Cómo quitar padrastros
Consejos de Belleza

Cómo quitar padrastros

Por Kiwilimón - Diciembre 2013
Desde ayer tengo un padrastro en el dedo gordo de la mano derecha que me trae loca. Como no soy zurda la uso para todo y además tengo el hábito de picarle a la barra de espacio de mi teclado con la esquinita del dedo gordo, lo que quiere decir que llevo el día entero en agonía.

 

  Por eso decidí buscar diferentes remedios para mi problema. Los estoy probando todos pero se los paso por si comparten mi dolor (y si alguien se sabe otro es muy bienvenido).   Primero que nada, los padrastros son pequeños fragmentos de piel que se levantan alrededor de la uña (si estaban esperando una nota de cómo deshacerse del esposo de su mamá, esta no es). Pueden salir a causa de la resequedad y no siempre son dolorosos sin embargo, pueden propiciar las infecciones que provocan que se inflame la piel y entonces es cuando sufres. Conoce los remedios que nuestras amigas de  ActitudFEM nos comparten:  

1. Aceite de oliva

Moja un q-tip en aceite y humedece el área donde tienes el padrastro para humectarla y tratar de suavizar el pellejito.  

2. Agua con sal

Calienta media taza de agua en el microondas y agrega una cucharada de sal. Remoja tu dedo por al menos 5 minutos (asegúrate de que el agua no esté muy caliente antes de tocarla) y la sal ayudará a desinflamar la piel.  

3. Yogurt natural

Mete tu dedo en un recipiente con yogurt natural fresco.  

4. Ungüento antibacterial

Además de humectar previene que se infecte tu piel.  

5. Evita la próxima

Para que no te vuelva a suceder es importante mantener tus dedos bien humectados, especialmente si tienes mucho contacto con agua o en las épocas de frío. ¿Tienes algún otro remedio? Ir a artículo original.  

"Aprovecha los ingredientes de estos remedios en deliciosos platillos, kiwilimón tiene las mejores recetas de cocina para ti. Haz click aquí."

