Las tradiciones de fin de año
Navidad

Las tradiciones de fin de año

Por Kiwilimón - Diciembre 2012
Una de las características más representativas de nuestro país son los festejos de Mexico. Somos una de las culturas que tiene más tradiciones a lo largo del año y en las cuales ponemos el corazón para dar tributo a estas celebraciones. Las tradiciones de fin de año como parte de los festejos de México, son las que nos hace vivir intensamente la despedida del año viejo y la bienvenida el año nuevo, que esta cargado de propósitos y reflexiones. Existen muchas supersticiones y rituales que hemos de seguir en la celebración del año, como:
  • - Comer doce uvas con cada campanada y pedir un deseo
  • - Salir a dar una vuelta con maletas para que tengas más viajes en el año
  • - Usar ropa interior roja para atraer al amor
  • - Usar ropa interior amarilla para atraer el dinero
  • - Colgar un borrego de la abundancia para atraer el dinero
Pero sin duda, una de las tradiciones más arraigadas es el degustar una rica cena, ya sea mandada hacer, rifar el menú entre todos o que una persona prepare la cena completa. Para que no sea pesada la comida, te recomendamos unas ricas ensaladas que pueden acompañar tu cena, tu eliges la mejor opción y la que más te agrade.   Recetas de cocina (les recomendamos hacer click en el título de la receta para ver más detalles de preparación de la misma)   Ensalada de espinacas y fresas. Disfruta de esta deliciosa ensalada refrescante que lleva espinacas, queso de cabra, fresas y nueces. Con una rica vinagreta de limón.

Tártara de salmón y aguacate. Una receta de salmón fresco picado con aguacate y un aderezo de limón. Ensalada de pollo con uvas, apio y nuez. Esta rica ensalada de pollo lleva apio, nuez, y uvas en un aderezo de mayonesa muy bueno. Es ideal para una cena ligera, un lunch para el escuela o hasta un sándwich. Ensalada de pollo en manzanas. Esta rica ensalada de pollo está hecha con pollo hervido, pimiento, cebolla y nuez. El aderezo cremosa lleva limón, mayonesa, yogurt y mostaza. Ensalada de espinaca con salmón a la parrilla. Deliciosa ensalada de espinacas con un aderezo de cítricos, piñones y salmón a la parrilla.

Ensalada de papa con mayonesa y limón. Una rica ensalada de papa, clásica para las fiestas decembrinas. La ensalada tiene mayonesa, limón, cebollín y otras hierbas. Ensalada de espinacas con queso de cabra y tocino. Espinacas con rico sabor de tocino y nuez y un delicioso aderezo acompañado con queso de cabra. Ensalada de tofu con zanahoria. Una ensalada de tofu ligeramente cocido en una cama de lechuga con verduras. Ensalada de elote con frijol y chipotle al grill. Esta rica ensalada de frijoles con elotes, cebolla morada y pimiento rojo a la parrilla es deliciosa. La puedes llevar a un picnic o para un lunch en la oficina.

Si quieres conocer más recetas de ensaladas, haz click aquí

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El precio del gas va cada día en aumento y si eres de los que se preocupan por su economía, entonces esto te interesa. Aprende cómo puedes aligerar tus gastos mensuales con estos consejos sencillos consejos sobre cómo ahorrar gas en la cocina. 1. Limpia tu estufa correctamente Además de ser imprescindible para la higiene y tu salud, limpiar correctamente la estufa te ayudará a asegurarte de que los quemadores estén libres de obstrucciones, especialmente de grasa acumulada y hollín. Cuando estos se tapan, se produce una mala combustión y esto ocasiona un mayor gasto energético de gas, así que asegúrate de limpiar bien los quemadores de tu estufa. 2. Utiliza ollas y sartenes de acero Procura utilizar ollas y sartenes que estén hechos de acero inoxidable, ya que este material es un excelente conductor de calor y te ayudará a usar menos gas al cocinar, a diferencia del barro y el hierro. Recuerda limpiar bien estos utensilios, ya que además de alargar su tiempo de vida, ayudarán a calentar más rápido tu comida. 3. Tapa las ollas No olvides tapar las ollas cuando estés cocinando tus alimentos, pues te ayudará a tener una cocción más rápida, concentrar mejor los sabores y aromas de la preparación, y por supuesto, ahorrarás mayor cantidad de gas. 4. Mantén un buen nivel de temperatura Puedes iniciar la cocción de tus alimentos con fuego alto e irlo bajando conforme avance tu proceso de cocina. De hecho, es recomendable apagar la lumbre cuando tus alimentos estén casi cocinados y así dejar que se terminen de preparar con el calor restante. 5. Prepara los ingredientes antes de cocinar Muchas veces desperdiciamos gas al dejar la estufa prendida mientras esperamos que los alimentos se terminen de descongelar o mientras los lavamos, picamos y pelamos. Olvídate de esa vieja costumbre y mejor haz todos esos pasos primero para que cuando calientes tus ollas y sartenes, sólo sea cosa de cocer, mezclar y sazonar sin perder más tiempo y energías. 6. Cocina en grandes cantidades Otro consejo infalible para ahorrar gas es cocinar en tandas grandes, ya que si preparas los guisados de toda la semana o toda tu comida del día, puedes recalentarla rápidamente sin tener que volver a utilizar tanto gas. 7. Utiliza ollas a presión Piérdele el miedo a la olla de presión y aprovecha todos sus beneficios para cocinar tus alimentos, pues ésta cocina los alimentos mucho más rápido y ahorra hasta un 50% de gas. 8. Regula el uso del horno Cuando utilices el horno de tu estufa, procura abrirlo lo menos posible. Cada vez que se abre el horno aunque sea por unos segundos, se pierde un 20% de calor y esto genera un mayor gasto de gas. ¿Ya aprendiste cómo ahorrar gas en la cocina?
