Sorpréndete con el asistente del hogar perfecto para cocinar
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Sorpréndete con el asistente del hogar perfecto para cocinar

Por Kiwilimón - Octubre 2020
Cocinar con guía, ya sea por medio de un video o leyendo una receta, no sólo es una forma de asegurarte de que la comida quedará deliciosa, sino de relajarte un momento y concentrarte de lleno en lo que tus manos están haciendo, por eso mismo, tener las manos libres es importantísimo.

Ya antes nos han presentado asistentes del hogar que con sólo pedirles que te busquen una receta, en menos de un minuto están ya recitándola para ti, sin embargo, la tecnología no para de innovar y mejorar, así que ahora no sólo podrías tener a ese asistente de voz, además tendrás una pantalla inteligente.

Nest Hub, de Google, reúne todo lo que necesitas en un solo dispositivo, con el cual tienes al alcance de tu mano las herramientas de trabajo, de entretenimiento y personales de tu día a día. Con una pantalla compacta de 7 pulgadas, los comandos de voz seguirán siendo tus mejores amigos, pero ahora con la ayuda visual.



Ya sea que lo requieras en la sala o en la cocina, con las funciones nuevas del Google Nest Hub podrás realizar todo tipo de actividades con tu familia, además controlar los dispositivos de tu hogar desde un solo lugar, o sincronizar Google Calendar, consultar Google Maps, o lo mejor, ¡ver nuestros videos de recetas en YouTube!

Además, cuenta con una app, llamada Google Home, con la que podrás revisar que todo esté bien incluso cuando no estás en casa, pues con ella tienes la oportunidad de manejar más de 10 mil dispositivos domésticos inteligentes con los cuales es compatible.

