Nuestro secreto mejor guardado para desaparecer las manchas de las axilas

Por Kiwilimón - Marzo 2015
Nuestra piel es la forma de contacto que tenemos con el mundo y es por eso que enfrenta muchas adversidades y hay que cuidarla bien. Hoy te recomendamos una manera ideal de protegerla y deshacerte de las manchas tras depilarte o rasurarte utilizando el desodorante Dove Dermo Aclarant ®. Se dice que la belleza cuesta y las manchas en la piel tras el paso de un rastrillo o incluso de cera caliente son un ejemplo claro. Cuando te depilas o rasuras, la piel se irrita y como reacción natural genera melanina para protegerse, la cual provoca manchas en la piel. Por suerte hay una solución ideal: el antitranspirante Dove Dermo Aclarant ® con caléndula y aceite de semilla de girasol que hidratan la piel, evitando así su oscurecimiento* y ayudan a acelerar el proceso natural de renovación de la piel, resultados visibles a partir de 14 días. Puedes olvidarte de las recetas míticas del uso de limón o bicarbonato y asegurarte de deshacerte de esas manchas oscuras en las axilas con la ayuda de Dove Dermo Aclarant ®. Nueve de cada diez mujeres que han usado este producto ven la diferencia y notan su piel menos enrojecida. Busca Dove Dermo Aclarant ®, ahora, con nueva imagen. Dove Dermo Aclarant ® http://www.dove.com.mx/es/Productos/Desodorantes/Aerosol/Dermo-Aclarant-Aerosol.aspx Recuerda que puedes complementar el uso de este confiable antitranspirante consumiendo ingredientes que te ayudarán a mantener una piel radiante de adentro hacia fuera. Estos son algunos de nuestros consejos:

5 alimentos para una piel radiante

Ver tip aquí: http://www.kiwilimon.com/tips/tips-de-belleza/5-alimentos-para-una-piel-radiante

