¿Por qué me da tanta hambre?
De Kiwilimón para ti

¿Por qué me da tanta hambre?

Por Shadia Asencio - Junio 2021
La forma que tiene el cuerpo de comunicarse físicamente con nosotros es a través del dolor, de la incomodidad, de la sed, del hambre. El apetito es una sensación que llega en varios momentos del día y por la cual tenemos la necesidad de ingerir alimentos; malo cuando llega sin previo aviso, cuando comemos sin sentirla, cuando aun después de comer no cesa. A través del apetito es que nuestro cuerpo expresa una insatisfacción que no siempre es corporal. 

En un estado de consciencia plena –en conexión al presente, en sincronía con el cuerpo y sus sensaciones- podemos identificar plenamente desde dónde se produce el apetito. Para ello hay que hacer una observación interna: en el dentro se resguardan más que órganos; en el dentro se expresan un sinfín de sensaciones que siempre tienen algo que contarnos sobre nosotros mismos.  

Tener una buena comunicación con el cuerpo es elemental para la conservación de la salud y por supuesto, para dejar de pelear con la comida, para dejar de saltar de una dieta a otra, para dejar de enemistarnos con el afuera cuando en realidad lo que sucede es que hay una desconexión con el dentro

La comunicación con el cuerpo no es una locura del new age. La comunicación corporal significa aguzar los sentidos hacia lo más tangible que tenemos; tomarse el tiempo y el espacio para escuchar al cuerpo. Basta con respirar un par minutos tomando conciencia de la inhalación y la exhalación e ir escaneando cada una de las partes del organismo –sí, como si fuéramos una máquina de rayos x–. “Esta es mi nariz. Esta es mi boca, mis vísceras, mis músculos, mi sangre, mi piel…” A partir de unos instantes notaremos cómo se encuentra mi dentro: qué duele, qué se siente bien, qué le hace falta. La meditación, entonces, se convierte en un diálogo corporal en el que el sabio más sabio nos revela su estado anímico, físico y emocional.  

A partir de esta práctica diaria comenzaremos a tomar mejores decisiones alimenticias y, por supuesto, identificaremos desde dónde viene el hambre que experimentamos. Según Jane Chozen Bays, una escritora y teórica del mindful eating, existen siete tipos de hambre. 

  1. Hambre visual: surge, por ejemplo, cuando vemos un pastel siendo cortado y de cuyo esponjoso interior emerge una lava de chocolate derretido. Es el llamado food porn: estímulos hechos a través de la comida que despiertan la sensación de quererlo ¡ya! 
  2. Hambre olfativa: ¿existe algo más seductor que el aroma que arroja una olla de tamales? ¿Las notas de un café? ¿Unas galletas en el horno? No lo creo. Todo eso es una cubetada de agua a esa hambre que se despierta a través de la nariz. 
  3. Hambre bucal: muchos de nosotros la vivimos en la pandemia; llega con el impulso de querer masticar algo, roerlo, porque sentimos angustia, porque experimentamos ansiedad. Ésta no encontrará saciedad hasta que la crisis ceda o la conciencia del momento y de lo que estamos sintiendo, aterrice en nosotros. 
  4. Hambre estomacal: esta es producto de la vacuidad, o al menos de tener espacio en el órgano al que algunos médicos orientales llaman el segundo cerebro. Es normal tener hambre estomacal después de algunas horas de ayuno. 
  5. Hambre celular: el hambre que las embarazadas expresan en antojos. Se basa en los requerimientos del cuerpo pues según sus cálculos perfectos y sabios, existe un déficit de nutrientes o una conversión desbalanceada entre energía y fuentes de poder. Este tipo de apetito suele aparecer tras el ejercicio intenso. 
  6. Hambre mental: llega a nosotros cuando un estímulo enciende un recuerdo de la infancia, de lo que consideramos relevante culturalmente o de lo que aprendimos que era delicioso. Esta hambre nos salta en la cabeza cuando estamos a dieta o restringidos de alimentos; cuando extrañamos eso que nos cocinaban en casa o que evoca algún momento feliz. 
  7. Hambre del corazón: cuántas veces nos hemos comido la falta de dulzura, de alegría, de amor, el abandono o el rechazo. Esta es el hambre que busca desesperada –y también inasequiblemente– cerrar una grieta emocional a través de kilos y litros de comida y bebida. Intentamos llenar un vacío emocional con algo físico en el que más pronto llega la culpa y el castigo que la alegría. Por esta razón es que los psicólogos recomiendan no convertir la comida en castigo ni en recompensa al educar a los hijos.
La meditación o la práctica de mindfulness (tomar conciencia del aquí y el ahora durante varios minutos al día), nos hace contactar claramente con los pensamientos, las emociones y, por supuesto, con el organismo. Si nos tomamos el tiempo para conocerlo iremos aprendiendo sobre sus carencias, sobre cómo manifiesta las faltas emocionales y sobre sus necesidades fisiológicas. Al final, escuchando al sabio, tomarás mejores decisiones alimenticias. Mejores decisiones en general, pues.
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Yesenia Gomez
19/06/2021 06:20:02
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Contrario a lo que Mafalda pensaría, no hay corazón que permanezca frío con un buen tazón de caldo caliente. Mientras que el cuerpo se alimenta con el líquido traslúcido y perfumado lleno de nutrientes, el alma se reconforta. Tal vez por eso haya un libro que se llama Caldo de pollo para el alma y que, a decir verdad, no he leído. Lo que sí he hecho es comer caldos de pollo y sentirme bien después de hacerlo. Los he comido enferma de la panza, del corazón; con un nudo en la garganta o con tos; antes y después de las fiestas; en tardes frías y al calor de la casa de mi abuela. Quizás, en el séptimo día, Dios nos dio los caldos para reposar con ellos, pero sin duda los humanos fuimos quienes perfeccionamos esta receta milenaria. Hay infinidad de formas de hacerlo. Están los que se preparan con huesos de res o tuétano para darle sabor. A mí me gusta prepararlo sencillo, con muslos, pechugas y piernas, pero en cocción lenta. A la olla aviento un trozo de cebolla, unos ajos, tres trozos de apio, poro, una zanahoria. Nunca olvido el bouquet garni que te enseñan a hacer en la escuela de cocina –laurel, salvia, mejorana, orégano y romero, amarrados con hilo blanco para que el pollo no se ponga azul, como en Bridget Jones–. El pollo va adentro con piel, con todo, porque otorga textura y profundidad. Luego a quitar la espuma con una espumadera. Cuando no hay padecimientos nada mejor que los caldos de pollo que pican, los que tienen arroz y garbanzos. Al ruedo hay que llegar con tortillas calientes, más calientes que el caldo mismo. A algunos hay que ponerles x gotas de limón por y gotas de salsa, que van en proporción al amor que se le imprimió al cocinarlo (menos sabor, más gotas). Se experimenta gratitud cuando en el caldo hay un chile chipotle al fondo: provoca a partirlo con la cuchara, aunque los labios se pongan floreados. ¿Lo malo? Cuando en el caldo hay pellejos flotantes. ¿Lo bueno? Cuando el brebaje es prístino, casi cristalino, sin burbujas de grasa, pero con aromas que acarician. El romance del caldo va más allá de la vista. Es, además, sus múltiples beneficios. Según lo que me cuenta Gina Rangel, nutrióloga de Te Cuida, el caldo de pollo posee carbohidratos saludables, grasas buenas y proteínas, por lo que es un plato completo y con todos los nutrientes de una comida integral. Tiene aminoácidos con propiedades antiinflamatorias y que ayudan a prevenir el insomnio. Gracias a su gran cantidad de electrolitos, un tazón de sopa rehidrata inmediatamente. ¡Adiós cerveza del día siguiente! Para que el caldo sea súper nutritivo, Gina recomienda que contenga la mayor cantidad de vegetales posibles, que se prepare con ajo, cebolla, sal de mar y con pollo de libre pastoreo o de alimentación orgánica. “De esta manera estamos garantizando que vamos a tener vitaminas, minerales y los tres macronutrientes incluidos en el caldo”. Lo ideal es que se someta a una cocción lenta de ocho horas, pero eso sí: hay que agregar los vegetales que acompañarán la sopa solo media hora antes de la culminación para no sobre cocinarlos. A Yamilette González, coordinadora de chefs de kiwilimón, le gusta agregar huacal, hígado, molleja, alitas y la carne con más sustancia. Adicionalmente, recomienda no lavar el pollo y cocinarlo a fuego medio bajo, de 2 a 3 horas. Si el fuego es alto, las impurezas se rompen y el caldo se contamina. “Las hierbas de olor varían mucho. Hay personas que prefieren el cilantro. Mi abuelita, por ejemplo, le agregaba hierbabuena: le daba un toque súper fresco y rico. Así, si estabas malito de la panza, te caía mejor”, me relató.  Hay que incluir los huesos en la preparación pues en ellos está la magia: su gelatina es efectiva para el crecimiento del pelo y las uñas, así como para la reducción del dolor en las articulaciones.El caldo es un apacho a todas luces. Gina piensa que “a través de un plato de caldo calientito lleno de nutrientes, le das a las personas un momento de paz, de estar en el aquí y en el ahora, reconfortar en cuerpo y alma, es por eso que, cuando una persona enferma lo primero que pensamos es regalarles un caldo de pollo para que se sientan mejor”. En salud o enfermedad, hay que tomarse el tiempo de disfrutar cuando una casa huele a caldo de pollo, cuando la tapa de la olla tintineante devela que algo rico espera en el tiempo. Su vapor y su sabor tienen el súperpoder de cambiar el sustantivo “casa” por el de “hogar”. ¿Lo preparamos?
