La comida puede curarte
De Kiwilimón para ti

La comida puede curarte

Por Shadia Asencio - Noviembre 2020
Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática.

Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.

Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual.

El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”.

Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.

Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar.

Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”.

Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
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Ce PL
23/11/2020 19:09:06
La clave: “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”
rocio castrejon
15/11/2020 08:45:13
Muy intrresante
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El prestigioso cocinero mexicano Gerardo Vásquez Lugo, del restaurante Nicos, en CDMX, reinterpreta dos recetas creación de su mamá, María Elena Lugo Zemeño y su abuela, Catalina, fáciles de preparar en casa, con un maridaje muy especial, como un homenaje a las cocineras que lo inspiraron en su carrera culinaria. Para Gerardo Vázquez Lugo, la cocina tradicional mexicana es una cocina de herencia, una cocina comunitaria, que se hace en equipo, en familia, en la cual cada platillo sabe a casa. Y para rendir homenaje a esa premisa, el internacionalmente reconocido chef celebra el Día de las Madres en familia, reinterpretando un par de platillos que remiten al amor y recuerdos de nuestras madres y abuelas.Para llevar a cabo este festejo de una forma sin igual, el icónico dúo de madre e hijo, Gerardo Vázquez Lugo y Maria Elena Lugo Zermeño, decidieron compartir dos recetas icónicas en su familia, que maridan perfecto con el sake mexicano Nami, en donde cada una cuenta una historia memorable y excepcional.Memorias de la abuelaEl primer plato, “Pepián de la abuela Cata”, es una receta casera de su abuela Catalina, originaria de Aguascalientes y que vivió unos años en Chihuahua. Este plato sencillo y de sabores muy simples, lo preparaba en vigilia y se caracteriza por el uso de pepita de calabaza tostada con todo y su cáscara, pues el secreto está en el interesante sabor que ésta última le brinda, aunque de cualquier modo se cuela para eliminar su excesiva presencia. Para Gerardo, elegir este plato lo remonta a un momento sumamente especial, de compartir la cocina con su madre, María Elena. “Hace aproximadamente 25 años, le preguntamos a Catalina que le gustaría comer de especial para su Santo, y su respuesta fue: mi propia receta de pepián, acompañado con pollo. Esa noche recuerdo haber empezado a cocinar esta pepián junto a Maria Elena hasta la madrugada”, rememora Gerardo.Producto de su consumo durante las décadas de los 30s y 40s en donde los platos eran veganos en su mayoría, este pepián se sirve con papas y vegetales, por ello su popularidad al ser retomado durante periodo de vigilia, retomando a la vez la costumbre de la cocina tradicional mexicana respecto el uso de vegetales de temporada.Esta receta, además, tiene por ingrediente especial el pollo, y para cocinarlo Gerardo pone énfasis en la técnica de masajear y sabotear con un poco de ajo, aceite, sal y pimienta, para penetrar la carne con el condimento -una técnica que su mamá le enseñó, y que volvió a observar cuando estudió en Nueva Delhi, India. De acuerdo con los principios gastronómicos de Gerardo, cada producto, cada vegetal, tiene un tratamiento especial de modo que sea posible sacar lo mejor posible de cada uno: algunos vegetales deben ir asados, otros fritos, y otros simplemente blanqueados; cada vegetal tiene un tratamiento diferente.Las dulces memorias de ElenaLa segunda receta es para los amantes del dulce: “Fresas al Brandy”, una receta de su madre, María Elena. Aunque María Elena describiría sus postres como “rústicos” o “básicos”, Gerardo reconoce que estas recetas tienen una complejidad digna de reconocer, pues vienen de una época en donde el mayor pasatiempo era preparar dulces en casa, dando una vida más larga a la fruta de cada temporada, como en este caso, las fresas con un añadido muy sencillo de licor.Originalmente esta receta lleva una crema a base de yemas cuya preparación suele ser compleja, creación de la Tía Lupe, hermana de la abuela Catalina, quién era propietaria de una sofisticada y fina repostería, cuyas recetas han sido conservadas cariñosamente por María Elena y que ambos siguen incluyendo en el menú de Nicos. Para poder replicarlo en casa, el dúo eligió una receta más simple, mientras que en el restaurante los comensales podrán disfrutarla con una espuma especial la cual, en contrario al vino, marida perfectamente con Nami, por su sabor sutil que le permite adaptarse y mezclarse con varios licores, como si se tratara de un buen cóctel. Aquí te presentamos la receta de fresas al brandy de Elena: FRESAS AL BRANDYINGREDIENTES:500 gr de fresas300 gr de azúcar2 oz de brandyPROCEDIMIENTO:Limpiar y desinfectar las fresas quitándole sus hojasEn un coludo colocamos las fresas limpias, azúcar y un poco de agua y cocinar a fuego bajo sin dejar de mover para evitar que se hagan grumos, retirar del fuego hasta que las fresas estén suaves.Enfriar y después colocar las onzas de brandy.¡Disfruta esta receta en casa o pruébalas en Nicos este fin de semana, si llevas a tu mamá obtendrá una copa de cortesía de Nami, el primer sake hecho en México!
