta de soya, frijoles rojos o helado. Los nacionales lo hacemos en atole, o con leche y hervido con canela y azúcar. En Kiwilimón lo hemos hecho hasta en tarta con base de galleta. Lo hemos hecho de todas formas porque como con el arroz con leche, nos queremos casar… con él. ¿Crees que nos falta alguno? Por favor, dinos cuál te gustaría.
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD