¿Eres intolerante al gluten o a la lactosa?

Por Kiwilimón - Octubre 2014
Si algo tienen en común estos padecimientos es que podemos obviarlos y no tratarnos correctamente. Como ambas incluyen comida del día a día y como ninguno de los síntomas son demasiado graves solemos dejar pasar el hecho que hay una restricción alimenticia que debemos aplicar. Lo que es cierto es que quitar los lácteos o el gluten de tu dieta, cuando te afectan, puede cambiar tu calidad de vida y hacerte sentir mejor en tu vida diaria. Hoy te decimos los problemas que pueden causarte estos males y cómo identificar si eres intolerante al gluten o a la lactosa.

Intolerancia a la lactosa

Males a largo plazo:

- Falta de calcio en los huesos - Colitis - Gastritis aguda

Ingredientes que lo causan

- Leche - Queso - Yogurt Intolerancia a la lactosa

¿Cómo saber si eres intolerante a la lactosa?

Intolerancia al gluten

Males a largo plazo:

- Problemas cardiovasculares (infartos) - Inflamación del intestino - Migraña crónica

Ingredientes que lo causan

- Trigo - Arroz - Papa Alergia al gluten

¿Cómo identificar los síntomas de la enfermedad celiaca?

 
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En Santa Ana Jilotzingo, Estado de México, encontrarás CUBO, una increíble e inolvidable experiencia gastro-endémica en la que conectarás con la naturaleza y la cultura otomí.Rodeado por el bosque, el CUBO ofrece un viaje sin igual, donde conocerás la cultura otomí mientras conectas con la naturaleza. Todo comienza con el fuego, ya que la mayoría de la comida se cocina en leña, cada uno de los presentes darán un objetivo a los leños para ofrecérselo a la Abuela Vieja y así recibir todos los buenos deseos al consumir los alimentos hechos con ese fuego.A continuación, Roberto Lingard, tu guía y precursor de esta experiencia, te llevará por un paseo al bosque donde recolectarás parte de los ingredientes que consumirás en los alimentos, mientras conectas con la naturaleza y los ancestros otomís. En época de lluvias, esta aventura es sorprendente por la cantidad de hongos que puedes encontrar, pero no te preocupes, Roberto te instruirá para que sepas cuáles se pueden consumir y cuáles no.Terminando la caminata llega el momento gourmet de la aventura: el maridaje. El chef elegido te deleitará con sabores únicos, mientras te dan bebidas perfectas para cada platico. El menú puede ir de 4 hasta 9 tiempos, dependiendo del fin de semana y el chef que te toque. En el CUBO siempre vivirás una experiencia diferente, ya que todo el equipo se esfuerza por invitar a precursores del medio gastronómico y cambiar la vivencia. Cabe mencionar que algunos de los chefs que han participado son Salvador Orozco, Pablo Salas y Gerardo Vázquez Lugo.Es difícil poner en palabras la experiencia que es CUBO, va mucho más allá de solo comer o pasear. CUBO se vive desde lo impresionante del bosque, la calidez de los anfitriones, el enfoque sustentable, hasta el arte de hacer maridaje.No olvides llevar a toda la familia.
“Todo cura y todo sana”, asegura una canción de tradición. La Tierra entera es medicina: crece entre las milpas, se abre camino en la inmensidad de las fuentes acuíferas, sopla en el cálido aire de los desiertos, descansa en la profundidad de los llanos y las cuevas. En plantas y árboles, el alimento se llama sol. De él y del intrincado proceso de fotosíntesis es que sus beneficios se van tejiendo entre las hojas, raíces, tallos o cortezas.El primer registro de la flora medicinal mexicana, el códice De la Cruz-Badiano, data de 1522. El compendio detallaba el uso medicinal que los indígenas daban a las hierbas, su saber transmitido ancestralmente y luego aplicado a su labor como curanderos. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) asegura que de las 4 mil especies de plantas de las que se tiene registro en el territorio nacional, al menos 3 mil podrían tener efectos medicinales. No queda duda que son ellas quienes, previo a la medicina occidental, sanaron y salvaron a los nuestros. La abuela de tradición tolteca y autora del libro Soy mujer medicina, Eva Cecilia Solís Arroyo, me explicó en entrevista que una de las curaciones prehispánicas más importantes ha sido temazcal –un ritual ceremonial en el que piedras calientes son rociadas con agua y adicionadas con hierbas medicinales–. Gracias a él, nuestros ancestros permanecían sanos. Aunque lo pareciera, la medicina tradicional no está en el olvido. Culturas madre como la china y la india han incluido los saberes de la herbolaria en los planes de salud gubernamentales extendidos entre la población. Según comenta la abuela, en México los pueblos indígenas originarios siguen combinando la medicina tradicional en conjunto con la alópata. “El mundo vegetal está a nuestro servicio, es por esto que podemos darle una intención de sanación a cada