El refrigerador de barro que funciona sin electricidad
Tips y Consejos

El refrigerador de barro que funciona sin electricidad

Por Kiwilimón - Junio 2015
En nuestro país, más de 5 millones de viviendas particulares habitadas no cuentan con refrigerador, lo cual puede complicar la conservación de los alimentos y generar algunas enfermedades, esto de acuerdo con la empresa mexicana Depresa. Para hacer frente a este problema, dicha empresa diseñó un enfriador cien por ciento ecológico, fabricado con barro y materiales pétreos. Esto permitirá a las poblaciones rurales incrementar el tiempo de conservación de sus alimentos y medicamentos, tal como ya ocurre en comunidades de San Luis Potosí.  Ecoplanet, como fue llamado este enfriador ecológico, mantiene una temperatura baja de hasta ocho grados centígrados ya que su funcionamiento se basa en la física clásica. Está compuesto de dos contenedores entre los cuales se deposita una mezcla húmeda de arena, marmolina, tierra, granzol, grava y agua; y debe ser colocado a media sombra de manera que los rayos ultravioleta no hagan contacto de manera directa. Al evaporarse el agua de la mezcla, el calor de los alimentos o bebidas colocadas al interior del Ecoplanet es extraído. Es decir, “roba el calor de la comida que está adentro del enfriador y convierte el agua en vapor; un fenómeno que es posible gracias a que la reacción requiere energía y la toma de los alimentos”, detalla Óscar Chávez Macías, cofundador de la compañía.  Para funcionar, se necesitan únicamente tres litros de agua al díay colocarse a media sombra en un lugar ventilado, en un par de horas cumple su función de enfriamiento. Según explicó Chávez Macías, este sistema es muy práctico y económico, ya que asemeja a un garrafón de agua tradicional y ya ha sido probado en comunidades de del municipio de Villa de Reyes en San Luis Potosí y en un poblado de Guanajuato. Depesa fue registrada en marzo de este año, lo que le permite ya comercializar el enfriador. Sin embargo, para llevar a cabo la producción artesanal se requieren tres semanas y un costo aproximado de 680 pesos y para que sea rentable, se debe producir en serie. Es por ello que su estrategia consiste en acercarse a los gobiernos estatales para que por medio de programas sociales, sean repartidos en las comunidades que no cuentan con electricidad. Ver artículo original.
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Pensar en comida envasada debería ser igual a pensar en calidad, practicidad y modernidad, pues muchos de los productos mexicanos que encontramos en los pasillos de los supermercados cuentan con valor nutrimental, tradición y mucha calidad detrás de cada lata.El envasado no es más que un método para preservar alimentos por más tiempo, por medio de un envasado en recipientes herméticos. El proceso puede variar de acuerdo con el producto, pero hay tres pasos principales: procesar, sellar y calentar.El primer paso es procesar la comida, es decir, pelarla, rebanarla, picarla, quitarle semillas y huesos, remover cáscaras o cocerla; el segundo es el sellado que se hace con las latas y, por último, calentar se refiere a que los envases se calientan para matar las bacterias dañinas y evitar el deterioro.Como resultado de este proceso, los productos envasados conservan propiedades y tienen varios beneficios, como los que te mencionamos a continuación.Una lata de vegetales conserva los nutrientes Una lata de vegetales es nutritiva y puede almacenarse entre 1 a 5 años o más gracias al envasado, pues de acuerdo con la Cámara Nacional de Fabricantes de Envases Metálicos (Canafem), en los procesos industrializados “las variables que influyen en la pérdida de nutrimentos están controladas” e incluso puede ser menor que cuando los preparamos en casa.El enlatado puede potenciar otros compuestos saludablesSi bien el proceso de enlatado puede dañar las vitaminas solubles en agua, también puede aumentar las cantidades de otros compuestos saludables, por ejemplo, los tomates y el maíz liberan más antioxidantes cuando se calientan, lo que hace que las variedades envasadas de estos alimentos sean una fuente aún mejor de antioxidantes.Los alimentos envasados comunes incluyen vegetales, salsas, chiles, purés y muchas empresas mexicanas se aseguran de que su línea de productos esté hecha con los alimentos naturales de mayor calidad, aporten nutrición, salud y bienestar.Por ejemplo, la línea de productos Herdez® no sólo cuenta con la calidad, sino que la respalda además una tradición de más de 100 años, que se ha ido renovando siempre en tecnología, sustentabilidad e incluso en imagen.Esta renovación de imagen es un homenaje a México como país de expresiones a través de sus colores, su gente y, claro, sus sabores, que nacen en el corazón del campo. Esta nueva imagen también refleja los valores y pilares de la línea de productos Herdez® y su orgullo de ser una marca mexicana. Ahora puedes seguir disfrutando los deliciosos productos que Herdez® selecciona cuidadosamente para que tú y muchas familias mexicanas puedan usarlos con toda confianza.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
Porque nos encanta el pan de muerto relleno, con estas deliciosas opciones podrás comprar tu pan o prepararlo con estas recetas, cortarlo a la mitad y añadirle tus ingredientes favoritos. ¡Así que no te pierdas estas 10 maravillosas ideas para rellenar tu pan de muerto en casa! Crema pastelera La crema pastelera es uno de los ingredientes favoritos a la hora de rellenar cualquier pan, pero la combinación de esta rica crema con la esencia de naranja y mantequilla del tradicional pan de muerto no tiene comparación. Nata Otro popular ingrediente para el pan de muerto relleno es la nata, la cual puedes conseguir en cualquier súper fácilmente. ¡Prueba tu pan de muerto relleno de nata y cuéntanos qué te parece! Crema batida con frutos rojos Si quieres una opción un poco más ligera, no te pierdas el pan de muerto relleno con crema batida y frutos rojos. Te recomendamos agregar frambuesas y moras azules, ya que son más pequeñas, pero también puedes cortar trozos de fresas y zarzamoras.Nutella ¿Has probado el pan de muerto relleno de Nutella? Si todavía no lo has hecho, te estás perdiendo de un gran manjar. Lo mejor es que de esta manera, tú decides cuánto relleno ponerle. Chocolate Escoge tu chocolate favorito, derrítelo a baño María y rellena tu pan de muerto con el dulce más especial en el mundo. También puedes probar este pan de muerto relleno de chocolate con mole. ¡No podrás creer lo delicioso que sabe!Dulce de leche Otra opción muy sabrosa es el pan de muerto relleno de dulce de leche, una combinación que seguramente no habías pensado pero que te encantará. Helado ¿Cómo que no has probado el pan de muerto relleno de helado? Atrévete a mezclar esta deliciosa combinación con tu sabor de helado favorito y cuéntanos qué te parece. Crema de rompope Prepara tu relleno con un poco de crema para batir, un toque de rompope y prueba un pan de muerto relleno tan innovador y rico como nunca imaginaste. Cajeta Porque la cajeta se lleva bien con todo, no te pierdas este maravilloso relleno para un pan de muerto extra delicioso. ¡Te encantará! Mermelada Quizás ya habías pensado en este ingrediente, pero aceptémoslo, un pan de muerto relleno de mermelada es un catálogo con opciones infinitas, además de que lo puedes mezclar con queso crema o alguno de los ingredientes que hemos mencionado previamente. Si necesitas más inspiración, esta receta te puede servir para preparar pan de muerto relleno de guayaba y queso.Lo mejor de esta increíble lista es que seguramente podrás encontrar todos esos ingredientes fácilmente en tu cocina, así que cuéntanos, ¿qué pan de muerto relleno probarás primero?
