Beneficios de comer ensalada
Consejos de Belleza

Beneficios de comer ensalada

Por Kiwilimón - June 2014
1. Son frescas y te hidratan Más del 90% de la composición de las hortalizas, básica para preparar ensaladas, es agua. Comer diariamente ensaladas es una forma sencilla y rápida de hidratar el cuerpo, sobre todo en esta temporada de calor. 2. Revitalizan Los vegetales son una fuente de vitaminas que regulan procesos orgánicos y ayudan al buen funcionamiento del sistema nervioso. 3. Depuran Las verduras tienen una acción depurativa, desintoxicante y diurética, son ricas en potasio y bajas en sodio. Además, algunas verduras contienen aceites esenciales que dilatan los vasos renales. El consumo diario de ensaladas elimina el exceso de líquidos y resulta beneficioso en casos de hipertensión y retención de líquidos. Los vegetales más diuréticos son: apio, espárragos frescos, lechuga escarola, endivia y cebolla. 4. Protegen la piel Las hortalizas de colores: zanahoria, col morada, pimientos y jitomate aportan betacaroteno, que al transformarse en vitamina A, renueva la piel y las mucosas y vitamina C, que mejora la producción de colágeno. También comer aguacate o frutos secos, porta vitamina E, que evita la aparición de manchas de envejecimiento. 5. Ayudan a la digestión Los vegetales que contienen fibra mejoran la digestión y reducen el colesterol “malo”. 6. Son bajas en calorías Si estás en un régimen para adelgazar sólo cuida los aderezos y evita los cremosos, así como las combinaciones con carnes frías y algunos tipos de queso, pero, en general, las ensaladas sacian el hambre y las puedes comer en la cantidad que desees. 7. Cuidan tu corazón Las verduras contienen antioxidantes en abundancia (betacaroteno, ácido alfa-lipoico, licopeno, vitamina C, vitamina E, flavonoides y selenio), por lo cual son platillos que protegen la salud del corazón. 8. Enriquecen tu dieta Hortalizas como la lechuga escarola, el apio, la achicoria, alcachofa, endivia o el rábano estimulan el funcionamiento de la vesícula biliar y el hígado. Los germinados de soya y de alfalfa y los berros, contienen enzimas esenciales para la digestión. 9. Previenen enfermedades La falta de hierro y de ácido fólico se relaciona con distintos tipos de anemia. Las verduras de hoja verde –acelga, espinaca, berros o lechuga escarola– son ricos en clorofila y en hierro. Combina además estas verduras con frutas como kiwi, naranja o toronja. 10. Son deliciosas Los diferentes tipos de vegetales como las lechugas, espinacas, el pepino, la zanahoria, el jitomate, los espárragos y pimientos, te permiten preparar ensaladas que, al consumirlas, se traducen en salud y sabor.   Ver artículo original  Artículo cortesía de      

