Dietas: Mentiras y verdades
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Dietas: Mentiras y verdades

Por Kiwilimón - Julio 2013
En la desesperación por bajar de peso para aquella playa, vacación o boda que se acerca rápidamente uno puede caer en engaños y mentiras. La verdad absoluta sobre las dietas es que no hay atajos duraderos, uno debe aprender cómo comer y qué es lo mejor para tu cuerpo si es que quieres bajar tallas y mantenerte saludable.   Para darte un empujón en la dirección correcta acá van algunos mitos y realidades sobre el arte de bajar de peso:  

Mito: “Si hoy comí bien me puedo regalar un postrecito”.

Verdad: ¡Error! Si de verdad quieres que tu dieta funcione no puedes mezclar alimentos dulces después de una comida salada. Cuando el estómago hace digestión utiliza las calorías que tienes en reserva y esto ayuda a bajar de peso. Si en cambio le facilitas el trabajo ingiriendo un chocolate entonces aquella reserva de grasa queda intacta en vez de quemarse.  

Mito: “Si como menos, engordo menos”.

Verdad: No es así, el cuerpo necesita la energía de cinco comidas balanceadas diarias si quieres bajar de peso. Privar al organismo de comida es dejarlo sin energía y es peligroso para la salud. Además, hay que recordar que el estómago está formado por músculos que también deben ejercitarse constantemente para mantenerse en forma.  

Mito: “Si como algo después de las 20:00 hrs engorda el doble”.

Verdad. Por supuesto que no. Es una realidad que la digestión se hace más lenta por las noches pero eso no significa que los ingredientes dupliquen su carga calórica por obra de magia. La idea es cenar balanceado y tratar de comer bien durante el día para no llegar a la noche con antojos o hambre de más.  

Mito: “La mejor dieta es en la que bajo rápidamente”.

Verdad: No es así. Las dietas express tienden a hacerte perder agua y después masa muscular, no grasa. Esto puede ser peligroso pues disminuye tanto la hidratación del cuerpo como la fuerza. Las mejores dietas son aquellas que incluyen una dieta balanceada y que disminuyen paulatinamente las grasas. Sé que esto suena más tedioso pero hay que pensarlo como una inversión, si mantienes músculo y dejas ir grasa te mantendrás en el peso ideal por mucho más tiempo.  

Mito: “Mientras menos pese, mejor”.

Verdad: Esto no es una regla de oro. Un ejemplo son las mujeres que hacen deportes de alto impacto como crossfit. Su rutina habitual tiende a causarles aumento muscular y pérdida de grasa. Como el músculo pesa más que la grasa una báscula reflejará un aumento de peso cuando en realidad el aspecto y salud mejoran. La idea es concentrarte más en tallas y look que en peso, una báscula sólo te responde en kilogramos pero no en progreso.  

Mito: “Toda la comida rápida engorda”.

Verdad: Es una realidad que la comida rápida tiene más grasas saturadas, pero no es una regla que te hace mal si la consumes balanceada y responsablemente. Del otro lado de la moneda podemos ver los alimentos naturales y orgánicos, estos suenan cero calóricos pero todo depende del tipo de alimento. Es decir, una ensalada con pollo de un restaurante de comida rápida engordará menos que un sándwich de crema de maní orgánica.  

Mito: “La cerveza engorda”.

Verdad: No, la cerveza engorda en exceso de la misma forma que comerte diez manzanas te proveerá de demasiada azúcar. De hecho una cerveza a la hora de la comida ayuda a la digestión por sus componentes como la malta y la cebada. Es cuestión de cantidad y responsabilidad.  

Mito: “Tomar agua caliente ayuda a bajar de peso”.

Verdad: Falso, una dieta sólo depende de cuántas calorías se consumen y cuántas de estas se queman. Aunque hay ingredientes como el café que aceleran la digestión, ingerir agua o té caliente no sirve a la hora de tratar de bajar de peso.

 

Te recomendamos los siguientes menús

Comida "light" que no parece 

Nadie te creerá que es un menú ligero! Este menú elimina todas las calorías de tu plato pero incluye todos los deliciosos sabores de una sopa de espinacas, pollo empanizado y puré de papas. Para ver todo el menú da click aquí.
 

Comida Sana y Baja en Grasas

Disfruta esta combinación de sabores y creatividad sin incluir todas las calorías. Camarones en una salsita deliciosa de mango y unos ricos tomates rellenos de couscous. Para ver el menú completo da click aquí.   Para conocer las dietas de Kiwilimón, da click aquí.

"¿Y a tí que dieta te funciona?"

