Beber alcohol produce celulitis
Consejos de Belleza

Beber alcohol produce celulitis

Por Kiwilimón - Febrero 2014
Es cierto que la celulitis no desaparece al 100%, pero sí hay ciertos productos que podemos dejar de consumir para evitar que aparezca, o se extienda. Nuestros amigos de Salud180.com nos comparten esta información,

 

El alcohol es uno de éstos. Si bien no es una causa directa de este problema, sí ocasiona una vasoconstricción (constricción de vasos sanguíneos por parte de pequeños músculos en sus paredes) en la piel, lo que claramente agrava la situación.  

¿Qué ocasiona la celulitis?

  Para la dermatóloga Patricia Cerda, la causa más certera es la hormonal y la genética: "No es únicamente la herencia de nuestros antepasados, sino la carga hormonal que contienen los productos que consumimos día a día".   ¿Cómo afecta el alcohol? Las bebidas alcohólicas favorecen la acumulación y retención de líquidos, lo que se manifiesta en una hinchazón de piernas que se observa como piel de naranja.   Beber en exceso esta sustancia  produce un aumento en los niveles de ácidos grasos, que se traducen en depósitos de grasa en diversas zonas del cuerpo: piernas, brazos, abdomen y glúteos.   Además, el alcohol cuando se metaboliza se transforma en azúcar, siendo ésta una de las principales causas de la celulitis. Empero, ingerir una copa de vino o consumir otra bebida etílica no provoca la celulitis, sólo beberlo en demasía.  

Alternativas

Si bien es cierto que una vez padeciéndola ya no hay marcha atrás, existen muchas técnicas para ayudarte a mejorar tu circulación y, por ende, disminuir la apariencia de "piel de naranja" o evitar que se propague.   Un tip es correr. Está demostrado científicamente que la práctica constante de este ejercicio es altamente eficaz para reducir la celulitis hasta en un 90% .   Otro consejo es que eleves tus piernas (estando acostada o sentada), durante 10 minutos al día. Bañarte con agua fría y frotarte con un cepillo, también ayuda a mejorar el aspecto de tus piernas.   Si a esto le añades una dieta baja en grasas saturadas y alta en fibra, así como dejar hábitos nocivos como fumar y el sedentarismo, lograrás tener una piel sana y tersa.   Ver artículo original.    

Tips de Belleza para Cuidar tu Piel

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Las legumbres son el alimento ideal para aquellos que quieren comer de manera saludable, equilibrada y económica. De hecho son tan buenas que se recomienda que formen parte del 25% de proteína que se debe consumir diariamente. Así que si quieres añadir más nutrientes a tu dieta, estas son las 5 legumbres que no te puedes perder. Garbanzos Los garbanzos son una legumbre sumamente importante ya que contienen todos los aminoácidos esenciales, además de ser una importante fuente de proteína natural. Lo mejor de los garbanzos es que se pueden comer de mil formas como en tlacoyos, ceviche y hasta en hummus. Lentejas Las lentejas son un alimento muy saludable, económico y fácil de conseguir. Estas legumbres altas en fibra, pueden cocinarse de diferentes maneras como en sopa, en ensaladas y en tortitas. Soya Al igual que los garbanzos, la soya es una fuente importante de proteínas de buena calidad con los aminoácidos indispensables y lo mejor es que en ella también encontramos ácidos grasos, omega 3,6,9 y vitamina E, así como fibra soluble e insoluble. Frijoles Los frijoles son una excelente fuente de fibra, minerales y antioxidantes. Contienen carbohidratos de absorción lenta, un alto contenido en ácido fólico, tiamina, riboflavina y niacina. Además, también aportan magnesio, potasio, zinc, calcio y fósforo al cuerpo. ¡Son un manjar completo y delicioso! Cacahuates Para la sorpresa de muchos, los cacahuates son legumbres y también tienen importantes nutrimentos para la salud. Los cacahuates son portadores de grasas saludables, vitaminas del complejo B, vitamina E, minerales como el potasio, fósforo, magnesio, calcio, sodio, hierro y zinc. ¿Ya consumes estas legumbres nutritivas?
Una campanada, una uva y un deseo es una tradición de fin de año que cada 31 de diciembre nos atraganta, pero que al mismo tiempo es uno de los rituales de año nuevo favoritos por todo lo que representa, e incluso mágico, porque lo hacemos en la mística medianoche y el número 12 se repite: 12 campanadas, 12 de la noche, 12 meses, 12 uvas, 12 deseos.Porque si sacar las maletas nos asegura un viaje en el año que inicia, las uvas garantizan comenzar el año con metas, anhelos positivos para una nueva temporada, además de un poco de adrenalina y mucha diversión, por ver quién si puede seguirle el paso a las uvas y las campanadas.Pero esta tradición ya bastante extendida en América Latina es en realidad originaria de España. Su historia, de acuerdo con el libro España, del periodista Jeff Koehler, tiene dos posibles teorías. Una situada en el siglo XIX y la segunda, a principios del siglo XX.La primera teoría tiene que ver con los burgueses españoles imitando a los burgueses franceses, cuya celebración de víspera de año nuevo era comer uvas y tomar vino espumoso. De ahí, la costumbre pasó a los madrileños, que iban a la Puerta del Sol a oír las campanadas de la medianoche y comer uvas, como la clase alta, pero con ironía y como burla.La otra se remonta al siglo XX, cuando los productores de Aledo, en Alicante, tuvieron un excedente en su cosecha de uvas blancas y decidieron venderlas a un bajo precio. Estas uvas son actualmente tan famosas, que se conocen como las uvas “de la buena suerte” e incluso se venden en Aledo paquetes de 12 en envases especiales para recibir el Año Nuevo.Empezar el año con buenos deseos siempre es una buena forma de inspirarte y decretar prosperidad para el nuevo ciclo que se inicia, así que si comes uvas o no, la fiesta de Año Nuevo siempre contagia su optimismo y nosotros también queremos compartirlo contigo con 12 consejos para recibir el nuevo año.
Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
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