Ensalada de Espinaca con Gorgonzola y Uva

Ensalada de Mango, Jícama y Aguacte

Ensalada de Arúgula con Pera

Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
La forma que tiene el cuerpo de comunicarse físicamente con nosotros es a través del dolor, de la incomodidad, de la sed, del hambre. El apetito es una sensación que llega en varios momentos del día y por la cual tenemos la necesidad de ingerir alimentos; malo cuando llega sin previo aviso, cuando comemos sin sentirla, cuando aun después de comer no cesa. A través del apetito es que nuestro cuerpo expresa una insatisfacción que no siempre es corporal. En un estado de consciencia plena –en conexión al presente, en sincronía con el cuerpo y sus sensaciones- podemos identificar plenamente desde dónde se produce el apetito. Para ello hay que hacer una observación interna: en el dentro se resguardan más que órganos; en el dentro se expresan un sinfín de sensaciones que siempre tienen algo que contarnos sobre nosotros mismos.  Tener una buena comunicación con el cuerpo es elemental para la conservación de la salud y por supuesto, para dejar de pelear con la comida, para dejar de saltar de una dieta a otra, para dejar de enemistarnos con el afuera cuando en realidad lo que sucede es que hay una desconexión con el dentro. La comunicación con el cuerpo no es una locura del new age. La comunicación corporal significa aguzar los sentidos hacia lo más tangible que tenemos; tomarse el tiempo y el espacio para escuchar al cuerpo. Basta con respirar un par minutos tomando conciencia de la inhalación y la exhalación e ir escaneando cada una de las partes del organismo –sí, como si fuéramos una máquina de rayos x–. “Esta es mi nariz. Esta es mi boca, mis vísceras, mis músculos, mi sangre, mi piel…” A partir de unos instantes notaremos cómo se encuentra mi dentro: qué duele, qué se siente bien, qué le hace falta. La meditación, entonces, se convierte en un diálogo corporal en el que el sabio más sabio nos revela su estado anímico, físico y emocional.  A partir de esta práctica diaria comenzaremos a tomar mejores decisiones alimenticias y, por supuesto, identificaremos desde dónde viene el hambre que experimentamos. Según Jane Chozen Bays, una escritora y teórica del mindful eating, existen siete tipos de hambre. Hambre visual: surge, por ejemplo, cuando vemos un pastel siendo cortado y de cuyo esponjoso interior emerge una lava de chocolate derretido. Es el llamado food porn: estímulos hechos a través de la comida que despiertan la sensación de quererlo ¡ya! Hambre olfativa: ¿existe algo más seductor que el aroma que arroja una olla de tamales? ¿Las notas de un café? ¿Unas galletas en el horno? No lo creo. Todo eso es una cubetada de agua a esa hambre que se despierta a través de la nariz. Hambre bucal: muchos de nosotros la vivimos en la pandemia; llega con el impulso de querer masticar algo, roerlo, porque sentimos angustia, porque experimentamos ansiedad. Ésta no encontrará saciedad hasta que la crisis ceda o la conciencia del momento y de lo que estamos sintiendo, aterrice en nosotros. Hambre estomacal: esta es producto de la vacuidad, o al menos de tener espacio en el órgano al que algunos médicos orientales llaman el segundo cerebro. Es normal tener hambre estomacal después de algunas horas de ayuno. Hambre celular: el hambre que las embarazadas expresan en antojos. Se basa en los requerimientos del cuerpo pues según sus cálculos perfectos y sabios, existe un déficit de nutrientes o una conversión desbalanceada entre energía y fuentes de poder. Este tipo de apetito suele aparecer tras el ejercicio intenso. Hambre mental: llega a nosotros cuando un estímulo enciende un recuerdo de la infancia, de lo que consideramos relevante culturalmente o de lo que aprendimos que era delicioso. Esta hambre nos salta en la cabeza cuando estamos a dieta o restringidos de alimentos; cuando extrañamos eso que nos cocinaban en casa o que evoca algún momento feliz. Hambre del corazón: cuántas veces nos hemos comido la falta de dulzura, de alegría, de amor, el abandono o el rechazo. Esta es el hambre que busca desesperada –y también inasequiblemente– cerrar una grieta emocional a través de kilos y litros de comida y bebida. Intentamos llenar un vacío emocional con algo físico en el que más pronto llega la culpa y el castigo que la alegría. Por esta razón es que los psicólogos recomiendan no convertir la comida en castigo ni en recompensa al educar a los hijos.La meditación o la práctica de mindfulness (tomar conciencia del aquí y el ahora durante varios minutos al día), nos hace contactar claramente con los pensamientos, las emociones y, por supuesto, con el organismo. Si nos tomamos el tiempo para conocerlo iremos aprendiendo sobre sus carencias, sobre cómo manifiesta las faltas emocionales y sobre sus necesidades fisiológicas. Al final, escuchando al sabio, tomarás mejores decisiones alimenticias. Mejores decisiones en general, pues.