Cómo hacer un jugo para tener una piel radiante

Ver tip aquí: http://www.kiwilimon.com/tips/tips-de-belleza/como-hacer-un-jugo-para-tener-piel-radiante Puedes conocer todo sobre Dove Dermo Aclarant aquí: http://www.dove.com.mx/es/Productos/Desodorantes/Aerosol/Dermo-Aclarant-Aerosol.aspx  
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¡Estrenamos recetario exclusivo en KiwiPro con la chef Lula Martín del Campo! Conoce más de la historia de esta increíble cocinera mexicana. Lula Martín del Campo tiene una larga y exitosa carrera gastronómica. Inició su andar en el mundo de la cocina en 1995 y, desde entonces se ha convertido en un referente de la cocina en nuestro país. Estuvo a cargo del servicio de alimentos y bebidas de hoteles como Habita, en Polanco, Deseo y Básico, en Playa del Carmen. Durante cinco años dirigió, junto con su hermano, Nico y Lula Catering y fue chef ejecutiva del comedor de directores y clientes de HSBC por más de once años.Ha dado asesoría a diversos restaurantes en la creación de menús, capacitación del personal y aperturas y ha sido invitada a varios festivales y congresos gastronómicos a nivel mundial en países como la India, Estados Unidos, España y por supuesto en varios estados de la República Mexicana. Entre otras actividades ha realizado eventos a favor de algunas fundaciones y apoya activamente asociaciones que ayudan a niños en situación de calle. Además, es creadora de una línea de filipinas que tienen como particularidad las tiras bordadas hechas por señoras bordadoras del grupo Tlatzumaque Sohuame Atla (proyecto que integra cerca de 23 mujeres nahuas que son artesanas textiles).En 2011, publicó su libro Lulachef México Contempo, donde se inspiró en las recetas de cocina mexicana que han estado presentes a lo largo de su trayectoria, que en 2012 fue galardonado como: “The Best Woman Chef Cookbook in Mexico 2011” por los Gourmand Awards. También es autora de la colección de libros “Cocina Esencial” con 11 títulos publicados y vocera de diversas marcas y ha participado en diferentes programas de cocina en televisión como “Tu Cocina”, en Canal Once, donde compartía sus anécdotas como chef en los mercados de México.  Actualmente, la chef Lula es propietaria de los restaurantes Cascabel y Marea Restaurante de Mar, ambos ubicados en la Ciudad de México, donde la chef refleja la filosofía que la ha caracterizado: Menos es Más, con propuestas gastronómicas que exaltan los sabores mexicanos a través de experiencias únicas. ¡Suscríbete a KiwiPro y disfruta las botanas y antojitos gourmet que la increíble chef Lula Martín del Campo preparó especialmente para ti! 
Para lograr los objetivos físicos que deseas, ya sea bajar de peso o ganar músculo, la alimentación es la parte más importante en tu vida fitness, por lo que deberías planificar tus comidas para afrontar la rutina deportiva que realices, así como la recuperación óptima del desgaste realizado.Ante esto, deberás conocer qué alimentos podrás consumir antes y después de cada entrenamiento, además del tiempo recomendable para realizar tu práctica deportiva después de ingerir tus alimentos. Este último punto nos lleva a la interrogante ¿puedo comer antes de entrenar?, respuesta que aquí te daremos.El proceso digestivo sí puede influir en tu entrenamiento, por lo que deberás esperar un tiempo considerable en el que la comida y la bebida se transformen en los nutrientes que absorberá nuestro organismo, para proporcionarnos la energía suficiente y así tener un mejor desempeño en la actividad física que se llevará a cabo.Durante este proceso se acumula una gran cantidad de sangre en el aparato digestivo, por lo que hacer ejercicio durante este momento compromete el flujo sanguíneo a los músculos, los cuales no se desarrollarán de forma efectiva, pues no llenarás la demanda que exigen los dos procesos.¿Cuánto tiempo hay que esperar?La recomendación estándar que todos los entrenadores y nutriólogos brindan a los atletas es la de esperar dos horas para entrenar después de comer, sin embargo, todo dependerá del tipo y la cantidad de comida que ingieras antes de realizar tu práctica deportiva.Si es un plato balanceado con proteína, verduras verdes, carbohidratos, agua simple o de sabor, tendrás que esperar como mínimo los 120 minutos recomendables, pero en caso de que tu alimentación sea pesada en grasas, azúcares, carbohidratos, sales e irritantes, aumentaría el tiempo de espera a cuatro horas, pues el proceso digestivo será más largo y lento. "Básicamente, cuanto más comas, más tiempo debes esperar para hacer ejercicio", así lo indica la nutrióloga Amie Rowe en Business Insider.Estas recomendaciones son para no arriesgar tu organismo, pues al realizar un entrenamiento de alto rendimiento tu cuerpo deberá estar en óptimas condiciones, ya que de estar con el estómago lleno podrías tener problemas gastrointestinales como “náuseas, gases, diarrea, vómito e incluso desmayos, debido a la competición por la sangre que se da entre los músculos y tu sistema digestivo", puntualiza Rowe.En caso de que por tus horarios sea complicado esperar las dos horas para hacer ejercicio después de comer, se recomienda practicar una actividad física de baja intensidad con descansos prolongados que permitan continuar con el proceso digestivo de una forma correcta.Luego de estas recomendaciones, tú tienes la última palabra sobre tu alimentación y desempeño físico. ¡Aliméntate en serio con Santander!
