Las mejores escenas navideñas de películas que te pondrán la piel chinita
Navidad

Las mejores escenas navideñas de películas que te pondrán la piel chinita

Por Kiwilimón - Diciembre 2016
La navidad es una época de momentos mágicos, entre tantas fiestas, reuniones y festejos ocurren recuerdos especiales que duran toda la vida. En el mundo del cine no es diferente. Algunas de las mejores películas decembrinas que existen son amadas por el público por ciertas escenas que se nos han quedado grabadas y que llevamos como referencia a todos lados. Aquí van cinco de las mejores escenas navideñas que te pondrán la piel chinita.

Kevin encuentra a su mama

Película: Mi Pobre Angelito 2 (1990) Cómo olvidar ese tierno momento en el que el desastroso Kevin McCallister vence a los ladrones que buscan venganza y corre a Rockefeller Center en Manhattan para encontrar a su madre.

Visita al doctor

Película: Santa Clausula (1994) Resulta que el personaje de Tim Allen tiene un accidente que resulta en él convirtiéndose en el nuevo Santa Claus. En esta escena clásica se va dando cuenta de que no sólo debe portar el nombre, sino también el cuerpo y el estilo del hombre de rojo.

Declaración de amor

Película: Love actually (2003) Decirle a la esposa de tu mejor amigo que la amas debe ser muy complicado, y más en épocas navideñas. Es por eso que este icónico personaje lo hace de forma sutil, convirtiéndose así en uno de los momentos más románticos del cine navideño.

Aumento de corazón

Película: Cómo el Grinch robó la Navidad Todos conocemos la historia del Grinch, esa criatura gruñona que odia la felicidad y el júbilo, y más en específico, la Navidad. En la escena que escogimos se muestra el pequeño hombre verde sintiendo empatía por primera vez al momento que su corazón crece tres veces.