¿Quieres pulirte en tus dotes mezcales?, aquí te cuento cómo arrancar el aprendizaje de cata con este ícono nacional.Dicen los maestros mezcaleros que el mezcal te trata como tú lo tratas, así que la sugerencia es seguir la sabia y tradicional frase: bébelo a besos.Y esta idea no sólo suena bonita, sino que contiene un mensaje profundo relacionado con el tiempo que la bebida lleva en nuestra historia, más de 500 años, y por lo que se tarda en crecer un agave, de 8 a 20 años, para después pasar por su corte, cocimiento, fermentación y destilación. Así que la idea es muy clara, hay que dejar que la llamada planta de las mil maravillas, de la que existen más de 40 variedades para hacer destilados, se exprese.Volviendo al tema de cómo acercarte victoriosamente a este destilado por primera vez, le pregunté a Guillermo Escárcega, creador de la marca Aguas Mansas, un mezcal surgido en Santiago Matatlán, Oaxaca, de la familia Sernas, y estos fueron los consejos que compartió:El mejor comienzo es poner atención a la procedencia del producto, es decir, saber de dónde viene, quién y cómo lo producen. En el caso de la Denominación de Origen Mezcal son nueve estados los que tienen su aval: Oaxaca, Guerrero, Michoacán, San Luis Potosí, Zacatecas, Guanajuato, Durango, Tamaulipas y Puebla.La graduación alcohólica debe ser de 45 grados, y no hay que tenerle miedo, porque esta característica facilitará que reconozcas más los aromas y sabores de la planta. Si bajas de esa graduación estarías probando una bebida diluida (en agua).Explora las variedades con las que se puede hacer mezcal, recuerda que cada Estado tiene sus plantas endémicas o regionales, por ejemplo, la variedad Salmiana es de San Luis Potosí, Guanajuato y Zacatecas; la variedad Cupreata se reproducen estupendamente en Guerrero y Michoacán. Hablando de Oaxaca, es el Estado que tiene más biodiversidad para hacer mezcales, con opciones que van del Cuishe, el Arroqueño, al Tobalá; además del más común y que se da en el país, el Espadín.Para probarlo busca un recipiente de boca ancha, puede ser una jícara o el vasito veladora, y sirve de una onza a una onza y media. Aprovecha el boom que hay de mezcaleros hechos con cerámica gracias grandiosos artesanos que los están fabricando por todo el país.Ahora vamos a la acción, si de verdad quieres conocer todo lo que ofrece en aromas y sabor un mezcal, vete por los blancos, así conocerás qué le aportó la tierra, si es más floras, herbal, mineral, terroso. Como lees, el mezcal es todo esto y más.Antes de pasar al nivel en boca, haz un ejercicio de preparación: moja tu dedo índice con un poco de mezcal y espárcelo en el dorso de tu otra mano, sacude esa mano e inmediatamente huele donde colocaste el mezcal, lo que debe pasar es que explote el aroma a agave cocido primordialmente, sino es así y encuentras olores a llanta o plástico quemado o muy ahumado algo no anda muy bien con la calidad de tu mezcal, pues tiene un defecto que sucedió en algún momento del proceso de elaboración. Este ejercicio ayuda a que tu sistema sensorial se prepare para ese primer sorbo con el que deberás enjugarte la boca y pasar lentamente el líquido. Seguro dominará un poco el alcohol, pero al segundo sorbo comenzarás a encontrar las referencias olfativas que un mezcal por su origen y variedad te puede dar.Finalmente es indispensable que por cada bebida alcohólica que ingieras te hidrates (tomes agua), esto hará la diferencia, y si puedes no mezcles con otros alcoholes o azúcares para que tu cuerpo no te lo recuerde al día siguiente.El tema de la naranja con sal de gusano lo dejamos a tu decisión, no es una práctica muy común en las zonas mezcaleras. Aún así, lo realmente importante es saber que el mezcal es perfecto como aperitivo, digestivo y para maridar muchos platos. Aquí van dos ejemplos: el Espadín con pescados, mariscos y conchas, y el Tobalá no lo dudes en servir cuando cocines moles, cochinita o carnes muy especiadas.Recuerda que el mezcal es un producto cultural, arraigado a las entrañas de la historia de México que, como su crecimiento y proceso, pide a gritos que lo bebas a besos.Investigación: Wendy Pérez, periodista gastronómica. Fotos: Rober Antillón, fotógrafo gastronómico.Locación de fotos: Salón Candela.  
