¡Saca tu lado creativo! Ahorra y recicla con estos tips para el hogar
Consejos de Hogar

¡Saca tu lado creativo! Ahorra y recicla con estos tips para el hogar

Por Kiwilimón - March 2016
Aprovecha lo que tienes en casa, ahorra y diviértete. A veces, sólo necesitamos pequeños cambios para hacer cosas realmente grandes. Hay muchos que dicen que ‘el buen juez por su casa empieza’ y con estos consejos será la mejor oportunidad para poner en práctica nuestra creatividad y de paso dar un ejemplo y ayudar al medio ambiente. Por diferentes motivos, no es extraño que en nuestras casas encontremos botellas de vidrio; muchas veces creemos que no nos sirven en lo absoluto y van directo a la basura, un error común en la mayoría, pues con un poco de trabajo, éstas nos ayudarían, incluso, a ahorrarnos unos pesos. A continuación les daremos unos tips para que esas botellas pasen a la cocina de la casa y se transformen en… ¡vasos! El objetivo fundamental es lograr partir la botella en dos trozos. Para ello necesitaremos los siguientes utensilios: - Botella de cristal. - Hilo de algodón grueso. - Alcohol 96. - Cubo con agua fría. - Mechero. Lo primero que debemos hacer es mojar un trozo de hilo de algodón en alcohol (deberá ser de la longitud suficiente como para atarlo alrededor de la botella). Después, lo enrollamos alrededor de la botella a la altura que deseemos realizar el corte y prendemos el cordel mojado en alcohol con mucho cuidado; esperamos a que se apague. En cuanto empiece a apagarse, sumergimos la botella en el cubo de agua y esperamos a que se escuche que la botella se partió en dos. Si vemos que el cristal se resiste a romperse, podemos repetir el proceso tantas veces como queramos pero siempre poniendo el hilo en el mismo lugar. Cuando consigamos que la botella esté dividida en dos, lo único que queda por hacer es lijar las imperfecciones que hayan aparecido mediante una lija gruesa. El procedimiento es muy sencillo e incluso puede ser una actividad que se realice en familia, sin embargo, si es importante señalar que pese a esto, los materiales pueden ser peligrosos para niños pequeños, por lo cual es recomendable hacerlo con edades de 12 años en adelante. Y aprovechando la remodelación ¡Cámbiale el look a tu hogar! Existen muchos materiales para hacer diferentes cosas para el hogar y si se quiere un pequeño cambio en la casa y poco efectivo, tal vez se deben probar otros métodos. Si tienes una ventana simple y sin detalles y quieres decorarla sin quitarle luz natural, este proyecto es para ti. Se trata de una sencilla cortina de papel, está realizada con papeles de distintos pesos que le otorgan movimiento y textura para conseguir un cortinado. Esta manualidad, simple y rápida, le dará un toque distinto a cualquier ventana de tu casa. Elige los colores de acuerdo a la habitación que estés decorando. Materiales: Papeles de diferentes grosores y peso en la gama de colores elegida (se consiguen en librerías artísticas) Tijeras Hilo grueso o cordel Ganchos para cortinas Corta cuadrados de los diferentes papeles, con una gama de colores coherente para que aporte a la decoración. Lo más simples es elegir un color y de acuerdo a él los papeles de diferentes tonalidades del mismo. La cantidad de cortes necesarios dependerá del largo y ancho de la cortina que harás; por ende también de la ventana. Enhebra los cuadrados entre sí con hilo grueso o cordel. Deben existir espacios regulados para hacer una hilera tan larga como sea la ventana y haz nudos, sobre las partes superior e inferior de cada cuadrado, para asegurarlos. Finalmente cuelga cada hilera de un gancho y luego de una barra, ambas para cortina, a una distancia regular, formando el cortinado.  
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¿Sabías que hay plantas que absorben la humedad del hogar? Aunque parezca imposible, es verdad y éstas nos ayudan a desaparecer bacterias, moho y otros daños ocasionados por el exceso de humedad, especialmente en épocas de lluvia. ¡Descubre cómo puedes cuidar tu casa con estas plantas que absorben la humedad! Lirio de la paz La planta perfecta para tener en casa es sin duda el lirio de la paz. Te ayudará a reducir los niveles de humedad porque la absorbe a través de sus hojas y, además, requiere poca iluminación para florecer, así que es ideal para departamentos o cuartos cerrados. Palma de caña Aprovecha la palma de caña ya que por su gran tamaño es ideal para colocarla en lugares del hogar donde aparece mucho la humedad. Tiene la capacidad de mantenerse en lugares con poca o mucha luz, pero es mejor mantenerla en zonas cálidas, como las ventanas o los cuartos cálidos. Helecho El helecho es la planta predilecta para deshacerte de la humedad, ya que absorbe de manera natural un poco de la humedad en el aire de tu hogar y a la par compensa distintos niveles de humedad para hacer de tu hogar más acogedora. Hiedra inglesa Olvídate de la humedad y hasta el moho con la hiedra inglesa, una de las plantas colgantes que posee la mayor capacidad para reducir la humedad en el aire. Clavel de aire Si no tienes tiempo o paciencia para cuidar plantas, el clavel de aire es para ti. Esta planta no necesita mucha luz ni nutrientes y lo mejor es que recoge la humedad del ambiente en sus hojas por lo que no necesitas regarlas con frecuencia. ¿Con qué planta para absorber la humedad te quedas?
