15 cosas que debes hacer para ser feliz

Por Kiwilimón - Noviembre 2014
  Ser felices es una batalla diaria, una lucha constante entre nuestras expectativas y nuestra realidad, y en el camino se atraviesan muchos obstáculos que nos dificultan esta búsqueda constante en la que vivimos. Nuestras amigas de ActitudFem, nos comparten esta lista de 15 cosas a las que debes renunciar para ser feliz. Para empezar la semana queremos compartirles una reflexión que encontramos en The World Observer de las 15 cosas a las que debemos renunciar, hábitos y costumbres difíciles de dejar pero necesarias para encontrar una vida más plena. Reflexionen sobre ellas y se van a dar cuenta del peso tan grande que dejarán ir cuando las pongan en práctica:
  • 1. Renuncia a tu necesidad de tener siempre la razón.
  • 2. Renuncia a tu necesidad de tener el control sobre todo.
  • 3. Renuncia a la culpa, propia y ajena.
  • 4. Renuncia a hablar mal de ti mismo y a hacerte menos con tus pensamientos.
  • 5. Renuncia a los pensamientos que limitan tus capacidades. Olvídate del “yo no puedo”.
  • 6. Renuncia a las quejas. Deja de quejarte de lo que está mal y empieza a solucionarlo o dejarlo existir tal como es.
  • 7. Renuncia a la crítica. Es un lujo que nadie puede darse.
  • 8. Renuncia a tu necesidad de impresionar a otros.
  • 9. Renuncia a tu resistencia al cambio. El cambio es una constante en la vida, acéptalo.
  • 10. Renuncia a poner etiquetas, usarlas te pesa más a ti que a cualquiera.
  • 11. Renuncia a tus miedos. El miedo es una ilusión creada por tu mente, tú puedes controlarlo.
  • 12. Renuncia a tus excusas y pretextos, sólo te hunden y no te permiten avanzar.
  • 13. Renuncia al pasado. Ya pasó, no va a regresar, aprende lo bueno, déjalo ir.
  • 14. Renuncia a tus apegos. No hay nada que necesites más que tú misma y rodearte de gente que quiera estar contigo.
  • 15. Renuncia a vivir tu vida según las expectativas de otros.
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Yo ya perdí la cuenta de las veces en que una galleta –de chispas de chocolate, de avena, de lo que sea– me ha devuelto la esperanza. En un año como este la comida ha sido combustible para el cuerpo tanto como para las emociones. O si no pregúntense, ¿cuántas veces un panecito remojado en café, un caldito de verduras o el guiso burbujeante de una olla les ha salvado el día? La necesidad de ponerse los platillos de cobija seguramente no nos pasará desapercibida este otoño. El tema es físico, es mental. Nuestra hibernación animal nos baja la energía y hay que contrarrestarlo con carbohidratos y pociones calientitas que nos templen el corazón cuando el frío de afuera –el de verdad, el de la metáfora– se cuela entre la rendija. Lo casero se convierte en la moneda de cambio. Una, por economía; otra, por necesidad.Si en otros otoños los potajes densos curaban al alma, ahora serán la medicina cuántica. Eso sí, que tengan mucho verde, que sus fitonutrientes hagan su trabajo al mismo tiempo que conforten. Con mucho ánimo hay que prender las hornillas y gozar con los ingredientes de temporada que les van bien a los procesos del cuerpo. Una de mis opciones favoritas es abrirme paso ante una calabaza de Castilla, rica en vitamina A y ácidos grasos, y con unas cuantas cucharadas de mantequilla, miel, sal y pimienta hacerla el puré más terso o el complemento de una ensalada. Si su familia, como la mía, disfruta de los platos de cuchara, hay que preparar con calma un molito de olla y convertirlo en una suerte de mantra comestible que renueve las fuerzas. Ya saben, ¡a darle que es mole de olla! El otoño también es pretexto para reusar esa cacerola refundida en la alacena y dejarle caer unos