planta”, asegura. Además, nos explica que, así como en el Ayurveda, cada planta posee un espíritu con una vibración o fuerza particular: la ardiente y la sutil, la masculina y la femenina. “Las primeras son plantas de vibración fuerte. Las ocupamos en los círculos de protección, purificaciones, limpias energéticas, etcétera… Las femeninas son las que se utilizan para atraer la belleza, las que ocupamos en las cremas para el rejuvenecimiento, para sanar”, concluye la abuela. Para extraer la esencia de la planta se realizan técnicas específicas como las vaporizaciones, infusiones, destilados y cocimientos con los que se crean tés, ungüentos, aguas de uso, emplastes, fomentos, macerados, lavados y baños, tinturas y cataplasmas. Sin embargo, con tan sólo incluirlas crudas o cocidas en los alimentos de todos los días, nos brindan todos sus beneficios. Los ingredientes mexicanos favoritos de la abuela medicinaEn la botica del hogar no deben faltar las gotitas de miel melipona, provenientes de una abeja sin aguijón, fundamentales para las civilizaciones mayas. Chamanes y curanderos de todas las épocas la han ocupado como expectorante, cicatrizante, antiséptico natural y contra enfermedades de los ojos y oídos. El momo u hoja santa, por su parte, constituye el aroma y el sabor de un sinfín de guisos en el suroeste del país. El nombre místico de esta planta no es casualidad: es el resultado de su gran poder sanador. Ha sido ampliamente usado como digestivo, pues ayuda al correcto funcionamiento intestinal y disminuye el dolor abdominal; disminuye la fiebre, alivia el insomnio y relaja los nervios.El muicle, que crece en los trópicos mexicanos, es efectivo para limpiar la sangre, desintoxicar el cuerpo. Para los mixes zapotecos y totonacos cura el empacho y, en recientes investigaciones, se ha comprobado su poder antidepresivo. La corteza de cuachalalate, nativa del sur nacional, se hierve en agua para tratar el cáncer, prevenir el linfoma, ayudar en problemas gástricos y de matriz, así como desinflamar el organismo. La chaya, también de origen mexicano, se usa para tratar la diabetes, para reducir peso y para prevenir la descalcificación en niños y adultos.Para la abuela, el epazote no falta en su olla de cocción por su sabor y sus propiedades antibióticas, bactericidas e insecticidas. “Hay que tomarlo cuando existe vomito, inflamación, comezón e incluso para ayudar a expulsar la placenta después de concebir”.Aunque no son mexicanas, la abuela asegura que las buganvilias son un gran expectorante para la broquitis, por lo que las incluye en sus temazcales y hasta crudas, en las ensaladas. El ajo es otro de sus favoritos porque “es desinfectante, desparasitante y diurético”, mientras que al laurel lo prepara en tés para promover el apetito en los niños. “Tenemos que ser conscientes de que el reino vegetal es un ser vivo. Hay que volver a conectarnos con los alimentos y las plantas que utilizamos al cocinar. Al estar vivos reciben la intención y la energía que nosotros les pongamos. La invitación es a reconectar con lo que nos alimenta, a hacer de la comida nuestra medicina”, finaliza la abuela Eva.
Contrario a lo que Mafalda pensaría, no hay corazón que permanezca frío con un buen tazón de caldo caliente. Mientras que el cuerpo se alimenta con el líquido traslúcido y perfumado lleno de nutrientes, el alma se reconforta. Tal vez por eso haya un libro que se llama Caldo de pollo para el alma y que, a decir verdad, no he leído. Lo que sí he hecho es comer caldos de pollo y sentirme bien después de hacerlo. Los he comido enferma de la panza, del corazón; con un nudo en la garganta o con tos; antes y después de las fiestas; en tardes frías y al calor de la casa de mi abuela. Quizás, en el séptimo día, Dios nos dio los caldos para reposar con ellos, pero sin duda los humanos fuimos quienes perfeccionamos esta receta milenaria. Hay infinidad de formas de hacerlo. Están los que se preparan con huesos de res o tuétano para darle sabor. A mí me gusta prepararlo sencillo, con muslos, pechugas y piernas, pero en cocción lenta. A la olla aviento un trozo de cebolla, unos ajos, tres trozos de apio, poro, una zanahoria. Nunca olvido el bouquet garni que te enseñan a hacer en la escuela de cocina –laurel, salvia, mejorana, orégano y romero, amarrados con hilo blanco para que el pollo no se ponga azul, como en Bridget Jones–. El pollo va adentro con piel, con todo, porque otorga textura y profundidad. Luego a quitar la espuma con una espumadera. Cuando no hay padecimientos nada mejor que los caldos de pollo que pican, los que tienen arroz y garbanzos. Al ruedo hay que llegar con tortillas calientes, más calientes que el caldo mismo. A algunos hay que ponerles x gotas de limón por y gotas de salsa, que van en proporción al amor que se le imprimió al cocinarlo (menos sabor, más gotas). Se experimenta