Tortilla, relleno, salsa. Tres posibilidades que, con cierta dosis de creatividad, se vuelven infinitas. Una trilogía sencilla, justa en cada una de sus partes. Un número ecuménico sin aristas en el que nada sobra, en el que todo huele y sabe a armonía. Este gran portador del número tres –según la numerología, sinónimo de paz y estabilidad–, las enchiladas mexicanas, es uno de los platillos que han sabido colarse al día a día de los hogares. Las “enchiladas mexicanas” son cultura: son desde el antojito de puesto, la comida formal cuando se hornean, o el desayuno de los trasnochados. Las enchiladas son sustantivo, son adjetivo, porque ya saben, los mexicanos cuando nos enojamos, nos enchilamos. En el caso del alimento, la enchilada mexicana debe su nombre a la tortilla, ya sea que se remojó en salsa y se frío, o se le aplicó el sistema a la inversa. Si la tortilla va primeramente frita en aceite, hay que cuidar que la temperatura y la cantidad de la grasa sea suficiente para no entiesarla. Si va revolcada en salsa y luego frita, hay que tener buen tino para no convertirla en chilaquiles. Y es que la enchilada debe ir doblada. Es su promesa de marca, su sine qua non. No puede ir enrollada como unas flautas ni simplemente doblada; es símbolo de egoísmo si sólo lleva unas gotas de salsa; de tacos, si lleva la salsa por dentro; de chilaquiles, si va fragmentada. La enchilada debe ser suave, blandita; no sólo cocida al comal, para que penetre la salsa en su crispida superficie. El origen se remonta al calendario precolombino. El Códice Florentino hablaba de las chillapitzalli, unas tortillas enrolladas que se condimentaban con chile. De hecho, existía un oficio, el de la tlailacatzoa, en el que la cocinera se convertía en experta de doblar tortillas. Tras la Conquista se incorporaron a la receta decenas de ingredientes como el caldo de pollo en las salsas o las proteínas como el pollo y el cerdo. Como tal, “la tortilla enchilada” apareció por primera vez en el gran recetario de 1831, El cocinero mexicano.Las recetas fueron variando regionalmente. Ahora los dedos de las manos nos faltan para enumerarlas. Las variaciones tienen que ver con los chiles que se incorporan a la salsa. Aunque claro, en los rellenos y los ingredientes que las coronan están las acepciones; el diablo, dirían algunos. En algunos mercados como en Veracruz, el relleno va por fuera. En otros casos, la variedad está en la masa a la que se le incluye chile cascabel, como en el caso de las potosinas. Hay una enchilada mexicana para cada ocasión, para cada presupuesto. No faltan las de mole y guajolote para las ocasiones especiales, ni las frugales que se dejan ver cuando en el refrigerador hay más cervezas que ingredientes; tortilla, huevo y salsa de chipotle bastan para prepararlas. La versatilidad y capacidad de adaptación a lo que hay es un homenaje al saber hacer de cada estado, al de cada pueblo, al de cada familia. Estas son algunas de nuestras favoritas.Enchiladas mineras de GuanajuatoUn platillo de época virreinal. Se les llama mineras por ser la labor primordial del estado; las enchiladas van rellenas con queso ranchero y van coronadas por una mezcla de verduras –papa, zanahoria y lechuga–. Que a nadie se le escape el detalle mágico del tocado: chile y cebollitas encurtidas.Enchiladas queretanasSon bastante similares a las mineras, sin embargo, estas no llevan encurtidos. La tortilla va igualmente frita en la salsa para lograr esa sensación adobada y pueden ir rellenas de pollo o de huevo. Enchiladas suizas Más mexicanas que el mole, las enchiladas suizas toman su nombre por el gratín de queso que las cubre al exterior. Generalmente van rellenas con pollo y en la composición de la salsa se incorpora un agente lácteo como la crema. Esto las hace ligeramente dulces, suficientemente perfectas.Enchiladas suizas rojasSe elaboran de forma similar a las verdes, pero con la adición de jitomate al hervido de salsa. En las suizas, se vale hacerse de la vista gorda con lo de “deben ir dobladas” pues, para que se amolden orgánicamente y consigan esa corteza doradita en el horno, se enrollan y se ponen al refractario.Enchiladas de mole verde¿Dos best sellers nacionales en un mismo plato? El buen karma se hace realidad cuando un mole verde es lo enchiloso de unas sencillas tortillas de maíz. Digno de cualquier celebración –boda, quinceaños, semáforo amarillo, promoción 2X1 en tu súper favorito– estas enchiladas son una fiesta de pepita con final picosito.Enchiladas enacahuatadasEn México incluimos los cacahuates también en las salsas como la macha o en algunos moles oaxaqueños. Esta salsa espesa, balanceada en acidez y tersa es la cobija que toda tortilla quisiera llevar. Enchiladas de chile poblanoEn el mundo de las enchiladas verdes, tenemos unas de pantones más claros que no proceden del tomatillo, sino de una crema elaborada a partir de chile poblano y queso, queso doble crema, crema o bien, todas las anteriores. Pueden ir rellenas de pollo o de un salteado de setas para completar la experiencia vegetal. 
La forma que tiene el cuerpo de comunicarse físicamente con nosotros es a través del dolor, de la incomodidad, de la sed, del hambre. El apetito es una sensación que llega en varios momentos del día y por la cual tenemos la necesidad de ingerir alimentos; malo cuando llega sin previo aviso, cuando comemos sin sentirla, cuando aun después de comer no cesa. A través del apetito es que nuestro cuerpo expresa una insatisfacción que no siempre es corporal. En un estado de consciencia plena –en conexión al presente, en sincronía con el cuerpo y sus sensaciones- podemos identificar plenamente desde dónde se produce el apetito. Para ello hay que hacer una observación interna: en el dentro se resguardan más que órganos; en el dentro se expresan un sinfín de sensaciones que siempre tienen algo que contarnos sobre nosotros mismos.  Tener una buena comunicación con el cuerpo es elemental para la conservación de la salud y por supuesto, para dejar de pelear con la comida, para dejar de saltar de una dieta a otra, para dejar de enemistarnos con el afuera cuando en realidad lo que sucede es que hay una desconexión con el dentro. La comunicación con el cuerpo no es una locura del new age. La comunicación corporal significa aguzar los sentidos hacia lo más tangible que tenemos; tomarse el tiempo y el espacio para escuchar al cuerpo. Basta con respirar un par minutos tomando conciencia de la inhalación y la exhalación e ir escaneando cada una de las partes del organismo –sí, como si fuéramos una máquina de rayos x–. “Esta es mi nariz. Esta es mi boca, mis vísceras, mis músculos, mi sangre, mi piel…” A partir de unos instantes notaremos cómo se encuentra mi dentro: qué duele, qué se siente bien, qué le hace falta. La meditación, entonces, se convierte en un diálogo corporal en el que el sabio más sabio nos revela su estado anímico, físico y emocional.  A partir de esta práctica diaria comenzaremos a tomar mejores decisiones alimenticias y, por supuesto, identificaremos desde dónde viene el hambre que experimentamos. Según Jane Chozen Bays, una escritora y teórica del mindful eating, existen siete tipos de hambre. Hambre visual: surge, por ejemplo, cuando vemos un pastel siendo cortado y de cuyo esponjoso interior emerge una lava de chocolate derretido. Es el llamado food porn: estímulos hechos a través de la comida que despiertan la sensación de quererlo ¡ya! Hambre olfativa: ¿existe algo más seductor que el aroma que arroja una olla de tamales? ¿Las notas de un café? ¿Unas galletas en el horno? No lo creo. Todo eso es una cubetada de agua a esa hambre que se despierta a través de la nariz. Hambre bucal: muchos de nosotros la vivimos en la pandemia; llega con el impulso de querer masticar algo, roerlo, porque sentimos angustia, porque experimentamos ansiedad. Ésta no encontrará saciedad hasta que la crisis ceda o la conciencia del momento y de lo que estamos sintiendo, aterrice en nosotros. Hambre estomacal: esta es producto de la vacuidad, o al menos de tener espacio en el órgano al que algunos médicos orientales llaman el segundo cerebro. Es normal tener hambre estomacal después de algunas horas de ayuno. Hambre celular: el hambre que las embarazadas expresan en antojos. Se basa en los requerimientos del cuerpo pues según sus cálculos perfectos y sabios, existe un déficit de nutrientes o una conversión desbalanceada entre energía y fuentes de poder. Este tipo de apetito suele aparecer tras el ejercicio intenso. Hambre mental: llega a nosotros cuando un estímulo enciende un recuerdo de la infancia, de lo que consideramos relevante culturalmente o de lo que aprendimos que era delicioso. Esta hambre nos salta en la cabeza cuando estamos a dieta o restringidos de alimentos; cuando extrañamos eso que nos cocinaban en casa o que evoca algún momento feliz. Hambre del corazón: cuántas veces nos hemos comido la falta de dulzura, de alegría, de amor, el abandono o el rechazo. Esta es el hambre que busca desesperada –y también inasequiblemente– cerrar una grieta emocional a través de kilos y litros de comida y bebida. Intentamos llenar un vacío emocional con algo físico en el que más pronto llega la culpa y el castigo que la alegría. Por esta razón es que los psicólogos recomiendan no convertir la comida en castigo ni en recompensa al educar a los hijos.La meditación o la práctica de mindfulness (tomar conciencia del aquí y el ahora durante varios minutos al día), nos hace contactar claramente con los pensamientos, las emociones y, por supuesto, con el organismo. Si nos tomamos el tiempo para conocerlo iremos aprendiendo sobre sus carencias, sobre cómo manifiesta las faltas emocionales y sobre sus necesidades fisiológicas. Al final, escuchando al sabio, tomarás mejores decisiones alimenticias. Mejores decisiones en general, pues.
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