El prestigioso cocinero mexicano Gerardo Vásquez Lugo, del restaurante Nicos, en CDMX, reinterpreta dos recetas creación de su mamá, María Elena Lugo Zemeño y su abuela, Catalina, fáciles de preparar en casa, con un maridaje muy especial, como un homenaje a las cocineras que lo inspiraron en su carrera culinaria. Para Gerardo Vázquez Lugo, la cocina tradicional mexicana es una cocina de herencia, una cocina comunitaria, que se hace en equipo, en familia, en la cual cada platillo sabe a casa. Y para rendir homenaje a esa premisa, el internacionalmente reconocido chef celebra el Día de las Madres en familia, reinterpretando un par de platillos que remiten al amor y recuerdos de nuestras madres y abuelas.Para llevar a cabo este festejo de una forma sin igual, el icónico dúo de madre e hijo, Gerardo Vázquez Lugo y Maria Elena Lugo Zermeño, decidieron compartir dos recetas icónicas en su familia, que maridan perfecto con el sake mexicano Nami, en donde cada una cuenta una historia memorable y excepcional.Memorias de la abuelaEl primer plato, “Pepián de la abuela Cata”, es una receta casera de su abuela Catalina, originaria de Aguascalientes y que vivió unos años en Chihuahua. Este plato sencillo y de sabores muy simples, lo preparaba en vigilia y se caracteriza por el uso de pepita de calabaza tostada con todo y su cáscara, pues el secreto está en el interesante sabor que ésta última le brinda, aunque de cualquier modo se cuela para eliminar su excesiva presencia. Para Gerardo, elegir este plato lo remonta a un momento sumamente especial, de compartir la cocina con su madre, María Elena. “Hace aproximadamente 25 años, le preguntamos a Catalina que le gustaría comer de especial para su Santo, y su respuesta fue: mi propia receta de pepián, acompañado con pollo. Esa noche recuerdo haber empezado a cocinar esta pepián junto a Maria Elena hasta la madrugada”, rememora Gerardo.Producto de su consumo durante las décadas de los 30s y 40s en donde los platos eran veganos en su mayoría, este pepián se sirve con papas y vegetales, por ello su popularidad al ser retomado durante periodo de vigilia, retomando a la vez la costumbre de la cocina tradicional mexicana respecto el uso de vegetales de temporada.Esta receta, además, tiene por ingrediente especial el pollo, y para cocinarlo Gerardo pone énfasis en la técnica de masajear y sabotear con un poco de ajo, aceite, sal y pimienta, para penetrar la carne con el condimento -una técnica que su mamá le enseñó, y que volvió a observar cuando estudió en Nueva Delhi, India. De acuerdo con los principios gastronómicos de Gerardo, cada producto, cada vegetal, tiene un tratamiento especial de modo que sea posible sacar lo mejor posible de cada uno: algunos vegetales deben ir asados, otros fritos, y otros simplemente blanqueados; cada vegetal tiene un tratamiento diferente.Las dulces memorias de ElenaLa segunda receta es para los amantes del dulce: “Fresas al Brandy”, una receta de su madre, María Elena. Aunque María Elena describiría sus postres como “rústicos” o “básicos”, Gerardo reconoce que estas recetas tienen una complejidad digna de reconocer, pues vienen de una época en donde el mayor pasatiempo era preparar dulces en casa, dando una vida más larga a la fruta de cada temporada, como en este caso, las fresas con un añadido muy sencillo de licor.Originalmente esta receta lleva una crema a base de yemas cuya preparación suele ser compleja, creación de la Tía Lupe, hermana de la abuela Catalina, quién era propietaria de una sofisticada y fina repostería, cuyas recetas han sido conservadas cariñosamente por María Elena y que ambos siguen incluyendo en el menú de Nicos. Para poder replicarlo en casa, el dúo eligió una receta más simple, mientras que en el restaurante los comensales podrán disfrutarla con una espuma especial la cual, en contrario al vino, marida perfectamente con Nami, por su sabor sutil que le permite adaptarse y mezclarse con varios licores, como si se tratara de un buen cóctel. Aquí te presentamos la receta de fresas al brandy de Elena: FRESAS AL BRANDYINGREDIENTES:500 gr de fresas300 gr de azúcar2 oz de brandyPROCEDIMIENTO:Limpiar y desinfectar las fresas quitándole sus hojasEn un coludo colocamos las fresas limpias, azúcar y un poco de agua y cocinar a fuego bajo sin dejar de mover para evitar que se hagan grumos, retirar del fuego hasta que las fresas estén suaves.Enfriar y después colocar las onzas de brandy.¡Disfruta esta receta en casa o pruébalas en Nicos este fin de semana, si llevas a tu mamá obtendrá una copa de cortesía de Nami, el primer sake hecho en México!
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