Salud en tu cocina
Consejos de Hogar

Salud en tu cocina

Por Kiwilimón - Octubre 2013
 
La limpieza de la cocina es súper importante para evitar enfermedades o infecciones como salmonella. Ahora bien, que la cocina parezca limpia no necesariamente significa que esté libre de bacterias. Acuérdate que éstas son microscópicas y por tanto pueden estar escondidas en los lugares más recónditos de tu estufa, licuadora o refrigerador.   Esta lista te ayudará a mantener tu cocina saludable: 1. Cajón de verduras de tu refrigerador: Vacía y lava con agua tibia y jabón al menos una vez al mes. 2. Compartimento de carnes: También es necesario lavarlo al menos una vez al mes y cada vez que se caigan jugos de alguna carne. 3. Licuadora: Después de usar tu licuadora desarma la parte de abajo por completo. Lava y seca  las partes por separado. 4. Abrelatas: Aunque parezca que no está sucio, es importante lavar tu abrelatas después de cada uso con agua tibia y jabón. 5. Espátula: Lava después de cada utilización. Si la espátula es de dos piezas desármala y lava cada una por separado. 6. Tubo de agua de tu refrigerador: Si tu refri tiene salida de agua hay que limpiar ésta al menos dos veces a la semana y los ductos una vez al año. 7. Hielera de tu refrigerador: Apaga el refri y deja que se derritan los hielos restantes. Lava el compartimento con agua tibia y jabón una vez al mes. 8. Bloque de cuchillos: Si tienes tus cuchillos almacenados en un bloque de madera, utiliza un pequeño pincel para limpiar las rajaduras con agua tibia y jabón, una vez al mes. No quiero asustarte y activarte una especie de obsesión por la limpieza, simplemente te comparto algunas recomendaciones a tener presentes cuando limpiamos la cocina.   Haz click aquí para encontrar las deliciosas recetas que kiwilimón tiene para tí.  

"Como siempre: ¡la salud va primero!"

 
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Hasta mi casa se colaba el aroma de unos bollos cociéndose en el horno. Inexorablemente, mi olfato se encendía como radar náutico e identificaba el origen del estímulo tan placentero. El hilo de fragancia, además de pan, susurraba especias –zaatar, para ser precisos– lo suficientemente remojadas en aceite de oliva como para que la receta completa se dibujara en mi cabeza. En menos de cinco minutos ya estaba escalando la pequeña reja verde que dividía la terraza de mis papás de la de los vecinos. Había que llegar a tiempo a la repartición de los talami zaatar mientras estaban humeantes. Desconozco las causas, pero mi calle era el hogar de una pequeña comunidad árabe que me acercó a temprana edad a la gloria de la gastronomía de Medio Oriente. Mis padrinos –además de vecinos– eran libaneses y, como la mitad de mi infancia la pasé imaginando que las escaleras de su casa eran el Monte Everest y su sala, el jardín de mis aventuras paleontológicas, la comida árabe me sabe a infancia. Entender esta cultura es más fácil si se parte de dos de sus pilares: la hospitalidad y la comunidad. Ya saben, no hay hospitalidad sin una letanía gastronómica y, sin embargo, los libaneses nos dicen hold my beer cuando hay que desvivirse por los invitados. “Visitas” para la comunidad es el sinónimo de “vacía tu alacena, compra todo el súper y cocina cuanto puedas”. ¿Quién es capaz de negarse a tal muestra de amor? Yo tampoco.De pequeña pensé que el hábito de súper alimentar a las visitas era propiedad de mis padrinos –a quienes llamaba tíos– y de sus hijos –a quienes llamo hermanos–. Cuando pisé algunos países de Medio Oriente y cuando la añoranza me llevó a restaurantes como Al Andalús o al Adonis, me di cuenta de que esa práctica es regla y que el mezze –variedad de aperitivos de la cocina árabe– define la hora de comer. El mezze es el resumen máximo de la cultura: al centro se estila poner hasta treinta platillos pequeños para la comunidad. Compartir lo que está dispuesto en la mesa es ley. Acá hay un platito con jocoque, el hummus está servido por allá. El kofte (carne picada y especiada) se pasa de mano a mano en una bandeja decorada con lechugas y rábano por si alguien quiere hacerse un taquito. Al extremo de la mesa alguien intenta pescar una bolita de kibbeh (carne molida especiada y frita) con el tenedor, y si no lo logra no importa: al centro gravita un refractario con kibbeh charola. Todos nos servimos tabbouleh (abajo la receta) o fattoush (ensalada verde con trozos de pan) y un par hojas de parra para ponerle verde al plato y para que la casualidad lo embarre con los restos del baba ganush (puré de berenjenas). Uno se podría perder en la bienvenida –de hecho, requiere mucha voluntad no hacerlo– pero, hay que esquivar esta trampa para primerizos. El plato fuerte, que casi siempre tiene que ver con cordero o alguna otra proteína cocinada en especias, aguarda. Habrá arroz o lentejas. Y sí o sí, hay que llegar al postre. Detengámonos un poco en este punto. Son pocas las culturas –como la francesa o la americana– fértiles en la elaboración de buenos postres. La árabe, influida por la cocina francesa y la del mediterráneo, hace maravillas con el dulce. Generalmente sus postres vienen en porciones pequeñas para que el acto de escoger no sea un problema. La reina es la miel, el azahar, la esencia de jazmín y los pistaches, como en una noche que huele a Sherezade. La pasta filo es el ángel que lo custodia todo. Los kanafeh (pastel de semolina con queso), los dedos de novia, los baklava (pastel con pasta de pistaches) completan el sueño. Como era de esperarse, mi hermano del alma heredó la sazón de mi madrina. Cuando lo visito, la tradición de sus ancestros continúa: saca todo su refri para atendernos. Su tabbouleh en especial tiene el poder de agasajar al más incrédulo. Mejor cuando se combina con un hummus recién hecho y lentejas como de relato bíblico. No los dejo con el antojo. Le pude sacar la receta y aquí la comparto. Aunque no les sepa a recuerdo, espero la disfruten con esa intensidad.Tabbouleh de Amir Balut (Kitchen Noob):4 jitomates bola, grandes1 cebolla blanca, grande3 manojos de perejil½ manojo de hierbabuena¾ de taza de trigo quebrado fino (bulgur)8 limones jugosos (yo le pongo dos limones menos, pero a Amir le gusta más cítrico)½ taza de aceite de oliva extra virgen1 ½ cucharadas de sal1 cucharada de pimientaEn una olla mediana pon suficiente agua y remoja el trigo bulgur durante 20 minutos hasta que se ablande. Luego, pica finamente todos los ingredientes. Aquí no hay atajos, todo debe quedar muy pequeño. Mezcla en un bowl lo suficientemente grande. Agrega la pimienta y la sal. Añade el jugo de limón y el aceite de oliva. Revuelve todo y rectifica sazón si requiere. Tapa con plástico y deja refrigerar durante media hora. ¡Disfruta!
En esta búsqueda de remedios naturales para el cabello, hoy te contamos un poco sobre la sábila, también conocida como aloe vera, el cual quizá ya conocías por sus propiedades para tratar quemaduras y heridas en la piel, pero también la sábila tiene múltiples beneficios para tu melena.El aloe vera es una planta que tiene hojas gruesas con una sustancia gelatinosa dentro de ellas, este gel es conocido como sábila y aplicado sobre la piel, es refrescante y calmante, por lo que se ha utilizado durante siglos por sus propiedades curativas. Pero además de sus beneficios para la piel, también puede ayudarte a fortalecer el cabello y hacer que tu cuero cabelludo sea más saludable. La mejor forma de usar aloe vera en el cabello es el gel crudo de la planta y puedes conseguirlo en casi cualquier farmacia o sacarlo de las hojas recién cortadas de una planta viva, si tienes una. Beneficios de la sábila en el cabelloPara usar la sábila en el cuero cabelludo y el cabello, sólo tienes que frotar dejar que penetre en los folículos pilosos para acondicionar y mejorar el cabello seco y dañado. Déjalo reposar durante una hora y después sólo enjuágalo con un shampoo suave.Sábila para calmar la comezón del cuero cabelludo¿Sabías que los síntomas de comezón en el cuero cabelludo y descamación de la piel debajo del cabello, típicos de lo que conocemos como caspa, se pueden tratar con sábila? Un estudio de 1998 encontró que el aloe vera ayudó a resolver la inflamación del cuero cabelludo que causa la caspa, pues los ácidos grasos que se encuentran en la planta de aloe tienen propiedades antiinflamatorias.Limpia el cabello grasoLa sábila limpia el tallo del cabello de manera eficiente y elimina el exceso de sebo (“grasa”) y los residuos de otros productos para el cabello, pero el mayor beneficio es que a diferencia de otros productos químicos en los productos para el cabello, la sábila no daña el cabello mientras lo limpia.Fortalece y repara el cabelloLa sábila contiene vitaminas A, C y E, las cuales contribuyen a la renovación celular y promueven un crecimiento celular saludable y un cabello brillante. Este gel también contiene vitamina B12 y ácido fólico, componentes que pueden evitar que el cabello se caiga.Puede promover el crecimiento del cabelloHay muchas personas que afirman que la sábila hace que el cabello crezca mucho más rápido, sin embargo, aún hay poca evidencia clínica para probar o refutar esas afirmaciones.Lo cierto es que si decides darle una oportunidad en tu melena, primero debes probar cómo reacciona tu piel al gel, para comprobar que no eres alérgica a la sábila o aloe vera. También debes tener cuidado si estás usando crema de hidrocortisona en la piel al mismo tiempo, pues el aloe vera puede aumentar la cantidad de cortisona que absorbe la piel cuando se usan juntas.
La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) afirma que 15% de los restaurantes –casi 600 mil– ha cerrado definitivamente a lo largo de la pandemia. El tema no es sólo económico: estamos ante el pico más álgido de contagios y fallecimientos. Hay que frenar la cadena de contagios, cuidar la salud de los comensales y el personal y, al mismo tiempo, evitar que se desmorone una de las industrias que más le ha dado a México, de la mano del turismo. Para Juan Pablo Ballesteros –restaurantero que durante la pandemia cerró las puertas de algunos de sus negocios de comida– es en los confines del restaurante donde se han tomado más precauciones que en ningún otro centro social: “estamos sobrados de medidas higiénicas y de prevención. Con el aforo que teníamos alcanzaba a penas para pagar nóminas y la mitad de renta. Sin poder abrir sólo destruirían los negocios para siempre”, afirma.No sólo él. Hace algunos días el gremio se unió para exigir al gobierno que se les dejara operar bajo las limitaciones anteriores como mínimo. “Exigimos que revisaran los casos y el concepto y, no agarren a todos parejo”, dice Juan Pablo Ballesteros ante la segunda llamada a semáforo rojo en el país. Como a él, el gremio fue tomado por sorpresa con lo abrupto del cambio: “Primero nos hacen invertir en capacitaciones y medidas y luego nos cierran de un día para otro”. La unión de patrones, meseros, cocineros y garroteros surtió efecto. Con ollas, sartenes y el grito de “abrimos o morimos”, el sector pudo lograr que el gobierno de la Ciudad de México diera su brazo a torcer para que al menos pudieran volver a dar servicio. Aunque no fueron aprobadas, en la petición también estaba la condonación de impuestos, una renovación al esquema fiscal y un programa de financiamiento para contrarrestar los efectos de la situación.Para Saúl Lomelí, Director General de Neta Comunicaciones, agencia encargada de las relaciones públicas de restaurantes como Nicos, El Tajín, Galanga Thai House, Kiin thai-viet, Pin tó, Pastelería Cardín, Yoshimi y Teppan Grill, no todo está en manos del gobierno: “La flexibilidad, la creatividad y la resiliencia tienen que ser los motores para resistir. Tenemos que enfrentar el reto con soluciones innovadoras”.Él afirma que la responsabilidad de cuidarse no puede ser unilateral. A los restaurantes toca respetar y velar por el cumplimiento de las medidas de higiene y sanitización; asegurar la salud del personal y cumplir con los porcentajes de afluencia en las mesas. Del lado del comensal hay que cuidarse y realizar el registro en QR code antes de entrar a los locales. Con esta sencilla medida se pueden rastrear las cadenas de contagios si los hubiera.Saúl afirma que la comunidad unida, responsable y empática puede sostener a la industria restaurantera que peligra de extinción por la pandemia. Para apoyar, nos recomienda salir a consumir a nuestros sitios favoritos y seguir al pie de la letra estos nueve puntos:1. RESERVA POR FAVOR. Una forma de proteger a todos es evitar las filas de espera y las aglomeraciones. Mientras el restaurante tenga mayor control del flujo de personas, todos ganamos. 2. SIGUE LAS INSTRUCCIONES. Usa cubrebocas para entrar, respeta la sana distancia en todo momento y sigue las normas de higiene. 3. SÉ PACIENTE. Esto sigue siendo nuevo para todos. El staff está nervioso y trabaja diariamente para ofrecernos la mejor experiencia.  4. SÉ RESPETUOSO. El trabajo del staff es atendernos y brindarnos una experiencia positiva. A cambio, nosotros tenemos que respetarlos y escuchar cuando nos den instrucciones.5. NO MÁS DE 4 POR MESA. No se vale ir “en bola” ni juntar las mesas. Tampoco reservar para 4 y llegar 5, 6 o 7. Los centros de consumo tienen la obligación de establecer límites en cuanto a número de comensales.6. DISFRUTA, DISFRUTA. Se vale gozar y comer rico respetando la sana distancia, lavándonos las manos frecuentemente y siendo cuidadosos con nuestros amigos y el staff.7. DEJA PROPINA. Recuerda que el personal del restaurante ha sufrido mucho en cuanto a su economía. Si puedes dejarles un extra, mejor. Nuestro apoyo vale mucho.8. SÍGUELA EN CASA. No es momento de sobremesa. Si quieres más, pide para llevar.9. REGALA COMIDA. Recuerda que el servicio a domicilio y de entrega en restaurante seguirán activos. Si quieres compartir con tus amigos, regálales sus platillos favoritos. Se vale.