La flor de nochebuena, una planta nativa de México, es una de las más hermosas gracias a su profundo color rojo, pues es perfecta para adornar nuestras casas durante la época de Navidad. Sin embargo, la flor no siempre ha estado asociada con celebraciones católicas. Antes de la colonización, esa flor roja se utilizaba con fines medicinales y era un elemento muy importante en los rituales de los guerreros, pues adornaba los altares de aquellos que morían en batalla. Por otro lado, para los mexicas, la flor de nochebuena también simbolizaba la sangre que se derramaba durante los sacrificios que se realizaban en honor al sol. Años más tarde, en el siglo XVII, los colonizadores adoptaron el uso de la flor para adornar los pesebres. Posteriormente, se comenzó a asociar a las nochebuenas con la Navidad, por lo que se convirtió en un símbolo de las festividades decembrinas. En náhuatl se le conoce como cuetlaxóchitl, que significa “la flor que se marchita”. En nuestro país, la Ciudad de México, Morelos, Puebla y Michoacán son los principales productores de nochebuena, de la cual existen más de 30 variedades. Aquí te contamos todo lo que debes saber sobre los usos medicinales de esta flor mexicana. También puedes leer: ¿Se puede consumir la flor de nochebuena?Propiedades medicinales de la nochebuenaLa Conabio señala que la nochebuena, una planta ornamental muy popular en México y todo el mundo, se asocia al tratamiento de padecimientos en la piel y procesos inflamatorios. Por otro lado, según la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, algunas personas usan la flor de nochebuena para incrementar la producción de leche materna. En este caso, se hierven los pétalos en agua para preparar un té. El Atlas de las Plantas de la Medicina Tradicional Mexicana indica que, en Puebla, Michoacán, Guanajuato y el Estado de México, la flor de nochebuena se emplea en el tratamiento de herias, llagas, infecciones, fuegos en la boca, verrugas y mezquinos. En el caso de las enfermedades respiratorias como la tos y las anginas, se prepara la flor para preparar infusiones, las cuales suelen combinarse con bugambilia y gordolobo. En otros casos se utiliza para aliviar las paperas, la rabia y los problemas del corazón. Aunque aún deben realizarse varios estudios, la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana indica que se “detectó la actividad antibiótica de un extracto etanólico frente a Bacillus cereus, Bacillus megaterium y Staphylococcus albus”. También puedes leer: Beneficios medicinales y usos del cempasúchilLa nochebuena, una planta con una larga historiaAunque hoy en día usamos la flor de nochebuena para adornar nuestras casas durante la Navidad, esta hermosa flor tiene una historia que va mucho más allá de las fiestas decembrinas. En el siglo XVI, Bernardino de Sahagún señaló que la bella flor roja se empleaba para incrementar la producción de leche materna en su libro Historia general de las cosas de Nueva España. Posteriormente, Francisco Hernández reafirmó los dichos de Sahagún, pues señaló que las nodrizas consumían la flor para producir más leche. La Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana también menciona que, durante el siglo XIX, la Sociedad Mexicana de Historia Natural la utilizó para tratar “enfermedades exantemáticas, como galatógeno, galagtóforo y resolutivo”. Sin embargo, es importante mencionar que la ingesta de esta flor en grandes cantidades puede ser tóxica y causar vómito, diarrea y delirios. También debe mantenerse lejos del alcance de animales de compañía como perros y gatos. Recuerda que este artículo busca promover la cultura de nuestro país, por lo que no se recomienda el consumo de estos remedios. Acude a tu médico en casa de padecer cualquier enfermedad.
En Santa Ana Jilotzingo, Estado de México, encontrarás CUBO, una increíble e inolvidable experiencia gastro-endémica en la que conectarás con la naturaleza y la cultura otomí.Rodeado por el bosque, el CUBO ofrece un viaje sin igual, donde conocerás la cultura otomí mientras conectas con la naturaleza. Todo comienza con el fuego, ya que la mayoría de la comida se cocina en leña, cada uno de los presentes darán un objetivo a los leños para ofrecérselo a la Abuela Vieja y así recibir todos los buenos deseos al consumir los alimentos hechos con ese fuego.A continuación, Roberto Lingard, tu guía y precursor de esta experiencia, te llevará por un paseo al bosque donde recolectarás parte de los ingredientes que consumirás en los alimentos, mientras conectas con la naturaleza y los ancestros otomís. En época de lluvias, esta aventura es sorprendente por la cantidad de hongos que puedes encontrar, pero no te preocupes, Roberto te instruirá para que sepas cuáles se pueden consumir y cuáles no.Terminando la caminata llega el momento gourmet de la aventura: el maridaje. El chef elegido te deleitará con sabores únicos, mientras te dan bebidas perfectas para cada platico. El menú puede ir de 4 hasta 9 tiempos, dependiendo del fin de semana y el chef que te toque. En el CUBO siempre vivirás una experiencia diferente, ya que todo el equipo se esfuerza por invitar a precursores del medio gastronómico y cambiar la vivencia. Cabe mencionar que algunos de los chefs que han participado son Salvador Orozco, Pablo Salas y Gerardo Vázquez Lugo.Es difícil poner en palabras la experiencia que es CUBO, va mucho más allá de solo comer o pasear. CUBO se vive desde lo impresionante del bosque, la calidez de los anfitriones, el enfoque sustentable, hasta el arte de hacer maridaje.No olvides llevar a toda la familia.
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