Top 7: peores ingredientes para consumir de noche

Por Kiwilimón - Octubre 2014
Hay algunos productos que, ingeridos en las últimas horas antes de dormir, pueden ser receta para ganar peso y dormir mal. Lo que muchos no saben es que también podemos dañar nuestro esófago y sufrir de reflujo y agruras a causa de lo que comemos de noche. Para que sepas bien qué cosas son mejores de día, te dejamos nuestro top 7: peores ingredientes para consumir de noche.
  • Alcohol. Es un poco irónico que justo este ingrediente tan propio de las noches nos cause tanto daño pero la realidad es que el alcohol relaja las válvulas que conectan el estómago con el esófago. Esto causa reflujo directamente y es dañino además de incómodo.
  • Refresco. No es sólo que el gas aumente la presión estomacal, sino que la acidez del refresco en sí (la cual es mayor que la de cualquier otro ingrediente natural), también afecta las válvulas del esófago lo que causa reflujo y acidez.
  • Chocolate. Algunos tipos de chocolate son altos en grasa por lo que son ácidos  y también afectan el esófago. Lo que muchas veces no tomabas en cuenta es que también contiene cafeína por lo que te puede costar dormir después de algunos chocolates.
  • Queso. El feta y mozzarella, esos quesos suaves, normalmente son más grasoso y afectan el sueño. Si tienes que comer queso de noche entonces decídete por los quesos duros como el parmesano o el suizo que no te molestarán tanto por la noche.
  • Nueces. Estos frutos secos son muy nutritivos, pero a las altas horas, grasa es grasa. Puede que tengan grasa buenas pero antes de dormir pueden afectar tu proceso digestivo y hacer añicos de tu esófago por lo que hay que dejar las nueces para el día.
  • Cítricos. Por tanta vitamina C estos productos son altos en ácido por lo que es inevitable irritarse. Las peores alternativas son jugo de limón, agua de limón o manzanas verdes. Hay otras opciones como manzana roja que pueden quitarte el antojo sin empacar tanta acidez.
  • Café. No está de más mencionar la pesadilla de muchos en horas nocturnas. No basta con que quite el sueño sino que cae pesado en el estómago y es propenso a causar reflujo y acidez tanto en personas jóvenes como mayores.
Para que tengas algunas alternativas a la hora de la cena aquí te dejamos recetas para que te inspires con productos nada ácidos, muy nutritivos y más que nada, relajantes para el estómago: Smoothie de manzanilla con plátano smoothie de manzanilla con platano Cereal con plátano y yogurt cereal con platano y yogurth Carne de res con almendras carne de res con almendras
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Hasta mi casa se colaba el aroma de unos bollos cociéndose en el horno. Inexorablemente, mi olfato se encendía como radar náutico e identificaba el origen del estímulo tan placentero. El hilo de fragancia, además de pan, susurraba especias –zaatar, para ser precisos– lo suficientemente remojadas en aceite de oliva como para que la receta completa se dibujara en mi cabeza. En menos de cinco minutos ya estaba escalando la pequeña reja verde que dividía la terraza de mis papás de la de los vecinos. Había que llegar a tiempo a la repartición de los talami zaatar mientras estaban humeantes. Desconozco las causas, pero mi calle era el hogar de una pequeña comunidad árabe que me acercó a temprana edad a la gloria de la gastronomía de Medio Oriente. Mis padrinos –además de vecinos– eran libaneses y, como la mitad de mi infancia la pasé imaginando que las escaleras de su casa eran el Monte Everest y su sala, el jardín de mis aventuras paleontológicas, la comida árabe me sabe a infancia. Entender esta cultura es más fácil si se parte de dos de sus pilares: la hospitalidad y la comunidad. Ya saben, no hay hospitalidad sin una letanía gastronómica y, sin embargo, los libaneses nos dicen hold my beer cuando hay que desvivirse por los invitados. “Visitas” para la comunidad es el sinónimo de “vacía tu alacena, compra todo el súper y cocina cuanto puedas”. ¿Quién es capaz de negarse a tal muestra de amor? Yo tampoco.De pequeña pensé que el hábito de súper alimentar a las visitas era propiedad de mis padrinos –a quienes llamaba tíos– y de sus hijos –a quienes llamo hermanos–. Cuando pisé algunos países de Medio Oriente y cuando la añoranza me llevó a restaurantes como Al Andalús o al Adonis, me di cuenta de que esa práctica es regla y que el mezze –variedad de aperitivos de la cocina árabe– define la hora de comer. El mezze es el resumen máximo de la cultura: al centro se estila poner hasta treinta platillos pequeños para la comunidad. Compartir lo que está dispuesto en la mesa es ley. Acá hay un platito con jocoque, el hummus está servido por allá. El kofte (carne picada y especiada) se pasa de mano a mano en una bandeja decorada con lechugas y rábano por si alguien quiere hacerse un taquito. Al extremo de la mesa alguien intenta pescar una bolita de kibbeh (carne molida especiada y frita) con el tenedor, y si no lo logra no importa: al centro gravita un refractario con kibbeh charola. Todos nos servimos tabbouleh (abajo la receta) o fattoush (ensalada verde con trozos de pan) y un par hojas de parra para ponerle verde al plato y para que la casualidad lo embarre con los restos del baba ganush (puré de berenjenas). Uno se podría perder en la bienvenida –de hecho, requiere mucha voluntad no hacerlo– pero, hay que esquivar esta trampa para primerizos. El plato fuerte, que casi siempre tiene que ver con cordero o alguna otra proteína cocinada en especias, aguarda. Habrá arroz o lentejas. Y sí o sí, hay que llegar al postre. Detengámonos un poco en este punto. Son pocas las culturas –como la francesa o la americana– fértiles en la elaboración de buenos postres. La árabe, influida por la cocina francesa y la del mediterráneo, hace maravillas con el dulce. Generalmente sus postres vienen en porciones pequeñas para que el acto de escoger no sea un problema. La reina es la miel, el azahar, la esencia de jazmín y los pistaches, como en una noche que huele a Sherezade. La pasta filo es el ángel que lo custodia todo. Los kanafeh (pastel de semolina con queso), los dedos de novia, los baklava (pastel con pasta de pistaches) completan el sueño. Como era de esperarse, mi hermano del alma heredó la sazón de mi madrina. Cuando lo visito, la tradición de sus ancestros continúa: saca todo su refri para atendernos. Su tabbouleh en especial tiene el poder de agasajar al más incrédulo. Mejor cuando se combina con un hummus recién hecho y lentejas como de relato bíblico. No los dejo con el antojo. Le pude sacar la receta y aquí la comparto. Aunque no les sepa a recuerdo, espero la disfruten con esa intensidad.Tabbouleh de Amir Balut (Kitchen Noob):4 jitomates bola, grandes1 cebolla blanca, grande3 manojos de perejil½ manojo de hierbabuena¾ de taza de trigo quebrado fino (bulgur)8 limones jugosos (yo le pongo dos limones menos, pero a Amir le gusta más cítrico)½ taza de aceite de oliva extra virgen1 ½ cucharadas de sal1 cucharada de pimientaEn una olla mediana pon suficiente agua y remoja el trigo bulgur durante 20 minutos hasta que se ablande. Luego, pica finamente todos los ingredientes. Aquí no hay atajos, todo debe quedar muy pequeño. Mezcla en un bowl lo suficientemente grande. Agrega la pimienta y la sal. Añade el jugo de limón y el aceite de oliva. Revuelve todo y rectifica sazón si requiere. Tapa con plástico y deja refrigerar durante media hora. ¡Disfruta!
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