Sería injusto reducir como dieta a lo macrobiótico. Tal como fue concebida, esta filosofía parte de un principio: la conciencia de que lo que nos alimenta puede prolongar la vida, pues según George Ohsawa, el teórico fundador, los alimentos influyen en la salud física, mental, emocional y espiritual.La filosofía macrobiótica camina de la mano con las leyes de vida. “Está basada en lo cero tóxico: tanto en alimentos como en productos de uso personal y del hogar”, apunta Gina Rangel. La médula teórica pasa por reconocer el todo en los alimentos: el ying (energía fría) y el yang (energía caliente) presentes en cada ingrediente. Para lo macrobiótico la armonía se localiza justo al centro de ambas energías. Que no te sorprenda, entonces, que el plato macrobiótico sea campo minado. La base de la alimentación son los cereales, las leguminosas, las frutas y las verduras, pero la lista de restricciones es larga.Para ellos, todo alimento alejado de la constitución de la sangre tardará más tiempo en digerirse. Lo vital es que la proporción alimenticia tenga cinco ying por un yang. De ahí que haya demasiados alimentos que se queden fuera al considerarlos demasiado ying o demasiado yang. Por ejemplo, “están prohibidos los tubérculos, los pimientos, el jitomate, el café, el alcohol, los alimentos procesados y empacados (como cereales, galletas, panes blancos, los refrescos, los productos endulzados, la vainilla, las frutas tropicales como el mango, la piña, la papaya y la sandía, los sazonadores y los picantes”, confirma Gina Rangel.El ying y el yang no sólo está en los ingredientes, sino también en las preparaciones. Por un lado, está la fermentación y maceración que elimina yang, mientras que salar y cocer los alimentos elimina el exceso de ying. Los preceptos generales de esta dieta pasan por comer y beber sólo cuando se tiene hambre, haciéndolo en plena conciencia. Los alimentos deben provenir de un radio lo más próximo posible y deben ser de temporada para asegurar máxima calidad. Asimismo, deben estar mínimamente manipulados y procesados, y deben masticarse lo suficiente para que el proceso de digestión sea afable con el organismo. El pescado y los lácteos se pueden consumir una vez por mes o cuando el cuerpo así lo requiera; el huevo, una vez cada diez días. Se debe moderar el consumo de moras y frutos secos, semillas y nueces, pepino, apio y lechugas. Adicionalmente, “los utensilios que se utilizan para la preparación de alimentos deben estar libres de teflón; deben ser de maderas naturales, de cerámica o de acero inoxidable; eliminar plásticos y sustituirlos por vidrio o acero inoxidable”, complementa Gina.Te preguntarás qué es lo que queda en el plato macrobiótico. Las proporciones van del cincuenta porciento de granos integrales, treinta por ciento de frutas y vegetales y veinte por ciento de leguminosas y algas. Como esta filosofía alimentaria comenzó en Japón, las algas están incluidas. Las algas marinas son un alimento altísimo en vitaminas y minerales, por lo que si estás pensando en llevar una dieta macrobiótica, lo recomendable es no saltártelas. El resultado es una dieta compuesta mayormente por proteína vegetal formulada a través de la interacción de granos y leguminosas. “Es una dieta tan limpia y basada en ingredientes tan naturales que vas a gozar de buena salud. Con ella, dejas las toxinas prácticamente fuera de tu vida. La desventaja de la dieta macrobiótica es que puedes llegar a tener ciertas deficiencias en el cuerpo al no tener casi proteínas de origen animal. Cuida tu índice de masa muscular, el consumo de vitamina B12 y la vitamina D”, concluye Gina.Como en todo, lo recomendable es confiarle tu salud a un experto y comprobar si esta dieta es la óptima para ti. Si te dieron ganas de comenzar con un probadita de la dieta macrobiótica, aquí te incluyo una de mis recetas favoritas.Tortitas de garbanzo y verduras 2 tazas de zanahorias ralladas2 tazas de calabacitas ralladas y escurridas2 tazas de harina de garbanzo2 huevosSal marinaRalladura de limónRalladura de jengibre4 cucharaditas de aceite de aguacateEn un bowl incorpora todos los ingredientes hasta lograr una masa. Forma con ella unas tortitas de unos 8 centímetros y lleva a congelar por al menos 1 hora. Calienta el aceite de aguacate y dora las tortitas por ambos lados. Acompaña con arroz integral y sopa miso.
La gastronomía cubana, al igual que esta pequeña isla del Caribe, es una verdadera fiesta repleta de sabores, colores, aromas y texturas que todos deberían probar. Por eso te invitamos a viajar a ese exótico país a través de lo mejor de su comida. ¡Descubre los platillos más emblemáticos de Cuba! La comida tradicional de Cuba ha sido influenciada por indígenas de África, árabes, chinos, portugueses y hasta españoles. Es por eso que en ella podemos reconocer los sabores de especias como el ajo, el comino, el orégano, el laurel, mezcladas exquisitamente con otros ingredientes como carne, verduras frescas y frutas. Ropa vieja Uno de los platillos más emblemáticos de Cuba es sin duda la ropa vieja, un guisado hecho con carne de res deshebrada en una salsa de tomate que generalmente se acompaña con arroz y otros vegetales al gusto. Moros y cristianos Los tradicionales moros y cristianos hacen referencia a los suculentos frijoles negros acompañados de un arroz blanco bien esponjoso. Algunos cubanos sirven arroz con frijoles separados y otros lo mezclan, ¿a ti cómo se te antojan más? Vaca frita Muy similar a la ropa vieja, la vaca frita es un guisado con carne deshebrada, pero sin tomates. Ésta se prepara con un poco de cebolla, ajo, limón, sal y res. Puede acompañarse de arroz y unos platanitos fritos bien crujientes. Tostones Al igual que otros países latinos como Colombia, Puerto Rico y Venezuela, los tostones o patacones, son tortitas fritas de plátano macho que pueden combinarse con otros ingredientes como pescado o carne. Sándwich cubano Aunque este platillo se originó dentro de las comunidades cubanas en Estados Unidos, es un platillo cubano muy popular que consiste de un emparedado con jamón, cerdo asado, queso suizo, encurtidos, mostaza y, a veces, salami en pan cubano. Se puede prensar y calentar en una plancha. Ajíaco El ajiaco es un platillo originario del siglo XVI que se trata de un caldo con carne seca, arrachera, carne de cerdo, espigas de maíz, malanga, plátanos verde, yuca, calabaza, limas, sal y pimienta. Muchos lo aman a pesar de que podría parecer un poco fuerte para quien tenga estómago sensible. Caldosa La caldosa es un platillo tradicional cubano muy parecido al sancocho colombiano, pero éste se prepara con carne de pollo, con viandas como calabaza, plátano verde, yuca, malanga, papa, especias; además de vinagre, o limón, ajo, puré de tomate. ¿Qué platillo de Cuba se te antoja más?
