¿Conoces qué especias son orgullosamente mexicanas?
De Kiwilimón para ti

¿Conoces qué especias son orgullosamente mexicanas?

Por Shadia Asencio - Junio 2020
No existe pollo flaco o hervido que continúe tristeando por las esquinas de una olla si se le añade un baño de especias. Más aún si se trata de especias mexicanas. El uso en la cocina de los también llamados condimentos se remonta al antiguo Egipto y es tan viejo como nuestro deseo por hacer que lo nutritivo pase al cuerpo sin tener que taparse la nariz. Y es que, como si fueran un rey Midas del sabor, las especias tienen el poder de darle sazón a todo lo que tocan gracias a su concentración de aromas provenientes de las semillas o de la corteza de algunas plantas aromáticas.

Hay que frotarlas como a una lámpara maravillosa. Una ráfaga de aromas saldrá de su interior invitándonos a embriagarnos con ellas. ¡Pero cuidado! Hay que ser sutiles a la hora de usarlas y cuidar de no tostarlas demasiado para que decoren cada bocado sin abrumar. Las especias de México no son la excepción. Son explosión pura. Son razón suficiente para voltear hacia la tierra –o al cielo– para agradecer lo que nos da.

Sin las especias mexicanas al mundo le faltaría algo así como su Quinta Sinfonía de Beethoven, sus Meninas de Velázquez, culinariamente hablando. Ahí tienen a la vainilla. ¿Qué sería de las tartas de manzana sin un helado con su sabor? ¿De qué serían de los pasteles de bodas sin sus bizcochos avainillados? A la crema pastelera le faltaría el cincuenta porciento de su alma. A las galletas su olorosa estampa. ¡Olvídense del rompope! La vainilla planifolia es una especia originaria de México y en Papantla es donde alcanza su plenitud. Esta especia mexicana es de esas cosas –dieciséis en total– a las que se les ha defendido con una Denominación de Origen por parte del gobierno. En el caso de la vainilla, este rango celebra pedazos de tierra –treinta y nueve municipios entre Veracruz y Puebla–, procesos y mano de obra de quien sabe cómo cuidar las orquídeas de vainilla desde tiempos prehispánicos. De esa pequeña vaina, con el sencillo movimiento de un cuchillo, salen partículas que huelen a una flor suave pero pungente.

Otra especia orgullosamente mexicana es la pimienta gorda o pimienta Tabasco, que también cuenta con el título nobiliario de Denominación de Origen. Y aunque a veces a la pimienta gorda se le confunde con pimienta negra, por su sabor es fácil diferenciarla: una mezcla entre clavo, canela, nuez moscada y pimiento. Su fama llega a la India, en donde se muele para preparar masalas y posteriormente currys cremosos y especiados. Sin ir más lejos, es un ingrediente esencial en el rezo de especias ocupadas en el mole, pero también en el sazón y sabor de embutidos, salchichas y salsas BBQ.

La canela, por su parte, aunque es originaria de Ceilán (actualmente Sri Lanka), se ha llegado a denominar canela mexicana porque es el país con mayor producción. Sólo piensen por un segundo: ¿qué no huele a canela en México? Su sabor ligeramente picante –como todo lo que gusta al mexicano– combina a la perfección con lo dulce o lo salado. La canela nada en un mar de aguas de horchata, en la molienda especiada del mole, en los recados. Está en los panes dulces que pasean los jóvenes en sus canastas y en los carritos de churros de las esquinas. Es perfume en pepianes y adobos. Está en todo.

No nos olvidamos de otra gran especia mexicana, el achiote, sin el cual la cochinita sería una simple carne cocida y los tacos al pastor –¡de nada, mundo!– no existirían.

México sabe a chile, por su puesto. Pero también a la festividad de sus especias y a las hierbas de olor (que son harina de otro costal y al cual nos zambulliremos pronto). En conjunto, las especias mexicanas le dan identidad a una despensa a la que es correcto llamar barroca e incluso churrigueresca. Sólo basta recordar que el mexicano no come pollo ni chayote hervidos más que en la enfermedad. Más vale muertos que sencillos, hasta en la comida. Lo nuestro es combinar densidades y capas de sabor, técnicas y preparaciones que dan lugar a una sinfonía compleja llamada gastronomía mexicana.

