Vinos para acompañar el Thanksgiving
De Kiwilimón para ti

Vinos para acompañar el Thanksgiving

Por Shadia Asencio - Noviembre 2020
Agradecer nos conecta de forma única con la realidad: nos aleja 180° del drama y nos invita a ser observadores activos frente a lo que sucede en nuestras narices. Con un ‘gracias’ materializamos lo que somos, lo que tenemos, lo que es y no es de gratis. Y si algo hemos aprendido este año es que no todo está dado. Hay que agradecer por ocupar un lugar en el espacio; estar, aún estar.

La celebración de Thanksgiving es quizá lo más envidiable de la cultura norteamericana. El tercer jueves de cada noviembre se festeja la primera cosecha de los colonos ingleses en tierras estadounidenses. El agradecer se convierte en una fiesta, en un símbolo, en una intención universal. Para los que profesan la fe presbiteriana es probablemente más importante que la Navidad. Los que profesemos cualquier otra cosa lo hacemos para elevar vibraciones, para amistarnos con el universo o hasta solo por comer rico. (Comer rico siempre de los siempre es una fiesta.)

Además de sacar la vajilla heredada de la abuela, los mantelitos de bordado fino y las copas de vidrio cortado, hay que planear el menú. Sin importar que seas un iniciado en el Thanksgiving o no, que en tu mesa no falte un pavo delicadamente rostizado, un gravy sedoso hecho con los jugos del pavo, ingredientes de temporada como la calabaza de Castilla –en puré, en pay, en lo que sea–, una buena ensalada con betabel y arándanos y, claro, los vinos para acompañar todo.

No te preocupes. Te dejo aquí una guía general de maridajes para el Thanksgiving. Te aseguro que si la sigues no te faltará armonización entre comida y bebida, ni la armonía.

Los básicos:

- Al Thanksgiving no lleves la botella más vieja de la cava ni la más tánica. Yo te recomiendo enfriar tus vinos de cepas con buena acidez y estructura media.

- Si quieres hacer un brindis, lo mejor es sacar tus copas tipo flauta y rellenarlas con burbujas. El vino chileno espumoso Montes Sparkling Angel está elaborado bajo el método de champenoise, por lo que será ideal para chocar las copas y si guardas un poquito, maridará con la tarta de calabaza del postre.

- En blancos, dile sí a uvas como la chardonnay con barrica o la gewurztraminer de Alsacia o Alemania. Si te inclinas por algo californiano vete por un Wente Riva Ranch Chardonnay, cuyas notas avainilladas van bien con el puré de camote o de papa.

- Si prefieres los vinos tintos te recomiendo uno recién salido de la bodega como el Beaujolais Nouveau –apenas unos días antes del Thanksgiving hace su salida triunfal al mercado–. La frutalidad y acidez de la uva gamay que da origen a este vino francés le va bien a un pavo mantequilloso y jugoso.

