10 trucos para amar el microondas
Consejos de Hogar

10 trucos para amar el microondas

Por Kiwilimón - Abril 2015
Quizá pienses que el microondas sólo sirve para calentar comida o hacer rápido un té, si es así, no sabes de lo que te estás perdiendo. Este electrodoméstico podría hacerte la vida mucho más fácil y tal vez no lo sabías. Presta atención y toma nota de estos útiles trucos.

Palitos de pan siempre crujientes

Si dejaste abierta la bolsa de los panecillos o las galletas saladas ya no están tan crujientes, mételas en al microondas y en pocos segundos estarán de nuevo muy frescos.

Esterilizar frascos de conservas

Para evitar hervir los frascos y ahorrar mucho tiempo metiendo uno por uno al agua, basta con llenar cada uno con dos dedos de agua limpia y ponerlo en el microondas por dos minutos. Nunca metas más de seis frascos de una vez.

Sal húmeda

Cuando la sal se humedece es imposible hacer que corra por los hoyitos del salero. Pon un puño de esta sal en un plato y mételo algunos segundos al microondas, quedará de nuevo perfecta.

Secar hierbas aromáticas

Cuarenta segundos a potencia alta bastarán para secar tus propias hierbas en casa. Esto es muy útil ya que conservan su aroma y sabor perfectamente.

Más zumo de naranja

Si necesitas exprimir muchas naranjas o algún citrico, mete la fruta en el microondas de 15 a 20 segundos. Su cáscara se ablandará y obtendrás mucho más zumo.

No llores con la cebolla

Corta los extremos de la cebolla y llévala al microondas por 30 segundos a máxima potencia, no derramarás ni una lágrima cuando la rebanes.

Recuperar azúcar morena

Típico, intentas usar el azúcar morena en una receta y cuando te das cuenta es un bloque compacto que no sirve para cocinar. Para recuperarla debes agregar unas gotitas de agua dentro de su empaque y llevarla al microondas en potencia media durante 20 segundos.

Platos calientes por más tiempo

Para que los platillos duren calientes más tiempo, rocía con un poquito de agua los platos en los que Servirás. Treinta segundos en el microondas a máxima potencia es suficiente.

Miel cristalizada

Para evitar este problema, introduce el frasco en el microondas -cuidando que no tenga nada de metal- y dale 20 o 30 segundos. Revuelve bien y repite si es necesario hasta que quede líquida de nuevo.

Tablas de picar desinfectadas

Todas las tablas de plástico que se pueden meter al microondas pueden ser desinfectadas si las restriegas con un poco de limón y las llevas un minuto al microondas. Eliminarás muchas bacterias y evitarás riesgo de enfermedades. Ver artículo original.    
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Cómo calmar la tos es una de las preguntas más frecuentes en temporada de frío, especialmente cuando las enfermedades de las vías respiratorias afloran y la tos seca persistente se convierte en un verdadero problema. Pero no te preocupes, porque podrías encontrar una gran solución con estos remedios caseros para aliviar los síntomas de la tos. Miel caliente con limón La miel caliente con limón para la tos es un remedio natural recomendado por las abuelitas y su eficacia se debe a que la miel es un demulcente y sus propiedades recubren y calman la zona irritada de la garganta, tal como menciona un estudio realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Pennsylvania. El limón contiene altos contenidos de vitamina C y te ayudará a afianzar tu sistema inmunológico.Té de jengibre El jengibre para la tos es un remedio casero realmente maravilloso, ya que esta increíble raíz posee propiedades expectorantes y antiinflamatorias, las cuales ayudan a reducir las flemas producidas durante la gripe. ¡Disfruta de una infusión de jengibre bien caliente! Tomillo Otro de los grandes remedios naturales para aliviar los síntomas de la tos es el tomillo, ya que además de ser una deliciosa hierba de olor, el tomillo tiene antioxidantes que podrían ser los responsables de aliviar la tos e irritación de garganta. Puedes prepararte un té de tomillo y así disfrutar de sus beneficios. Té de pimienta negra Aunque podría sorprenderte, la pimienta negra es un remedio natural contra la tos debido a que estimula la circulación y el flujo de flemas, aliviando de esta manera la garganta. Puedes preparar té de pimienta negra y agregarle una cucharada de miel para darle mejor sabor. Jugo de piña La piña es una fruta dulce y llena de nutrientes, tal como la bromelina, enzima con propiedades antiinflamatorias y mucolíticas que pueden reducir la mucosa de la garganta y eliminar la tos. Caldo de pollo Un caldo de pollo calientito podría ayudarte a aliviar los síntomas de la tos, además de ayudarte a fortalecer tu sistema ya que contiene proteína y vitaminas si lo combinas con verduras como zanahoria, papa, brócoli, ejote y hasta jengibre. Si le añades jugo de limón, tendrás más vitamina C. Recuerda que antes de tomar cualquier remedio natural para aliviar los síntomas de la tos, debes consultar a tu médico para una mejor valoración.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
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