higos, vino y azúcar para caramelizar. Al final ponerlo todo en una rebanada de pan con queso mientras leemos algo que nos nutra el intelecto o nos haga viajar sin despegarnos de la sala.La época nos invita a prender el horno cuando se pueda. Hay que aprovechar las manzanas más dulces del año, agregarles vainilla, azúcar, mantequilla, pan molido y envolver todo en unas hojas de hojaldre. El premio serán los olores, el crunch que suena menos, pero sabe mejor cuando lo acompaña una bola de helado. Y si se prefiere salado, hay que rosear una coliflor con aceite, aventarle unas avellanas, pistaches o nueces y algunas especias mágicas. Me gusta servirla horneada, directo de la charola, junto a una cucharada de jocoque batido con limón o una cucharada de yogurt con curry.A las noches otoñales les van bien las tartas, sobre todo esas que van retacadas con verduras salteadas y todo tipo de quesos. Su milagro es rendir para todos sin importar lo hambrientos que estén. La otra es que en cada rebanada cabe el mundo. ¿Queso Chihuahua? ¿Pimientos? ¿Carnes frías? Lo que tengas en el refri servirá. Si nunca has preparado tartas de otoño no hay mejor momento que este: es la oda a la comida confortable. Te dejo una guía iniciática para que puedas prepararlas fácilmente. Las cuatro recetas las preparó el equipo de Kiwilimón y quedaron geniales. Será difícil elegir, pero ante la duda, prepara una cada fin de semana. Pruébalas con toda atención y disfruta el aquí y el ahora. Eso es el regalo de los buenos bocados: tienen el poder de recordarnos a qué sabe estar vivos, lo placentero que es el cuerpo, lo lindo que es caminar en la Tierra en otoño o cuando sea.Quiche de CerezaQuiche de 4 Quesos MexicanosQuiche de Tocino, Gruyere y EspinacasQuiche de Peras con Queso
Los recuerdos son un montón de ladrillos que toman forma de edificación, de castillo de Disney, apenas se les pone unos kilómetros de distancia. En la comida este kilometraje se remonta a la niñez. Los platos que nos marcaron tienen como ambientación un momento de familia, una olla grande y un gesto de cariño dirigido a nosotros. Hay un narrador –mejor si tiene voz de Morgan Freeman–, y por supuesto, una abuela, una madre o alguien con quien pudimos establecer una conexión profunda. Que si aquella comida que recordamos con las vísceras y el corazón sabía rico sólo el universo lo sabe. Aquí es donde la distancia juega su truco. En los platillos entrañables hay algo de engaño que es al mismo tiempo un mantra sanador: sabe a un momento en el que nos sentimos queridos. Nos saben a amor. Nos saben a hogar. La nostalgia parece teñir de sepia y de rosa la memoria y con ello, los sabores y las vivencias pierden su nitidez. Por supuesto, esta emoción tiene la potencia de dejarnos tatuado el nombre de ese platillo que trataremos de replicar, buscar e interpretar en lo que cocinamos, comemos y compartimos. Yo no tengo una receta entrañable y especial. Tengo varias. Está el mole verde de mi abuelita y la sopa de tomate de mi mamá. Pero en el necio ejercicio que es recordar, he descubierto que en el amor a mis platillos favoritos no pesa tanto la complejidad de la receta como el tamaño del recuerdo. El mejor ejemplo que se me ocurre es el sencillo sándwich de frijoles refritos, queso Gouda y chipotle que mi papá asaba cada mañana en una sandwichera para que yo me lo llevara a la escuela. No sonaba la campana del recreo y yo ya me había comido dos de ellos –sí, dos–. El tema es que siempre he gozado de buen apetito y simplemente uno no le alcanzaba a mis ganas. A mi papá le dije una mentira piadosa. Le conté que a mis amigas les gustaba tanto mi sándwich que, mordida a mordida, me dejaban sin comer. La verdad