- Otro vino que hay que destapar en Thanksgiving es un pinot noir californiano. Mis favoritos para esta celebración son los de Anderson Valley, pero si no los consigues fácilmente, un Louis Jadot Bourgogne Tinto le irá perfecto a la noche. Disfrútalo especialmente junto al relleno del pavo.
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Thelma Garza
07/11/2020 02:43:20
Excelente, gracias
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¿Otra vez arroz? Las cifras lo confirman: la gramínea salvaje favorita de todos se siembra en treinta y cuatro países; sus campos cubren más del 10% de las tierras fértiles del mundo y de él se alimenta más de la mitad de la población mundial, según la FAO, por arriba del trigo o el maíz. Es rico, es práctico y con un par de ingredientes se convierte en una elegía. Literalmente, todo el mundo come arroz. El pobre, el rico, el pequeño burgués, el asiático, el centroamericano, el africano. En Europa, los españoles le han dedicado algunos de sus mejores platos. En México, hasta canciones. Él es nuestro termómetro para saber si una mujer –y un hombre converso a la igualdad– puede casarse. Se avienta en las bodas a modo de confeti como símbolo de abundancia. Está presente en los altares del mundo para atraer la prosperidad. Su cultivo en Japón forma parte de una tradición ancestral que trasciende los temas culturales: actualmente existe una guerra de precios que favorece al mercado local a través de un alza arancelaria a los importadores. Su cultivo en el sudeste asiático es oficio heredado y un bello espectáculo en sus montañas trazadas en terrazas.De arroces, no hay uno. Está el blanco, el integral, el glutinoso que es corto y dulce, el aromático como el basmati o jazmín, el moteado como el salvaje, que sabe mejor cuando se adiciona con frutos secos, menta y aceite de oliva. Su propia anatomía y su geolocalización culinaria harán más o menos común que se sirva al vapor como el gohan, frito como el yangzhou al estilo cantonés o enriquecido con mantequilla, aceite o caldos como el risotto italiano: caldo, vino blanco, queso parmesano y hongos salteados en mantequilla son el camino al cielo del umami.El arroz pasa lista a todas horas en las mesas del mundo. Al desayuno, en varios países de Asia, especialmente en China, desfila el congee: un amasijo dulce o salado de arroz con más de dos mil años de antigüedad. En México lo infusionamos con azúcar para hacer arrocenas, lo servimos en tazones de cereal inflado con su respectivo chorrito de leche. Los deportistas lo convierten en su snack predilecto pues no contiene gluten: a una galleta de arroz le dan un embarradita de hummus, otra de aguacate, cherries y aceite de olivo. A la hora de la comida, la mejor expresión del arroz se alcanza en su versión caldosa o melosa. Ahí está el que se hace con mariscos, conejo y embutidos al estilo paella valenciana, o el negro, cuyo color y sabor se lo debe a la tintura del calamar. Habría que comerlo en una terraza de la costa catalana para sentir que no hay mejor platillo. Si va caldoso, no hay que perderse el arroz a la tumbada típico de Veracruz que quema la boca como pocos, o con pollo y judías como en la cocina española del levante.En Cuba se mezcla con frijoles para representar unos moros con cristianos; en Perú el tacu-tacu se prepara con la menestra del día anterior, leguminosas como frijoles o lentejas y un sofrito de ají amarillo. En un menú chifa –como le llaman los peruanos a la gastronomía china– no faltará el arroz chaufa, frito con verduras cortadas en brunoise y salteado al wok con huevo para que amalgame. Sabe mejor con soya y con una buena dosis de grasita. En República Dominicana, otro gran productor de nuestro amado cereal, lo preparan con mariscos, con gandules o en un sofrito de verduras y tocino para la Navidad. Cargado en los barcos procedentes de España y Portugal, el arroz desembarcó en el continente. Hoy la gastronomía del Caribe no se entendería sin él. En cada país se le añade especias endémicas y embutidos populares para que tome sabor a platillo local. En Colombia está presente en su plato de desayuno por excelencia, la bandeja paisa; va también en el arroz atollado con pollo, cebolla, papa y pimientos, o con coco para acompañar un pargo frito y patacones. En Corea es un verdadero k-pop el bibimbap, un cuenco de arroz que siempre venden en las tiendas, y sirven con proteínas y vegetales mezcladas con aceite de sésamo y gochujang. En México, a nuestro arroz le damos gentilicios: “a la mexicana”, “poblano”.  El arroz es el plato infaltable de las fonditas. Que lleve huevo estrellado, que lleve plátano frito. Crema, por supuesto. No hay mejor inversión que esos $15 extra al precio del menú.El de Maxweel Food Centre en Singapur es un agasajo: sobre un plato de plástico va una montaña de arroz y encima un pollo pochado con jengibre y hecho en sus jugos. Jugos y más jugos. En bebida alcohólica, no hay que perdérselo. El sake japonés hace gritar a todos ¡kampai! no importa la técnica de preparación y sus muy intrincadas acepciones.Si alguien prefiere lo dulce, el arroz no lo decepcionará. En Japón no hay postre más socorrido que los mochis, un pastelito elaborado de arroz glutinoso que puede ir relleno de una pasta de soya, frijoles rojos o helado. Los nacionales lo hacemos en atole, o con leche y hervido con canela y azúcar. En Kiwilimón lo hemos hecho hasta en tarta con base de galleta. Lo hemos hecho de todas formas porque como con el arroz con leche, nos queremos casar… con él. ¿Crees que nos falta alguno? Por favor, dinos cuál te gustaría.
En milli no sólo encontrarás una gran variedad de mazapanes de los sabores más increíbles que puedas imaginar y podrás probar café extraído por método de goteo Chemex, sino que además tendrás la oportunidad de ver y conocer más sobre el comercio justo con sus proveedores y vendedores.Milli es un proyecto creado con el fin de compartir un espacio pequeño pero activo en la colonia Roma, pues ahí productores, vendedores y consumidores tienen la oportunidad de conversar y conocer más en torno a productos como el café, el pan artesanal, sus postres, la comida y sus ingredientes. En este rinconcito de la Roma, tu café se convierte en una plática con un productor de miel que cultiva cactáceas en San Luis Potosí, o una panadera artesanal de Ojo de Agua que hace pan balanceado y especial para dietas veganas. En el tema de café ni hablar, en esta temporada del año tienen café de selección tanto de Oaxaca, Veracruz y Chiapas, y si nunca has probado un café extraído por goteo, es el lugar perfecto para hacerlo.El Café oaxaqueño que ofrecen es de la sierra mixe, con un proceso de lavado que lo hace muy distinto a otros, pero lo más interesante es la historia detrás, pues este café es distribuido por el hijo del productor, que estudia para trompetista en la CDMX, y de esta forma solventa sis estudios.En cuanto a los mazapanes, en milli tienen quizá la más grande variedad en la ciudad, todos elaborados con ingredientes de Pluma de Hidalgo, también en Oaxaca, de sabores que no te imaginas, como mazapanes de chapulín, de amaranto, relleno con crema de avellana y un delicioso mazapán 100% cacao (amargo) que combina de manera perfecta con el café.Y si tienes ganas de probar productos artesanales, también puedes encontrar ropa bordada por diversas comunidades de pueblos originarios y productos de cosmética natural elaborados por una emprendedora que está en contra de la crueldad animal y que próximamente estará organizando talleres sobre cómo hacer tus propios ungüentos.
Waje es un proyecto del talentoso y joven chef oaxaqueño José Daniel López Delgado, el comenzó como un pop up, utilizando diferentes escenarios dentro del estado de Oaxaca para servir increíbles experiencias gastronómicas. Actualmente ya tiene un espacio físico dentro de la capital de Oaxaca: un salón de degustación donde se busca estimular los sentidos a través de los alimentos y saciar todos los aspectos que representan la complejidad del ser humano.Dicho con palabras del chef, mi cocina respeta lo esencial de nuestros orígenes, pero experimenta con nuevas rutas técnicas de sabores y de productos para seguir aportando a la gastronomía de mi estado.Yo puedo describir su cocina como creativa, atrevida, loca, pensada y bien sustentada; local, deliciosa, sensorial, elegante y casual al mismo tiempo. Es una cocina que lo representa como profesional y como persona; siempre pensando en mejorar a México y a Oaxaca desde su trinchera, utilizando el gran talento que lo caracteriza para lograrlo.Este proyecto tiene una visión sostenible, ya que trabaja con artesanos, cocineros, productores e ingredientes de la zona; se adapta a la temporalidad y a las condiciones que surgen durante el día a día.Waje nace de la inquietud del chef Pepe, como le decimos de cariño, por compartir la cocina oaxaqueña desde su loca y creativa mente, donde cuestiona, investiga, reta, rompe sus propios límites y donde coexiste al mismo tiempo con el arraigo de las tradiciones oaxaqueñas.Se puede hacer reservación en Waje para los días jueves, viernes y sábados de 6 a 10 pm, así que si vives o estás paseando en la ciudad de Oaxaca, ¡no te puedes perder este maravilloso destino!Apoya e incentiva proyectos como Waje, con gente que se atreve y se lanza a hacer cosas increíbles, como el chef José Daniel que con tan sólo 28 años, ha logrado materializar parte de sus sueños.
Con los trapos de cocina limpiamos cualquier chorrito de agua que veamos, pero también residuos de todo aquello propio de la cocina: huevo, leche, aceite, jugos y mil mezclas de ingredientes más, así que no es extraño querer saber cómo lavar trapos de cocina para quitarles el olor.Si meterlos a la lavadora ya no funciona, traemos para ti unos tips sencillos para quitarles cualquier olor indeseable y tenerlos limpios sin necesidad de tirarlos a la basura y reemplazarlos por nuevos.¿Por qué huele feo los trapos de cocina?Por lo general, los trapos de cocina tienen un olor agrio característico que no es sólo desagradable, sino que es el aroma de la reproducción de bacterias. Entre las partículas de comida, la grasa, las cosas que se te quitas de las manos mientras lo usas y la humedad, hay suficiente comida para ayudar a que las bacterias crezcan.Para hacer las cosas aún más feas, esas bacterias se transferirán a cualquier superficie que limpies con un trapo de cocina apestoso: estantes, fregaderos, electrodomésticos, incluso tus manos. A partir de ahí, hay un pequeño paso hacia la contaminación de los alimentos.Foto de Micheile Henderson en Unsplash¿Cómo lavar los trapos de cocina para quitarles el mal olor?La mejor forma de mantener los trapos de cocina limpios y sin olores es lavarlos con agua caliente y jabón inmediatamente después de usarlos y luego enjuagarlos a fondo. Escúrrelos bien y luego cuélgalos donde se puedan secar al aire. Es muy común dejarlos en el borde del fregadero, pero esto no es adecuado porque no se orean de manera adecuada; sin embargo, la puerta del horno podría serlo. Para trapos muy olorosos, el primer paso es hervirlos para eliminar cualquier acumulación. Sigue estos pasos para quitarles el olor: Llena una olla grande con 3 litros de agua y calienta a fuego alto en la estufa hasta que hierva.Agrega 1 taza de vinagre blanco y echa en la olla los trapos de cocina. No necesitas añadir jabón.Hierve los trapos en el agua con vinagre durante 15 minutos para eliminar los olores y las bacterias, el moho y los hongos.Apaga el fuego y deja que los trapos de cocina y el líquido se enfríen a temperatura ambiente.Una vez enfriado, escurre los trapos con las manos uno a la vez antes de colgarlos para que se sequen en un lugar soleado.Como tip extra, procura tener trapos de cocina delgados y livianos, como los paños de microfibra, que se secan al aire mucho más rápido que los trapos de tela estándar.Foto de portada: Guido Hofmann en Unsplash
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