Cómo eliminar gérmenes de la ropa de los niños y toda la familia
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Cómo eliminar gérmenes de la ropa de los niños y toda la familia

Por Lg - Abril 2020
¿Cuántas veces te has preocupado por cómo lavar ropa de la forma correcta y cómo eliminar gérmenes de la ropa de los niños y de toda la familia? Hoy en día, eso sí puede ser posible gracias a la tecnología y al uso de productos que te salvan de manchas terribles.

Si bien, los centros de lavado y las lavadoras con tecnologías innovadoras -como el ajuste automático dependiendo el tipo de tela y prenda- son el recurso de todas las familias, existen alternativas que pueden complementar la limpieza. Por eso, es buen momento para buscar opciones que te aseguren la eliminación de hasta el 99.9 % de bacterias.

¿Qué hace esto posible y cómo evitar que la ropa se maltrate? Es más sencillo de lo que creías, y es que LG Styler, utiliza la tecnología TrueSteam™ para refrescar diferentes tipos de prendas y para eliminar hasta el 99.9% de los alérgenos y gérmenes en la ropa.

Esto sucede gracias a que su avanzada tecnología puede desinfectar con vapor y alta temperatura, que logra penetrar rápidamente en la tela. A continuación, podrás ver cómo eliminar gérmenes de la ropa de una forma más rápida, efectiva y usando la tecnología, que cada vez se vuelve más indispensable en el día a día.



Es fácil pensar que la ropa se lava correctamente cuando las manchas desaparecen, sin embargo, aún sin manchas, la ropa puede impregnarse de malos olores o pueden existir gérmenes en los tejidos.

Por eso, puedes complementar la forma de lavar la ropa con la tecnología de LG Styler, que elimina bacterias, virus, gérmenes y malos olores que pueden estar presentes sin que lo notes. Lo mejor de todo, es que al usar estos métodos de limpieza en tu ropa, no tienes que preocuparte por dañar la tela, ya que el mismo vapor ayudará a reducir las arrugas y olores, dejará un aspecto nítido, limpio y un aroma agradablemente fresco.

Además, el plus de esta nueva técnica de limpieza es que no sólo puedes tener ropa limpia y perfectamente desinfectada, también puedes desinfectar los juguetes, los muñecos de peluche, mochilas y otros accesorios de los niños. ¡Usa la tecnología para eliminar los gérmenes de la ropa!