La casa de campaña

Película: El Descanso Cuando Cameron Díaz cree que lo tiene todo muy claro y supone que el personaje de Jude Law tiene otra pareja, se da cuenta de su error. Resulta que el secreto del caballero es mucho más grande, y no es una, sino dos mujeres las dueñas de su corazón. ¡Para disfrutar de estas películas clásica te recomendamos nuestras mejores recetas de palomitas!
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¿Alguna vez te has puesto a pensar por qué comemos? ¿Cómo es el mecanismo de nuestro cuerpo que nos avisa cuando necesita comer? ¿Conoces la diferencia entre hambre y apetito? Para saber por qué comemos, es importante que tengas claro qué son el hambre y el apetito, dos conceptos diferentes y que muchas veces no sabemos diferenciar, incluso pensamos que son sinónimo y no lo son.El hambre es el instinto de supervivencia que impulsa a alimentarnos cuando el organismo lo requiere. El apetito es la sensación de comer, influenciada por aspectos psicológicos de la persona como el deseo de comer por placer, felicidad, aburrimiento, tristeza, ansiedad.Como todo en nuestro organismo, el apetito va cambiando conforme vamos creciendo y es preciso conocer sus etapas, para así aprender a comer mejor. Primer decenio, de los 0 a los 10 añosEn esta etapa es cuando se experimenta un mayor y rápido crecimiento. Es cuando los niños pueden adquirir los hábitos que, posiblemente, los acompañen toda su vida, es por eso que es muy importante que los pequeños aprendan a distinguir la comida que verdaderamente los nutre, pues lo que aprendan durante los primeros años de su vida determinará qué tan saludable será de adulto. Segundo decenio, de los 10 a los 20 añosYa en la adolescencia, con los cambios fisiológicos viene un aumento de apetito. Durante esta etapa, la relación con la comida suele ser más vulnerable, pues es cuando llega la pubertad, los jóvenes suelen estar más influenciados y son propensos a caer con comida que pueda provocar desnutrición u obesidad. Durante esta edad del apetito, las mujeres son más propensas a padecer deficiencias nutricionales por su biología reproductiva. Tercer decenio, de los 20 a los 30 añosEn la edad adulta joven, se producen cambios importantes que pueden causar un aumento de peso, por ejemplo, la vida universitaria, vivir en pareja o tener hijos; es cuando nos relajamos y no somos tan estrictos en la alimentación. También es la edad en la que podemos caer en excesos. Cuarto decenio, de los 30 a los 40 añosLa vida laboral en la edad adulta trae consigo los efectos del estrés, que según se ha demostrado, ocasiona cambios en el apetito y los hábitos alimentarios en 80% de la población. Esos efectos pueden consistir tanto en despertar un apetito voraz, como en ocasionar una pérdida de este. Quinto decenio, de los 40 a los 50 añosLa Organización Mundial de la Salud destaca que el tabaquismo, la dieta poco saludable, la falta de actividad física y el problema de la bebida son los factores del estilo de vida que más repercuten en la salud y la mortalidad. Es en estos años cuando los adultos deben cambiar su comportamiento en función de las necesidades de salud, pero con frecuencia los síntomas de la enfermedad son invisibles.Sexto decenio, de los 50 a los 60 añosEn este periodo comienza la pérdida progresiva de masa muscular y continúa de manera constante a medida que avanzamos en edad. Este fenómeno se denomina sarcopenia.Mantener una dieta saludable y variada, y practicar actividad física es fundamental para reducir los efectos del envejecimiento.Séptimo decenio, de los 60 a los 70 años y másLa vejez conlleva la falta de apetito y de hambre, lo que da lugar a una pérdida de peso involuntaria y una mayor fragilidad. La disminución del apetito también puede ser consecuencia de una afección concreta, como, por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer.La alimentación es una experiencia social, por lo que factores como la pobreza, la pérdida de la pareja o un familiar, y el hecho de comer sin compañía, afectan la sensación de placer que se obtiene al comer.Otros efectos de la vejez, como las dificultades para tragar, los problemas dentales y la pérdida de gusto y olfato también interfieren en el deseo de comer y en los beneficios que obtenemos de esa práctica.Se dice que lo que no se conoce, no se puede mejorar, así que una vez que conoces las etapas del apetito y cómo van cambiando las situaciones y requerimientos de cada edad, puedes saber cómo llevar una vida más saludable y comer mejor.
Estamos seguros de que las reuniones para partir rosca o comer tamales son el mejor pretexto para aplazar unos días más el propósito de comer más balanceado, pero ya que te vas a dar el gusto, ten cuidado con tu ingesta de grasa, condimentos fuertes, postres con demasiada azúcar y bebidas alcohólicas.Este tipo de alimentos no sólo te harán recuperar las calorías y provocarán que subas de peso, también te pueden ocasionar pesadez y acidez estomacal, así como aumento de colesterol, ya que tu aparato digestivo procesa los alimentos poco saludables con mayor dificultad. El primer paso para evitar estos malestares es controlar la manera y la cantidad de alimentos que consumes, sobre todo los embutidos, frituras, patés, postres, salsas y las bebidas alcohólicas, pero en caso de que se te haya ido la mano, aquí te mostraremos algunas formas para evitar esta pesadez, así como algunos remedios caseros confiables para regular tu aparato digestivo.Cuando te sientes en la mesa, cuida las cantidades que comerás y trata de no repetir las porciones, pues en la noche es cuando tu aparato digestivo trabaja de forma más lenta. Te aconsejamos de que tu primer platillo sea una ensalada o verduras, pues ayudarán a controlar tus deseos de comer; además de que muchas de ellas facilitarán la digestión.De igual forma debes evitar situaciones de estrés, enojo y discusiones durante la cena, pues esto alterará tu sistema digestivo y hará que los ácidos gástricos aceleren su trabajo y comenzarás a sentir acidez.Si ya sientes malestar, puedes prepararte un té, ya sea de manzanilla, anís, semillas de hinojo o de cilantro, infusiones de romero, de boldo de jengibre o de alcachofa. Estas plantas ayudan a desinflamar el estómago y ayudan al hígado a digerir, sobre todo comidas ricas en grasa.Un vaso de agua de limón con jengibre rallado o en polvo aliviará la acidez y pesadez; de igual forma podrás tomar una cucharadita de vinagre de manzana disuelta en agua.Si ingeriste una gran cantidad de proteínas de origen animal como res, pescado, pollo, o cerdo, te recomendamos comer piña, papaya o plátano macho con yogurt, pues contienen enzimas que ayudan a desinflamar la mucosa gástrica, además de actuar como un antiácido natural. En caso de que no tengas a la mano alguna de estas frutas o las hierbas para realizarte un té, puedes partir un limón, agregarle una cucharadita de bicarbonato y esto ayudará a desinflamar. Deberás tener cuidado, ya que este remedio podría ocasionarte acidez.Ojalá que estos consejos sean de ayuda para poder disfrutar de la cena sin remordimientos ni malestares.
