Comportamientos comunes en México que son mal vistos en el extranjero
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Comportamientos comunes en México que son mal vistos en el extranjero

Por Kiwilimón - Agosto 2016
Bien lo dice el dicho: “A donde fueres, haz lo que vieres”. Lo que es aceptable o bien visto aquí puede ser considerado una gran ofensa en otro país. Evítate un mal momento en tus próximas vacaciones en el extranjero con esta mini guía.
  • Pulgar arriba
¿Te gustó la comida? Pulgar arriba. En nuestro país es muy común que la gente use este ademán; lo vemos incluso en las poses para fotos y selfies. Sin embargo, en Medio Oriente es el equivalente a mostrar el dedo del medio. Date una vuelta por los países con la oferta gastronómica más sabrosa.
  • Dar propina
Si en México no dejas propina al mesero, todos van a creer que eres un tacaño, pero en Japón y Corea del Sur ven la propina como un insulto. Ahórrate un malentendido y recuerda recoger tu cambio antes de levantarte de la mesa.
  • Llegar tarde
Los mexicanos podemos ser muy tolerantes con la impuntualidad (incluso, demasiado), pero en Alemania llegar tarde a una cita es una muestra de gran falta de respeto o consideración. Si vas a ir de visita por allá, recuerda llegar temprano siempre. Descubre el mundo a través de estos deliciosos platillos.
  • Manos en los bolsillos
Si vas a ir a Turquía, quítate la costumbre de poner tus manos en las bolsas de los pantalones. Este gesto, que es insignificante en México, puede ser interpretado por los turcos como un acto de arrogancia.
  • Rechazar comida
Olvídate del típico “No, muchas gracias”. En Líbano, si una persona te ofrece comida, tienes que aceptarla. De lo contrario, puedes ofender gravemente a tu anfitrión. Así que prepárate para comer mucho en tu próximo viaje. En este estado del país la comida es tan buena que no podrás dejar de comer. ¿Conoces algún otro comportamiento que sea común en México pero que pueda provocar malos entendidos en el extranjero? Compártelo en los comentarios.  
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Disfrutar de una noche tranquila de sueño y descansar adecuadamente parecen objetivos cada vez más difíciles de alcanzar y es que los cambios extremos en las rutinas de las personas pueden tener repercusiones directas en la forma de conciliar el sueño. Por eso, si contar borreguitos o dar vueltas en la cama ya no funciona, te presentamos 4 remedios naturales contra el insomnio. Té de manzanilla para el insomnio Un remedio casero para el insomnio bastante popular, resulta ser el té de manzanilla, que, como explica un estudio publicado por el Molecular Medicine Report, gracias a sus propiedades sedantes, ayuda a calmar la ansiedad, los nervios y brinda una sensación de tranquilidad que induce al sueño. Leche tibia para dormir Si tu abuelita te daba un vaso de leche tibia antes de dormir, no debes sorprenderte. Esta excelente técnica para conciliar el sueño sirve bastante bien puesto que la leche posee un aminoácido conocido como triptófano; el cuerpo lo convierte en serotonina y la seretonina nos produce sueño. Agua de coco para el insomnio Si tuviste un día ajetreado y no puedes conciliar el sueño, sírvete un vaso de agua de coco y relájate. Verás cómo sus componentes, como magnesio y potasio, actúan rápidamente relajando tus músculos y la vitamina B podría ayudarte a reducir tus niveles de estrés para ayudarte a dormir. Té de pasiflora contra el insomnio ¿Que para qué sirve el té de pasiflora? Pues de acuerdo a un artículo de la Universidad Complutense de Madrid, entre sus muchos beneficios, podría tranquilizar los nervios al tiempo que disminuye la ansiedad, ayudando a las personas a alcanzar un efecto relajante que combatiría el insomnio. ¿Lo has probado? Recuerda que, además de probar estos remedios caseros para el insomnio, si quieres dormir fácilmente y tener una mejor calidad de sueño, debes hacer ejercicio y mantener una vida activa, mantener un horario de sueño regular y alimentarte sanamente, de lo contrario te será más complicado vencer al insomnio.