Partamos de una realidad: no existe una mala hamburguesa. Entre dos panes cualquier ingrediente simple adquiere un poder vehemente, casi sobrenatural. Y aunque las opciones pueden ser infinitas, personalmente prefiero dejar fuera la creatividad cuando se habla de ellas. Sí, las aberraciones también son infinitas. El escritor culinario y amante empedernido de las hamburguesas, –como su servidora– Anthony Bourdain, decía que ya eran perfectas, ¿por qué echarlas a perder?En una entrevista hecha a Bourdain por TechInsider, el también cocinero compartió las ocho reglas de oro para elaborarlas. Lo primero era mantenerlas clásicas, casi académicas: pan, carne, tomate, cebolla, lechuga, pepinillos encurtidos y nada más. Ricardo Campuzano, el chef del restaurante de hamburguesas Margarita, afirma que la hamburguesa perfecta es resultado de la sencillez, pero también de la calidad de los ingredientes.El pan, por supuesto, debe ser el marco que lo engloba todo. Un brioche suave y suficientemente mantequilloso –hay que ser conservadores en las cantidades de nuestra amiga láctea para evitar opacar el sabor de la carne– logra mandar una hamburguesa al infierno de lo común y corriente o al cielo de los elegidos. Joan Bagur, panadero y fundador de Sal y Dulce Artesanos, resume que el pan ideal es un pan estilo brioche de mantequilla con una consistencia que logre sostener el jugo de la carne. Eso sí, que tampoco sea demasiado grueso porque podría esconder el sabor del medallón. “La mantequilla con la que se hace el pan debe ser de calidad para que no nos deje un mal retro gusto”, completa.  Hablemos de la carne. Si partimos de que el origen de la receta podría ser el de las tribus mongolas y turcas del siglo XIV en la que picaban la carne para hacerla si quiera comestible, este ingrediente en versión machacado o molido es irremplazable. Vamos. Si lo quitamos, mejor llamémosle sándwich, bocata, entrepán, torta, emparedado. La decisión de si elaborarla de res, de cerdo o de una combinación salomónica de ambas es decisión de la conciencia, el gusto y el bolsillo. Bourdain afirmaba que incluir sirloin o algún corte demasiado exótico a la mezcla la destruía. En cambio, prefería el brisket o la costilla, algunas de las partes más grasosas. Y es que sí, la parte amarilla, esa que se derrite al calor, es lo que realmente le aporta magia. El chef Campuzano asegura que la combinación perfecta es de 80% carne, 20% grasa, y sólo sazonar con sal. Joan Bagur aconseja que hay que cocinarla a la plancha muy caliente para que se selle, se caramelice y permanezcan los jugos dentro. Recomienda terminarla al grill para que tome ese espectacular gusto asado. El escritor de Kitchen Confidential, Anthony Bourdain, afirmaba que no debía faltar el queso y éste debía derretirse. Panela, requesón, queso fresco, ustedes no juegan. En mi opinión, es a través de la combinación de los quesos, la grasa de la carne y lo mantequilloso del pan que la experiencia llamada “hamburguesa” sucede. Que a nadie se le pasen las salsas. Descansando en el pan va la mayonesa –una ligera crema balanceada en limón y grasa– y la reina de todas, la cátsup (el cátsup o el kétchup, para el resto de América Latina). Ella debe ser jitomatosa y vinagrosa, sutilmente dulce para equilibrar la grasa y aportar acidez. Para Anthony no había discusión en el tocino; siempre era la ocasión. En cambio, le parecía un exceso cuando las hamburguesas llegaba como una torre de Legos a la mesa. El tema es que si es demasiado alta es casi imposible poder reunir todos sus sabores en una mordida. De ahí sólo faltan las papas porque, ¿qué es una hamburguesa sin papas? Citando a Gloria Trevi, definitivamente es una papa sin cátsup. Que sean caseras, cortadas en tiras o en gajos. Que queden crocantes por fuera, pero suaves por dentro. De preferencia, que no nos dejen los dedos con reflejo, que no se apelmacen.Las apariencias engañan. Las hamburguesas pueden parecer un alimento burdo, quizás porque las hemos visto servidas en charolas de plástico, entre plásticos y bolsas de estraza, en cajitas de cartón para disfrutarse en el carro, con o sin juguete. Ello no las hace menos buenas. La hamburguesa es perfecta en sus componentes. Llegar a un balance es un afortunado accidente de la Matrix; es la diferencia de una comida rápida y una comida que apenas se diluye en el recuerdo con el paso del tiempo. Así me pasó hace una semana en el restaurante Nopa, de San Francisco, o cada vez que se me cruza un In and Out en cuyo aderezo naranja se disfraza cualquier imperfección, si la hubiera. Tampoco olvido las de The Spaniard, en Nueva York. En México, hay varias que me guiñen en ojo. Las que me recuerdan a mi adolescencia, como las de las Fuentes de Satélite que llevan piña, o las que solía hacer Joan Bagur en OkDF y que acompañaba con patatas bravas. Recientemente probé la de Margarita, del chef Ricardo Campuzano, en la colonia Narvarte: su combinación de carne + tocino + cheddar me pareció que resaltaba sus buenos ingredientes de forma monchosa. La hamburguesa es más que un sándwich en esteroides. El ritual nos involucra, nos pide permanecer atentos para que la carne no se recorra al fondo, para que los aderezos no terminen en la ropa. Pero quizás la mejor parte de comerla sea que por cuatro, quince o las veinte mordidas que nos sobrevive volvemos a ser niños, niños felices otra vez.
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