Cómo bajar la panza rápido es uno de los consejos más buscados por las personas, especialmente cuando se acerca el verano y todos quieren lucir un espectacular cuerpo de playa. Antes que nada, queremos recordarte que cualquier tipo de cuerpo es un cuerpo apto para presumirse en traje de baño, pero si aún así te sientes un poco inseguro, sin duda te serán de ayuda estos 5 trucos infalibles para bajar la pancita. 1. Reduce el consumo de azúcares añadidas Quizás este sea uno de los trucos más difíciles para bajar la panza, pero de acuerdo a Harvard Health Publications, explican que el exceso de azúcar puede provocar acumulación de grasa en el abdomen y por ello es mejor alimentos que contengan azúcar añadido, también conocido como fructuosa. Recuerda que la fructuosa se encuentra principalmente en refrescos, jugos envasados y aunque nos duela admitirlo, pan. 2. Aumenta el consumo de proteínas Las proteínas son un alimento clave tanto en la pérdida de peso como en el proceso de conseguir un abdomen plano, ya que ayudan a controlar el apetito y la saciedad, evitando que caigas en antojitos poco saludables. De igual forma te ayudan a acelerar el metabolismo, así que no dudes en aumentar tu ingesta de pollo, pescado, leguminosas y semillas. 3. Haz ejercicio Lamentamos informarte que no hay fórmula mágica para bajar la pancita sin involucrar un poco de ejercicio en la rutina diaria. El cardio de intensidad moderada es una gran forma de empezar a moverte, ya que favorece la pérdida de grasa visceral y conforme te vayas sintiendo listo, puedes agregar ejercicios de fuerza como funcional, cargar peso o lo que más te motive a seguir trabajando por esa pancita plana. 4. Toma agua Un consejo común de los nutriólogos a sus pacientes es que tomen al menos 2 litros de agua el día, esto ayuda a reducir la retención de líquidos que muchas veces inflaman el abdomen y nos hacen lucir más rellenitos de esa parte del cuerpo. También es importante que reduzcas tu consumo de sal, tanto el que le añades a tu comida como el que ingieres de algunos alimentos procesados que ya lo incluyen. 5. Aumenta el consumo de fibra La fibra es un poderoso aliado para quienes buscan bajar la panza porque como explica un estudio de la Universidad de Medicina de Wake Forest, comer 10 gramos de fibra al día reduce en 3.7% la posibilidad de ganar grasa visceral. ¡Con 10 gramos de manzana, frijoles, avena, chía o nueces podrás hacer una gran diferencia en tu cintura! ¿Conoces algunos otros consejos efectivos para bajar la panza?
Es imposible no pensar en un buen trago durante estas temporadas de calor. Y qué mejor que con mezcal, bebida tradicionalmente mexicana, muy reconocida en el mundo y con una historia única que refleja parte de nuestra cultura.La palabra mezcal proviene del náhuatl mexcalli, compuesta de los vocablos metl (maguey) e ixcalli (cocido), que significa maguey cocido. Al existir una gran variedad de agaves, cada uno da un toque y sabor único al mezcal. Existen diversas clases de mezcal: joven o blanco, reposado, añejo y madurado en vidrio. Asimismo, y según su proceso de elaboración, puede categorizarse en ancestral y artesanal. Comparto cuatro cocteles con mezcal que sin duda debes disfrutar.Mojito de mezcal: Mezcal blanco, 5 hojas de hierbabuena, agua mineral, ½ shot de jugo de limón fresco, 1 cucharadita de miel de agave, hielo. Sirve en vaso tipo highball.Mezcalini de jamaica: Mezcal blanco, ½ shot de jugo de limón fresco, 30 ml de concentrado de jamaica, 1 cucharadita e miel de agave y escarchar con sal de gusano. Sirve en copa martinera.Poblanito: Mezcal blanco, 1 shot de jugo de piña, 60 ml de licor de chile ancho, 60 ml de jarabe de romero, 1 cucharadita de miel de agave. Decora con una rodaja de chile serrano, hielo. Sirve en vaso old fashion.Margarita de mezcal y sandía: Mezcal blanco, 1 shot de jugo natural de sandía, agua mineral, ½ shot de jugo fresco de limón, 1 cucharadita de miel de agave, escarchar con sal del Himalaya, hielo molido. Sirve en vaso old fashion.
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD