¿Qué amamos de los mariscos mexicanos?
De Kiwilimón para ti

¿Qué amamos de los mariscos mexicanos?

Por Shadia Asencio - Febrero 2021
Esa mañana callejoneamos por las áridas calles de la capital de Veracruz. El ambiente ya no olía a mar, o sí, pero de lejos. Erik Guerrero y yo esperamos en la mesita de lámina que por mantel llevaba el logo de una cerveza. La promesa eran los mariscos que, según uno de los chefs más importante del puerto y fundador de Nuestra Pesca, no tenían competencia. “Aquí viene hasta Enrique Olvera”, me aseguró. A los quince minutos, salió de la cocina de Ay Apá un tazón de barro grueso y humeante con arroz a la tumbada. A cada meneada de la cuchara salían las papas y los mariscos suspendidos en esa suerte de océano rojo con aromas a epazote. 

Recuerdo que, tras la quemada de lengua, el caldo me dio información sobre el sabor del mar, sobre la justicia que le hace a sus frutos una buena preparación. Esa no fue la única vez. Esa sensación vino con los cocteles de pulpo que me presentó Jonatán Gómez Luna en Tulum, o las almejas chinas que el chef Nico Mejía nos dio a probar en la laguna de Cuyutlán, Colima. Años antes también lo sentí frente a la Quebrada en Acapulco. No tenía ni cuatro años cuando supe que los mariscos de México son para hacerles un poema en endecasílabas. 

Los 1,592.77 km2 que mide el litoral mexicano son espacio suficiente para hacer una fiesta interminable de platos regionales que combinan los frutos del mar de formas únicas. El norteño, el costeño o el chilango sabe que una copa bombacha desbordada en camarones o una mesa de plástico con salcitas vinagrosas al centro, son la antesala de un placer reservado para los no novatos, para los que conocen la gastronomía nacional desde sus profundidades.

Hay que sentirse plenamente mexicano y en confianza para jugarse la vida en un puesto de mariscos frente al metro en la Ciudad de México –y aún así es probable el hallazgo sea exitoso–. Y si eso sucede en el centro del país, a kilómetros del mar, el viaje por los dos flancos de las costas mexicanas amerita abrocharse los cinturones para luego desabrocharlos.

La primera parada sería en Mazatlán, donde hay que pedirse un burrito de marlín tupido en frijoles frente a un chiringuito playero. En Tampico el viaje se hace corto cuando de por medio hay unas jaibas rellenas de Los Curricanes, que pueden llevarse de souvenir en su versión congelada y debidamente guardada en hielerita.

Los aguachiles verdes del norte despiertan el sudor y las ganas de apagarlo a fuerza de cheves tan frías como las corrientes de Humboldt mientras que los negros de Yucatán nos cautivan con los sabores cenizos de su recado. ¿Ceviches, alguien? Hay tanta variedad como cocinas tradicionales. Ya saben, no es lo mismo el ceviche de Nayarit que uno de Jalisco o de Guerrero. ¿Un mole rojo con camarones? Hay que tocar base en el istmo oaxaqueño.

De ostiones los de Sonora y mejor que tengan queso Parmesano. A Rosarito hay que llegar por las langostas al vapor que luego van fritas y arropadas en tortillas de harina recién hechas. Frijolitos, salcita y mantequilla, ¡pum! Directo al mar, y también al cielo. De ahí por almejas chocolatas a La Paz o por todo tipo de conchas a la Baja: sobre unas suculentas tostadas, a la Guerrerense; sobre platos con toques Baja-Med y técnicas pulcras a Fauna, Deckman’s o Villa Torél. 

Erik Guerrero dice que lo más rico del Golfo es su pescado, y del Pacífico, mariscos como el camarón, las conchas, el pulpo, el caracol, los calamares y las langostas. Nos invita a aventuramos fuera del puerto para ir por una recompensa única: los mariscos de Doña Tella en Alvarado. Sospecho que le haré caso. Después de su recomendación de Ay apá le creería que la luna es de Veracruz.


Si no puedes viajar este año, no importa. La Cuaresma ya inició, y con ella una temporada gastronómica en la que no deben faltar las preparaciones frescas, las recetas picositas ni los mariscos que te van a llevar a las playas mexicanas en un par de ingredientes. ¿Listo para el tour?

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La Sierra Tarahumara forma parte de la Sierra Madre Occidental. Sus etnias en México son Pimas u O´oba, Guarijios o Makirawe, Tepehuanos u Ódami y Rarámuris. Los rarámuris, pueblo tarahumara, viven en chozas de troncos de árbol que salpican las laderas de las montañas y los arroyos, en las altas mesetas. Sus habitaciones son las mismas desde tiempos precolombinos y no se acostumbran las sillas, ni las mesas.Las fiestas son su manera de mantenerse como grupo, la base de su reproducción social. Son el kórima, donde construyen sus redes de parentesco y se ayudan. Es donde se resuelven los problemas de la comunidad y las autoridades exclaman su discurso (nawésari), en el que le recuerdan a su comunidad lo que es ser un buen rarámuri. Su lengua se conserva por tradición oral, pues se transmite de padres a hijos y en el noreste de México, es hablada por 85 mil personas. De abril a junio es la temporada de siembra de la Sierra Tarahumara Alta y Baja, y en ella cosechan alrededor de 13 tipos de maíces nativos. Aquí los cuatro principales: Maíz apachito En lengua ráramuri sunú áwasi, es semicristalino y de color rosado. Es un maíz apreciado porque su crecimiento es veloz, es el primero en producir mazorca. Se usa en tortillas (remekes), tamales, chacales, tesgüino, entre otras. Maíz complejo cristalino Chihuahua O sunú bewali, puede ser blanco, amarillo o azul-morado. Es de los maíces con más grasa y proteína de los que se cultivan en la Sierra Tarahumara. Además es de los más resistentes a la sequía. Se emplea en la preparación del pinole, tortillas, tamales, tesgüino y chacales. Maíz pepitillaEste maíz, sunú chupéame, es el maíz ceremonial. Es harinoso y se “pica” fácilmente por insectos. Es escaso en la Sierra Tarahumara. Se emplea en la preparación de: tortillas, tamales y tesgüino, entre otras.Maíz rojo El sunú sitákame es un maíz dentado que se cultiva en la Sierra Tarahumara. Aún no se ha identificado su raza. No es muy resistente a la sequía, pero se aprecia por su color rojo quemado. Es rico en grasa y proteína. También se emplea en la preparación de tortillas, tamales y tesgüino.Fuente y fotos: Ana Rosa Beltrán del Río, investigadora mexicana de gastronomía y cocina tradicional. 
La gastronomía de Venezuela es una de las más populares en Latinoamérica y es que está llena de sabores, texturas y aromas imposibles de resistir. De hecho, los antojitos venezolanos son de las comidas más ricas que podemos encontrar y aquí te vamos a contar un poco más de ellos. ¡Descubre 5 antojitos típicos de Venezuela que debes conocer! Arepas Las arepas son un antojito venezolano muy similar a las gorditas mexicanas, pero éstas están hechas a base de masa de maíz seco molido o de harina de maíz precocida, su forma circular y aplanada les permite ir rellenas de diferentes guisados, desde queso hasta carne mechada. ¿Se te antojaron? ¡Aquí tienes una receta para preparar arepas! Cachapas Las cachapas son un antojito típico de Venezuela equivalente a los hot cakes pero hechos con con maíz dulce. Generalmente van rellenos de queso aunque pueden acompañarse con diferentes guisados y comerse durante el desayuno o almuerzo. Tequeños Los tequeños son uno de los antojitos venezolanos favoritos, ya que se trata de unos irresistibles palitos de queso con masa de arepa que se acompañan con aderezo de ajo. Así que si te gustan los dedos de queso, aquí te mostramos una receta de tequeños fácil y deliciosa. Hallacas Las hallacas son unos tamalitos típicos de Venezuela hechos con masa de harina de maíz sazonada con caldo de gallina o de pollo y pigmentada con achiote. Las hallacas generalmente van rellenas de carne de res, cerdo o pollo. Empanadas criollas Los antojitos de Venezuela que nunca pueden faltar son las sabrosas empanadas criollas, hechas con harina de maíz que pueden ir rellenas de carne molida, atún o frijoles y generalmente van fritas. ¡Son una verdadera delicia! Ahora que conoces los antojitos típicos de Venezuela, ¿cuál se te antoja probar primero?
“La vida es como una caja de chocolates” pero, a diferencia de la creencia de la Señora Gump, sí podemos saber qué nos tocará si nos adentramos en el origen y el proceso de la transformación del cacao al chocolate. Latinoamérica, Ecuador y Brasil son de los principales productores de cacao del mundo. Aunque México no está entre los cinco principales productores, es considerado como uno de los productores con mayor calidad de cacao a nivel mundial, con 30 mil productores a nivel nacional y cultivos concentrados principalmente en Tabasco (68.8%), Chiapas (31.1%), Guerrero y Oaxaca, donde se cultivan 45,376 toneladas anuales a cielo abierto. En México, nuestro consumo de chocolate per cápita es de 750 gr., en comparación con otros países como Brasil que reporta 1.6 kg. anual o Suiza con 11.9 kg. Estas cifras nos dan un excelente motivo para incrementar nuestro consumo de chocolate y, especialmente, de cacao, el cual aporta muchos beneficios a la salud, pues nos provee de minerales como potasio, zinc y ayuda a la liberación de endorfinas, causantes de la felicidad. Aquí te presentamos los principales tipos de chocolate: Chocolate blanco El chocolate blanco se elabora con manteca de cacao, azúcar y leche, es de color marfil. Chocolate con lecheSe elabora con el 30 al 46% de cacao (manteca y licor), azúcar y leche. Chocolate oscuro Pueden ser semi-amargos (con el 50 al 69% de cacao) y amargos (con el 70 al 90% de cacao). ¡Cuéntenos cuáles son sus chocolates y maridajes favoritos! Fuente: ASCHOCO, Asociación Nacional de Fabricantes de Chocolates, Dulces y Similares, A.C. (ASCHOCO), trabaja desde hace más de 80 años (1936), resaltando en México y el mundo, el valor cultural y alimenticio del chocolate y el cacao, además de un consumo informado. 
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