Con estas hierbas y verduras puedes comenzar un huerto en casa
Tips y Consejos

Con estas hierbas y verduras puedes comenzar un huerto en casa

Por Kiwilimón - Abril 2019

Tener hierbas y verduras frescas todo el tiempo es más sencillo de lo que crees. Solo hace falta que cultives unas cuantas cosas en tu hogar. Aquí te explicamos qué verduras y hierbas necesitas para comenzar un huerto en casa.

Albahaca

Esta planta requiere de temperaturas cálidas para germinar, por lo que es recomendable sembrarla durante la primavera. Coloca la tierra dentro de la maceta y después pon las semillas en la superficie. Cubre con una capa de tierra muy ligera y finalmente humedécela con
un atomizador. La albahaca  necesita luz para crecer, así que lo mejor es ponerla en un lugar de tu casa que esté iluminada por el sol.

Romero

El romero puede sembrarse a partir de otra planta. Lo único que debes hacer es elegir una ramita joven con brotes. Corta más o menos
10 cm de rama usando unas tijeras bien afiladas. Retira las hojitas de los últimos 4-5 cm para que quede la rama sola. Colócala dentro de un vaso con agua en un lugar cálido sin que reciba luz directa del sol. Cambia el agua cada tercer día. Espera unas 6 semanas para que la rama crezca las raíces y después traspasa la plantita a una maceta.

Menta

La menta es otra planta que también puede cultivarse con las ramas de otra planta. El proceso es muy similar al del romero. Debes cortar una ramita de unos 8 cm, justo debajo del punto donde surgen las hojas. Coloca las ramas dentro de un vaso con agua en un espacio bien iluminado y con suficiente ventilación. Cuando veas que las raíces han crecido lo suficiente (esto normalmente ocurre en un par de semanas) traspasa la planta a una maceta.

Lechuga

Al igual que las hiernas, la lechuga es un alimento que puede reproducirse infinitamente (con los cuidados necesarios). Corta la lechuga a unos centímetros del corazón y después colócala en un bowl con muy poca agua. Déjala en un lugar soleado y cambia el agua todos los días. Después de unos días comenzarán a salir retoños; ese es el momento justo para plantarla. Espera a que crezca unos 15 cm para cortarla nuevamente.

Apio

Limpia con agua la base de un apio y ponla dentro de un envase con agua en un lugar soleado. Cambia el agua cada tercer día y usa un atomizador para humedecer la planta. Después de una semana, más o menos, debes pasar la planta a una maceta. Ten cuidado de no cubrir con tierra las hojitas nuevas y de mantener la planta bien regada.


Así de fácil ya puedes comenzar tu propio huerto en casa. Como puedes ver no necesitas herramientas especiales o un lugar súper acondicionado para hacerlo. Basta con que consigas algunas semillas, ramitas o restos de verdura para cultivar tus primeras plantitas. Comienza tu huerto y cuéntanos cómo te va.

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Lourdes Meraz Vazquez
01/04/2020 21:40:03
Excelentes consejos,gracias .
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Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
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