es que yo prefería la culpa al hambre y sinceramente sus sándwiches me sabían a gloria. Él, un padre sumamente protector, comenzó a mandarme dos. Yo simplemente me los devoraba. Si alguien me pedía una mordida, me lo pensaba. Como mi historia, las recetas más especiales tienen la fuerza de hacernos sonreír y evocar cada sabor, cada sensación, como si estuviéramos ahí. Un sabor termina siendo una Polaroid, un puente al pasado y, al mismo tiempo, un gancho que nos conecta al aquí y al ahora. En Kiwilimón queríamos celebrar eso: el hermoso poder que tiene la comida para conectarnos con lo que más queremos. Por eso creamos un concurso, La Receta del Año. Con él queremos conocer las anécdotas detrás de las recetas que amas. Compártenos tu receta favorita y escribe junto a ella el relato de por qué es tan especial para ti. Al final premiaremos las mejores con una hermosa vajilla (con valor de más de 10 mil pesos), para que puedas perpetuar los recuerdos y vivencias. No sólo eso: serás parte de nuestro recetario del año y verás en video tu receta firmada con tu nombre.Para descubrir las bases de este concurso, checa esta nota o este video y si te quedan dudas, escríbenos por favor a chefkiwilimon@gmail.com. Anímate a compartir lo que más te gusta. Estoy segura de que la Receta del Año de Kiwilmón la tienes tú. Sube tu receta y su historia especial con el hashtag #Larecetadelaño desde tu cuenta en Kiwilimón y si aún no tienes, regístrate aquí.
Las aguas frescas son mucho más variadas de lo que puedes imaginar, tanto que el agua fresca de aguacate existe, es deliciosa y tienes que aprender a prepararla.Oriunda de Uruapan, en el estado de Michoacán, esta agua tiene una receta muy sencilla y es muy popular en este lugar conocido como la capital del aguacate, pues aporta alrededor de 144 toneladas a la producción del país. Cómo se hace el agua de aguacateAdemás de aprovecharlo para muchos platillos, en Uruapan se hace agua de aguacate con un toquecito de limón y resulta muy fresca y deliciosa. Para hacerla sólo necesitas licuar la pulpa de un aguacate con el jugo de un limón y un litro de agua; puedes endulzarla a tu gusto con miel, mascabado o algún sustituto.Recuerda que no necesariamente tienes que tirar el hueso, pues con él puedes hacer un té con propiedades benéficas para ti, como su contenido de antioxidantes, de vitamina C o sus propiedades antiinflamatorias, por ejemplo.Beneficios del aguacateEl aguacate es el fruto del árbol del aguacate, tiene un alto valor nutritivo, un buen sabor y una rica textura cremosa que a muchas personas les gusta. Se le suele considerar un superalimento debido a sus propiedades para la salud, pues contiene una amplia variedad de nutrientes, que incluyen 20 vitaminas y minerales diferentes.Por ejemplo, en una porción de 100 gramos de aguacate encontramos:26% del valor diario de Vitamina K20% del valor diario de folato17% del valor diario de vitamina C14% del valor diario de potasio14% del valor diario de vitamina B513% del valor diario de vitamina B610% del valor diario de Vitamina EAdemás, también contiene pequeñas cantidades de magnesio, manganeso, cobre, hierro, zinc, fósforo y vitaminas A, B1 (tiamina), B2 (riboflavina) y B3 (niacina), y estos mismos 100 gramos sólo contienen 160 calorías, 2 gramos de proteína y 15 gramos de grasas saludables. Aporta además 9 gramos de carbohidratos, de los cuales 7 son fibra, por lo que sólo hay 2 carbohidratos netos, lo que lo convierte en un alimento vegetal bajo en carbohidratos. Así que ya sea en guacamole, tostadas, agua fresca o té, no dejes de disfrutar del delicioso sabor del aguacate y de todos sus beneficios.
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