Recomendaciones para comer en el otoño
De Kiwilimón para ti

Recomendaciones para comer en el otoño

Por Shadia Asencio - Octubre 2020
Yo ya perdí la cuenta de las veces en que una galleta –de chispas de chocolate, de avena, de lo que sea– me ha devuelto la esperanza. En un año como este la comida ha sido combustible para el cuerpo tanto como para las emociones. O si no pregúntense, ¿cuántas veces un panecito remojado en café, un caldito de verduras o el guiso burbujeante de una olla les ha salvado el día?

La necesidad de ponerse los platillos de cobija seguramente no nos pasará desapercibida este otoño. El tema es físico, es mental. Nuestra hibernación animal nos baja la energía y hay que contrarrestarlo con carbohidratos y pociones calientitas que nos templen el corazón cuando el frío de afuera –el de verdad, el de la metáfora– se cuela entre la rendija. Lo casero se convierte en la moneda de cambio. Una, por economía; otra, por necesidad.

Si en otros otoños los potajes densos curaban al alma, ahora serán la medicina cuántica. Eso sí, que tengan mucho verde, que sus fitonutrientes hagan su trabajo al mismo tiempo que conforten. Con mucho ánimo hay que prender las hornillas y gozar con los ingredientes de temporada que les van bien a los procesos del cuerpo. Una de mis opciones favoritas es abrirme paso ante una calabaza de Castilla, rica en vitamina A y ácidos grasos, y con unas cuantas cucharadas de mantequilla, miel, sal y pimienta hacerla el puré más terso o el complemento de una ensalada. Si su familia, como la mía, disfruta de los platos de cuchara, hay que preparar con calma un molito de olla y convertirlo en una suerte de mantra comestible que renueve las fuerzas. Ya saben, ¡a darle que es mole de olla!

El otoño también es pretexto para reusar esa cacerola refundida en la alacena y dejarle caer unos higos, vino y azúcar para caramelizar. Al final ponerlo todo en una rebanada de pan con queso mientras leemos algo que nos nutra el intelecto o nos haga viajar sin despegarnos de la sala.

La época nos invita a prender el horno cuando se pueda. Hay que aprovechar las manzanas más dulces del año, agregarles vainilla, azúcar, mantequilla, pan molido y envolver todo en unas hojas de hojaldre. El premio serán los olores, el crunch que suena menos, pero sabe mejor cuando lo acompaña una bola de helado. Y si se prefiere salado, hay que rosear una coliflor con aceite, aventarle unas avellanas, pistaches o nueces y algunas especias mágicas. Me gusta servirla horneada, directo de la charola, junto a una cucharada de jocoque batido con limón o una cucharada de yogurt con curry.

A las noches otoñales les van bien las tartas, sobre todo esas que van retacadas con verduras salteadas y todo tipo de quesos. Su milagro es rendir para todos sin importar lo hambrientos que estén. La otra es que en cada rebanada cabe el mundo. ¿Queso Chihuahua? ¿Pimientos? ¿Carnes frías? Lo que tengas en el refri servirá.

Si nunca has preparado tartas de otoño no hay mejor momento que este: es la oda a la comida confortable. Te dejo una guía iniciática para que puedas prepararlas fácilmente. Las cuatro recetas las preparó el equipo de Kiwilimón y quedaron geniales. Será difícil elegir, pero ante la duda, prepara una cada fin de semana.

Pruébalas con toda atención y disfruta el aquí y el ahora. Eso es el regalo de los buenos bocados: tienen el poder de recordarnos a qué sabe estar vivos, lo placentero que es el cuerpo, lo lindo que es caminar en la Tierra en otoño o cuando sea.

Quiche de Cereza
Quiche de 4 Quesos Mexicanos
Quiche de Tocino, Gruyere y Espinacas
Quiche de Peras con Queso




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Tomas Aquino
04/11/2020 20:39:40
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La hoja de laurel es un condimento indispensable en la gastronomía mexicana, pero más allá de darle sabor a la comida, sus maravillosas propiedades la hacen ideal para cuidar de la salud como nunca imaginaste. Descubre cuáles son los beneficios del laurel para la salud. Propiedades del laurel Entre las propiedades de las hojas de laurel, encontramos que tienen un alto contenido de vitamina A, B, C, ácido fólico, además de minerales como el cobre, manganeso, hierro, zinc y magnesio. No por nada era utilizado como planta medicinal antes que como condimento en la época de la Conquista, como se menciona en el Códice de la Cruz-Badiano, donde se le llamaba “ecapatli”. Beneficios del laurel Las hojas de laurel son buenas para la digestión, pues contienen enzimas que ayudan a descomponer las proteínas y contribuyen a procesar los alimentos más rápido.El té de laurel contiene cineol y eogenol, compuestos que favorecen la eliminación de gases y evitan la acidez estomacal.Gracias al polifenol en las hojas de laurel, un estudio realizado por el Journal of Clinical Biochemistry and Nutrition, encontró que podrían potenciar la acción de la insulina y reducir los niveles de glucosa en el cuerpo.El laurel también ayuda a controlar el buen funcionamiento de la presión arterial y la frecuencia cardíaca.Además de ser un gran antioxidante natural, la vitamina A en las hojas de laurel es excelente para cuidar la salud visual.De acuerdo a investigaciones del Instituto de Investigaciones Biomédicas del Conacyt, el laurel tendría propiedades antidepresivas y ansiolíticas que ayudan a regular las funciones del sistema nervioso.¿Cómo consumir hojas de laurel? Para aprovechar los beneficios del laurel, puedes utilizarlo para sazonar sopas, caldos y guisados o hacerte una infusión con 3 hojitas y una taza de agua hirviendo. Recuerda no abusar del consumo de esta hierba o podría resultar contraproducente. ¿Listo para disfrutar de las propiedades y beneficios del laurel?
Partamos de una realidad: no existe una mala hamburguesa. Entre dos panes cualquier ingrediente simple adquiere un poder vehemente, casi sobrenatural. Y aunque las opciones pueden ser infinitas, personalmente prefiero dejar fuera la creatividad cuando se habla de ellas. Sí, las aberraciones también son infinitas. El escritor culinario y amante empedernido de las hamburguesas, –como su servidora– Anthony Bourdain, decía que ya eran perfectas, ¿por qué echarlas a perder?En una entrevista hecha a Bourdain por TechInsider, el también cocinero compartió las ocho reglas de oro para elaborarlas. Lo primero era mantenerlas clásicas, casi académicas: pan, carne, tomate, cebolla, lechuga, pepinillos encurtidos y nada más. Ricardo Campuzano, el chef del restaurante de hamburguesas Margarita, afirma que la hamburguesa perfecta es resultado de la sencillez, pero también de la calidad de los ingredientes.El pan, por supuesto, debe ser el marco que lo engloba todo. Un brioche suave y suficientemente mantequilloso –hay que ser conservadores en las cantidades de nuestra amiga láctea para evitar opacar el sabor de la carne– logra mandar una hamburguesa al infierno de lo común y corriente o al cielo de los elegidos. Joan Bagur, panadero y fundador de Sal y Dulce Artesanos, resume que el pan ideal es un pan estilo brioche de mantequilla con una consistencia que logre sostener el jugo de la carne. Eso sí, que tampoco sea demasiado grueso porque podría esconder el sabor del medallón. “La mantequilla con la que se hace el pan debe ser de calidad para que no nos deje un mal retro gusto”, completa.  Hablemos de la carne. Si partimos de que el origen de la receta podría ser el de las tribus mongolas y turcas del siglo XIV en la que picaban la carne para hacerla si quiera comestible, este ingrediente en versión machacado o molido es irremplazable. Vamos. Si lo quitamos, mejor llamémosle sándwich, bocata, entrepán, torta, emparedado. La decisión de si elaborarla de res, de cerdo o de una combinación salomónica de ambas es decisión de la conciencia, el gusto y el bolsillo. Bourdain afirmaba que incluir sirloin o algún corte demasiado exótico a la mezcla la destruía. En cambio, prefería el brisket o la costilla, algunas de las partes más grasosas. Y es que sí, la parte amarilla, esa que se derrite al calor, es lo que realmente le aporta magia. El chef Campuzano asegura que la combinación perfecta es de 80% carne, 20% grasa, y sólo sazonar con sal. Joan Bagur aconseja que hay que cocinarla a la plancha muy caliente para que se selle, se caramelice y permanezcan los