¿Cuál es tu especia mexicana favorita?
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Calificaciones (2)
Diane Palma
20/07/2020 17:18:26
Es maravilloso saber más acerca de la gastronomía mexicana.
GaBy Adu
26/06/2020 22:45:45
😁
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En las películas, una mascarilla siempre va acompañada de rodajas de pepinos en los ojos, por sus beneficios desinflamatorios, pero además de aplicarlo así, hay muchos otros usos del pepino en la piel.El pepino es una gran fuente de agua, pues la contiene en un 96 por ciento de su composición, así que es un gran ingrediente hidratante en las mascarillas caseras para la piel y, en general, es seguro para las pieles sensibles debido a su falta de compuestos agresivos o irritantes.Entre los beneficios del pepino para la piel, podemos encontrar los siguientes:propiedades antioxidantesnutrición de la piel (como jugo)efectos calmantes y refrescantesreducir la hinchazónaliviar las quemaduras solares3 usos del pepino para la piel¿Te has puesto las famosas rodajas de pepino en los ojos para reducir lo hinchado? Si aún no lo has hecho, tienes que probarlo, pues no solo puede reducir la hinchazón en el área de los ojos, también puede aliviar la piel dañada y hacer que los ojos se vean y se sientan frescos. Esto se debe al contenido de vitamina C y ácido fólico del pepino, claro, no olvides ponerte un poco de crema para ojos después y prueba estos otros remedios caseros fáciles de hacer.Haz un tóner para la piel quemada o dañadaPara hacer este remedio casero para la piel con pepino, tienes que lavar, pelar y cortar en rodajas un pepino y calentarlo con suficiente agua para cubrirlos a fuego lento durante aproximadamente 5 a 7 minutos; después licúa todo hasta que quede suave.Cuela la mezcla y transfiere el líquido restante a una botella rociadora u otro recipiente esterilizado y listo. También puedes agregar una cucharadita de agua de rosas o hamamelis para amplificar la mezcla hidratante y curativa. Usa toda la mezcla en los 3 a 4 días que sigan después de hacerla.Lávate la cara con agua de pepinoPara un simple lavado matutino, mezcla agua de pepino con otros ingredientes como aloe vera, té verde o jabón de Castilla. También puedes salpicarte la cara con agua de pepino para sentirte fresco y despierto a cualquier hora del día.Prepara una mascarilla de pepinoEl pepino también es extremadamente beneficioso para las personas con piel irritada y propensa al acné y esta mascarilla es ideal para este propósito. Sólo tienes que hacer una infusión con el tóner de agua de pepino y un poco de arcilla de bentonita para crear una mascarilla y así proteger la piel contra la irritación y la hinchazón.Para la piel propensa al acné, el jugo de pepino puede ayudar a diluir aceites esenciales potentes, como el aceite de árbol de té. De esta manera, puedes usarlos juntos y combatir los brotes sin resecar la piel. El pepino también se puede frotar directamente sobre la piel, sobre las manchas de acné.También te dejamos otras 5 mascarillas con ingredientes naturales fáaciles de hacer y unos tips para saber qué alimentos tienen beneficios para tu piel.
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He estado en Nayarit dos veces. Antes de ir, el ansia pasaba por presenciar parajes de película, atardeceres aflojadores de lágrimas, el color luminiscente del mar. Ya ahí, con el sombrero de exploradora puesto, mi foco cambiaba: cada vez que un plato con masa, con mariscos, con adobo, era puesto sobre mi mesa, signos de admiración y de interrogación emanaban de ellos como el humo. Esta semana, en el viaje de votantes de la guía México Gastronómico de Culinaria Mexicana, reviví la sensación. Entre sobremesas tuve la oportunidad de platicar con la chef de El Delfín, Betty Vázquez, para que me ayudara a ponerle adjetivos y comas a las interrogantes que la comida de su estado genera en mí. A primera vista, Nayarit comparte platillos con Jalisco, pues ambos fueron parte de la misma región –el Séptimo Cantón de Jalisco– hasta que en 1917 el estado se independizó. Pero su historia comienza mucho atrás: hay vestigios de caza, pesca y agricultura de 5000 a. de C. en esa inmensa fuente de ecosistemas y microclimas. Su oferta de productos fue poblándose por la Conquista, por el comercio con Oriente. La Nao de China –el Galeón de Manila– tocaba base en el puerto de San Blas trayendo especias, frutas, arroz, seda y madera desde la lejana Filipinas. Directa o indirectamente Nayarit tuvo influencia de todos los puntos del planeta: “Trajeron ingredientes, técnicas