gratitud cuando en el caldo hay un chile chipotle al fondo: provoca a partirlo con la cuchara, aunque los labios se pongan floreados. ¿Lo malo? Cuando en el caldo hay pellejos flotantes. ¿Lo bueno? Cuando el brebaje es prístino, casi cristalino, sin burbujas de grasa, pero con aromas que acarician. El romance del caldo va más allá de la vista. Es, además, sus múltiples beneficios. Según lo que me cuenta Gina Rangel, nutrióloga de Te Cuida, el caldo de pollo posee carbohidratos saludables, grasas buenas y proteínas, por lo que es un plato completo y con todos los nutrientes de una comida integral. Tiene aminoácidos con propiedades antiinflamatorias y que ayudan a prevenir el insomnio. Gracias a su gran cantidad de electrolitos, un tazón de sopa rehidrata inmediatamente. ¡Adiós cerveza del día siguiente! Para que el caldo sea súper nutritivo, Gina recomienda que contenga la mayor cantidad de vegetales posibles, que se prepare con ajo, cebolla, sal de mar y con pollo de libre pastoreo o de alimentación orgánica. “De esta manera estamos garantizando que vamos a tener vitaminas, minerales y los tres macronutrientes incluidos en el caldo”. Lo ideal es que se someta a una cocción lenta de ocho horas, pero eso sí: hay que agregar los vegetales que acompañarán la sopa solo media hora antes de la culminación para no sobre cocinarlos. A Yamilette González, coordinadora de chefs de kiwilimón, le gusta agregar huacal, hígado, molleja, alitas y la carne con más sustancia. Adicionalmente, recomienda no lavar el pollo y cocinarlo a fuego medio bajo, de 2 a 3 horas. Si el fuego es alto, las impurezas se rompen y el caldo se contamina. “Las hierbas de olor varían mucho. Hay personas que prefieren el cilantro. Mi abuelita, por ejemplo, le agregaba hierbabuena: le daba un toque súper fresco y rico. Así, si estabas malito de la panza, te caía mejor”, me relató.  Hay que incluir los huesos en la preparación pues en ellos está la magia: su gelatina es efectiva para el crecimiento del pelo y las uñas, así como para la reducción del dolor en las articulaciones.El caldo es un apacho a todas luces. Gina piensa que “a través de un plato de caldo calientito lleno de nutrientes, le das a las personas un momento de paz, de estar en el aquí y en el ahora, reconfortar en cuerpo y alma, es por eso que, cuando una persona enferma lo primero que pensamos es regalarles un caldo de pollo para que se sientan mejor”. En salud o enfermedad, hay que tomarse el tiempo de disfrutar cuando una casa huele a caldo de pollo, cuando la tapa de la olla tintineante devela que algo rico espera en el tiempo. Su vapor y su sabor tienen el súperpoder de cambiar el sustantivo “casa” por el de “hogar”. ¿Lo preparamos?
Cada vez es más común celebrar Thanksgiving o Día de Acción de Gracias en México, como un pretexto para reunirnos en familia o con amigos. Esta vez te recomendamos restaurantes que ofrecerán el clásico pavo y la ensalada de malvaviscos, pero también opciones de platillos originales. Tip: Planifica tu cena con anticipación. Si vas a un lugar, haz tu reservación con tiempo y si organizas una cena, compra los ingredientes antes para evitar no encontrar alguno.Pinche Gringo @pinchegringobbq Los reyes del ahumado ofrecen cada año un menú de Acción de Gracias, el cual puede incluir platillos como pavo o jamón ahumado y relleno de pavo acompañados de salsa de arándanos, puré de papa, salsa gravy y vegetales salteados. Para terminar, no puede faltar un pay de manzana o nuez.Cumbres de Maltrata 360, Narvarte Poniente, Benito Juárez, 03020 Ciudad de México, CDMX.The Palm @thepalmmx En este restaurante, ubicado dentro del Hotel Presidente Intercontinental, es tradición celebrar Thanksgiving cada año con un menú en tiempos en el que la estrella es el pavo. Este plato suele prepararse rostizado y a las hierbas, además de acompañarse con jalea de arándanos. Puedes pedirlo con o sin guarniciones. Campos Elíseos 218, Polanco, Polanco IV Secc, Miguel Hidalgo, 11560 Ciudad de México, CDMX.Four Seasons (Zanaya y Fifty Mils) En este complejo la cena de Acción de Gracias se realiza con gran atención al detalle, desde los diversos tipos de salsas que se ofrecen para acompañar al pavo, hasta el menú de postres que incluye clásicos como pumpkin pie y tarta de nuez pecana. Four Seasons Hotel, Av. Paseo de la Reforma 500, Juárez, Cuauhtémoc, 06600 Ciudad de México, CDMX.XanatEste restaurante, dirigido por la chef Jennifer López, ofrece cada año un menú tradicional de Acción de Gracias que puede pedirse para llevar y disfrutar en casa. El pavo (de unos siete kilos) se acompaña con: ensalada de malvaviscos con camote, puré de papa y ejotes rostizados con almendras, entre otras guarniciones. Andrés Bello 29, Polanco, Polanco IV Secc, Miguel Hidalgo, 11550 Ciudad de México, CDMX.
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