Con un poco de canela en tu vida, tu salud podría mejorar notablemente debido a que este condimento contiene numerosas propiedades, además de un sabor y aroma maravilloso. La canela es una alta fuente de magnesio, hierro, calcio, fibra y vitaminas C y B1, por eso tienes que aprovechar estos beneficios del té de canela. La canela ayuda al sistema digestivo Una forma de consumir canela y conservar sus propiedades, es tomándolo como infusión, de este modo, es más fácil para el sistema digestivo absorberlo. La canela es carminativa, lo que significa que ayuda a reducir gases en el estómago, previene ulceras y alivia los síntomas que provocan vómitos y náuseas. ¡El té de canela es ideal para la buena digestión! El té de canela reduce malestares en la menstruación El té de canela tiene propiedades anticoagulantes que ayudan a controlar el ciclo menstrual y disminuye los cólicos y otros síntomas que trae consigo la menstruación. Disminuye los niveles de colesterol con canela Gracias a sus propiedades antioxidantes, el té de canela ayuda a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, evitando la formación de trombos y ateromas, lo que propicia una mejor circulación de la sangre en el cuerpo. El té de canela combate los síntomas de la gripe El té de canela posee propiedades antibacterianas y antiinflamatorias y funciona como expectorante natural, por ello ayuda a combatir los síntomas del resfriado común como fiebre, tos, congestión y dolor de cabeza. ¿El té de canela ayuda a bajar de peso? Algunos estudios científicos han demostrado que las propiedades de la canela reducen los niveles de azúcar en la sangre, gracias a lo cual el cuerpo almacenaría menos grasa y, por tanto, podría favorecer la pérdida de peso en las personas. Además, la canela se puede utilizar para sustituir al azúcar. Si bien el té de canela puede tener muchos beneficios para la salud, tomarlo en exceso también podría traer consecuencias negativas, por lo que te recomendamos consultar con tu médico antes de utilizarlo en grandes cantidades. ¿Tú ya conocías los beneficios del té de canela?
El 2020 no ha sido un año fácil, luego de que la pandemia por la enfermedad covid-19 parara muchas de las industrias en nuestro país, la economía de pequeños negocios ha sido una de las más afectadas.En México, la industria restaurantera es el sustento de más de 1 millón y medio de personas y en este giro, cerca del 95 por ciento de los restaurantes del país son fonditas, taquerías o torterías, de acuerdo con información de Reforma.Con la cuarentena extendida y la nueva normalidad, muchos de los negocios pequeños que venden comida han tenido que cerrar o apenas sobreviven, pero las familias que se encargan de ellos han tenido que vivir con el temor de que su pequeña empresa quiebre.Con el fin de ayudar a estos pequeños locales ha sido creada la iniciativa #TuCocinaLocal, la cual promueve el consumo en los pequeños restaurantes, fondas y cualquier local de alimentos, para que los dueños puedan mantenerse a flote en esta nueva normalidad.Varias empresas de la iniciativa privada junto con la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) se han dado a la tarea de hablar con los dueños de estos pequeños negocios para saber cuáles son sus nuevas necesidades y así ayudarlos a adaptarse al contexto actual, con el fin de evitar que cierren y esto siga impactando la economía del país.Con esta campaña se está dando apoyo a 200 mil negocios en todo el país y esta ayuda se lleva a cabo con acciones digitales, tanto con materiales como con capacitación, y con materiales de seguridad para que estos pequeños locales de comida cumplan con los lineamientos de sanidad para que puedan operar de manera correcta.Así que no dejes de comprar en tu fonda, taquería o local de comida favorito y cercano, y sé parte de #TuCocinaLocal, mientras salimos todos juntos de esta pandemia.*Con información de Reforma.