Sácale provecho a todo el tiempo que estamos pasando en casa y cocina con las manos completamente libres nuestras mejores recetas de panes, cheesecakes, pollo y comida mexicana que se te antoje con la ayuda de Google Nest Hub.
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Los champiñones, setas, portobellos y shitakes son algunos de nuestros hongos favoritos, ya que podemos disfrutar de su sabor en sopas, pizzas, ensaladas y demás guisos que nos dejan relamiéndonos los bigotes, pero resulta que éstos y especialmente los champiñones, tienen muchas propiedades que le hacen bien a nuestra salud. Así que para disfrutarlos más, ¡conoce todos los beneficios de comer champiñones! Propiedades de los champiñones Los champiñones son alimentos altos en nutrientes como selenio, vitamina D, potasio, sodio y fibra, sin mencionar que también funcionan perfectamente como antioxidantes. Es por eso que tienen múltiples beneficios para la salud, como te mostramos a continuación. Beneficios de comer champiñones Fortalecen el sistema inmunológico Gracias a su alto contenido en selenio, los champiñones favorecen la producción de células T asesinas, un tipo de glóbulo blanco que se encargan de atacar cierto tipo de virus en el cuerpo. Así que si quieres un buen ejército que resguarde tu salud, no dejes de consumir champiñones. Estimulan el funcionamiento del sistema digestivo Los champiñones son una gran fuente de fibra, gracias a lo cual favorecen el funcionamiento del sistema digestivo y provocan una gran sensación de saciedad, por lo que si estás a dieta, ahora tienes una gran excusa para comerlos. Son antioxidantes El selenio de los champiñones es lo que los convierte en fuertes antioxidantes, gracias a lo cual combaten los radicales libres que dañan las células, ayudando a combatir las infecciones y proteger la piel del envejecimiento prematuro. Mejoran el funcionamiento del sistema nervioso De igual manera, los champiñones contienen vitamina B3, también conocida como niacina, la cual estimula las funciones enzimáticas del cuerpo que producen estrógeno y testosterona, hormonas que ayudan a mejorar el funcionamiento del sistema nervioso. Después de conocer todos los beneficios de los champiñones, ¿estás listo para añadirlos a tu dieta y cuidar de tu organismo?
¿Acaso existe alguien que no esté hablando de las freidoras de aire? Las también llamadas air fryers son la tendencia de la temporada y aunque no son baratas, están provocando rupturas de cochinito al por mayor. El ritual de sumergirlo todo en una alberca olímpica de aceite –hay que decirlo: la grasa es igual a sabor–, puede ser peligroso para el corazón. La fritura profunda es magia para lo que se zambulle en ella, sin embargo, ya hay opciones para quienes desean reducir el consumo de calorías y observar amorosamente aquello que entra a su organismo.Piensa en la gama de cosas ricas que se fríen: los taquitos dorados, las donas rellenas, los churros cubiertos por azúcar y canela, las quesadillas con y sin queso, las tortitas de papa, el falafel, las papas a la francesa, las alitas de pollo. El listado sólo se pone mejor. El tema es que siempre hay que tomar una decisión existencial: o comes rico o mantienes el balance de tu cuerpo; o te amarras a tu voluntad de mártir o renuncias a la culpa de sobrealimentarte.Aquí es donde las freidoras de aire son de gran ayuda. Las air fryers cocinan a través de un sistema que hace circular el aire caliente alrededor de tu comida –tu garnacha sanita– pero sin secarla y conservando la consistencia crujiente que caracteriza la fritanga. Lo que sucede es que están hechas para garantizar el nivel mínimo de vapor y humedad. Por si fuera poco, te lo venden como si sólo hubiera que poner un trozo inhóspito de ave con piel en el compartimento y en unos instantes, emergerá un suculento coq au vin. Un boom similar sucedió con los microondas cuando se exhibieron en las vitrinas de las tiendas a finales de los cuarenta. “Oprime un botón y olvídate de cocinar”, sugería más o menos la comunicación que los anunciaba. El punto es que la air fryer sí hace la vida más práctica y promete algunas bondades adicionales. Por la poca cantidad de aceite que se requiere en su funcionamiento, la ingesta calórica será menor y con ello habrá un menor riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares. Otra es que la freidora de aire podría reducir la formación de acrilamida, un compuesto orgánico potencialmente peligroso que está relacionado con el cáncer renal y otro tipo de enfermedades. Una de las chefs de casa, Alexandra Romero, dice que le encanta cocinar en ella porque no hay que estar calculando las temperaturas del aceite ni los tiempos de cocción. “Yo amo preparar alitas ahí. Les pongo sólo un poco de aceite en aerosol y quedan muy ricas”. También dice que es fácil utilizarla porque sólo escoges un modo de cocción y te olvidas de revisar tu comida hasta que suene la alarma. Ella aconseja usar aceite de oliva en aerosol y revisar con cautela las funciones de uso según la receta que estés planeando hacer. Y aquí una de las desventajas que he visto en las freidoras de aire: si pones una función al asar, podrías quemar tus alimentos.Yamilette González, coordinadora de chefs de Kiwilimón y experta en antojitos mexicanos, recomienda usar la freidora de aire para las recetas callejeras. “Es una forma alternativa de comer lo que nos gusta, sin culpa. Por ejemplo, puedes cocinar chorizo y toda la