Califica este artículo
Calificaciones (0)
Sé el primero en dar una calificación
PUBLICIDAD
Lo mas leído
La gastronomía argentina es una verdadera delicia y sin duda alguna, los postres que encontramos dentro del país sudamericano, son unos de los más sabrosos de todo el continente. ¿Estás listo para conocer los 5 más irresistibles postres de Argentina? Alfajores Los alfajores son quizás el postre argentino más conocido en todo el mundo y es que ese sándwich de galletas relleno de dulce de leche, chocolate o hasta mermelada de frutas, son un pedacito de cielo. Aunque los alfajores pueden prepararse como un sinfín de combinaciones, el tradicional se prepara a base de maizena y mantequilla para las galletas, se rellena de dulce de leche y sus orillas se bañan con coco. Dulce de leche Como mencionamos anteriormente, el dulce de leche es parte importante de los alfajores y de muchos otros postres argentinos. Se trata de un dulce untable, muy parecido a la cajeta mexicana, hecho con leche, azúcar, esencia de vainilla y bicarbonato. Vigilante argentino Si te gustan las gelatinas de mosaico, el postre vigilante seguramente te cautivará pues se trata de cuadritos de dulce de membrillo combinados con pedacitos de queso, un clásico de la gastronomía argentina. Mazamorra argentina La mazamorra es un postre de origen indígena que también se encuentra en Colombia, Paraguay y Perú. La mazamorra nos recuerda al atole mexicano, ya que se prepara a base de maíz blanco, acompañado de agua, canela, azúcar y vainilla. ¿Te suena familiar? Pastafrola La tarta tradicional argentina, mejor conocida como pastafrola, es una explosión de sabores, ideal para acompañar con un rico cafecito o mate. La pastafrola prepara con una masa cubierta de dulce de membrillo, dulce de leche y hasta guayaba. ¿Ya probaste alguno de estos postres de Argentina?
Hoy más que nunca es prioritario el compromiso con la agricultura, la alimentación, la naturaleza y el impacto social a través de la gastronomía.Estos elementos fueron la motivación de Lucio Usobiaga para conformar Arca Tierra, un lugar de encuentro entre agricultores campesinos y las personas que viven en Ciudad de México, interesadas en llevar una alimentación saludable y apoyar al campo. Arca Tierra busca sanar la tierra aplicando los principios de la agricultura regenerativa y el comercio justo en Xochimilco. Hace algunos años, Lucio llegó a Xochimilco en busca de verdura orgánica y al percatarse de los problemas de la zona y la grave amenaza que enfrentan si no se tejen redes para su conservación dedicó toda su energía para consolidar Yolcan, en el 2011, proyecto que ha ido recuperando las técnicas y tradiciones de la agricultura en las chinampas. Hoy Lucio continúa sus esfuerzos de consolidación y promoción de la agricultura orgánica en México con Arca Tierra. Aquí ofrecen canastas básicas de los productores tales como vegetales, hortalizas y semillas. También productos de especialidad como salsas, café, tlacoyos o sales. Su oferta se nutre de las entrañas del campo mexicano y las manos que lo producen. Además, en Arca Tierra ofrecen experiencias que van desde los recorridos por las chinampas y su enseñanza de la agricultura orgánica, hasta experiencias gastronómicas de la mano de los mismos productores y reconocidos chefs.  Para Lucio, las y los agricultores son las personas más importantes en la sociedad actual: "cuidan el entorno, nos alimentan y nos conectan con la naturaleza. En gran medida, nuestra salud y la salud del suelo depende de ellas y ellos. Ahora necesitamos más agricultoras y agricultores orgánicos que nunca para conservar nuestras variedades, lograr la seguridad alimentaria y ayudar a revertir el cambio climático”.Sin duda, Arca Tierra es un proyecto que vale la pena conocer y compartir para alimentarnos sanamente, apoyar el trabajo de agricultores campesinos, fortalecer la economía local, regenerar la tierra, revertir el cambio climático y conservar nuestras tradiciones culinarias y culturales. ¡Te invitamos a conocer Arca Tierra! 
La historia del pan en San Cristóbal de las Casas inicia con las alforjas cargadas de trigo que viajaban, junto a rebaños y otros productos comestibles, con los castellanos que se asentaron en el Valle de Hueyzacatlán. Al asentamiento le siguieron consecuencias. Algunas evidentes, como la hegemonía del trigo en San Cristobal, indisputable hasta el siglo XIX y en relativa competencia con los tuxtlecos, que entraron en la escena en el XVII. Para entonces, las cartas estaban sobre la mesa: San Cristobal tenía ya una vocación panadera, una vocación imborrable, imperecedera.   Aunque de los molinos de la época quedan poco más que recuerdos —y una ruta que se puede hacer por la montañas en bicicleta—, en este destino chiapaneco la identidad sigue ligada al pan: al tradicional y al moderno, al coleto y al europeo. Así, el pan se asoma a la mesa del desayuno, se ofrece como colación a medio día o como cierre de la merienda. El pan está en las casas, en las cafeterías —que tampoco son pocas— y en los restaurantes. Mi primer encuentro con la panadería de la región fue fortuito —poco antes de enterarme que iba a escribir este artículo—. Fue en Sibactel y Aldama, dos de las 60 comunidades que producen café en Chiapas. Fue después de recorrer los cafetales, cerca del medio día. Fue en el patio de secado del beneficio comunitario de Sibactel, con una taza de pozol. Fue en casa del caficultor Pedro Vázquez, donde sus hijas disponen café de olla, horchata y una canasta copada de pan dulce como un gesto de hospitalidad. En esa primera ronda se me quedó impregnada la consistencia firme de los panes —muy distinta a la de los europeos con aire, suaves, esponjosos— y una nota de humo, siempre presente en las cocinas y los hornos de leña que, en este lado del mundo, todavía son comunes.  A mi vuelta al centro de San Cristóbal, y gracias a las recomendaciones de los chefs de Tierra y Cielo, llegué con más intención a la puerta de la panadería Fátima, un local de fachada bicolor —morado con blanco, reconocible a leguas— en la calle Benito Juárez, que tiene más de 30 años en operación.Los anaqueles de Fátima son una librería del amplio repertorio del pan coleto que además de lo ya dicho, es diverso en forma y fondo. Aquí verán montañas trigueñas de panes planos, enroscados o trenzados —mis favoritos—, con cortezas cubiertas de azúcar o ajonjolí, con migajones oscuros o amarillentos, preparados con piloncillo, canela y muchas veces con manteca. Los reconocerán también por su nombre de pila: cazuelejas —quizás las más famosas—, rosquillas, marquesotes, pan de yema o pan de manteca. Los amarán un poquito más porque son una ganga. A riesgo de parecer disco rayado —o la burra al trigo, en una analogía más pertinente—, quiero hacer hincapié en la textura de estos panes: esa que es firme, porosa, a veces arenosa, a veces crujiente. Si me preguntan, esa textura es pretexto, una provocación, un estado ideal que pide a gritos el ahogo de una bebida caliente —café, chocolate, atole, ustedes digan—.  Estudiosos del tema, como Edgar Zulca Báez, atribuyen esta característica a cuestiones más prácticas como la conservación, a que “su estructura compacta garantiza su integridad en el transporte y es resistente a la descomposición”, escribe el académico.Kievf y Marta —que en sus exploraciones panaderas preparan, entre otras cosas, panes de tascalate para el desayuno— me recomendaron complementar la expedición con las panaderías que siguen los pasos de la herencia danesa y francesa. Obediente, me dirigí a los hornos —de lugares como La Casa del Pan, Oh la lá y el Horno Mágico— que complementan, con bollería, croissants, empanadas de hojaldre, chocolatines y mantequilla, la escena panadera. Una historia que, por ahora, es harina de otro costal.
NEWSLETTER
Suscribirme al Newsletter
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD