De Kiwilimón para ti

¿Por qué amamos el chile?
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La diosa del chile era Tlatlauhqui cihuatl ichilzintli o ‘Señora roja del respetable chile’. A nadie le cabía duda: al chile había qué rendirle respeto. El chile, originario de la zona andina o de la selva amazónica, ha sido el alma de muchas cocinas del mundo y sin duda, el fuego artificial de la cocina mexicana. ¿Qué sería de nosotros si faltara este fruto que lastima lo mismo que entretiene la lengua? Los españoles lo llevaron a Europa como souvenir. Allá se declararon sensibles a su picor. En cambio, los paladares árabes, asiáticos y africanos lo recibieron como revelación. Muy pronto lo incorporaron a sus cocinas y comenzaron a producirlo. Ahora el extranjero que se declare intolerante a él, padecerá su influjo en más de un tercio del mundo. En Asia se perdería de cremosos currys de la cocina india, del pad thai de la cocina tailandesa, de las barbacoas de la cocina coreana con kimchi fermentado y guindillas o de las sopas agripicantes de la cocina sichuanesa. Ni qué decir del taco mexicano. El no iniciado se llevará a la boca un sencillo amasijo de carne y maíz sin su bendición de salsa verde. Que momento tan anticlimático tendrá al comer una torta de milanesa sin una mordida intermitente a un chile en escabeche. No hay platillo local donde no se le pueda hacer un huequito. Ya Cristóbal Colón hablaba de él como “una planta tan picante como la pimienta que los nativos consumen en todas las comidas”. Al chile sólo se le deja cuando el estómago lo pide o cuando se emprende ruta a tierras más occidentalizadas. En cada ocasión se le extraña. Todo es culpa de la capsaicina, una sustancia que responde al dolor y que libera opioides y endorfinas que lo neutralizan. Por ella, el chile es motor de placer y adicción.El uso del chile es antiguo. Se cree que las culturas mesoamericanas lo comenzaron a cultivar tan pronto se volvieron sedentarias. La altura y el clima favorecieron su esparcimiento. En las culturas nacionales fue alimento sagrado y leyenda. Aún hoy es signo que aleja el “mal de ojo” a penas se pone un collar vigilante en la puerta. Es sinónimo de fiesta cuando armoniza los alimentos; es suspiro, lágrima y silencio para los que toma desprevenidos.En Perú, la otra gran gastronomía latinoamericana, es una constante. Está presente en la sazón del ceviche, en el rocoto relleno arequipeño. En el sudeste asiático aporta balance a los guisos junto a la lima kafir y el coco. En los restaurantes mexicanos –los finos, los de calle– es cortesía y el centro de mesa más bello junto a un par de bolillos o totopos.Marea porque para mitigar su calor dan ganas de inspirar y con ello se sobre oxigena el cuerpo. Calienta la garganta lo mismo que la mente, por eso es albur y jolgorio del lenguaje –un deambular entre el respeto y la burla–. El o la que aguanta mucho es ‘macho’. El o la que aguanta poco es ‘gallina’. El chile se convierte en dulce cuando se le añade azúcar; en mole, cuando se le añade magia. Hace algunos siglos era correctivo para los niños maleducados y hoy es correctivo cuando se quiere tapar una mala técnica culinaria. El chile es el éxito de muchos negocios, un objeto del deseo en la cultura pop mexicana y erotismo en la poesía urbana. Está presente en rimas leyendas y canciones, como aquella que asegura que es picante pero sabroso. ¡Gracias, chile, por existir!Para terminar de rendirle un homenaje como se debe, te dejamos este compilatorio de salsas que, sin importar del país que seas, le darán alegría a tu comida.
La cocina mexicana a diez años de ser  Patrimonio Cultural de la Humanidad
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Para cerrar la semana patria hablemos del elefante verde, blanco y rojo del cuarto: la cocina nacional es insuperable. Mientras el taco roba la atención internacional hace falta ser paisano para comprender la complejidad, amplitud y delicia de nuestra gastronomía; los entrañables guisos regionales, las tradiciones patronales, las sazones cocinadas en olla de barro, bajo el calor del pib o en la incandescencia de la brasa. Ya lo dijo la UNESCO hace justamente diez años, la cocina tradicional mexicana es patrimonio del mundo, cultura que vale la pena preservar por los siglos de los siglos. Basta ver al ajonjolí de todos los moles: el mole. Su complejidad resuena en la infinidad de ingredientes que lo componen –algunos de ellos tan improbables como unas galletas de animalitos–, en sus acepciones regionales, en las sutilezas que se modifican de acuerdo con las festividades como Día de Muertos, en su amplitud cromática que abarca casi todos los colores del arcoíris. El mole, salsa densa que nos recubre tanto la memoria como la cucharada de arroz más humilde, debe su honor, más que a sus recetas, a la tradición alrededor de su preparación.Así como en el mole, el mestizaje y la cultura se mezclan como pinturas al óleo en las cocinas tradicionales de México tanto, que hace diez años la UNESCO nombró a su totalidad como un patrimonio de la humanidad. En la declaratoria no había que ser esfinge: había que presentar un caso de estudio, reunir un sinfín de requisitos e información por parte de un grupo multidisciplinario de cocineros, historiadores, antropólogos y hasta ingenieros en alimentos con el fin de perseverar. El resultado fue una condecoración como nunca se le había otorgado a otro país. La cocina tradicional mexicana es nuestra Muralla china, nuestro Machu Picchu cultural. Según el escritor e historiador de cocina mexicana José N. Iturriaga, no es que no se hayan honrado a otras cocinas antes o después. En los últimos años se han protegido otras maravillas culinarias como, por ejemplo, la etiqueta en la cocina francesa, la dieta mediterránea y la tradición japonesa en la cocina, pero no así a un país. A diez años del fallo de la declaratoria en la que se reconocen las prácticas, rituales y elaboraciones vinculadas a nuestra cocina, merece volver a celebrar el mérito. Celebrar que en México no sólo hay 32 estados, sino una infinidad de tradiciones que se preservan en el fuego de los comales, las ollas, las vasijas de barro. Celebrar por supuesto a las cocineras tradicionales que, según Iturriaga, “son el objeto mismo de la declaratoria”, el libro atemporal de los saberes culinarios de cada región. José N. Iturriaga, escritor de libros como 'Saberes y delirios' o 'Confieso que he comido', afirma que parte de la responsabilidad de tener una cocina protegida por la UNESCO es la de rescatar, salvaguardar y promocionar la tradición “más que a un platillo o a un ingrediente; preservar la cocina de nuestros pueblos, la cocina de los mercados, de las abuelas”.Para lograrlo se creó el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, un organismo consultor de la UNESCO que lleva a cabo reuniones nacionales anuales, foros mundiales de gastronomía mexicana, seminarios académicos y hasta encuentros de cocineras tradicionales. “A los platillos y tradiciones hay que estarles dando nuevo vigor. Preservarlos y salvaguardarlos para que no caigan en desuso y se mantengan vivos. El sentido principal de la organización es la conservación de las tradiciones”. Lo que nos toca hoy en casa es aprender y enseñar sobre cocina mexicana a las generaciones venideras. Desempolvar el tortillero y echarle leña al fuego. Poner literalmente las manos en la masa y extender los hilos de la tradición hasta el infinito. Hoy te invito a tomar alguna de nuestras recetas tradicionales y prepararla en familia. Además de cincelar recuerdos harás historia, harás cultura, serás parte de este ritual iniciático que puso a suspirar a los primeros mexicanos.
Antojitos y vino mexicano, el maridaje perfecto
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La noche le da un toque nostálgico al Centro Histórico de la Ciudad de México. A las calles las iluminan los reflectores de las iglesias y las luces amarillas de los puestos trasnochados. En Bolívar, casi esquina con República del Salvador, hay un fulgor más brillante que los otros. Es el de Los Cocuyos, legado culinario del ombligo de México. “Deme dos campechanos”, le digo a mi taquero, tratando de guardar la línea. De tomar pido agua porque traigo un vasito con vino mexicano para acompañar mis tacos de lengua y longaniza. No es que no me guste el Boing de guayaba, es que el vino potencia bien los sabores de la carne frita, el maíz y la salsa roja –mi favorita– de este puesto con poco más de 50 años. Eso de que el vino sólo va en las mesas elegantes es fantasía. El maridaje le da watts a casi cualquier comida (digo “casi” porque no es fácil encontrar el vino ideal para sopas y caldos o guisos a base de jitomate). El chiste de unir el jugo fermentado de la uva con comida es hacer brillar a ambos; sacar a relucir lo bello de uno con lo sabroso de otro, en un bocado. En general las reglas del maridaje entre los antojitos y el vino mexicano son las básicas. Si no quieres complicaciones, lo mejor es elegir un vino blanco para la garnacha sin carne o con pescado (como los tacos estilo Baja), y vino tinto para lo que tenga carne. Las carnes magras disfrútalas junto a tintos jóvenes y las carnes de sabores concentrados, junto a vinos de mayor complejidad. Si lo que buscas es apaciguar el picor y resaltar el guiso de los platillos condimentados como los chiles en nogada o las enchiladas mineras busca un rosado.Otra regla puede ser la del color. Aunque no lo creas, puedes elegir tu vino en base a los colores de tu antojito. ¿Qué tal unas quesadillas fritas –de queso, al estilo “Todos menos CDMX”– con un vinito blanco? Uy, no se pierdan las rosadas carnitas de cerdo o de atún con un rosé, ni la comida oscura, como el mole, con un tinto. Mi regla favorita sin embargo es la de optar por vinos de la misma región que los platillos. Casi nunca va mal; cada ecosistema biológico y social está conectado. No hay mejor amigo de la pizza o la pasta que los vinos italianos, así como de la garnacha y el antojito, lo son los vinos mexicanos. Pero como dicen: en gustos se rompen géneros.Este quince de septiembre te invito a experimentar, a probar con tus propias reglas. Si te da miedito o simplemente quieres gozar sin curiosear te dejo algunos maridajes ganadores entre vinos mexicanos y antojitos, garnachas y comida callejera. Seguro los vas a disfrutar, siempre y cuando los apliques con medida.Tacos al pastor y Vinaltura roséNada acompaña mejor al taco predilecto de chilangolandia que este rosado elaborado con uvas queretanas de tempranillo y syrah. Destacarás el sabor de la carne especiada sin perder acidez ni estructura.Barbacoa dominical y Norte 32 etiqueta blancaLa carne de borrego hecha al hoyo por largas horas merece un acompañamiento con acidez y una estructura que no se pierda tras el fuerte sabor del cordero. Este 100% cabernet le irá al hilo. Taco de chile relleno y Arrebato tintoMe gusta lo que hacen uvas como la syrah, la petit syrah y el cabernet con lo picante del chile. Eso sí, que venga relleno de carne molida para que el vino no sobresalga demasiado.Tacos de lengua y Ala rotaPicadita o entera, los tacos de lengua son textura y sabor asegurados. Junto a esta mezcla expresiva y especiada de cabernet y petit syrah, se convierten en un manjar. Tostadas de tinga de pollo y ForzaEl hit número uno de los quinces de septiembre merece estar bien acompañado. Esta mezcla de merlot y cabernet sauvignon de la bodega Concierto Enológico no opacará su sutil encanto. Huarache de bistec en salsa y Montefiori Cabernet MontepulcianoLa res, la salsa y el maíz ya son una combinación ganadora. Y si además se le añade este cabernet montepulciano ligero y de buena acidez, todos los elementos resaltarán.Pambazos y EntrelíneasLa malbec, la nebbiolo y la syrah de terruños hidrocálidos le dan soporte a la grasa del pan y al chorizo. ¡El resultado será el mejor pambazo que te has comido! Tacos de costillita y Plata .925El carbón es el ingrediente esencial de los tacos de costilla. Junto con la salsa y el limón cantarán al mismo son que los tostados de este tempranillo, grenache y syrah de la familia Plata Chavarría.Cochinita pibil y El Cielo SeleneEl plato insignia de la cocina yucateca se caracteriza por los sabores especiados y cítricos; destácalos con la frutalidad y frescura de este vino rosado hecho con grenache y syrah.
Lo que comes podría estarte quitando la armonía
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La armonía en tiempos de Covid-19 no es una montaña inalcanzable. Para corrientes como el Ayurveda, el yoga o la Trofología, una buena alimentación es el camino recto hacia ella. Si no pregúntense, ¿qué es la armonía de un cuerpo sino su salud? Y ¿qué es la armonía sino mantener el equilibrio, a pesar de los acontecimientos externos de los cuales no tenemos control?De ahí la importancia de la Trofología. Esta palabra rara es una rama de la nutrición natural que estudia la bioquímica del cuerpo y las reacciones que los alimentos provocan en él. Y al hablar del estrés –adivinaron, es una reacción química del organismo– es vital adentrarnos en su estudio. Según Majo Ortiz, fundadora del Colegio Mexicano de Trofología, no hay nada más real que la frase <somos lo que comemos>. “Nuestras células son un resumen, entre otras cosas, de los alimentos que consumimos”, afirma. Darle algo estresante a nuestros órganos es arrebatarle la paz al organismo.Es cierto: comer es un acto instintivo. No hay que estudiar para saber cuál es la mejor forma de atajar una buena hamburguesa. Comer sabiamente sí es un arte. Majo explica que la magia está en seleccionar correctamente nuestros alimentos; que de preferencia “estén vivos”. Y no es que salgamos a cazar ni que le metamos una mordida a una vaca, sino procurar que nuestra comida sea 100% natural: que tenga el poder de descomponerse; que no tenga componentes químicos que alteren lo que la naturaleza ya creó en perfección. Los alimentos vivos que ofrecen los supermercados, sin embargo, son los menos. A diferencia de otros tiempos ya no suena absurdo buscar “ingredientes orgánicos” porque la mayoría está modificada. Desde la selección de alimentos podemos armonizar nuestro cuerpo para por fin liberarnos de las cadenas del estrés. Los alimentos procesados nos sobreestimulan. El exceso de azúcar brinda placer momentáneo y luego, un bajón. Majo en cambio recomienda elegir alimentos altos en vitamina c como los frutos rojos, el limón, la naranja y la guayaba que desinflamarán el cuerpo. “Un órgano inflamado es un órgano estresado”, asegura. Alimentos como el jengibre y cúrcuma infusionados en agua o adicionados a la comida conseguirán un buen resultado. Las semillas de girasol le devolverán minerales al cuerpo mientras que el yogurt con búlgaros aportará B12 para darle energía y frescura a la mente. Majo explica que el arte más difícil es el de combinar los alimentos. Y no, no todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. El Ayurveda ha explicado el tema siglos atrás. Lo difícil puede ser hacer combinaciones efectivas, de esas que el organismo pueda descomponer fácilmente y donde el desdoblamiento de carbohidratos sea sencillo. Si esto no sucede se generan toxinas y, por lo tanto, el cuerpo se estresa. Por ejemplo, Majo explica que ponerle limón a una papa hace que sus carbohidratos no se desdoblen bien. En cambio, una buena combinación de alimentos sería mezclar alimentos verdes con algo de grasas buenas como las almendras, las nueces o el aguacate e incluir carbohidratos complejos como la papa. El tercer punto para liberarnos del estrés a través de los alimentos es prepararlos correctamente. El chiste es ser consciente de que cada técnica, cada ingrediente y cada decisión a la hora de cocinar puede tener consecuencias en el organismo. Ella recomienda comer “lo más natural posible. Lo más crudo posible. Sin muchas añadiduras. Así, nos estaremos comiendo el proceso de la fotosíntesis que sucede en las plantas. Estaríamos tomando el sol, el agua y el aire que cada verdura y fruta adquirió”.La correcta selección, combinación y preparación de los elementos puede evitar la acumulación de toxinas que acaban por desarmonizar el cuerpo. El cuerpo desequilibrado es más propenso a ser irritable y a sentirse cansado en el mediano plazo, y a enfermarse a la larga. Por eso la desintoxicación regular vigilada por un experto es recomendable. Algunos alimentos que ayudan a desintoxicar el cuerpo son los fermentados, como la kombucha o el kimchi coreano, y los probióticos que producen reacciones bioquímicas buenas para el organismo. Si comemos limpio, o sea, sin exceso de ingredientes procesados, azúcares, sodios y harinas, la salud mental y física será viable.A la alimentación consciente súmale descanso, meditación, yoga y algo de cardio para oxigenar el organismo. La risa y las emociones positivas también suman. Cuando los elementos se conjugan nuestro cuerpo saca a relucir su poder autocurativo y autosanador. La armonía aparece porque lo natural del cuerpo es estar bien. No hay que obstaculizarlo nosotros.
Un homenaje a mi abuela y a su receta de mole verde
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El don de mi abuela era cocinar. Cada domingo religiosamente, casi un centenar de comensales se formaba alrededor de su restaurante en Tlalnepantla para probar la barbacoa. No sé si es cosa del amor, pero no he probado una de mejor sabor que la que preparaba apenas amanecía el sábado y cobijaba entre pencas en el hoyo de piedra hasta el día siguiente. Pero hoy no toca hablar de los secretos de su barbacoa sino de su plato más célebre: el mole verde. Mi abuelo subió a mi abuela a un caballo flaco cuando ella no pasaba de los catorce años. A Celia no le quedó de otra que dejar las muñecas y tomar, en cambio, los sartenes y las ollas. De la bisabuela María heredó talentos como los de percibir el sabor de los guisos usando la nariz y el de usar las cocciones como sazonador. El mole verde vino años después, en su época de oro. Doña Celia, mujer empoderada de seis hijos, hizo prolíficos negocios alrededor de la cocina. Cuando llegaba el día de su cumpleaños, el patio de su rancho se convertía en el lugar más festivo de San Andrés Timilpan. Aún recuerdo la tambora, las mesas con manteles que ella había bordado en punto de cruz, las salsas al centro y las señoras palmeando tortillas ante el inmenso comal. En medio del jolgorio y de nietos jugando a las “traís” salía la gran olla de mole verde. Como en una suerte de milagro, de esa vasija de barro, Doña Celia saciaba a sus seis hijos y a sus familias, a todos sus amigos, a todos sus compadres, a todo el pueblo. El desfile de platos cubiertos por su guiso color verde aceituna comenzaba desde un rincón del patio y corría, a veces, más allá del portón. El mole verde de ella era especial. Nadie lo dudaba. No le ponía pepitas como generalmente se usa en el Estado de México o Hidalgo. El de ella llevaba almendras. Ya saben: moles hay tantos como sazones y a mi abuelita no le gustaban las reglas; su receta es tan única como ella. Eso sí, advierto que le hace falta algo que no se contabiliza en un ingrediente o en un paso del procedimiento. Yo misma la he preparado al pie de la letra junto con mi mamá y mis tías y aunque el resultado es muy bueno, no sabe al “Mole verde de Doña Celia”. Quizá deba esperar otro rato y otra dimensión para probarlo junto a ella como me sabe en el recuerdo.Hoy que escribo esto se me antoja poner una canción de José Alfredo y hacer mis propias combinaciones frente a la olla de barro. Que desde lo lejos mi abuela sepa que la recuerdo y que por el olfato cuántico detecte si mi mole quedó rico. Lo de ella era agasajar a otros aunque no pertenecieran a su familia. Estoy segura de que la pondría feliz que ustedes prepararan su receta o cualquier otra para festejar a sus abuelos. Brindar juntos por el regalo que es su presencia. Poner la tambora, aunque sea en la grabadora, o los boleros o las de Luismi para celebrarles que, sea cual sea su don, el de los abuelos es amar incondicionalmente a sus nietos. Sí, así como Doña Celia.Mole verde estilo fiesta de Doña Celia250 g de ajonjolí100 g de almendras6 pimientas gordas +-10 clavos de olor2 pizcas de comino1 bolillo frito en aceite1 tortilla frita en aceite2 kg de tomate verde manzano, peladoChile verde jalapeño (al gusto, depende del picor que se aguante)1 pollo entero, verduras, hierbas de olor y aguaSalaceiteDesde muy temprano se pone a cocer el pollo junto con unas hojitas aromáticas, un trozo de cebolla y algunas verduras. Una vez listo, se reserva lejos de la ventana. En una olla con poca agua y algo de sal se agregan los tomates. Basta que se pongan ligeramente suaves para sacarlos de la lumbre. En otra olla, hay que poner a calentar bastante aceite y dorar el ajonjolí con las almendras peladas. Una vez listos se retiran y se ponen a freír los chiles. Hay que poner todos los ingredientes a moler junto con las especias y con un poco del caldo de pollo. Los tomates, no. Esos se dejan reservar pacientemente. En seguida, se pone a calentar una gran olla de barro, que de preferencia tenga varios años de uso. Hay que vaciar el mole y no dejar de moverlo ni un segundo para que no se pegue o se queme –de preferencia que sea la misma persona la que lo mueve y que los movimientos vayan en dirección a las manecillas del reloj para que “no se corte”–. Ahora sí se le agrega el tomate ya molido y al final, un poco de caldo, dependiendo de la consistencia que le guste a la familia. Lo último, y haciendo uso de la nariz y del buen gusto, hay que ajustar lo más importante de la receta: la sazón.
Lo que nunca te habías atrevido a preguntar sobre vino
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El vino no es un idioma que deba aprenderse. No es una pieza de arte conceptual que haya que comprenderse o descifrarse. Tu moño, pipa y guantes sácalos cuando pruebes otras cosas más sofisticadas. El vino se prueba y listo. Eso sí, asegúrate de que el que te lleves a la boca te guste. Para diferenciar los unos de los otros –los “sí, por favor” de los “nunca más”–, hay que degustarlos y no sólo tomarlos. Y si te llegara a quedar alguna duda, aquí te respondo lo que siempre habías querido saber sobre vino, pero nunca te habías atrevido a preguntar. Y a todo esto, ¿qué diantres es el vino? Este caldo multicolor (tinto, blanco, rosado o naranja) es el jugo fermentado de la uva. No de la que nos llena la boca cada Año Nuevo en busca de amor, salud y dinero. Hablo de la vitis vinífera o vid cuyas variedades o cepas seguramente has escuchado nombrar: cabernet sauvignon, merlot, malbec y muchos etcéteras. Sí, así como el mango y sus múltiples variedades (ataulfo, petacón, manila).Seguramente te preguntarás, ¿por qué hay que oler el vino? Para mí es la parte más especial del jugo de la vid. Los aromas son su regalo –además del sabor–, pues en ellos se revelan cuentos de castillos, lunas y familias; historias sobre el lugar donde fue cultivado, sobre la cepa, la receta con la que se elaboró. ¿Recetaaaaa? La receta en el vino no es como la de un cheesecake. El “saber hacer” o receta a la que llega un enólogo contempla desde la forma en la que la uva se siembra hasta si se combina con otras variedades para crear mezclas, o si el vino se guarda en una barrica ya usada o una nueva. Las posibilidades son infinitas. Quizás no te habías atrevido a preguntar por qué movemos la copa y luego olemos el vino. Sin duda no es para llamar la atención. El ligero movimiento circular oxigena el líquido y despierta con potencia los aromas. Haz la prueba y huele la copa quieta. Luego, agítala. Tu percepción cambiará. ¿Quieres saber por qué se dice que el vino “huele a cereza” “tiene aromas a pimienta” o “a manzana verde”? No es que añadan dichos ingredientes en su elaboración. Los aromas resultan de las reacciones químicas de la fermentación y el añejamiento. Lo que sí puede suceder es que, si en el viñedo había romero y lavanda, el vino desarrolle notas similares. Y, ¿qué hago si yo no huelo nada? Primero, no desesperarte y practicar. Aunque la gente te vea como a un loco, experimenta la vida a través de la nariz. En el mercado, acércate a las flores y grábate en la memoria cada olor. En el súper huele las frutas (sin tocarlas, por aquello de la sana distancia) y nota si hay diferencia entre un durazno y un chabacano, entre una manzana verde y una roja. En casa, amontona especias y a cierta distancia trata de reconocerlas con los ojos cerrados. Esto desarrollará tu instinto sabueso. Si conoces a un fan del vino habrás escuchado de los taninos. ¿Los tanin.. qué? La tanicidad es una característica esencial en el tinto junto a la acidez, el dulzor y el alcohol. Para hablar de ella, primero recuerda la sensación que te deja una loción astringente en la boca. Esa sequedad en las encías es la tanicidad. Los taninos son deseables en el vino, siempre y cuando estén equilibrados con las otras características. Si no están bien “pulidos” o trabajados en la receta, lo más seguro es que el vino no sea fácil de beber y te deje seca la boca.Y finalmente llegamos a la pregunta más importante de todas: ¿Un vino barato es sinónimo de “malo” y viceversa? Como en la comida, el precio no asegura la calidad ni el sabor; siempre hay hallazgos en lugares insospechados y decepciones en sitios de alcurnia. La calidad de un vino depende de los cuidados puestos en la uva desde el campo y la bodega. Además, tiene que ver con la técnica y la receta del enólogo. Si él se esmera por producir productos de calidad, te aseguro que sus vinos más baratos serán mejores que los de una bodega de mucho marketing y con prácticas a medias tintas. Hay vinos para cada momento y cada bolsillo. Anímate a probarlos con medida y a degustar en consciencia. Aterriza en el momento. Mantente presente en las sensaciones que llenan la nariz y la boca. El regalo será grande. ¿Tienes más preguntas de vino? Escríbeme y te contesto: shadia.asencio@kiwilimon.com
Lo que nos gusta comer a los mexicanos
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Diría que la boca es la parte más caprichosa del cuerpo. Ella, construcción de la memoria, habla de lo que le ha tocado probar, de eso que le ha cincelado un momento. Y a razón de la polémica columna escrita por Enrique Olvera, el tema de cómo comemos los mexicanos se pone de nuevo sobre la mesa. El mexicano, delimitado con las bendiciones de su biodiversidad y su cultura, tiene un gusto como el de nadie. El verde, el blanco y el rojo se clavan en nuestras papilas gustativas como bandera de conquistador. Sin hacer uso de nacionalismos, nuestro gusto, como el de cualquier otro ciudadano del mundo, es un entrenamiento adquirido. Los nacidos en una zona tropical como Bali no tendrán el mismo paladar que los nacidos en el frío Reikiavik. Tampoco será igual la gama sensorial de una persona que se ha alimentado siempre en su localidad a la de un viajero. Entran en el juego la física, la química, la tolerancia a lo nuevo y hasta la emoción que nos hace salivar lo mismo que llorar.La gran escritora, diplomática y fundadora del Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, Gloria López afirma que lo que nos gusta comer a los mexicanos tiene que ver con la naturaleza y con el espacio geográfico que ocupamos. “Nuestro territorio se sitúa en una zona tropical, otra semidesértica y altiplano. Esto define nuestros gustos. En las zonas tropicales existen sabores acentuados y picantes. Sólo basta ver el norte de África, Asia, o el sudeste asiático. En esas franjas tropicales se dan los ajíes y las pimientas: especias que acentúan el sabor de la gran mayoría de sus comidas”.A mi juicio, los sabores también son construcciones culturales. Y es que a los sentidos los moldea la cultura. Lo que es “feo”, “bueno”, “tonto” para alguien, en otro lugar no lo es. Los mayas, por ejemplo, consideraban bello tener implantaciones dentales de piedras semipreciosas. En el tema culinario, pasa lo mismo. A muchos extranjeros les parece temible que tostemos chapulines y nos los comamos en bolsita, rociados en chile y salecita. Para mí, son palomitas para ver la tele. Y es que no lo niego: lo que nos gusta comer a los mexicanos es peculiar. Mejor dicho, original, divergente, único.Sin duda lo que más define el gusto a los mexicanos es la comida especiada y picante. “Son sustanciales en nuestra forma de comer. Otro sabor son los agridulces”, asegura Gloria López. Añadiría a la suma lo ácido. Pero el tema de los sabores también es físico. Al ser humano químicamente le gusta el azúcar y los carbohidratos porque le dan fuerzas, porque su presencia inhibe las bacterias. Los sabores amargos, por su parte, generan mayor repele porque su composición nos recuerda a lo que está descompuesto. Si por alguna razón hiciéramos un #limónchallenge con un bebé de un año, las muecas de sus primeras gotas de cítrico terminarán en el TikTok de la humanidad. La explicación bioquímica se llama palatabilidad. El fenómeno tiene que ver con el cuerpo y con cómo los sentidos interpretan un alimento según sus recuerdos ancestrales de supervivencia. Si algo le gusta tendrá que ver con qué tanta satisfacción nutrimental le brinda al organismo. Siendo honestos –y pensando en fermentados como el pulque o en sabores amargos y concentrados como el achiote– la palatabilidad no lo es todo. La forma en que los mexicanos nos apropiarnos de la biodiversidad y del entorno (a.k.a. la cultura) delineó lo que nos gusta. En el territorio había chiles y tomates. Había piedra, había fuego. Echamos todo al molcajete e hicimos salsas. A esta apropiación le añadimos creatividad, percepción y lo que íbamos aprendiendo en el camino: prueba y error. Hijos que interpretaron. Padres que enseñaron.En México nos gusta el dulce. Nos gusta el dulce con picante. Nos gusta el dulce con picante, con ácido. Si no, recuerden cuántos años tenían cuando probaron su primera paleta de tamarindo picosa o un raspado de grosella con limón de carrito. Quizás no pasábamos de los ocho años cuando el recreo sabía a Cazuelitas de la cooperativa, a Cazares con Miguelito –esa mezcla de azúcar y chilito que nos hace pasita la panza pero que pone a bailar las papilas de solo pensarla–. Desde que somos pequeños entrenamos a nuestro paladar a recibir alimento con serpentinas y confeti. Convertimos nuestra boca en una fiesta. La comida hervida nos parece tan triste como la muerte. Y aunque los sabores cambien con cada región –con cada hogar–, ninguna se salva de una fuerte corriente estimulante. Quizás, entre más al sur más complejidad (dulce, salado, amargo, agridulce). Pero en el norte los sabores son concentrados: lo muy picante y el humo son piezas que hacen interesante el ejercicio gustativo.La crema y el queso nos sirven para amainar los calores del chile. La lechuga para darle frescura a eso que nos quema la boca. El limón nos “corta la grasa”, pero no como piensan aquellos que desearían convertir las garnachas en ensalada a golpe de gotas de jugo. El limón equilibra la pesadez de la grasa, baja ligeramente el picor. Y bueno, si lo piensan, ¿qué antojito se salva de la fritanga, de la especia, del candor? De ahí que el limón armonice en todo lo mexicano, sea o no bien visto. Octavio Paz decía que, “Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro, máscara la sonrisa”. Y es que no hay mexicano que se salve de las máscaras. ¿Quién nos culpa de que el limón, el chile, o las capas de azúcar y canela lo cubran todo? Dejar de hacerlo, es probablemente dejar de ser mexicano. Si te dieron ganas de poner a bailar al gusto, te comparto esta receta que me encanta: Paletas de tamarindo.
Y, ¿qué cocino hoy?
De Kiwilimón para ti
Son las doce del día y para el chef de casa podría ser un momento de angustia. ¿Qué voy a cocinar hoy? El dilema no se resuelve lanzando una moneda al aire, sobre todo si la familia pide renovar y, si a la par, hay un reporte qué entregar en el trabajo o una junta a la cual asistir. Las ideas se nos secan. El tiempo nos vigila. El refri espera. No te preocupes y sigue leyendo.Abre tu mente.Inspírate, inspírate, inspírate. Para saber qué cocinar hoy sobrevuela la página de tu súper favorito y entérate cuáles son los ingredientes de la temporada. Ellos te darán ideas sobre lo más fresco disponible. La otra –la infalible– es adentrarse en plataformas de cocina como Kiwilimón para explorar entre recetas y antojos. Nosotros renovamos nuestras sugerencias continuamente para que tu foco culinario permanezca prendido. Ya sabes, lo que no se te ocurre a ti, se le pudo ocurrir a alguien más. Checa tu guarida. Comienza por explorar tu congelador. ¿Todavía guardas el mole de tu tía desde su cumpleaños? ¿Tienes el chicharrón en salsa que te quedó de una comida familiar? Sácalos. Eso sí, no los presentes igual. Compleméntalos o dales una nueva forma para que nadie sospeche su procedencia bajo cero. Procura descongelar en la mañanita, a penas salga el sol. El tema es que si descongelas de golpe algunos alimentos –como el salmón o el pollo– podrían tomar olor a refrigerador y hacerse fibrosos. Si en el congelador no hubo material de inspiración, continúa con el refri. Siempre hay algo al límite de caducar: esa será la señal divina que te hará saber qué cocinarás hoy. ¿Sólo tienes huevos? Todo cuenta. Una tortilla de patatas o una frittata de verduras son una comida entera si las complementas con una ensalada y rebanadas de pan a la parrilla.Lo último para explorar es la alacena. Una proteína –vegetal o animal, enlatada o en conserva– será suficiente. No la prepares desprovista de diversión. ¿Qué tal en un atún a la vizcaína o en unas tostadas de salpicón de atún? No olvides a las leguminosas como los frijoles, las lentejas y los garbanzos: ellas constituyen una fuente ideal de proteínas. Hay mil formas de convertirlas de guarnición a plato fuerte. ¿Nos comemos una hamburguesa de lentejas?Planea tu menú con anticipación. Mi recomendación: no te llenes de pensamientos logísticos el domingo por la noche. El sábado a medio día, con toda calma, planea qué cocinarás. Una buena forma de hacerlo es seguir un modelo de alimentación por días de la semana. Por ejemplo, lunes, platillos sin carne (usando proteínas vegetales); martes, comida tradicional; miércoles, proteína asada y ensaladas; jueves; cocina del mundo; y viernes, comida divertida. Así comenzarás el proceso creativo desde un punto de partida y con un buen balance nutricional. Un producto, mil formasUn ingrediente es un lienzo infinito. Él puede ser tu salvador en los capítulos diarios de “¿Y qué cocino hoy?”. Si tienes pollo y debes descongelar toda la pieza, piensa en las posibilidades de la misma cocción. Por ejemplo, el caldo del pollo te servirá de base para sopas, cremas y salsas. El pollo se puede dividir en tres partes. La primera, picado en cubos para preparar una ensalada cremosa; la segunda, desmenuzado y como relleno de unas enchiladas de chile cascabel; la tercera, como relleno de un chile poblano junto a un caldillo de tomate. A las verduras del caldo, drénalas y añádeles queso manchego y un poco de requesón para gratinarlas o bien, córtalas en cubos para preparar una ensalada con tocino. Si cociste calabacitas, una opción es rellenarlas con rajas y queso, hacerlas lasaña o bien, cortarlas a lo largo y grillearlas para sustituir un huarache de masa.ImprovisaNo te dio tiempo de inspirarte. No te dio tiempo de pasar al súper. No te sientas mal. A todos nos pasa. Aquí viene el tip: saltea todo lo que tengas de verduras en una olla, agrega una proteína y termina con una salsa para pasta. No tienes proteínas, pero tienes huevo. Unas tortitas de vegetales serán tus salvadoras. ¿Tienes pechugas de pollo y verduras? Júntalo todo y haz una nueva versión de discada para taquear. Recuerda que todo –sí, todo– cabe en una olla o en un taquito.
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El tomillo es una hierba mediterránea con usos culinarios, medicinales e incluso ornamentales. Las flores, las hojas y el aceite de tomillo se pueden utilizar como remedio casero para tratar varios síntomas y malestares, pero también puede darle brillo y suavidad a tu cabello.La variedad más común es thymus vulgaris, la cual probablemente reconozcas si tienes un juego de especias, pero es mucho más que un ingrediente secundario. Los antiguos egipcios lo usaban en sus prácticas de embalsamamiento, mientras que los antiguos griegos lo usaban como incienso.Gracias a su sabor distintivo, el tomillo se ha mantenido como un alimento básico hasta el día de hoy. Pero el tomillo también está ganando rápidamente reputación por sus cualidades medicinales, como su capacidad para ayudar a tratar el acné y la presión arterial alta.Para qué sirve el tomilloEl tomillo es una de las hierbas más versátiles que existen. En la cocina, aporta un sabroso sabor a carnes, sopas y guisos. Gracias al potente timol antiséptico natural que se encuentra en las hojas de la planta, esta práctica hierba también se usa para varios remedios naturales, limpiadores domésticos y más. Del tomillo se dice que tiene propiedades antibacterianas, insecticidas y posiblemente antifúngicas. Por mucho tiempo, se utilizó a lo largo de la historia para embalsamar y también como protección de la peste negra. Las formas en las que se usa el tomillo incluyen las hierbas frescas y secas, y el aceite esencial.Sus propiedades antibacterianas provienen del timol, el cual pertenece a una clase de compuestos naturales conocidos como biocidas, sustancias que pueden destruir organismos nocivos, como bacterias infecciosas. Es así que el tomillo, utilizado junto con otros biocidas, tiene fuertes propiedades antimicrobianas.Por otra parte, el aceite esencial de tomillo, que se obtiene de sus hojas, se usa como un remedio natural para la tos. En su presentación de té, , un estudio mostró que una combinación de tomillo y hojas de hiedra ayuda a aliviar la tos y otros síntomas de la bronquitis aguda.Cómo usar tomillo para tener un cabello sedosoEl uso de tomillo y romero para un cabello suave y sedoso es más antiguo de lo que puedas pensar. Así, el tomillo se puede usar como enjuague para promover un cuero cabelludo limpio y saludable. Para hacerlo, combina 1 cucharada de hojas de romero frescas (o 1/2 cucharada de hojas secas) y 1 cucharada de hojas de tomillo frescas (o 1/2 cucharada de hojas secas) en un tazón y vierte 2 tazas de agua hirviendo sobre las hierbas. Déjalas reposar hasta que se enfríe y cuela en un recipiente limpio. Lo único que tienes que hacer es enjuagar tu pelo después de lavarlo con esta infusión de las hierbas y no es necesario que lo enjuagues posteriormente.Tu cabello quedará brilloso y sedoso sin necesidad de aplicar un tratamiento engorroso ni gastar mucho dinero en productos. Usa este remedio casero con tomillo y cuéntanos qué tal te funcionó.
La comida de Michoacán, es sin duda, una de las que más destacan por su maravilloso sabor en todo México y tan es así, que en 2010 la cocina michoacana fue nombrada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad ante la UNESCO. ¡Por eso te traemos 7 deliciosos de Michoacán para celebrar el 15 de septiembre! Pozole estilo Michoacán El pozole nunca puede faltar en las fiestas patrias, pero ¿has probado el pozole michoacano? Éste se prepara con carne y cabeza de cerdo que le da un sabor totalmente diferente. Carnitas michoacanas ¡Las carnitas michoacanas son una fiesta de sabor! Por eso, son el platillo ideal para celebrar estas fiestas de orgullo nacional. Si no las has probado, ahora es el momento indicado para hacerlo.Corundas Las corundas son ese platillo legendario que se originó desde tiempos prehispánicos y no pueden faltarte para dar el Grito de Independencia. Se trata de unos tamalitos michoacanos triangulares, rellenas de queso, chilacas, carne de cerdo, vegetales o legumbres. Uchepos A diferencia de las corundas, los uchepos son tamales hechos a base de maíz con un toque de leche y de sabor dulce que no pueden faltar casi en ninguna celebración de Michoacán. Sopa tarasca La sopa tarasca es uno de los platillos más populares en la gastronomía de Michoacán, ya que cuenta con una salsita de frijoles difícil de resistir. ¡Es la receta perfecta para celebrar el 15 de septiembre! Enchiladas michoacanas Las enchiladas placeras michoacanas están hechas con salsa de chile guajillo, chile ancho y van acompañadas por cubitos de papa y zanahoria que les brindan un sabor increíble. ¡Te encantarán! Chongos zamoranos ¿Qué es una buena fiesta sin el postre? Y para postres mexicanos, no hay como los chongos zamoranos de Michoacán, un dulce hecho con leche, azúcar y canela. Son sumamente deliciosos. ¿Cuál de estos platillos de la comida michoacana prepaparás para celebrar las fiestas patrias?
Una de las formas más prácticas de hacer un cheesecake sin horno es usar la olla de presión. Puedes prepararlo de la forma original o al estilo New York y además, con varias ventajas como estas cinco que te mostramos.Por ejemplo, el tiempo de cocción de tu cheesecake se reduciría 10 minutos y obtendrás la misma consistencia que si lo hubieras horneado a baño María. Descubre lo fácil que es hacer esta Delicia de la Cocina con una olla Magefesa que puedes encontrar en Liverpool.1. Tu cheesecake tendrá más sabor El diseño hermético de la olla a presión permite que los sabores se desarrollen más rápido y con mayor profundidad. Además, cuando se reduce el tiempo de cocción, también disminuye el tiempo que los alimentos permanecen en la estufa hirviendo, perdiendo el sabor natural o evaporando los nutrientes principales.2. Ahorrarás gasLa cocción a presión es mucho más eficiente que encender un horno de gas y puede reducir por mucho el tiempo de cocción y el uso de energía. Además, la cámara de cocción (la olla interior) está completamente aislada, por lo que la olla no necesita ejercer tanta energía para calentarse.3. Reducirás el tiempo de cocciónEn comparación con otros métodos de cocción, como hornear, la olla a presión puede reducir el tiempo de cocción y el uso de energía hasta un 70 por ciento.4. Tu cheesecake tendrá mejor aparienciaCocinar en recipientes abiertos, sin importar si tienen tapa, expone los alimentos al oxígeno y al calor, lo que puede resultar en una comida con colores apagados. Sin embargo, la cocción a presión satura los alimentos con vapor, lo que permite la retención de colores brillantes y fitoquímicos, o sea, los compuestos químicos que le dan el color a las frutas y verduras.5. Tu cheesecake estará libre de microorganismos dañinosUna olla de presión crea un entorno que permite que el agua hierva a más de 100 °C, por lo que es una forma excepcional para destruir eficazmente las bacterias dañinas. Pero no sólo eso, si usas una olla de presión hecha con acero inoxidable 18/10 (el mismo que se usa en los instrumentos quirúrgicos), como esta de Magefesa, entonces también evitarás la acumulación de moho, gérmenes y bacterias gracias a su estructura poco porosa.Las ollas de presión son segurasLas ollas de presión de acero inoxidable son utensilios de cocina muy confiables, pues cuentan con varios sistemas de seguridad que evitan la acumulación de exceso de presión, como las válvulas y los sensores que tienen las de Magefesa.Ahora que sabes que puedes hacer cheesecake y cocinar muchos otros platillos, además de acortar el tiempo para hacer deliciosos frijolitos, aprovecha que Delicias de la cocina llegó a Liverpool para perderles el miedo y tener una olla de presión o renovar la tuya. Consulta los ingredientes que necesitas para tu cheesecake, prepara la mezcla y ponlo a cocerse de la manera más rápida, práctica y sencilla en tu olla de presión Magefesa disponible ya en Liverpool.
Tener remedios naturales para cualquier cosa es una de las mejores prácticas que puedes tener y mejor aún cuando se trata de una mascarilla para la piel con ingredientes naturales que iluminarán tu rostro.La avena es uno de los ingredientes con más beneficios para tu piel, pues no sólo es segura para usarse en el rostro, sino que tiene propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que ayudan con la piel seca y la piel grasosa.Por su parte, el arroz está cargado de propiedades antienvejecimiento y varios agentes absorbentes de aceite. Además, es una excelente fuente de vitamina B que ayuda en la producción de nuevas células, ayuda a suavizar y reafirmar la piel, así como a cerrar los poros, y la mejor parte es que es muy fácil de usar.Para usarlos como remedio natural para la piel, puedes usar cada uno por separado en tu rutina de limpieza. Primero del arroz puedes usar tanto la harina de arroz como el agua de arroz. El agua de arroz sirve como tónico fácil y puedes usar el agua que sale del arroz cuando lo enjuagas o hervir arroz, esperar a que se enfríe y entonces usar esa agua. Para usar el agua del enjuague, lava el arroz como lo haces normalmente, pero no uses el agua de ese primer enjuague. Agregue agua otra vez y mezcla suavemente, deja reposar el arroz por unos 20 minutos y usa esa agua en tu rostro.Puedes usar el agua de arroz tanto para lavarte la cara con ella, como aplicada con algodones humedecidos en ella, luego presionarlo suavemente por toda tu cara y simplemente dejarla absorber.Mascarilla de avena y harina de arrozPara esta mascarilla fácil se hace con avena, harina de arroz, leche y miel. La avena ayuda a eliminar las células muertas de la piel y para prepararla necesitas 1 cucharada de harina de arroz, 1 cucharadita de avena, 1 cucharadita de leche y 1 cucharadita de miel. Mezcla todo hasta formar una pasta espesa, entonces aplícala en todo el rostro y dejar actuar durante unos 10 minutos, luego enjuaga con agua fría. Puedes usar esta mascarilla casera dos veces por semana para obtener mejores resultados.Ambos remedios son muy fáciles de hacer y sencillos de usar, y dejarán tu piel limpia y radiante de manera natural.
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