culinarias, tradiciones y formas de comer”, según me cuenta Betty. “La cocina nayarita entonces es una fusión, pero una fusión con identidad”.Imposible dejar en vista la costa que bordea el estado por el lado oeste, con ese Pacífico efectivamente aflojador de lágrimas. Pero él no es la única fuente de riqueza natural –ni de lágrimas de felicidad–. Según lo que me cuenta Betty, Nayarit tiene cuarenta y cuatro ecosistemas de los que se cosecha coco, maíz, trigo, frijol, arroz y tabaco de excelente calidad; el plátano y la caña del azúcar se dan con gracia y facilidad por su clima mayormente cálido. Hay una gran cantidad de quelites, leche de muy buena calidad y quesos que se producen con ella. Pero, un buen producto no es nada sin una buena preparación. La cosa se hace compleja –rica, pues– cuando a la olla cultural se suman cuatro tradiciones endémicas: la cora, la huichol, la tepehuana y la mexicanera, que han creado formas únicas de consumir el producto regional. “Tenemos veinte municipios, o sea que hay veinte formas diferente de cocinar. Son veinte municipios que generan una riqueza extraordinaria”, asegura Betty. El reto que lleva por delante esta gran embajadora de la culinaria mexicana es el de generar un acervo de recetas locales con la ayuda de las universidades.A nivel general, la cocina de humo tiene un lugar especial en la culinaria: es con esta técnica y la madera del mangle que el pescado zarandeado adquiere sabores que nos hacen querer roer los huesos del pargo. También está la cocina cruda que se da el lujo de la desnudez para exhibir su frescura. “La cocina cruda viene de Oriente, de este mestizaje con Occidente. Fue de allá que llegaron los limones, así que se puede decir que el ceviche no es peruano ni mexicano, sino una fusión de técnica asiática con productos locales”. Hablando de los platos regionales, según Betty Vázquez, de San Blas no hay que perderse el pescado ahumado, el pescado tatemado, las empanadas de camarón, las chimichangas de ostión, el pozole de camarón y el pozole de pescado. Hay que probar la nieve de garrafa de Ixtlán del Río; de Jala, sus maíces endémicos, las tostadas raspadas y de postre, los roscones. De Santiago está el paté de camarón y de la Isla de Mexcaltitán, el pescado zarandeado a la leña. Hacia el norte, el guiso es el puerquito echado de Acaponeta; el agua, de cebada.En la zona sur está la exquisita sopa de boda, preparada con una base de tortillas de maíz, pan frito y pan tostado que se acomoda alternadamente sobre un refractario. Lleva pollo, plátano, huevo cocido, almendras, garbanzos. De Tepic, la marisquiza y los cocteles cura-crudas. De ahí también es el ante, un postre de la época virreinal que no es como colimote. Este va cubierto con pasas, ajonjolí y canela en polvo y generalmente se sirve en un cuenquito de barro decorado con papel de china picado.Las bebidas no son pocas. Como en Jalisco y en Colima, se produce y consume el tejuino, que refresca y el tesguino, que traiciona. La última novedad es que el estado ingresa a la lista de productores de vino con nueve variedades de uvas. “La misma empresa que está haciendo este gran esfuerzo vinícola ya está trabajando con un chamán huichol y cora para rescatar una bebida ancestral de maguey llamada tuchi”. El café es una de las maravillas del clima y de la cercanía con el Trópico de Cáncer. “Tenemos un café maravilloso desde Compostela hasta el municipio de San Blas, pasando por el municipio de Tepic, con unos estándares de calidad importantísimos”. De hecho, según lo que me confirma Betty, de esta zona se exportaba un café que ni Obama, o más bien, incluso que Obama. De aquí era originario el café de la Casa Blanca durante su reinado.Cuando la confianza y el bolsillo nos permita viajar, Nayarit es un destino para desmenuzarse y comerse doblado en una tortilla, crudo o asado a la leña. Hay que probar los restaurantes de lujo de la zona de Punta Mita o de la Rivera Nayarit; detenerse en Bucerías o Tepic para probar platillos típicos; pueblear, como antes de la nueva normalidad, para probar los mangos chilosos de la esquina, los antojitos elaborados con ese maíz que sabe a la mineralidad de la tierra. “Hay que venir a ver los lujos de la Riviera Nayarit, y cuando digo lujos no hablo de hotelería de cinco o más estrellas. Hablo de lujo de la gente que es cálida, y de los lujos de la naturaleza, de los lujos de la gastronomía, de las costumbres y de las tradiciones”. Lujo es descubrir que el mundo sigue siendo bueno, con o sin nosotros. Mejor con nosotros.
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