Partamos de una realidad: no existe una mala hamburguesa. Entre dos panes cualquier ingrediente simple adquiere un poder vehemente, casi sobrenatural. Y aunque las opciones pueden ser infinitas, personalmente prefiero dejar fuera la creatividad cuando se habla de ellas. Sí, las aberraciones también son infinitas. El escritor culinario y amante empedernido de las hamburguesas, –como su servidora– Anthony Bourdain, decía que ya eran perfectas, ¿por qué echarlas a perder?En una entrevista hecha a Bourdain por TechInsider, el también cocinero compartió las ocho reglas de oro para elaborarlas. Lo primero era mantenerlas clásicas, casi académicas: pan, carne, tomate, cebolla, lechuga, pepinillos encurtidos y nada más. Ricardo Campuzano, el chef del restaurante de hamburguesas Margarita, afirma que la hamburguesa perfecta es resultado de la sencillez, pero también de la calidad de los ingredientes.El pan, por supuesto, debe ser el marco que lo engloba todo. Un brioche suave y suficientemente mantequilloso –hay que ser conservadores en las cantidades de nuestra amiga láctea para evitar opacar el sabor de la carne– logra mandar una hamburguesa al infierno de lo común y corriente o al cielo de los elegidos. Joan Bagur, panadero y fundador de Sal y Dulce Artesanos, resume que el pan ideal es un pan estilo brioche de mantequilla con una consistencia que logre sostener el jugo de la carne. Eso sí, que tampoco sea demasiado grueso porque podría esconder el sabor del medallón. “La mantequilla con la que se hace el pan debe ser de calidad para que no nos deje un mal retro gusto”, completa.  Hablemos de la carne. Si partimos de que el origen de la receta podría ser el de las tribus mongolas y turcas del siglo XIV en la que picaban la carne para hacerla si quiera comestible, este ingrediente en versión machacado o molido es irremplazable. Vamos. Si lo quitamos, mejor llamémosle sándwich, bocata, entrepán, torta, emparedado. La decisión de si elaborarla de res, de cerdo o de una combinación salomónica de ambas es decisión de la conciencia, el gusto y el bolsillo. Bourdain afirmaba que incluir sirloin o algún corte demasiado exótico a la mezcla la destruía. En cambio, prefería el brisket o la costilla, algunas de las partes más grasosas. Y es que sí, la parte amarilla, esa que se derrite al calor, es lo que realmente le aporta magia. El chef Campuzano asegura que la combinación perfecta es de 80% carne, 20% grasa, y sólo sazonar con sal. Joan Bagur aconseja que hay que cocinarla a la plancha muy caliente para que se selle, se caramelice y permanezcan los jugos dentro. Recomienda terminarla al grill para que tome ese espectacular gusto asado. El escritor de Kitchen Confidential, Anthony Bourdain, afirmaba que no debía faltar el queso y éste debía derretirse. Panela, requesón, queso fresco, ustedes no juegan. En mi opinión, es a través de la combinación de los quesos, la grasa de la carne y lo mantequilloso del pan que la experiencia llamada “hamburguesa” sucede. Que a nadie se le pasen las salsas. Descansando en el pan va la mayonesa –una ligera crema balanceada en limón y grasa– y la reina de todas, la cátsup (el cátsup o el kétchup, para el resto de América Latina). Ella debe ser jitomatosa y vinagrosa, sutilmente dulce para equilibrar la grasa y aportar acidez. Para Anthony no había discusión en el tocino; siempre era la ocasión. En cambio, le parecía un exceso cuando las hamburguesas llegaba como una torre de Legos a la mesa. El tema es que si es demasiado alta es casi imposible poder reunir todos sus sabores en una mordida. De ahí sólo faltan las papas porque, ¿qué es una hamburguesa sin papas? Citando a Gloria Trevi, definitivamente es una papa sin cátsup. Que sean caseras, cortadas en tiras o en gajos. Que queden crocantes por fuera, pero suaves por dentro. De preferencia, que no nos dejen los dedos con reflejo, que no se apelmacen.Las apariencias engañan. Las hamburguesas pueden parecer un alimento burdo, quizás porque las hemos visto servidas en charolas de plástico, entre plásticos y bolsas de estraza, en cajitas de cartón para disfrutarse en el carro, con o sin juguete. Ello no las hace menos buenas. La hamburguesa es perfecta en sus componentes. Llegar a un balance es un afortunado accidente de la Matrix; es la diferencia de una comida rápida y una comida que apenas se diluye en el recuerdo con el paso del tiempo. Así me pasó hace una semana en el restaurante Nopa, de San Francisco, o cada vez que se me cruza un In and Out en cuyo aderezo naranja se disfraza cualquier imperfección, si la hubiera. Tampoco olvido las de The Spaniard, en Nueva York. En México, hay varias que me guiñen en ojo. Las que me recuerdan a mi adolescencia, como las de las Fuentes de Satélite que llevan piña, o las que solía hacer Joan Bagur en OkDF y que acompañaba con patatas bravas. Recientemente probé la de Margarita, del chef Ricardo Campuzano, en la colonia Narvarte: su combinación de carne + tocino + cheddar me pareció que resaltaba sus buenos ingredientes de forma monchosa. La hamburguesa es más que un sándwich en esteroides. El ritual nos involucra, nos pide permanecer atentos para que la carne no se recorra al fondo, para que los aderezos no terminen en la ropa. Pero quizás la mejor parte de comerla sea que por cuatro, quince o las veinte mordidas que nos sobrevive volvemos a ser niños, niños felices otra vez.
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