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Calificaciones (2)
Moises Cinencio
22/04/2020 13:42:05
Dónde se puedo adquirir , palacio , liverpool etc
Gloria Castillo
22/04/2020 10:59:59
Cuanto cuesta?
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El martes México perdió algo: un fogón irreemplazable se nos apagó para siempre. Yuri de Gortari, uno de los grandes investigadores y divulgadores de la gastronomía mexicana, dejó el plano terrenal. Algunos tuvieron la fortuna de llamarlo maestro. Yo no la tuve. Cada año pensaba que ahora sí tomaría el Diplomado de Cultura y Gastronomía Mexicanas y no sucedió. De él me queda al menos el recuerdo de su voz pausada y sus comentarios agudos cuando pude entrevistarlo. Yuri de Gortari fue un letradísimo personaje de la cultura mexicana que desenvainó la espada por la cocina que a muchos avergonzaba antes de la declaratoria de la UNESCO y del boom mediático: antes de los World’s 50 Best Restaurants, de los Enrique Olvera, de los Jorge Vallejo. A él le tocó confrontar a personajes que llamaron ‘poca cosa’ a la cocina mexicana y a quienes se referían a un taco como un gesto culinario vulgar. A Yuri le apasionaron las minucias del paso a paso, los ingredientes endémicos, las personalidades que resguardaban el saber culinario, las recetas que se transmiten como ADN sagrado. Bajo el grito de guerra #hagamospaís, él y su pareja Edmundo Escamilla, reclutaron en sus filas a alumnos, amas de casa y cocineros que como ellos tuvieron la convicción de salvar la cocina mexicana del desuso, del ‘mexican curious’. En la institución que fundaron, la Escuela de Gastronomía Mexicana (ESGAMEX), enseñaron sobre aquello a lo que había que ponerle una lupa grande en la cocina nacional: desmenuzaron sus técnicas, sus regiones y preparaciones, sus periodos históricos. Claudio Poblete, periodista, director y fundador de Culinaria Mexicana, apunta que “Yuri y Edmundo, al fundar ESGAMEX, pusieron la primera piedra en los planes de estudios formales de la cocina mexicana”. ¿Qué más trascendente que eso? Claudio comenta además que la mejor forma preservar su legado sería que, “se instituya la cátedra Yuri de Gortari en todas las universidades gastronómicas de México y que haya por lo menos un año de clases de cocina mexicana con su método de enseñanza”. Hay quienes el martes perdieron una fuente de sabores entrañables. Su amigo Alejandro Cabral afirma que de la mano de Yuri no sólo probó la mejor cochinita de su vida, sino que tuvo un instante de revelación: “Hizo las tortillas y luego les puso un poco de manteca. Las tortillas estaban apiladas para mantener su calor y así la manteca iba derritiéndose. Las comí con frijoles refritos –unos que hacía en manteca hasta que se iban secando–. El sabor de los frijoles combinados con el maíz y la manteca me hicieron llorar”. La gente que conoció a Yuri afirma que nadie defendía la cocina mexicana de las muletillas y las modas pasajeras como él. Hablan de su coherencia en la forma de mirar, decir y hacer cocina, siempre en función de preservar las tradiciones. Sus ideas firmes le significaron partidarios y detractores. “Yuri y Edmundo eran fieles a sus principios y no comprometían su visión de la cocina nacional ante ninguna visión comercial”, comenta Claudio Poblete.Desde el martes, los que tomaron clases con él y los que no recordaremos a Yuri por sus programas interesantísimos en el Canal Once, por su saber en libros como El maíz de boca en boca, Recuerdos de chocolate y Guisos y golosos del barroco, por ser el gran estudioso de la gastronomía mexicana y por dignificar lo nuestro. Lo recordaremos porque cuando éramos libres y salíamos de viaje había alguien que ya sabía que México no sólo vivía de nachos y chimichangas. Divulgadores como él nos hacen llevar con orgullo la camiseta, el mandil y el huipil.Fotos: Bertha Herrera
Aunque su nombre refiere que los productos horneados son su forma principal de usarse, el polvo para hornear es útil en muchos otros sentidos cuando cocinas.Claro que cuando haces un panqué o un pastel lo usas para que te quede esponjoso y con la textura perfecta, pero quizá te estás perdiendo de su toque mágico en platillos que no necesariamente van al horno, como unos chiles rellenos de queso capeado, por ejemplo.El polvo para hornear es un agente leudante químico seco, es decir, es una mezcla de bicarbonato y un ácido débil que se utiliza para aumentar el volumen y aligerar la textura de tus recetas, por lo que también es perfecto para empanizar o capear.Quizá no te imaginabas que puedes obtener el rebozado perfecto para un pescado o el capeado ligero y consistente que siempre habías deseado si usas un poco de polvo para hornear, así que sigue leyendo para descubrir estos usos y sacarle todo el provecho a este ingrediente más allá de hornear.Para lograr el rebozado perfectoEl rebozado es una fritura que se aplica a carnes, pescado o verduras con la que podemos conservar el interior jugoso del alimento, pero con una textura crujiente en el exterior.Por ejemplo, para hacer unos ricos tacos de pescado rebozado perfectos, prueba hacer tu mezcla con harina, un poco de ajo en polvo y sal para darle sabor, y añade una cucharada de REXAL polvo para hornear. Luego de que agregues el líquido que prefieras, ya sea cerveza, refresco o agua mineral, notarás que tu mezcla luce espesa pero ligera y cubrirá perfectamente tu pescado, para mejores resultados, recuerda que el líquido debe estar lo más frío posible.Para capearSimilar a la técnica del rebozado, el capeado es una capa exterior crujiente que se le da a ciertos alimentos, pero esta se logra con huevo.Para que el capeado te quede muy esponjoso y cubra bien los alimentos, además de batir primero y por separado las claras de huevo, añádeles una cucharada de REXAL polvo para hornear antes de agregar una a una las yemas y te quedará más esponjoso que nunca y cubrirá a la perfección tus chiles rellenos, por ejemplo.Para freírEl polvo para hornear le da la mejor textura a platillos fritos, como unas quesadillas o unas tortitas de plátano macho. Con solo añadir una cucharadita a la masa de tus quesadillas fritas te quedarán extra crujientes y con una cucharada, tus tortitas lograrán mantener una consistencia esponjosita.También puedes aprovechar el polvo para hornear en tus recetas de pasteles al sartén, en tus hot cakes, en la masa para pizza, en la de tamales o para hacer tortillas de harina. Elige REXAL para esponjar tus platillos, un polvo para hornear que cumple 90 años en las cocinas mexicanas, lleno de historia y recetas, además de que puedes comprarlo en varios tamaños y confiar en que te dará la textura y consistencia más increíbles que puedas imaginar.
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
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