La cena de Navidad es toda una experiencia de sabores y olores, los cuales impregnarán tu casa con risas y alegría. El toque mágico y dulce de esta velada sin duda se encuentra al final de la cena y no nos referimos al intercambio, sino al bendito postre, que al igual que los platillos de las fechas, sólemos comer sólo en diciembre.Luego de comer las delicias que se acostumbran en la velada navideña como el pavo, romeritos, bacalao, ensaladas y guarniciones, aunque seguramente no nos quedará un hueco, siempre podemos hacer espacio para una rebanada de pastel, pay o gelatina para poner el toque final de la cena y seguir con el ambiente que se vive dentro de nuestros hogares.Pero entre los postres postres más tradicionales para estas celebraciones, los buñuelos de piloncillo no pueden faltar, acompañados de un buen ponche o atole. Estos buñuelos se preparan con huevo, azúcar, aceite, harina blanca, sal, canela. Ya que la masa está lista, se deberán freír con aceite. Una vez que salgan del caso se espolvorean con azúcar y canela y se bañan con miel de piloncillo.Por otra parte, aunque no es precisamente navideño, el pastel es uno de los postres más comunes y puede ser de diferentes sabores. El que más se acostumbra a comer en Navidad es el tronco navideño, un bizcocho con relleno cremoso y una deliciosa cubierta de chocolate, el cual se decora con cerezas rojas.Para los que prefieran algo más sencillo, la gelatina mosaico (mezcla de fresa, limón, mango) bañanada con una mezcla de leche y leche condensada, con cerezas es infalible. Un postre sencillo, cumplidor y muy rendidor. Esta versión de Gelatina Mosaico de Ponche de Frutas funcionará bien en tu mesa navideña.Si hablamos de postres sencillos, unas fresas con crema se pueden preparar en menos de cinco minutos; sólo necesitas un kilo de fresas, dos tazas de crema, una lata de leche condensada y una cucharada de vainilla. Además de fresas, puedes preparar este platillo dulce con cualquier otra fruta, como uvas o duraznos.Intenta con estas Fresas Navideñas como postre para tu reunión o cena.Un toque lindo y un dulce detalle suelen ser las galletas de mantequilla, las cuales puedes decorar con betún de colores navideños (verde, rojo y dorado) o con alguna figura representativa de la época como Santa Claus, renos, arbolitos, bastoncillos...Lo más importante de una cena es con quién la compartes, aunque también lo es el postre, así que esperamos que estas ideas te hayan inspirado y que puedas hacer tus propias y dulces creaciones.
¿Alguna vez te has puesto a pensar por qué comemos? ¿Cómo es el mecanismo de nuestro cuerpo que nos avisa cuando necesita comer? ¿Conoces la diferencia entre hambre y apetito? Para saber por qué comemos, es importante que tengas claro qué son el hambre y el apetito, dos conceptos diferentes y que muchas veces no sabemos diferenciar, incluso pensamos que son sinónimo y no lo son.El hambre es el instinto de supervivencia que impulsa a alimentarnos cuando el organismo lo requiere. El apetito es la sensación de comer, influenciada por aspectos psicológicos de la persona como el deseo de comer por placer, felicidad, aburrimiento, tristeza, ansiedad.Como todo en nuestro organismo, el apetito va cambiando conforme vamos creciendo y es preciso conocer sus etapas, para así aprender a comer mejor. Primer decenio, de los 0 a los 10 añosEn esta etapa es cuando se experimenta un mayor y rápido crecimiento. Es cuando los niños pueden adquirir los hábitos que, posiblemente, los acompañen toda su vida, es por eso que es muy importante que los pequeños aprendan a distinguir la comida que verdaderamente los nutre, pues lo que aprendan durante los primeros años de su vida determinará qué tan saludable será de adulto. Segundo decenio, de los 10 a los 20 añosYa en la adolescencia, con los cambios fisiológicos viene un aumento de apetito. Durante esta etapa, la relación con la comida suele ser más vulnerable, pues es cuando llega la pubertad, los jóvenes suelen estar más influenciados y son propensos a caer con comida que pueda provocar desnutrición u obesidad. Durante esta edad del apetito, las mujeres son más propensas a padecer deficiencias nutricionales por su biología reproductiva. Tercer decenio, de los 20 a los 30 añosEn la edad adulta joven, se producen cambios importantes que pueden causar un aumento de peso, por ejemplo, la vida universitaria, vivir en pareja o tener hijos; es cuando nos relajamos y no somos tan estrictos en la alimentación. También es la edad en la que podemos caer en excesos. Cuarto decenio, de los 30 a los 40 añosLa vida laboral en la edad adulta trae consigo los efectos del estrés, que según se ha demostrado, ocasiona cambios en el apetito y los hábitos alimentarios en 80% de la población. Esos efectos pueden consistir tanto en despertar un apetito voraz, como en ocasionar una pérdida de este. Quinto decenio, de los 40 a los 50 añosLa Organización Mundial de la Salud destaca que el tabaquismo, la dieta poco saludable, la falta de actividad física y el problema de la bebida son los factores del estilo de vida que más repercuten en la salud y la mortalidad. Es en estos años cuando los adultos deben cambiar su comportamiento en función de las necesidades de salud, pero con frecuencia los síntomas de la enfermedad son invisibles.Sexto decenio, de los 50 a los 60 añosEn este periodo comienza la pérdida progresiva de masa muscular y continúa de manera constante a medida que avanzamos en edad. Este fenómeno se denomina sarcopenia.Mantener una dieta saludable y variada, y practicar actividad física es fundamental para reducir los efectos del envejecimiento.Séptimo decenio, de los 60 a los 70 años y másLa vejez conlleva la falta de apetito y de hambre, lo que da lugar a una pérdida de peso involuntaria y una mayor fragilidad. La disminución del apetito también puede ser consecuencia de una afección concreta, como, por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer.La alimentación es una experiencia social, por lo que factores como la pobreza, la pérdida de la pareja o un familiar, y el hecho de comer sin compañía, afectan la sensación de placer que se obtiene al comer.Otros efectos de la vejez, como las dificultades para tragar, los problemas dentales y la pérdida de gusto y olfato también interfieren en el deseo de comer y en los beneficios que obtenemos de esa práctica.Se dice que lo que no se conoce, no se puede mejorar, así que una vez que conoces las etapas del apetito y cómo van cambiando las situaciones y requerimientos de cada edad, puedes saber cómo llevar una vida más saludable y comer mejor.
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