grasa se va a asentar”. Otra ventaja que apunta es sobre la practicidad y facilidad de usarlas versus otros electrodomésticos más caros en el mercado, como una sous vide, que además requiere cierto conocimiento técnico para sacarle mayor provecho. Eso sí, existen algunas áreas de oportunidad en el tamaño del compartimento. Al tener poca capacidad, o tienes que hacer dos rondas de comida o complementar con guarniciones, si los tuyos en casa son de apetito insaciable. La otra es que no todas las preparaciones quedan al dente. Por ejemplo, para las recetas empanizadas en las que el sabor característico está dado por la fritura, Yamilette aconseja hacer una mezcla de empanizado más condimentada para subirle el volumen al gusto.Una receta que absolutamente te recomendamos en la freidora de aire son las alitas picantes. Por la grasa de la piel quedan crujientes, son fáciles y no te dejan con sensación de que les falta un extra de aceite. Te la compartimos a continuación.Alitas picantes con freidora de aire1 cucharadita de sal 1 cucharadita de pimienta 1 cucharada de paprika ½ cucharada de comino en polvo ½ taza de harina de arroz ¼ taza de hojuela de papa 500 gramos de alitas de pollo  aceite en aerosol salsa picante Primero parte las alitas por las articulaciones con un cuchillo. Coloca las alitas en un recipiente y agrega la sal, la pimienta, la paprika, el comino en polvo, la harina de arroz y la hojuela de papa. Baña las alitas hasta impregnar los ingredientes. Coloca las alitas en la freidora de aire caliente. Rocía con un poco de aceite en aerosol y fríe por al menos 20 minutos. Sirve con salsa picante al gusto.
La historia del pan en San Cristóbal de las Casas inicia con las alforjas cargadas de trigo que viajaban, junto a rebaños y otros productos comestibles, con los castellanos que se asentaron en el Valle de Hueyzacatlán. Al asentamiento le siguieron consecuencias. Algunas evidentes, como la hegemonía del trigo en San Cristobal, indisputable hasta el siglo XIX y en relativa competencia con los tuxtlecos, que entraron en la escena en el XVII. Para entonces, las cartas estaban sobre la mesa: San Cristobal tenía ya una vocación panadera, una vocación imborrable, imperecedera.   Aunque de los molinos de la época quedan poco más que recuerdos —y una ruta que se puede hacer por la montañas en bicicleta—, en este destino chiapaneco la identidad sigue ligada al pan: al tradicional y al moderno, al coleto y al europeo. Así, el pan se asoma a la mesa del desayuno, se ofrece como colación a medio día o como cierre de la merienda. El pan está en las casas, en las cafeterías —que tampoco son pocas— y en los restaurantes. Mi primer encuentro con la panadería de la región fue fortuito —poco antes de enterarme que iba a escribir este artículo—. Fue en Sibactel y Aldama, dos de las 60 comunidades que producen café en Chiapas. Fue después de recorrer los cafetales, cerca del medio día. Fue en el patio de secado del beneficio comunitario de Sibactel, con una taza de pozol. Fue en casa del caficultor Pedro Vázquez, donde sus hijas disponen café de olla, horchata y una canasta copada de pan dulce como un gesto de hospitalidad. En esa primera ronda se me quedó impregnada la consistencia firme de los panes —muy distinta a la de los europeos con aire, suaves, esponjosos— y una nota de humo, siempre presente en las cocinas y los hornos de leña que, en este lado del mundo, todavía son comunes.  A mi vuelta al centro de San Cristóbal, y gracias a las recomendaciones de los chefs de Tierra y Cielo, llegué con más intención a la puerta de la panadería Fátima, un local de fachada bicolor —morado con blanco, reconocible a leguas— en la calle Benito Juárez, que tiene más de 30 años en operación.Los anaqueles de Fátima son una librería del amplio repertorio del pan coleto que además de lo ya dicho, es diverso en forma y fondo. Aquí verán montañas trigueñas de panes planos, enroscados o trenzados —mis favoritos—, con cortezas cubiertas de azúcar o ajonjolí, con migajones oscuros o amarillentos, preparados con piloncillo, canela y muchas veces con manteca. Los reconocerán también por su nombre de pila: cazuelejas —quizás las más famosas—, rosquillas, marquesotes, pan de yema o pan de manteca. Los amarán un poquito más porque son una ganga. A riesgo de parecer disco rayado —o la burra al trigo, en una analogía más pertinente—, quiero hacer hincapié en la textura de estos panes: esa que es firme, porosa, a veces arenosa, a veces crujiente. Si me preguntan, esa textura es pretexto, una provocación, un estado ideal que pide a gritos el ahogo de una bebida caliente —café, chocolate, atole, ustedes digan—.  Estudiosos del tema, como Edgar Zulca Báez, atribuyen esta característica a cuestiones más prácticas como la conservación, a que “su estructura compacta garantiza su integridad en el transporte y es resistente a la descomposición”, escribe el académico.Kievf y Marta —que en sus exploraciones panaderas preparan, entre otras cosas, panes de tascalate para el desayuno— me recomendaron complementar la expedición con las panaderías que siguen los pasos de la herencia danesa y francesa. Obediente, me dirigí a los hornos —de lugares como La Casa del Pan, Oh la lá y el Horno Mágico— que complementan, con bollería, croissants, empanadas de hojaldre, chocolatines y mantequilla, la escena panadera. Una historia que, por ahora, es harina de otro costal.
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