jugos dentro. Recomienda terminarla al grill para que tome ese espectacular gusto asado. El escritor de Kitchen Confidential, Anthony Bourdain, afirmaba que no debía faltar el queso y éste debía derretirse. Panela, requesón, queso fresco, ustedes no juegan. En mi opinión, es a través de la combinación de los quesos, la grasa de la carne y lo mantequilloso del pan que la experiencia llamada “hamburguesa” sucede. Que a nadie se le pasen las salsas. Descansando en el pan va la mayonesa –una ligera crema balanceada en limón y grasa– y la reina de todas, la cátsup (el cátsup o el kétchup, para el resto de América Latina). Ella debe ser jitomatosa y vinagrosa, sutilmente dulce para equilibrar la grasa y aportar acidez. Para Anthony no había discusión en el tocino; siempre era la ocasión. En cambio, le parecía un exceso cuando las hamburguesas llegaba como una torre de Legos a la mesa. El tema es que si es demasiado alta es casi imposible poder reunir todos sus sabores en una mordida. De ahí sólo faltan las papas porque, ¿qué es una hamburguesa sin papas? Citando a Gloria Trevi, definitivamente es una papa sin cátsup. Que sean caseras, cortadas en tiras o en gajos. Que queden crocantes por fuera, pero suaves por dentro. De preferencia, que no nos dejen los dedos con reflejo, que no se apelmacen.Las apariencias engañan. Las hamburguesas pueden parecer un alimento burdo, quizás porque las hemos visto servidas en charolas de plástico, entre plásticos y bolsas de estraza, en cajitas de cartón para disfrutarse en el carro, con o sin juguete. Ello no las hace menos buenas. La hamburguesa es perfecta en sus componentes. Llegar a un balance es un afortunado accidente de la Matrix; es la diferencia de una comida rápida y una comida que apenas se diluye en el recuerdo con el paso del tiempo. Así me pasó hace una semana en el restaurante Nopa, de San Francisco, o cada vez que se me cruza un In and Out en cuyo aderezo naranja se disfraza cualquier imperfección, si la hubiera. Tampoco olvido las de The Spaniard, en Nueva York. En México, hay varias que me guiñen en ojo. Las que me recuerdan a mi adolescencia, como las de las Fuentes de Satélite que llevan piña, o las que solía hacer Joan Bagur en OkDF y que acompañaba con patatas bravas. Recientemente probé la de Margarita, del chef Ricardo Campuzano, en la colonia Narvarte: su combinación de carne + tocino + cheddar me pareció que resaltaba sus buenos ingredientes de forma monchosa. La hamburguesa es más que un sándwich en esteroides. El ritual nos involucra, nos pide permanecer atentos para que la carne no se recorra al fondo, para que los aderezos no terminen en la ropa. Pero quizás la mejor parte de comerla sea que por cuatro, quince o las veinte mordidas que nos sobrevive volvemos a ser niños, niños felices otra vez.
¿Qué es lo que nos une al centro de la mesa? Las memorias familiares, los sabores que conforman nuestra identidad y el placer de compartirla. Cada historia va montada en un plato, que también representa historias individuales, de trabajo, dedicación y compromiso por crear una pieza que contenga todos estos simbolismos y rituales. Hay piezas que nos han acompañado a lo largo de la historia de México como son las vajillas de Anfora. Su fábrica, fundada en 1920, fue la principal proveedora de hoteles y restaurantes desde su fundación. En los años ochenta cuando el país se abrió a las importaciones provenientes de China, Anfora se enfrentó a la competencia que causó la quiebra de ocho de las nueve fábricas de cerámica existentes en el país, pero su calidad y compromiso la hicieron salir adelante para seguir acompañándonos en las mesas de todo México. ¿Recuerdas la vajilla de paisaje chinesco, con pagodas, lagos y montañas? Esa vajilla con la que te llevaron tus enchiladas suizas de Sanborns es de Anfora pero también lo son esas tazas con diseños increíbles de Cielito Querido.Anfora es el centro cerámico más importante de Latinoamérica y sus piezas han atestiguado el amor al centro de la mesa de todo nuestro país. En restaurantes, hoteles y mesas familiares… en las manos de presidentes, reyes y en churrerías, Anfora es la vajilla de todos y para todos. Y como el amor se celebra y busca nuevas formas de expresión, en 2012 se creó Anfora Studio, el área de diseño que aprovecha la experiencia de elaborar la mejor cerámica del país, pero combinada con la creatividad y energía de jóvenes diseñadores mexicanos como Alonso Cartú, Ariel Rojo o Prince Lauder. Desde hace 100 años, Anfora refleja la calidad y el talento mexicano, pero sobre todo la vajilla de nuestro hogar, esa que expresa siempre amor al centro de la mesa. 
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