Mi papá dejó de comer carne hace treinta y ocho años. Según como lo cuenta mi mamá, un domingo en una comida familiar, y después de devorarse media vaca, mi papá se secó el sudor de la frente y dijo algo como: “Última vez que como carne”. Todos se rieron del comentario que consideraron un chiste; algo como el “no lo vuelvo a hacer” que suele acompañar la resaca. Para él fue una promesa. Hoy en su lista de razones por las que se volvió vegetariano resuenan palabras como “compromiso”, “karma”, “respeto por la naturaleza”. Ser vegetariano no es algo que aparece por generación espontánea; la decisión tiene que ver con las convicciones, con la filosofía personal. ¿Y qué más personal que la forma de comer? La alimentación casi siempre está ligada a la cultura, a la leche materna, a la comida de casa. En la mía –la de ustedes, pues–, el menú era un subibaja incluyente y casi siempre quesocéntrico: flautas de papa con queso y de pollo, pozole de hongos y de carne, mole con y sin carne. Pero para la mayoría, el vegetarianismo sigue siendo un tabú. ¿Una vida sin carne? ¿Ni pollito, ni huevito, ni pescadito? Una de las nutriólogas de casa, Mayte Martín del Campo, nos dice que existen distintos niveles de restricción en las dietas sin carne: “Los vegetarianos normalmente sí consumen ciertos productos de origen animal como leche, yogurt, huevo, pescado (si comen estos dos últimos se les denomina ovo o pescetarianos). Lo que generalmente suprimen son las carnes rojas y las aves. Por otro lado, los veganos no consumen productos de origen animal”. La cuestión es, ¿por qué alguien quisiera vivir sin carne? Existen cocineros como el máster Dan Barber del restaurante Blue Hill at Stone Barns que afirman que disminuir la porción de la carne en nuestro plato semanal es la única forma sustentable de enfrentar el cambio climático, de disminuir la contaminación de nitrógeno en la tierra y de frenar el deterioro de los suelos. En algunas vertientes del budismo, el vegetarianismo está indicado como precepto del ahimsa, que quiere decir “la no violencia”, pues afirman que comer carne animal, además de dañar directamente a los seres vivos, constituye una fuente de karma que vendrá por ti en la siguiente vida –para los que creen en las reencarnaciones–. Otros optan por una dieta vegetariana simplemente por un sincero amor a la naturaleza o como un acto incendiario contra la crueldad animal. Hay un punto medio. Autores como Mike Bittman optan por este estilo de vida sin labrarlo sobre piedra: el afamado escritor gastronómico del New York Times acuñó el término flexitarianismo para la dieta que deambula entre la vegetariana (o vegana) y la carnívora alternándola a distintas horas del día o de la semana. Dos comidas sin carne, una con.Personalmente creo que lo que entra al cuerpo es un diálogo que le corresponde a cada corazón y mente. Una decisión propia como llevar el pelo de cierta forma, creer en Santa Claus o elegir la maternidad. Lo cierto es que un trozo de carne tiene una gran cantidad de ácido úrico, fosfórico y sulfúrico; así como colesterol, antibióticos y hormonas, en el caso de la carne que no es orgánica.La tendencia ecológica y saludable del momento es comer carne tan solo una vez por semana. Si se opta por dejarla para siempre, nuestra nutrióloga de casa, Gina Rangel, recomienda suplementarse con vitamina B12, comer hojas verdes y vegetales todos los días, intentar no consumir carbohidratos simples y consumir fuentes de proteína vegetal: quinoa, frijoles, tofu, semillas, nueces, además de huevo y queso.Nuestra nutrióloga Jennifer Asencio afirma que los beneficios que puede aportar una dieta vegetariana son “un bajo aporte de grasas saturadas, bajo aporte de colesterol y, si se sabe combinar los cereales con las leguminosas, se obtendrá una proteína de muy buena calidad sin necesidad de recurrir a los suplementos”. Eso sí, ella afirma que entre más restrictiva sea una dieta sin carne, mayor será el riesgo de quedarse sin micronutrientes, Omega3, vitamina B12, calcio, hierro y vitamina D, por lo que hay que estar atentos al cuerpo y consultar a un especialista. Lo importante, como siempre, es aprender a combinar adecuadamente los alimentos y recordar que no por llevar una dieta vegetariana o vegana se es más saludable. Hay que evitar llenarnos los vacíos con kilos de pasta, comida grasosa o chatarra y consumir ingredientes de buena calidad nutricional.Si quieres algunas ideas que te ayuden a seguir una dieta vegetariana aquí hay una sección completa con recetas que te van a encantar.
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