Flores de cempasúchil en vasitos de vidrio. Dos panes de muerto junto a restos de azúcar desperdigada. Una ollita, la más pequeña de la alacena, llena de mole al que ya se le hizo una capa de nata. Papel picado descolorido por las gotas de un caballito de tequila que se derramó. Hasta arriba, la foto del pariente fallecido observándolo todo: la abundancia o la escasez de la ofrenda, el faltante de huesito en el pan. Esta escena se repite cada año en el altar de muertos. Esta es una escena de tradición mestiza.No sé si fue Coco, no sé si fue James Bond. Esta costumbre mitad prehispánica, mitad española, ha resurgido con fuerza en los rincones de las salas mexicanas. Fray Bernardino de Sahagún, en la Historia general de las cosas de la Nueva España, ya relataba que los aztecas eran dados a hacer festejos a los muertos. El altar recordaba el viaje de cuatro años que el difunto debía emprender, camino a Mictlán, el reino de los muertos. Como en casi todas las religiones y creencias, no había altar sin una ofrenda, y como en casi todo ofertorio, siempre había algo de comer.Según me cuenta el licenciado José N. Iturriaga, historiador y escritor, había un ingrediente infaltable en los altares prehispánicos: los tamales envueltos en hojas de totomoxtle. También había agua para ayudar al alma del muerto a sortear el camino lleno de peligros. Luego, con la evangelización, las costumbres católicas como el rito a los santos y la fermentación del trigo se fueron mezclando con las costumbres locales. El altar es mestizaje puro. Por ejemplo, están las flores endémicas como los cempasúchiles, los frijoles, el tequila –que, aunque tiene denominación de origen, no existiría sin la destilación, originaria de Asia–. El mole es un plato barroco, resultado del intercambio con África del Norte, España, el sudeste asiático... El pan de muerto es fruto del sincretismo del pan de ánimas que se hace en Segovia o de los huesos de santo, un postre de pasta de almendra español cuya presentación recuerda a los relicarios. Así como el origen del altar es diverso, también lo es la celebración: “El 1 de noviembre, día de Todos los Santos, fue un día para celebrar a los santos que no tenían fecha y se instauró en el siglo séptimo; el Día de Muertos lo estableció el Papa Bonifacio IV en la Abadía de Cluny Odilón”, explica Iturriaga. Esto sucedió en el siglo X –claramente, mucho antes de la Conquista– con el objetivo de que los fieles hicieran oración por los muertos. Para los que injurian contra el Halloween asumiendo que es una falsificación de nuestra fiesta, Iturriaga cuenta que la palabra viene de All hallow’s eve, que es otra forma de nombrar “todos los santos”. La celebración data de épocas medievales y fueron los irlandeses quienes la llevaron a América. Lo de los Frankenstein y los dráculas, eso sí ya es regalo de Estados Unidos –y, bueno, de Mary Shelly y de Bram Stoker–.La simbología del altar es naturalmente mexicana. Una ofrenda que se respete debe tener todos sus componentes: agua, tierra, calaveritas de azúcar, flores, alimentos, vela y copal para guiar al muerto hasta el altar. Para Iturriaga tampoco debe faltar el alimento raíz que nos conecta con nuestros ancestros: el tamal. Los tamales son piezas individuales que se preservan bien y aguantan bien la intemperie –recordemos que muchos altares viven en los cementerios– y lejos de un simbolismo específico, provienen de “El grano madre que moldea una cultura. El alimento más icónico”. Nuestra creencia es única: por un día en el año tenemos de regreso a casa a ese familiar que queremos tanto, a ese ser que admiramos mucho y que nos hace falta. Olvidamos el miedo que nos dan los fantasmas, en otros días menos festivos del año, para esperar que nuestro ser amado atraviese el cielo o el mundo paralelo para comer, beber y fumar. Eso sí, no cometan el error de olvidar los cerillos. Para honrarlos, aquí comparto la sección en la que pusimos toda esa comida que les puede gustar.
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