 
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La forma que tiene el cuerpo de comunicarse físicamente con nosotros es a través del dolor, de la incomodidad, de la sed, del hambre. El apetito es una sensación que llega en varios momentos del día y por la cual tenemos la necesidad de ingerir alimentos; malo cuando llega sin previo aviso, cuando comemos sin sentirla, cuando aun después de comer no cesa. A través del apetito es que nuestro cuerpo expresa una insatisfacción que no siempre es corporal. En un estado de consciencia plena –en conexión al presente, en sincronía con el cuerpo y sus sensaciones- podemos identificar plenamente desde dónde se produce el apetito. Para ello hay que hacer una observación interna: en el dentro se resguardan más que órganos; en el dentro se expresan un sinfín de sensaciones que siempre tienen algo que contarnos sobre nosotros mismos.  Tener una buena comunicación con el cuerpo es elemental para la conservación de la salud y por supuesto, para dejar de pelear con la comida, para dejar de saltar de una dieta a otra, para dejar de enemistarnos con el afuera cuando en realidad lo que sucede es que hay una desconexión con el dentro. La comunicación con el cuerpo no es una locura del new age. La comunicación corporal significa aguzar los sentidos hacia lo más tangible que tenemos; tomarse el tiempo y el espacio para escuchar al cuerpo. Basta con respirar un par minutos tomando conciencia de la inhalación y la exhalación e ir escaneando cada una de las partes del organismo –sí, como si fuéramos una máquina de rayos x–. “Esta es mi nariz. Esta es mi boca, mis vísceras, mis músculos, mi sangre, mi piel…” A partir de unos instantes notaremos cómo se encuentra mi dentro: qué duele, qué se siente bien, qué le hace falta. La meditación, entonces, se convierte en un diálogo corporal en el que el sabio más sabio nos revela su estado anímico, físico y emocional.  A partir de esta práctica diaria comenzaremos a tomar mejores decisiones alimenticias y, por supuesto, identificaremos desde dónde viene el hambre que experimentamos. Según Jane Chozen Bays, una escritora y teórica del mindful eating, existen siete tipos de hambre. Hambre visual: surge, por ejemplo, cuando vemos un pastel siendo cortado y de cuyo esponjoso interior emerge una lava de chocolate derretido. Es el llamado food porn: estímulos hechos a través de la comida que despiertan la sensación de quererlo ¡ya! Hambre olfativa: ¿existe algo más seductor que el aroma que arroja una olla de tamales? ¿Las notas de un café? ¿Unas galletas en el horno? No lo creo. Todo eso es una cubetada de agua a esa hambre que se despierta a través de la nariz. Hambre bucal: muchos de nosotros la vivimos en la pandemia; llega con el impulso de querer masticar algo, roerlo, porque sentimos angustia, porque experimentamos ansiedad. Ésta no encontrará saciedad hasta que la crisis ceda o la conciencia del momento y de lo que estamos sintiendo, aterrice en nosotros. Hambre estomacal: esta es producto de la vacuidad, o al menos de tener espacio en el órgano al que algunos médicos orientales llaman el segundo cerebro. Es normal tener hambre estomacal después de algunas horas de ayuno. Hambre celular: el hambre que las embarazadas expresan en antojos. Se basa en los requerimientos del cuerpo pues según sus cálculos perfectos y sabios, existe un déficit de nutrientes o una conversión desbalanceada entre energía y fuentes de poder. Este tipo de apetito suele aparecer tras el ejercicio intenso. Hambre mental: llega a nosotros cuando un estímulo enciende un recuerdo de la infancia, de lo que consideramos relevante culturalmente o de lo que aprendimos que era delicioso. Esta hambre nos salta en la cabeza cuando estamos a dieta o restringidos de alimentos; cuando extrañamos eso que nos cocinaban en casa o que evoca algún momento feliz. Hambre del corazón: cuántas veces nos hemos comido la falta de dulzura, de alegría, de amor, el abandono o el rechazo. Esta es el hambre que busca desesperada –y también inasequiblemente– cerrar una grieta emocional a través de kilos y litros de comida y bebida. Intentamos llenar un vacío emocional con algo físico en el que más pronto llega la culpa y el castigo que la alegría. Por esta razón es que los psicólogos recomiendan no convertir la comida en castigo ni en recompensa al educar a los hijos.La meditación o la práctica de mindfulness (tomar conciencia del aquí y el ahora durante varios minutos al día), nos hace contactar claramente con los pensamientos, las emociones y, por supuesto, con el organismo. Si nos tomamos el tiempo para conocerlo iremos aprendiendo sobre sus carencias, sobre cómo manifiesta las faltas emocionales y sobre sus necesidades fisiológicas. Al final, escuchando al sabio, tomarás mejores decisiones alimenticias. Mejores decisiones en general, pues.
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