El don de mi abuela era cocinar. Cada domingo religiosamente, casi un centenar de comensales se formaba alrededor de su restaurante en Tlalnepantla para probar la barbacoa. No sé si es cosa del amor, pero no he probado una de mejor sabor que la que preparaba apenas amanecía el sábado y cobijaba entre pencas en el hoyo de piedra hasta el día siguiente. Pero hoy no toca hablar de los secretos de su barbacoa sino de su plato más célebre: el mole verde. Mi abuelo subió a mi abuela a un caballo flaco cuando ella no pasaba de los catorce años. A Celia no le quedó de otra que dejar las muñecas y tomar, en cambio, los sartenes y las ollas. De la bisabuela María heredó talentos como los de percibir el sabor de los guisos usando la nariz y el de usar las cocciones como sazonador. El mole verde vino años después, en su época de oro. Doña Celia, mujer empoderada de seis hijos, hizo prolíficos negocios alrededor de la cocina. Cuando llegaba el día de su cumpleaños, el patio de su rancho se convertía en el lugar más festivo de San Andrés Timilpan. Aún recuerdo la tambora, las mesas con manteles que ella había bordado en punto de cruz, las salsas al centro y las señoras palmeando tortillas ante el inmenso comal. En medio del jolgorio y de nietos jugando a las “traís” salía la gran olla de mole verde. Como en una suerte de milagro, de esa vasija de barro, Doña Celia saciaba a sus seis hijos y a sus familias, a todos sus amigos, a todos sus compadres, a todo el pueblo. El desfile de platos cubiertos por su guiso color verde aceituna comenzaba desde un rincón del patio y corría, a veces, más allá del portón. El mole verde de ella era especial. Nadie lo dudaba. No le ponía pepitas como generalmente se usa en el Estado de México o Hidalgo. El de ella llevaba almendras. Ya saben: moles hay tantos como sazones y a mi abuelita no le gustaban las reglas; su receta es tan única como ella. Eso sí, advierto que le hace falta algo que no se contabiliza en un ingrediente o en un paso del procedimiento. Yo misma la he preparado al pie de la letra junto con mi mamá y mis tías y aunque el resultado es muy bueno, no sabe al “Mole verde de Doña Celia”. Quizá deba esperar otro rato y otra dimensión para probarlo junto a ella como me sabe en el recuerdo.Hoy que escribo esto se me antoja poner una canción de José Alfredo y hacer mis propias combinaciones frente a la olla de barro. Que desde lo lejos mi abuela sepa que la recuerdo y que por el olfato cuántico detecte si mi mole quedó rico. Lo de ella era agasajar a otros aunque no pertenecieran a su familia. Estoy segura de que la pondría feliz que ustedes prepararan su receta o cualquier otra para festejar a sus abuelos. Brindar juntos por el regalo que es su presencia. Poner la tambora, aunque sea en la grabadora, o los boleros o las de Luismi para celebrarles que, sea cual sea su don, el de los abuelos es amar incondicionalmente a sus nietos. Sí, así como Doña Celia.Mole verde estilo fiesta de Doña Celia250 g de ajonjolí100 g de almendras6 pimientas gordas +-10 clavos de olor2 pizcas de comino1 bolillo frito en aceite1 tortilla frita en aceite2 kg de tomate verde manzano, peladoChile verde jalapeño (al gusto, depende del picor que se aguante)1 pollo entero, verduras, hierbas de olor y aguaSalaceiteDesde muy temprano se pone a cocer el pollo junto con unas hojitas aromáticas, un trozo de cebolla y algunas verduras. Una vez listo, se reserva lejos de la ventana. En una olla con poca agua y algo de sal se agregan los tomates. Basta que se pongan ligeramente suaves para sacarlos de la lumbre. En otra olla, hay que poner a calentar bastante aceite y dorar el ajonjolí con las almendras peladas. Una vez listos se retiran y se ponen a freír los chiles. Hay que poner todos los ingredientes a moler junto con las especias y con un poco del caldo de pollo. Los tomates, no. Esos se dejan reservar pacientemente. En seguida, se pone a calentar una gran olla de barro, que de preferencia tenga varios años de uso. Hay que vaciar el mole y no dejar de moverlo ni un segundo para que no se pegue o se queme –de preferencia que sea la misma persona la que lo mueve y que los movimientos vayan en dirección a las manecillas del reloj para que “no se corte”–. Ahora sí se le agrega el tomate ya molido y al final, un poco de caldo, dependiendo de la consistencia que le guste a la familia. Lo último, y haciendo uso de la nariz y del buen gusto, hay que ajustar lo más importante de la receta: la sazón.
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